LA IGLESIA, UNA COMUNIDAD EN ESPERA ACTIVA DEL RETORNO DE CRISTO

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO


19 de noviembre de 1978

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 31-39
Tesalonicenses 5, 1-6
Mateo 25, 14-30


 

Queridos hermanos:

Todos los que han seguido con atención el Año Litúrgico se dan cuenta que a lo largo de todos los domingos se va recorriendo a la luz de un evangelio -en este año ha sido el evangelio de San Mateo- las enseñanzas del Señor que iluminan la vida de nuestra comunidad, la Iglesia. El evangelio de San Mateo, pues, lo mismo que el Año Litúrgico, están llegando a su fin. Podríamos decir que éste es ya el último, porque el próximo domingo la liturgia va a recoger en la fiesta de Cristo Rey -que ya no es el último domingo de octubre, sino que es al final del Año Litúrgico- como una corona de todo el misterio de Cristo que hemos tratado de ir reflexionando durante el año, nuestro avasallaje como miembros dichosos de ese Reino de Dios.

Este último tramo del evangelio de San Mateo recoge el discurso de Cristo, llamado discurso escatológico, donde nos habla del fin de los tiempos. Eso quiere decir escatología, lo último, lo definitivo y desde el domingo pasado estamos, pues, en este estudio escatológico según la mente del mismo Jesucristo Nuestro Señor. Es una meditación de fin de año. Es una meditación que nosotros los cristianos queremos invitar a hacer, para mirar con claridad la perspectiva de nuestra meta. Hacia dónde vamos en esta peregrinación de los años, de los meses, de las semanas; porque es maravilloso, y hoy la teología lo va descubriendo cada vez más, que Dios salva en la historia.

La salvación es un hecho histórico, no del pasado, sino la historia presente de cada pueblo, de cada hombre, de cada comunidad. Y esto es interesante que lo tengamos muy en cuenta, porque los hechos históricos, si nosotros los enfocamos directamente semana a semana, no es por un afán de salirnos del evangelio y de la mente de la Iglesia, sino para que esa salvación que Dios está haciendo de los salvadoreños, encarnada en su propia historia, la busquemos allí donde la debemos de buscar, en nuestros hechos históricos. Es la vida de la Iglesia de la Arquidiócesis, de cada parroquia, de cada cantón, de cada comunidad; y es también la historia civil que nos circunscribe donde no todo es bueno según el reino de Dios, sino donde grandes realidades de nuestra fe y de nuestra esperanza en Cristo chocan con actitudes ateas, materialistas, egoístas, atropelladoras y es natural entonces que comprendamos que el reino de Dios que se va construyendo en la historia tiene que chocar con realidades históricas y esto no es meterse en política, sino simplemente es buscar la salvación de Dios en nuestra historia.

Por eso voy a titular la homilía de hoy: La Iglesia, una comunidad en espera activa del retorno de Cristo. Esta es la Iglesia, una comunidad, activa, trabaja, choca, vive su fe. Es activa y vive en espera. En espera del retorno de Cristo, como lo proclamamos en nuestro Credo: "...desde allí ha de venir a juzgar...", ha de volver el Señor. Aquí tenemos los tres conceptos que yo quiero desarrollar en esta mañana:

1º) Una comunidad en espera.

2º) Esa espera no le quita su actividad, al contrario es una espera activa, si no, no es cristiana.

¿Y qué es lo que espera?

3º) El retorno. ¿Cómo es ese retorno de Cristo que esperamos?

Decía que es una comunidad. Y esto ya todos los domingos lo voy repitiendo, porque uno de los mensajes más apremiantes de la Iglesia de hoy es que los cristianos salgan de una mentalidad individualista. Que ya no hablemos de mi salvación, mi religión, sino que la vivamos como Dios quiere que la vivamos: en pueblo. Nuestra salvación. Nuestro peregrinar por la historia vamos como pueblo, como el pueblo israelita por el desierto: iba junto, comunitariamente, así vamos. Y por eso una de las alegrías más grandes pastorales es que vayan surgiendo por todas partes las comunidades. Pero para que no se pierdan de su orientación, estas reflexiones de la palabra de Dios nos vienen a decir cuál es el testigo. Así lo hicieron las comunidades en todos los tiempos.

Las tres lecturas de hoy son reflexiones de comunidades: El libro de la Sabiduría que nos ha presentado a la mujer modelo es una reflexión de la sabiduría del pueblo de Israel que vivía esta filosofía como pueblo, era su sabiduría popular, era su creencia, en que no es la vanidad de la mujer lo que cuenta, sino su temor de Dios, su interioridad. Cuando en la segunda lectura San Pablo se dirige a la comunidad de Tesalónica está orientando comunitariamente y aquella comunidad recibía la carta del apóstol. -Voy a atreverme a compararme como cuando yo no pude ir a San Antonio Los Ranchos y les mandé una carta- San Pablo no podía visitar personalmente las comunidades, pero las alimentaba con su palabra y allí nos quedaron esos recuerdos de sus cartas, preciosísimas, para que las comunidades de hoy confronten con el espíritu de las comunidades primitivas y ¿qué otra cosa es el evangelio de San Mateo? ¿Los cuatro evangelios? Son reflexiones de apóstoles que contaban su vivencia, su experiencia de contacto directo con Cristo, en una comunidad donde reflexionaban; y luego inspirados por Dios escribían de tal manera que el Cristo que conocemos en los evangelios es el producto de la reflexión comunitaria. Qué precioso saber entonces que en la Catedral de San Salvador, en este domingo 19 de noviembre de 1978, lo mismo que todas las comunidades hermanas distribuidas en toda la Arquidiócesis, yo sé que a esta hora hay muchos que están pendientes de la radio y en comunidad están reflexionando o los que tienen misa a esta hora están con sus párrocos reflexionando estas mismas cosas.

Somos la comunidad, pues, que está alimentando su fe, conociendo su verdadero espíritu, su estilo, su caminar, en la misma fuente donde se alimentaron las comunidades de todos los siglos y las comunidades del Viejo Testamento. Dios nos ha revelado su voluntad, conocerla comunitariamente y marchar comunitariamente con esa voluntad de Dios, eso es ser pueblo de Dios; eso es vivir la alianza con el Señor, a eso venimos a Misa los domingos.
 

UNA COMUNIDAD EN ESPERA

Pero esta comunidad, digo en mi primer pensamiento, es una comunidad en espera. ¿Qué quiere decir? Es la característica del cristiano. Por eso se llama comunidad escatológica, ciencia de lo último, comunidad que vive pendiente del desarrollo hasta su última consecuencia. ¿Hacia dónde va la historia? ¿Hacia dónde va mi vida? ¿Hacia dónde va esta Iglesia? Lo escatológico. Ya se anunció en el Antiguo Testamento muchas veces y lo hemos comentado aquí: el día del Señor. Los profetas hablaban: el día del Señor, como un día en que Dios nos espera con los brazos abiertos para premiar nuestros méritos buenos o nos espera con su ira para castigar nuestras malas acciones.

Ese día del Señor, en el pasado, como todavía no había venido Cristo, era muy como nebuloso. Los profetas no tuvieron la dicha que nosotros cristianos tenemos de conocer que Cristo, que ya vino hace veinte siglos, es el que vino a iniciar el día del Señor. Vivimos ya la última fase de la historia, Cristo es, como lo vamos a ver después, la clave, el desenlace, la meta, el día del Señor.

Y como Cristo y los apóstoles anunciaban ese día del Señor también, como ya próximo, surgían ideas como ahora surgen también en algunas sectas protestantes -si ya tal año va a ser el día que viene el Señor- y lo esperaban próximo. Es que Cristo quiso dejar como una mística de sus cristianos la incertidumbre. Y San Pablo les escribe hoy a los tesalonicenses: "Acerca de la fecha, no puedo escribirles, eso es incierto, solamente les digo lo que el Señor anunció que vendrá ese día como un ladrón nocturno y como ustedes no son hijos de la noche, sino hijos del día, vivan en espera".

A los tesalonicenses que amparándose en esa proximidad -ya va a ser el juicio final- no trabajaban, se habían hecho algunos holgazanes, para eso sí era la religión opio del pueblo. San Pablo les recuerda: Hay que trabajar; el que no trabaja que no coma, no sabemos cuando será el día en que el Señor nos va a asumir. También surgió en Tesalónica una duda: desde que Pablo nos anunció la proximidad del Día del Señor, mueren algunos, siguen muriendo. ¿Cuál será la suerte de los que murieron y de nosotros que estemos vivos cuando venga el Señor? Y San Pablo les resuelve -Uds. lo han leído en la epístola, se lee en algunas misas de difuntos- acerca de los difuntos no queremos que estéis ignorantes, ellos van a resucitar también, y nosotros, si estamos vivos, también nos vamos a transformar; aunque no pasemos por la muerte, nos transformará, porque para participar en esa fase escatológica, última, definitiva del reino de Dios, la vida eterna, que ya se inicia en esta tierra, Dios necesita transformar al hombre. Por eso han de resucitar los muertos. Los que hicieron el bien resucitarán para la vida eterna y los que hicieron el mal resucitarán también para ignominia y castigo. También los que están vivos van a ser transformados para ser arrebatados con el Señor a su gloria, los que hicieron el bien, los que están haciendo el bien, los que están trabajando según la voluntad de Dios y los que no, aunque estén vivos no escaparán a la ira del Señor, los transformará de una vida mortal que se acaba con la muerte en una vida eterna, pero para sufrir eternamente; les dará una inmortalidad de dolor, la segunda muerte que llama la Biblia, estar muriendo sin poder morir. Cosa tremenda de veras, el día del Señor.

No es fantasía, queridos hermanos, esto es lo que le da a nuestra religión su carácter escatológico. Por eso hemos de vivir pendientes de ese desenlace final.

¿Cómo vivimos? -yo quiero preguntarles ahora en la realidad de este noviembre de 1978- le preguntaban a uno de los santos jóvenes de nuestro santoral: ¿Si supieras que hoy es el día del juicio qué harías? ¿qué haríamos? Y los estudiantes que eran todos ellos, unos decían: pues yo correría a la iglesia a rezar, a arrepentirme de mis pecados para acogerme en gracia de Dios. Otro decía: yo iría a confesarme para no estar en pecado, y este santo decía: no, yo seguiría jugando, porque sé que estoy haciendo la voluntad de Dios y si así me coge el Señor, me coge haciendo su voluntad.

Esta es la vida tranquila del cristiano, estar donde Dios quisiera encontrarme a la hora de mi muerte. Por eso les quiero preguntar, hermanos, y a mí mismo también: ¿Estamos en este momento dónde Dios quisiera encontrarme, si en este momento fuera ese día sorpresivo como ladrón para arrebatar mi vida? ?Cuántas desgracias y muertes lamentamos semana a semana! Todos esos que han sido asesinados o han muerto en accidentes o en incendios o en terremotos o en choques de aviones. Han sido tantos en este semana. ¿Los habrá encontrado el Señor viviendo su escatología, pendientes del desenlace de su vida? ¿Estamos todos los salvadoreños donde debíamos estar?

Por eso es que me gusta iluminar este momento con la realidad histórica, no es por molestar a nadie, sino para cumplir mi misión profética de Pablo que les dice a los tesalonicenses: "...estén donde deben estar, no les puedo decir la fecha". Nadie le puede señalar a nadie cuándo va a morir. Solamente como cristiano tiene que decirle: camina por donde debes caminar para que el Señor te encuentre en el camino recto.

Hermanos, yo quiero aquí, cuando hablo de la comunidad que espera, recordar que esta semana ha sido también una vida comunitaria muy bella de nuestra Arquidiócesis. Muchos están de veras donde debían estar, pero lamentablemente muchos no están donde deben estar; porque pasemos al segundo pensamiento...
 

ESA ESPERA NO LE QUITA SU ACTIVIDAD, AL CONTRARIO ES UNA ESPERA ACTIVA

Una espera activa. Cuando la primera lectura de hoy nos habla de la mujer que se caracteriza por su fortaleza, que no pone su gloria en su hermosura o en su vanidad, sino en el temor de Dios, esta es la que hay que alabar dice la Sagrada Biblia. Qué hermoso mensaje para la mujer. Vana es la hermosura, frágil la belleza, los profetas la parangonaban con la yerba que a la mañana está esbelta y a la noche no es más que zacate seco que se agarra con un puño como hierbas que se pueden arrancar. La mujer que teme al Señor, la hacendosa, la que es gloria de su marido, la que no le teme a los inviernos ni a los malos tiempos porque siempre está prevenida, la mujer con sentido escatológico, esa es la que merece toda alabanza.

Es difícil para la mujer, cuya naturaleza es la vanidad, saber comprender que no está en ser admirada en sus cosas exteriores su verdadera grandeza, sino que sea alabada por Dios en el interior de su espíritu y que sea verdadera gloria de su familia y de su esposo; no por los esplendores externos, sino por su virtud, por su cristianismo. Y aquí es donde el evangelio se sitúa también hoy.

La hermosa parábola que comentábamos el domingo pasado, también en el sermón escatológico de Cristo, las diez doncellas que esperaban para acompañar al esposo, cinco prudentes estaban preparadas y fueron recibidas al festín, cinco no supieron esperar, se durmieron imprevistas. Y cuando fueron a comprar aceite se cerraron las puertas del festín y al llegar tocando todas atrasadas, el Señor les dice: no las conozco. ?Qué triste será esa hora de aquellos que no han vivido su sentido estalógico en vigilia, no como los que son sorprendidos por el ladrón en la hora de la noche!

Pues bien, el evangelio de hoy más bien nos invita a una espera activa. Un Señor confió a sus empleados su finca, sus haberes y marchó a tierras lejanas. Después de mucho tiempo, volvió. En esto está la espera, después de mucho tiempo, no sabemos cuándo, pero Cristo quiso dejar con esta expresión que ese tiempo que los cristianos han de pasar entre su esperanza y la realización de su esperanza puede ser muy largo. Hay edades muy ancianas entre nosotros, dichosos los viejitos que como el anciano Simeón viven esperando y cuando tienen en sus brazos al Jesús redentor, cantan como el cisne para morir: ya puedes enviar a tu siervo en paz, porque siempre viví esperando esta esperanza.

La enseñanza de la parábola de los talentos, queridos hermanos, yo la encuentro en una forma moderna en el Concilio, en la constitución de la Iglesia en el mundo actual, cuando nos habla de que este mundo con sus progresos prepara el material del Reino de Dios y por eso no hay que descuidar trabajar en este mundo. Pero inculca en el cristiano: no hay que vivir conforme a los pensamientos de este mundo, sino vivir de la esperanza escatológica.

Ante el peligro de los tesalonicenses modernos -que los hay muchos-, ah, pues si las cosas de la tierra no valen, vamos a dedicarnos sólo a las cosas celestiales. Y viven una piedad desencarnada; y se escandalizan cuando el Arzobispo predica los deberes de la tierra; y llaman comunista a su predicación, porque les está exigiendo justicia social a los cristianos; y llaman que ya se está metiendo en política cuando reclama los deberes cristianos del político, del gobernante, del guardia nacional, de los cuerpos de seguridad. Si son cristianos no deben de olvidar que existe una sanción eterna y a los jueces que se dejan sobornar y a todos aquellos que quieren jugar con las leyes del estado y de la tierra, el sentido escatológico de mi religión les recuerda: vendrá el juez, aquél que no se deja sobornar; aquél que sacará a la luz el atropello de todas las ilegalidades que se hicieron en el país. Predicar esto, hermanos, es ponerse en la situación de Cristo que quiere, ... que quiere de verdad un cristianismo auténtico, integral. Es muy bonito vivir una piedad de sólo cantos y rezos, de sólo meditaciones espirituales, de sólo contemplación, ya llegará eso en la hora del cielo donde no habrá injusticias, donde el pecado no sea una realidad que los cristianos tenemos que destronar. Ahora, les decía Cristo a los apóstoles, contemplativos en el Tabor, queriendo quedarse allí para siempre: bajemos, hay que trabajar.

Por eso dice el Concilio, Gaudium et Spes, nº. 39: "La espera de un tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar la preocupación de perfeccionar esta tierra donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo". A esto estamos llamados, cristianos, a reflejar ya en la peregrinación de la tierra, a través de nuestro sentir y de nuestro vivir escatológico, reflejar -miren que bonito- reflejar como la aurora que no es todavía el sol, pero ya refleja al sol que viene. La vida cristiana debía ser como aurora del siglo nuevo. La vida cristiana llena de esperanza, llena de fe, llena de santidad, debía de reflejar a los hombres de la historia que no todo se termina en esta tierra, que hay un Reino de Dios hacia el cual caminamos y seremos felices, donde habrá justicia y amor consumados, sin peligros de profanación; pero mientras tanto no somos más que un vislumbre, una aurora, un anuncio.

El cristiano que no anuncia este sol que viene no es auténtico cristiano. El cristiano que ofrece una redención, una liberación política, económica (solamente de la tierra) y se olvida de anunciar estos grandes valores de la eternidad, no está dando a los hombres la verdadera liberación. Por eso dije en mi Carta Pastoral que la Iglesia apoya el esfuerzo liberador de todas las organizaciones mientras esos esfuerzos son justos. Pero no se identifica con esas organizaciones, sino que les da a las organizaciones y a los hombres que trabajan por lo justo un ámbito más amplio. La verdadera liberación, la meta de la verdadera libertad.

Pablo VI, que ilumina mi pensamiento continuamente en estos aspectos, hombre que supo comprender su tiempo y no traicionó nunca su eternidad, viene diciendo que si un cristiano, incorporándose, por ejemplo, a alguna agrupación política popular o un sacerdote o un obispo, traicionara esa liberación eterna y no anunciara la liberación del pecado y la auténtica liberación que Cristo ha traído al mundo; y únicamente circunscribiera sus esfuerzos liberadores a las cosas políticas o sociales o económicas de la tierra, está mutilando, no está dando la verdadera fuerza que la liberación cristiana anuncia a los hombres. Compréndanlo, hermanos, compréndalo sobre todo ustedes, queridos cristianos, que pertenecen a agrupaciones políticas populares: No vendan su fe y su esperanza eterna por intereses inmediatos. Y óiganlo bien los que me detractan, que yo no estoy predicando una liberación de revolución, que jamás he predicado la violencia, al contrario, que he descrito en mi Carta Pastoral que detesto la violencia cuando se hace con una mística como si fuera el único medio para arreglar las cosas.

Yo abogo por la idea cristiana de la paz y les digo a todos los que trabajan por la liberación de la tierra; los que buscan en esta temporada de las cortas de café y de la caña y de algodón mejores sueldos, un trato mejor para los trabajadores: eso está muy bien, pero no concreten solo en ese esfuerzo, incorporen ese esfuerzo y también incorporen esa aflicción de nuestro pueblo que ahora sale de sus casitas, de sus cantones, casi en una dolorosa emigración para las fincas a buscar el único ingreso del año y no encuentra trabajo; y encuentran atropellos y encuentra que le hace trampa y encuentran que le roban, que lo engañan a él, al miserable. ¿Cómo va a haber un sentido de justicia eterna en esas relaciones? Pues a unos y a otros les digo: acuérdense de lo eterno.

Entonces dice el Concilio: "Por eso, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el progreso temporal en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios". Los cristianos no somos retrógrados, sabemos, como dijo el Señor Presidente también, que los países tiene que progresar. Pero quisiéramos decirle que no basta el progreso del país, que es necesario que ese progreso se base sobre cimientos de justicia, porque, si no, la seguridad nacional solamente será seguridad para aquellos que enriquecen y el progreso beneficiará siempre a una minoría. El progreso tiene que beneficiar a todos y para eso se necesitan -como él mismo lo ha señalado ante aquellos reaccionarios que no quieren admitir reformas sociales- que las leyes, el poder moral del Estado no sólo reprima como si fuera objeto de represión, y confundir con terrorismo también los esfuerzos justo de los campesinos y de los necesitados. También hay que reprimir, y con fuerza, esas fuerzas reaccionarias que no admiten los cambios sociales, las transformaciones de nuestra sociedad.

El progreso lo amamos, pero no simplemente por ser progreso, sino cuando el progreso de verdad no solamente sea seguridad nacional para unos pocos y miseria creciente para la mayoría. Que sea progreso de verdad, pero que a través de leyes justas llegue como un beneficio para todos los necesitados, ya que a todos los salvadoreños les ha dado el Señor las riquezas de nuestra tierra.

Por eso, dice el Concilio -una cosa muy hermosa, queridos cristianos- para que no nos cansemos nunca de hacer el bien: estamos en la espera, pero que no sea holgazanería. Una espera activa y entonces los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad, en una palabra todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal. Reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia, reino de justicia, de amor y de paz.

¡Qué bella esperanza! De modo de lo que ahora trabajemos, aun cuando ahora nuestra predicación, contracorriente, parece como arar en el mar sabemos que la vamos a encontrar produciendo muchos frutos de conversión, de santidad, y sobre todo, espero de veras con la alegría de un cristiano que todos ustedes que compaginan y se solidarizan con esta doctrina de la Iglesia que no es mía, sino de la Iglesia actual, sigan trabajando por la verdadera dignidad humana, sigan siendo valientes en predicar la doctrina de Cristo, no tengan miedo a las denuncias del pecado en el mundo, encarnen la religión en las realidades de nuestra historia; porque después de haberlo encarnado y trabajado en nuestro mundo está la promesa de Cristo: lo encontraremos.

Me imagino yo como cuando se saca de una mina las vetas de oro vienen revueltas con tierra, pero un proceso químico bota la escoria y va quedando el oro puro. Dichoso aquél que de su vida ha hecho una mina de trabajo, no importa que ahora se mezcle entre las maldades de la tierra. Y el Concilio nos recuerda que el pecado está trabajando también. El reino de Satanás también es una espera, porque también han de resucitar los emisarios del diablo, que los hay muchos entre nosotros. Están esperando el reino definitivo, resucitarán para ignominia, porque el progreso del mundo -dice el Concilio- hoy se ve afeado por el pecado de los hombres. De allí que el progreso del mundo no se identifica con el reino de Dios, porque el progreso puede ser egoísmo como lo acabo de decir. El progreso, la seguridad nacional, puede ser, beneficiar solamente a unos, y eso es el pecado. Entonces, el progreso verdadero no se identifica con el reino de Dios. Es ambivalente el progreso, mucho cuidado. Cuando adquiera en un puesto, un cargo con mayor sueldo, denle gracias a Dios, pero tengan mucho miedo. Cuando vayan progresando socialmente, políticamente, económicamente, denle gracias a Dios; pero mucho cuidado, porque ese progreso es ambivalente, es decir, vale para el bien y vale para el mal.

El destino del hombre al ser puesto en esta tierra como el Señor al que los dejó con cinco talentos, con dos talentos, no hay dos hombres iguales. La Iglesia no predica una igualdad absoluta, lo que predica es una justicia entre las desigualdades, un amor fraterno, como no hay dos hermanos iguales; pero cuando se aman cómo comparten fraternalmente las preocupaciones, los haberes y también sus aflicciones. Así también, dice el Concilio recordando una frase de la Carta de San Pablo a los Romanos, ustedes que viven en el mundo, empujando al mundo hacia el progreso, no se conformen a la figura de este mundo, es decir, a la vanidad, a la malicia que transforma en instrumento de pecado la actividad humana que Dios ha querido ordenar al servicio de Dios y al amor de los hombres; para eso trabajamos. Entre nosotros hay muchos esfuerzos, bendito sea Dios, de este trabajo de promoción, de hacer progresar al hombre. En estos días he asistido a academias de costura, de confección. Hoy he recibido a la entrada de la Iglesia un precioso navideño recuerdo hecho en Chalatenango, en La Palma, donde la Semilla de Dios es un testimonio de este progreso. Ojalá se mantengan siempre muy cristianas estas cosas. Y yo les he dicho siempre en estas ocasiones, la Iglesia no promueve academias de costuras o talleres, etc., sólo por hacer progresar materialmente a la gente, quiere poner en el corazón la verdadera sabiduría, un espíritu, una mística para decirle que el progreso no se debe de confundir con el Reino de Dios pero ayuda al Reino de Dios.

¿Somos de verdad la comunidad que espera activa? Analicen ustedes mismos, hermanos, en estos hechos de la semana.
 

HECHOS DE LA SEMANA

Pasado mañana en San Miguel es el día de la Virgen de la Paz, un saludo cariñoso a la Madre de todos los salvadoreños, ya que en 1966, precisamente el 21 de noviembre, el Papa Pablo VI la proclamó patrona de todo el país. Si no tengo dificultades, pienso irla a visitar el lunes 20, mañana, hacia el medio día.

También es una comunidad que se alegra, aquí en la Arquidiócesis, de encontrar sintonía con el pensamiento del Papa actual. Volvió a pedir lo que ya dijo en su homilía de inauguración: "que se abran los sistemas económicos y políticos a Cristo". Lo que les acabo de estar diciendo. Los sistemas tienen miedo -dice el Papa- hay temor al hombre y a su libertad responsable, temor que suele agravar el nexo entre la violencia y la represión.

¿Quien no encuentra aquí una sintonía del Papa con lo que su pobre Arzobispo les está predicando? NO basta la represión, no hay que tener tanta desconfianza de la libertad responsable de los hombres, hay que abrir las puertas a Cristo y a una mayor participación de todos los salvadoreños al bien común de la nación.

Exhortó el Papa a defender los derechos humanos como la gran tarea de nuestro tiempo. Yo quiero agradecer al Señor Napoleón Navarro Oviedo la feliz ocurrencia de aumentar en afiches que se pueden poner en las puertas una noticia de la Prensa Gráfica, donde el Papa se refiere a esto, dice el Papa: "no podemos considerar al hombre al servicio del sistema, sino que el sistema debe estar al servicio del hombre. Es necesario por consiguiente que cada cual se defienda del endurecimiento del sistema". Van a decir que el Papa es subversivo y de veras lo es. En un ambiente donde el sistema quiere jugar con los hombres, el Papa les dice a los hombres: no, no es el hombre para el sistema, sino el sistema al servicio del hombre. Y aclaró que se refería a sistemas sociales políticos y culturales. Su discurso fue interrumpido varias veces por aplausos, ¿será que los busca para su vanidad?, ¿o será que el pueblo siente la sintonía del pensamiento de la Iglesia cuando aplaude a un orador sagrado como al Papa en esta ocasión?

También exhortó al ecumenismo como una necesidad pastoral y espiritual. Y yo quiero decirles con alegría también que ya hemos platicado con los hermanos evangélicos y tendremos pronto una convivencia para planear y trabajar en este sentido de un ecumenismo auténtico. Les suplico sus oraciones, porque se trata de una fuerza que sólo Dios puede dar.

Una alegría muy grande también fue el telegrama que me enviaron los sacerdotes que hicieron ejercicios espirituales, dice: 'Treinta y un sacerdotes reunidos en retiro como fruto práctico de detenida reflexión sobre identidad sacerdotal, queremos reiterarle nuestra comunión con usted, con su labor pastoral y con su palabra, conscientes de que nuestro sacerdocio sólo tiene sentido cuando hay comunión con el Obispo". Bendito sea Dios, yo les agradezco y quisiera que todos pidieran de veras, si quieren ser cristianos, estar en comunión, más confianza con su pastor.

También he tenido la alegría de participar en reuniones vicariales, donde los sacerdotes y las fuerzas vivas de la pastoral se reúnen en sectores de nuestra diócesis, por ejemplo, en Mejicanos, ayer en Chalatenango, donde se hacia una evaluación bastante a fondo del trabajo de la vicaría episcopal que preside allá el P. Fabián Amaya, y donde participaron sacerdotes, religiosas y laicos; y donde se incorporó ya al equipo el nuevo sacerdote Rafael Urrutia, donde ya estaba incorporado otro nuevo sacerdote el P. Héctor Figueroa, donde hay muchas esperanzas de veras, de una pastoral muy viva.

Una nota quiero destacar y es que entre las fuerzas vivas se presentó en Chalatenango un Patronato Pro-Seminario. Allá vamos a tener un gran sector del Seminario Menor y quiero unir esta idea con la que me encontré al entrar a Catedral. Un querido amigo del Club Serra estaba pegando allá en la puerta unos afiches que ustedes lo pueden ver al salir y donde la idea es esta: ¿Cómo podemos hacer para que el reino de Dios siga caminando en el mundo? Y contesta: Momento de vocaciones sacerdotales, religiosas. El Club Serra, lo mismo que el Patronato Chalateco Pro-Seminario, han puesto el dedo en la llaga. Eso es lo que más urge en nuestra Iglesia, que fomentemos las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Hubo junta también del Senado, o sea la representatividad de los presbíteros en un grupo de sacerdotes que se llaman los senadores al que se unen también los vicarios. Tuvimos una reunión muy positiva, y un informe que yo les quiero dar es que desde hace varios meses este cuerpo de senadores tomó a su cargo un encargo mío de hacer una encuesta de las relaciones entre los presbíteros y el Obispo. Ayer se hizo la recogida de la tabulación, después se va hacer una interpretación sociológica, teológico y pastoral, y daremos a conocer a ustedes; pero les puedo adelantar que me ha llenado de mucho optimismo que esta encuesta mayoritariamente es muy positiva y que estoy muy contento de que todos mis sacerdotes, por lo menos en su inmensa mayoría, están bien solidarios con la pastoral que va tratando de conducir humildemente el Arzobispo de San Salvador.

También quiero felicitar a la vicaría de la Asunción, comprende todo ese sector de Flor Blanca, San José de la Montaña, Colonia Escalón, San Benito, la Ceiba, dos iniciativas preciosas: Un curso de teología, yo asistí a la clausura del primer ciclo, eran como 60 personas que han estado muy fieles a recibir instrucciones sobre dogmática, sobre moral, sobre pastoral, sobre documentos actuales de la Iglesia, y manifestaban su satisfacción de conocer lo que muchas veces ignorantemente se critica. Yo les supliqué que ellos, seglares que tienen acceso a esas categorías sociales y políticas y dirigentes profesionales, conociendo la mente y el espíritu de la Iglesia, sean testimonio y no dejen que la pobre Iglesia sea tan calumniada, sobre todo tan ignorantemente calumniada.

Los seminaristas mayores también me han dado una gran satisfacción, a pesar de su vacación, se reunieron tres días de convivencia para reflexionar sobre temas de su vocación en la actualidad.

También me alegro anunciarles que en la Universidad José Simeón Cañas desde el 15 de noviembre, se está llevando un mes de enseñanza teológico sobre temas actuales, principalmente de eclesiología. Si tienen oportunidad, yo les invito a estos cursos que son muy necesarios en nuestro tiempo.

También una mirada a la parroquia de Cristo Redentor, en su sector El Carmen, donde me dieron la alegría de una reunión de varias comunidades para celebrar las confirmaciones de varios jóvenes.

En la Parroquia La Luz también una alegre promoción del 9º grado en la Escuela Madre Catarina Di Maggio y una promoción de la Academia Madre Scagglietti, donde se ve pues que la Iglesia, en su modestia, está trabajando en la promoción de nuestra gente pobre.

En Hopango también celebramos el día patronal de San Cristóbal con una confirmación de jóvenes y un diálogo muy interesante de los jóvenes con su Obispo.

Y esta tarde a las cuatro espero estar en la comunidad de Chiltiupán.

Hoy también los laicos han promovido una reunión de reflexión en el salón San José de la Montaña.

Quiero recordarles que desde el 3 de diciembre, o sea dentro de quince días, entrará en vigencia la norma de no confirmar niños inconscientes. Si quieren estudiar a fondo el tema de la confirmación, les recomiendo la lectura de nuestra revista Búsqueda, toda ella dedicada al Sacramento de la Confirmación. Y próximamente de mi parte también publicaré una instrucción sobre los sacramentos, necesaria y obligatoria en nuestra Arquidiócesis.

Monseñor Obando, Arzobispo de Nicaragua, por mi medio agradece a todos ustedes, en una carta del 13 de octubre los generosos donativos que ya le fueron entregados. Puedo asegurarle Monseñor, dice, que sus palabras me han confortado en estos momentos difíciles que estamos viviendo. Por los periódicos nos hemos dado cuenta de la dificultad que están pasando nuestros hermanos nicaragüenses, muchos huéspedes en Honduras, muchos también aquí entre nosotros. Yo les suplico que no cerremos la puerta de la caridad a esta situación y que hagamos mucha oración, porque parece que las mediaciones internacionales no han funcionado en Nicaragua, ante el capricho de quien se empeña en no renunciar; y hay el peligro de una nueva guerra civil. Mucha oración, pues, para que vuelva la paz y la tranquilidad a aquel país.

Hay un pronunciamiento, que les recomiendo lo estudien, de la Universidad José Simeón Cañas sobre la situación de El Salvador y estoy muy de acuerdo en su serio análisis. No es la represión el remedio, ni siquiera suavizar la represión, sino una respuesta a las verdaderas causas del mal. Y hago mío el llamamiento de la UCA a las instituciones y a los hombres con vocación universitaria a buscar esas respuestas.

He recibido también una carta de Arcatao y lo digo aquí porque es la comunidad cristiana que se han solidarizado con nuestro hermano Cecilio Ramírez, capturado en julio de 1977 en Honduras, donde había ido a buscar a su abuelito y después no se supo nada hasta que Reynaldo Cruz Menjívar lo menciono en sus declaraciones como agonizando en la cárcel secreta de la Policía de Hacienda. La Comunidad de Arcatao reitera su petición de que sea puesto en libertad lo más pronto posible, si es que todavía vive, o que sea puesto a la disposición de los tribunales.

También, hermanos, quiero transmitirles el pensamiento de una maestra compañera de José René Franco y Carlos Zelaya Rosa, profesores, que murieron acribillados a balazos en San Miguel.

Lamentemos también desde esa comunidad que tiene que vivir su mística de espera activa del testimonio al evangelio, recordando que esta semana ha sido una semana de violencia: Las FPL destruyen tres helicópteros en San Miguel. ERP toman varias radiodifusoras, desde donde se pública lo que el gobierno no permitió como condición para liberar del secuestro al señor Monedero. Asesinaron al detective Elpidio Aquiles Aguilar Chacón, no se ha aclarado el motivo ni se sabe tampoco quién se atribuye el asesinato.

Hubo un prolongado enfrentamiento armado en San Miguel, donde murieron tres que se dice que son guerrilleros. La versión es que también murieron agentes de seguridad.

Mataron a dos jóvenes en Cuscatancingo. FPL asesinó al juez de San José las Flores, José Arnulfo Vides. FPL hizo estallar bombas en un restaurante de San Salvador y en la Policía de Hacienda en Metapán.

ERP, también, estalla bombas en la sub-estación de luz, provocando un apagón de varias horas en la zona occidental de San Salvador.

Quiero lamentar también, y solidarizarme con los que sufren atropellos. El Arzobispo también se encuentra entre los atropellados por el poder ejecutivo, en el caso del cambio arbitrario e ilegal de los estatutos de Cáritas. En Cáritas no me interesa ninguna otra cosa, sino que me preocupa sentar un antecedente muy peligroso para la Iglesia de una indebida intromisión del poder civil en la ley de la Iglesia.

También lamentamos esa semana nuevos incendios: Tipografía el Planeta, Plantel, Talleres y Bodegas de la Alcaldía de San Salvador.

Problemas laborales que ya se han mencionado otras veces, también pido a Dios que se arreglen pronto esas situaciones.

Si quiero referirme al menor Julio César Velázquez, que a pesar de la petición de exhibición personal, no se ha resuelto. Es hijo de 17 años de Santos Velázquez asesinado por desconocidos y que era una persona que se preocupaba de la situación de miseria en las zonas marginales.

También me solidarizo con la comisión de Derechos Humanos, que visitó en el hospital a Isabel Rodríguez Barrera y ha constatado que aunque no tiene causa judicial, no se pone a la orden de ningún tribunal y está vigilado estrictamente por cuerpos de seguridad.

Pero hay una nota de optimismo hermanos, el miércoles de esta semana fue aprobada la ley de lo contencioso administrativo. Nuestro ministerio es, también, iluminar con alegría las esperanzas que puede haber en el pueblo. Ya tendremos entonces en la Corte Suprema de Justicia un tribunal que dirimirá los litigios entre un funcionario de administración pública y otra autoridad o particular que reclama contra las resoluciones definitivas de la administración pública. Felicitamos a la Asamblea por ese esfuerzo de justicia, que ojalá no se vaya a frustrar con aquellos del famoso dicho: "Hecha la ley, hecha la trampa".

Y terminemos nuestra homilía para acércanos ya al altar con el hermoso pensamiento de las lecturas de hoy que hemos titulado: Una comunidad en espera activa del retorno de Cristo. Ya vamos a decir en la Misa junto a la hostia consagrada: "Ven Señor Jesús". No olviden, hermanos, que vivimos en verdad la espera de alguien que vive y que viene. No nos va a engañar. Esta espera ha tomado en la Iglesia nombres muy preciosos, ya les describí la vez pasada la "parusía", nombre de origen griego que significa la presencia, la aparición de un gobernador, de un emperador que llega. Nosotros esperamos al gran emperador, Cristo Nuestro Señor.

También se le llama la Epifanía, nombre también griego que representa la manifestación de Dios. Dios se va a hacer público, su imperio va a ser manifestado al mundo. Dichosos lo que lo esperaron y vivieron activos en su espera.

También se le llama el Apocalipsis, nombre que tomó el último nombre de la Biblia. Apocalipsis es manifestación, revelación, por eso se describe con términos apocalípticos. No nos dejemos conducir de las figuras un poco imaginativas de la Biblia. Como cuando San Pablo habla que Cristo vendrá en las nubes y que nosotros le saldremos al encuentro. Son términos apocalípticos, lo que interesa en la realidad, que va a aparecer y que todos los que lo esperaron con una actividad cristiana encontrarán en la recompensa, como lo ha dicho el evangelio de hoy. "Bien, siervo bueno, entra en el gozo de tu Señor". Que dichosa será aquella felicitación del Señor.

Pero, hermanos, esa escatología de la Epifanía, de la parusía, del Apocalipsis, hay que vivirla ya. Ya un día les expliqué que la escatología no es sólo esperar un futuro; hay una escatología del presente, y si quieren tener ideas más claras de esto, lean el evangelio de San Juan y las cartas de San Juan, es el hombre que vivió mejor la escatología del futuro que ya en el presente. Les dije una vez que el cristiano es como péndulo que vive estos dos términos: ya, todavía no; ya, todavía no Ese es el ritmo del cristiano. Ya, si estoy en gracia de Dios, ya estoy en el Reino de los Cielos. Si estoy esperando al Señor ya, ya vivo, dice el Concilio, el Reino de Dios ya está presente misteriosamente en la historia.

Ya está entre nosotros el reino de Dios, lo dijo Cristo: el Reino de Dios está en vuestro corazón. Entremos al corazón y vivamos ya, ahora, este mismo domingo. Convirtámonos, vivamos la alegría de la escatología. Cristo ya inició la escatología desde que resucitó de entre los muertos. Ya puso El la esperanza que le dijo a Marta ante el muerto Lázaro: "El que cree en mi, aunque muera vivirá". Ya vive, Cristo está vivo y esto es lo hermoso de nuestro domingo, venir a Misa el domingo es venir al encuentro con el Señor.

Un día ya no será en las manos de un pobre sacerdote la hostia consagrada, ya no necesitaremos misas...