¿Qué
Iglesia queremos?
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| ASPECTO | PARROQUIA | CEBs |
| Núcleo central de poder | - El sacerdote | - La comunidad |
| Estructura de poder | - Comisión de administración,
indicada por el sacerdote - Comisión parroquial de comunidad con funciones consultivas |
- Consejo de área, formado
por un miembro de cada consejo de comunidad con funciones deliberativas
- Consejo de comunidad, elegido cada dos años, con funciones deliberativas. |
| Agente religioso externo | - El sacerdote (en algunas parroquias puede ser ayudado por hermanas) | - Equipo de pastoral (o su equivalente) formado por el sacerdote, hermanos y hermanas. |
| Relación agente de pastoral y pueblo | - Laicos dependientes y sometidos al sacerdote. | - Autonomía (relativa) de los laicos con relación a los agentes. |
| Papel del agente externo | - En el caso del sacerdote
producir bienes religiosos externos
sacramentos. - Control de las actividades parroquiales |
- El agente tiene el papel
fundamental de acompañar y suscitar la caminada de las comunidades. - En el caso del sacerdote, la producción de bienes religiosos se hace con menos periodicidad. |
| Papel del agente interno | - Seguir las orientaciones dadas por el sacerdote. Muchas veces es él quien escoge los dirigentes de asociaciones, movimientos, pastorales, etc. | - Coordinar las comunidades, siguiendo las decisiones tomadas en reunión. |
| Producción de bienes religiosos | - El sacerdote exclusivamente | - El sacerdote, que sigue teniendo la mayor parte de la producción de bienes religiosos, y el laico en las celebraciones de los domingos y otras actividades religiosas |
| Papel del laico | - Objeto de la acción de la Iglesia (catolicismo clerical) | - Sujeto de la acción de la Iglesia en comunión con los agentes (catolicismo laico). |
| Organización de la pastoral | - Estructura compleja,
con el sacerdote y diversos movimientos y asociaciones religiosas. - Sobrevaloración de los sacramentos |
- Estructura simple (catequesis, minijóvenes y pastoral obrera a nivel de área) teniendo al agente pastoral como asesor de la comunidad. |
| Dinámica interna | - Dinámica vertical en la que prevalecen relaciones formales y distantes | - Dinámica horizontal en la que prevalecen relaciones informales de proximidad y cooperación. |
| Relación Iglesia-barrio | - Generalmente la parroquia no está insertada en las luchas del barrio | - Los miembros de las CEBs generalmente están insertados en los movimientos populares, muchos de ellos suscitados por las comunidades. |
La Iglesia clerical ha sobrevivido a las alternativas que se le oponían o cooptando a los miembros portadores del nuevo poder, insertándolos de este modo en su modelo (el caso típico del movimiento franciscano), o expulsándolos mediante la excomunión o la guerra religiosa (contra los valdenses, cátaros, albigenses y reformistas).
Así como del judaísmo bíblico surgió la Iglesia (cf. Rom. 11, 11-24), de manera parecida de la Iglesia-sociedad surge ahora la Iglesia-comunidad. La vieja cepa tiene todavía savia suficiente para hacer brotar una nueva rama, portadora de una nueva esperanza. La Sara estéril tiene derecho, como dice la Biblia, a sonreír porque puede concebir a pesar de su edad (cf. Gén.18,12-15).
El fenómeno de las CEBs es de extrema relevancia en términos
de viabilidad histórica de una alternativa al poder eclesial
vigente. Por dos razones:
En primer lugar, porque dentro de la Iglesia clerical existen sectores
que aceptan la aparición del fenómeno de las CEBs apoyándolas
y sintiéndose parte de la formación de un proyecto popular
de Iglesia. Hay distintos niveles de aceptación y van desde
cardenales a laicos notables; es decir, personas y sectores que ostentan
los criterios de legitimidad oficial (cardenales, obispos, conferencias
episcopales, teólogos) comprometen su poder al reconocer el
carácter de Iglesia a las comunidades eclesiales. Ellas son
la verdadera Iglesia en la base, y no sólo grupos con elementos
eclesiales, dentro de la cultura popular y en el universo de los oprimidos
y marginados.
Este argumento es fuerte, pero él sólo no es decisivo pues la Iglesia no se basta a sí misma. Este fenómeno intraeclesial puede provocar una ruptura, un cisma o un paralelismo de modelos. De ahí la importancia del segundo punto: la articulación de las CEBs con el movimiento popular. La base social de la Iglesia-comunidad es la misma que la del movimiento social. Los pobres en masa, conflictivos, son los que componen ambos fenómenos. Su mayor fuerza no reside sólo en las CEBs sino en su capacidad de articulación con otras fuerzas populares. Dentro de la comunidad, los creyentes quieren vivir una comunidad fraternal (en el sentido de M.Weber) y, dentro de los movimientos, quieren ayudar a construir una democracia de base, pero participativa y respetuosa de las diferencias, asociada a una búsqueda creciente de igualdad. Hay una connaturalidad de perspectivas, de sueño y de utopía, manteniendo siempre el alcance distintivo del ideal religioso que implica la resurrección de la carne y la vida eterna, cosa que ningún proceso social puede prometer. Por eso hablamos de connaturalidad y no de identificación. Pero se trata de un único movimiento de transformación que comienza en la historia y va infinitamente más lejos.
Este modelo de Iglesia se articula con las clases subalternas. Sus intereses objetivos van en la línea de la liberación, como también desean las CEBs. Entonces, el proyecto eclesial liberador se acopla con la liberación económica, política y cultural como expresión del nuevo sujeto histórico: los pobres y oprimidos organizados.
Está en curso la construcción de un nuevo proyecto eclesial, hecho por las CEBs y sus aliados de la iglesia clerical y por las articulaciones que mantienen con el movimiento popular de cuño libertario. El consenso se da en torno a esta convicción: en el centro de la acción de la Iglesia deben estar los oprimidos y marginados -como fenómeno colectivo en términos de clases dominadas, razas humilladas, culturas despreciadas, sectores subalternizados(como las mujeres) o grupos discriminados (como los enfermos de mal de Hansen o de Sida), entre otros- no como efecto de la acción de clérigos que optaron por ellos, o de la generosidad benéfica, pero nada participativa, de la estructura clerical, sino como sujetos de construcción de una manera popular de ser Iglesia y sujetos de transformación de relaciones sociales.
Tendencialmente las CEBs están adquiriendo autonomía ideológica, o sea, están elaborando una concepción teológica consistente y autónoma de la Iglesia, de su relación con el sueño de Jesús, el reino, de su función liberadora de los oprimidos y marginados, y a partir de ellos abierta a todos y a las distintas culturas. Esto es fruto de la lectura de la Biblia, de la apropiación de la reflexión teológica a partir de la práctica en la comunidad eclesial y en los movimientos sociales, de la espiritualidad de compromiso y de liberación que se está gestando. Pero esto sólo es tendencial. Existen contradicciones, espíritu de repetición del discurso del agente, socialización mal elaborada del nuevo modo de ser Iglesia como red de comunidades, pero es innegable que indica algo nuevo. Es frágil, pero tiene la fuerza de las raíces finísimas que extraen la savia profunda que alimenta el majestuoso castaño del Amazonas. Las CEBs están grávidas de promesa y de esperanza de que una alternativa de poder eclesial no es imposible.
En este nuevo modo de ser Iglesia, no se trata de negar la figura del obispo, del sacerdote, del religioso o de la religiosa. Se trata de superar el modelo de ejercicio de esas funciones a través del cambio de lugar social (del lugar hegemónico al lugar subalterno, para construir una nueva hegemonía)e inaugurar un nuevo estilo de agente eclesial, dentro de la comunidad, y no por encima de ella, que se sienta parte de un todo y no parte ante todos.
Ante este reto de consolidar la autonomía, se revela importante la presencia de los intelectuales orgánicos. En primer lugar, los internos y los producidos por la propia comunidad. Después, los externos, que engrosan el proyecto popular de Iglesia. Ellos (cardenales, obispos, sacerdotes, teólogos, profesionales portadores de un saber específico) pueden ayudar a elaborar una concepción homogénea del mundo, de la sociedad y de la Iglesia, partiendo de la óptica de los oprimidos que buscan la liberación. Sin su colaboración y su complicidad, la alternativa popular corre el riesgo de ser deslegitimada, exorcizada y destruida. O será sencillamente cooptada y, en tal caso, aportaría innegablemente valiosas reformas a la Iglesia clerical, pero manteniendo la estructura de poder clerical, elitista, discrecionaria y culturalista. Se abortaría así una oportunidad histórica única.
Estrategias y tácticas a usar en la resistencia y en el avance del proyecto popular de Iglesia
El proyecto popular de Iglesia está hoy amenazado por la Iglesia clerical. Ésta, hábilmente, ha entendido el peligro que significa para el ejercicio tradicional del poder el nuevo consenso eclesial basado no en el clero (sociedad jerarquizada) sino en la comunidad fraternal. No es necesario enumerar las distintas estrategias de la Curia romana para desestabilizar la Iglesia de base y para reforzar el eje clerical. Sus estrategas lo hacen con una buena voluntad inagotable. Están seguros de cumplir una misión divina. Se sienten defensores del pueblo fiel indefenso porque lo consideran incapaz de elaborar reflexivamente su propia fe y de dar razones de su esperanza. Destruir la otra alternativa por la desmoralización simbólica, por el ataque a sus agentes, por la deslegitimación de su teología, por el castigo ejemplar de algunas de sus figuras es, para la Iglesia clerical, virtud del verdadero apóstol y del buen pastor. Y usurpan para sí el título de nuevo Crisóstomo, Agustín redivivo.
Con razón decía Pascal: "Nunca se hace tan bien el mal como cuando se hace con buena voluntad". Por causa de este error Jesús fue crucificado, todos los profetas anteriores a él fueron masacrados y, hoy, esa lógica perversa continúa. La Iglesia clerical está haciendo muchas víctimas y provocando un sufrimiento injusto. Centralizada en sí misma y en su propio poder es una expresión de lo que Pablo llama la carne. La carne trae la muerte (Rom, 8,6; Gál, 6,8). La carne no entiende las cosas del Espíritu (Rom, 8,5). Las CEBs significan la Iglesia que nace de la fe del pueblo por el Espíritu de Dios y no por el poder de dominación ni por imposición imperial o clerical. Para entender ese evento del Espíritu, la Iglesia clerical necesita ser espiritual. Pero solamente lo será a condición de dejar de ser clerical, para ser comunional, participativa y pericorética (inter-retro-relacionada), como el misterio de la Trinidad santa, prototipo último de convivencia en la diferencia y la unidad.
La estrategia principal de la Curia romana será la de cooptar
las CEBs dentro del marco de la Iglesia clerical mediante un proceso
de parroquialización de las CEBs, subordinándolas al
párroco, único portador del poder y de los criterios
de eclesialidad. De esa forma dejarán de ser alternativas al
poder vigente. Así como para los estratos modernos de la sociedad
existen los movimientos laicos -muchos de ellos transnacionalizados
como el Opus Dei, Focolari, Comunión y Liberación-,
para los estratos "pre-modernos y pobres" existen las CEBs
y las pastorales sociales de la Iglesia-gran-institución.La
Curia romana difícilmente condenaría las CEBs porque
eso implicaría herir su propio cuerpo en la medida en que alcanzase
a cardenales y obispos. Estos son como cañones: pueden producir
grandes estragos. Pueden producir una jerarquía paralela y
diferente, por eso deben ser respetados, conservados, cooptados o
aislados. El camino no será provocar un cisma, sino garantizar
el carácter dependiente y asociado del catolicismo latinoamericano.
La Iglesia latinoamericana deberá seguir siendo una Iglesia-espejo.
Nunca, en la perspectiva clerical, será una Iglesia-fuente
con el rostro de las razas y culturas que aquí despuntan y
crecen.
Frente a esta estrategia, debemos saber actuar políticamente,
en la perspectiva del espíritu de las bienaventuranzas y en
el horizonte de una espiritualidad pascual que aprende de las crisis
y se fortalece en las persecuciones.
En primer lugar, es importante seguir penetrando en el continente de los pobres y permitir que ellos construyan el proyecto popular de Iglesia. A partir de esta inserción, explotar todo lo que en el derecho canónico actual se abre a la participación de los laicos y de los presbíteros en la formulación de la pastoral. Crecer, por tanto, hacia dentro.
En segundo lugar, es necesario fortalecer los aliados, haciendo que cada vez más intelectuales orgánicos se incorporen a la Iglesia de base. Crecer, por lo tanto, hacia los lados.
En tercer lugar, es urgente garantizar que cada vez más obispos y sectores de la Iglesia clerical se conviertan a la causa evangélica de los pobres y oprimidos (recordemos el nº8 de la Lumen Gentium). Estos son aliados contradictorios porque viven una complicidad dolorosa, pero son imprescindibles en el proceso de legitimación y consolidación de un nuevo modo de ser Iglesia. Crecer, por lo tanto, hacia arriba.
En cuarto lugar, hay que garantizar siempre la articulación de la Iglesia de la base con otras Iglesias. El ecumenismo enriquece la perspectiva evangélica y protege contra las embestidas de la gran institución clerical. En cuanto a las celebraciones eucarísticas, la articulación con otras Iglesias que también poseen celebraciones de la cena del Señor se muestra liberadora. Los católicos participan de la celebración. ¿Quien podrá negar que ahí no está el Señor sacramentalmente?
En quinto lugar, es imperioso mantener una viva articulación con el movimiento social libertario. Es importante arrebatar el evangelio como inspiración para la insurrección y la liberación del viejo y perverso orden que tantas iniquidades ha perpetrado en la historia y que ha sabido cooptar para sí el poder de la Iglesia como aparato para legitimar sus ideales e intereses. Los sueños de liberación no son monopolio de las izquierdas indiferentes, agnósticas o ateas. Es un imperativo de la memoria peligrosa y provocadora de Jesús y de sus discípulos. En las CEBs late la fuerza iracunda y tierna de la utopía del profeta de Nazaret, que era el Hijo de Dios encarnado en nuestra miseria. La inclusión social en el proyecto popular de Iglesia dará fuerza al nuevo consenso eclesial.
En sexto lugar, es decisivo no caer en la tentación de institucionalizar las CEBs como subdivisiones de las parroquias. Las CEBs no son un movimiento de la Iglesia sino toda la Iglesia en movimiento. En caso contrario, quedarían configuradas en el marco canónico tradicional y perderían su originalidad. Ellas deben continuar como dinámica que penetra todo el tejido eclesial. No son sólo una nueva configuración de poder y de otra manera de ser Iglesia, también constituyen un espíritu comunional y participativo que atraviesa todos los espacios eclesiales y sociales.
En séptimo lugar, debemos ser realistas. La Iglesia-sociedad es muy fuerte. Ella atiende, por su organización, a los cristianos que buscan la salvación individual sin preocuparse con la comunidad ni responsabilizarse por la naturaleza o por el futuro de la Tierra. Es funcional para el sistema liberal de acumulación privada. Este tipo de Iglesia ha creado su justificación dogmática, canónica y litúrgica. Debemos partir del presupuesto de que podrá durar muchos siglos y llegar, quien sabe, hasta el Juicio Final. Pero esto no debe desanimarnos. A su lado, junto a ella, pero sin romper con ella, surge una Iglesia-comunidad que atiende, con otro espíritu, las necesidades religiosas de las personas, especialmente de aquellas que guardan una referencia explícita con la utopía de Jesús y de los apóstoles.
Este modelo de Iglesia es, a su vez, funcional para una sociedad democrática, participativa y de línea popular.
Es importante que la teología y los cristianos legitimen teológicamente este nuevo modo de ser comunional de Iglesia y lo justifiquen delante del otro modo de ser societario de Iglesia. Hay que impedir que la persecución que el modelo societario organiza contra el modelo comunitario sea demoledora y llegue a deslegitimar e imposibilitar su viabilidad histórica.
Finalmente, es importante vivir una perspectiva espiritual. El Espíritu habita el mundo y está presente en todos los procesos de cambio que apuntan a lo nuevo. Ese Espíritu sopla hoy a partir de la basura humana. En esa flaqueza revela su fuerza histórica, como en la elocuente imagen del profeta Ezequiel de los huesos que se revisten de carne nueva y hacen revivir al pueblo postrado(Ez,37,1-14).
Si a pesar de todo este esfuerzo el proyecto popular de Iglesia fracasara, no será por falta de compromiso de cristianos lúcidos y osados. El sueño de Jesús seguirá siendo un sueño. Soñado por el individuo y por una Iglesia clerical que ofrece la salvación individual, se transformará en una frustración histórica. Soñado juntos, reunidos en minga, como cantan las CEBs, será una gran liberación. El sueño de Jesús no puede seguir siendo un sueño. Debe hacerse fuerza histórica para los que necesitan la liberación y se organizan para traducirla en prácticas productoras de vida.
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(Traducción de Mª José Gavito)