RELaT 171

NEOLIBERALISMOS EN AMÉRICA LATINA
Aportes para una Reflexión Común
Documento de trabajo

Este documento, que acompaña la carta sobre el neoliberalismo en América Latina, es una ayuda para el estudio, el discernimiento y la búsqueda comunitaria de líneas de acción. No es un análisis científico de un problema muy complejo. Debe leerse como la p resentación de elementos para el diálogo sobre un asunto estudiado, desde diversos ángulos, por muchos otros, y como invitación a intentar otras aproximaciones, en la búsqueda de un análisis más comprehensivo y una manera de actuar como cuerpo con nuestro s compañeros jesuitas, laicos y colegas, hombres y mujeres, con quienes nos une la causa de la justicia.

El texto presenta elementos conceptuales del neoliberalismo y de la concepción del ser humano que conlleva. Muestra luego los efectos del neoliberalismo sobre los pobres y sobre el bien común de la sociedad y concluye sugiriendo líneas de estudio y acc ión.

  • 1. Desde una perspectiva nuestra

    Nosotros, seguidores del Señor Jesús pobre, no somos ni mejores ni peores que el pueblo latinoamericano y sus dirigentes. Con todo, hemos sido llamados para contribuir, en la Iglesia, a que Dios pueda manifestarse en el corazón de los hombres y mujeres , las culturas y los procesos de este pueblo.

    Dedicados al servicio de percibir los signos que hablan de Dios en la realización de ser humano pleno o lo silencian en la persona humana excluida por otros, hemos aprendido, en el discernimiento, que cuando las personas permiten en ellas que Dios se m anifieste, el amor misericordioso, la solidaridad, el perdón, la justicia y la libertad brotan en las comunidades.

    Desde esta perspectiva hemos contemplado el desarrollo de los acontecimientos en nuestros pueblos en los últimos años. Vemos que, en la década de los años 80, el proceso de ajuste necesario para reorganizar las economías, superar el déficit fiscal y de balanza de pagos, pagar la deuda y recuperar el crecimiento, golpeó tremendamente a las mayorías populares de todos nuestros países.

    Después, en los años 90, al madurar el ajuste y la apertura, se esperaba que los tiempos difíciles concluyeran. Pero encontramos que no ha sido así, a pesar de que efectivamente se ha dado un crecimiento económico moderado. Hay un sentimiento muy gener alizado en los sectores populares y pobres de perdida de la calidad de vida y evidencias contundentes de deterioro en la distribución del ingreso. Aumenta la protesta ciudadana y en algunos lugares ha vuelto a aparecer con fuerza la lucha armada como invi tación a un cambio profundo de la situación. Las inequidad, la miseria y la corrupción, que son los tres grandes motivos del descontento general están presentes, y en no pocos aspectos se han agravado.

    Allí están, en la pobreza 180 millones de hermanos y hermanas nuestros y, en la miseria 80 millones. Sabemos que este problema tiene una historia larga de modelos de crecimiento económico desigual y de desarrollo excluyente, donde al lado de grupos muy ricos y una clase media importante, multitudes inmensas han quedado por fuera de una vida humana digna. Pero vemos que en los últimos años esta situación tiene detrás una manera de hacer economía llamada neoliberalismo que además penetra la política y to da la vida social.

  • 2. Una aproximación conceptual al neoliberalismo

    El neoliberalismo, tal como se entiende en América Latina, es una concepción radical del capitalismo que tiende a absolutizar el mercado hasta convertirlo en el medio, el método y el fin de todo comportamiento humano inteligente y racional. Según esta concepción están subordinados al mercado la vida de las personas, el comportamiento de las sociedades y la política de los gobiernos. Este mercado absoluto no acepta regulación en ningún campo. Es libre, sin restricciones financieras, laborales, tecnológi cas o administrativas.

    Esta manera de pensar y de actuar tiende a hacer una totalidad ideológica de la teoría económica de algunos de los economistas más brillantes del capitalismo moderno, que crearon el pensamiento neoclásico. Pensadores que no pretendieron reducir el comp ortamiento del hombre y de las sociedades a los elementos que ellos plantearon para explicar una parte de las relaciones y de la vida compleja de las personas y las comunidades.

    Por tanto el neoliberalismo no es igual a la economía que reconoce la importancia del mercado de todos los bienes y servicios sin absolutizarlo, ni es igual a la democracia liberal. Oponerse al neoliberalismo no significa estar en contra de la utilizac ión eficiente de los recursos de que dispone la sociedad, no significa delimitar la libertad individual, no significa apoyar el socialismo de Estado.

    Oponerse al neoliberalismo significa más bien afirmar que no hay instituciones absolutas para explicar o para conducir la historia humana. Que el hombre y la mujer son irreductibles al mercado, al Estado o a cualquier otro poder o institución que quier a imponerse como totalizante. Significa proteger la libertad humana afirmando que sólo Dios es absoluto y que su mandamiento es el amor que socialmente se expresa en justicia y solidaridad. Y significa denunciar las ideologías totalitarias, porque cuando éstas se han impuesto, el resultado ha sido la injusticia, la exclusión y la violencia.

  • 3. Un aporte sobre la concepción del ser humano subyacente al neoliberalismo

    La Congregación General 34 nos invita a actuar ante el hecho de que "la injusticia estructural del mundo tiene sus raíces en el sistema de valores de una cultura moderna que está teniendo impacto mundial" (CG34, 4,24). Este impacto llega a nuestros paí ses a través de la tecnología y los sistemas financieros internacionales.

    Este impacto cultural, al radicalizarse por el neoliberalismo, tiende a valorar al ser humano únicamente por la capacidad de generar ingresos y tener éxito en los mercados. Con este contenido reduccionista penetra a los dirigentes de nuestros países y atraviesa la clase media y llega hasta los últimos reductos de las comunidades populares, indígenas y campesinas, destruyendo la solidaridad y desatando la violencia.

    Nos encontramos así ante un sistema de valores profundo, porque toca el corazón humano, y envolvente, porque impone sus mensajes convincentes, que atraviesa la vida social e institucional de América Latina.

    La absolutización del mercado llega a plantearse aun con connotaciones religiosas. Al decir que el mercado "es correcto y justo" lo convertimos moralmente legitimador de actividades cuestionables. Hacemos que desde el mercado se defina el sentido de la vida y la realización humana. Este sistema de valores se presenta en símbolos ambiguos con gran capacidad de seducción y, gracias a su dominio sobre los medios de comunicación masivos, afecta fácilmente las tradiciones locales, no preparadas para estable cer un diálogo que enriquezca a todas las partes y preserve la identidad y la libertad de hondas tradiciones humanas que no tiene poder en los mercados para comunicar sus mensajes.

    No se nos escapan los elementos positivos de la movilización internacional llevada a cabo por las transformaciones tecnológicas que han permitido disminuir las enfermedades, facilitar las comunicaciones, acrecentar el tiempo disponible para el ocio y l a vida interior, hacer más cómoda la vida en los hogares. Pero igualmente vemos los aspectos de estos procesos que disminuyen al hombre y la mujer, particularmente en el contexto de la radicalización neoliberal, porque - pretendiéndolo o no- desatan la ca rrera por poseer y consumir, exacerban el individualismo y la competencia, llevan el olvido de la comunidad y producen la destrucción de la integridad de la creación.

  • 4. Las políticas neoliberales

    El neoliberalismo se manifiesta en sus políticas de ajuste y apertura que, con diversas connotaciones se aplican en los países latinoamericanos. Estas ponen el crecimiento económico -y no la plenitud de todos los hombres y mujeres en armonía con la cre ación- como razón de ser de la economía. Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de la responsabilidad de garantizar los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. Eliminan los programas generales de creación de oportunida des para todos y los sustituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados. Privatizan empresas con el criterio de que la administración privada es mejor en último término para todos. Abren sin restricciones las fronteras para mercancías, capitales y flu jos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. Hacen silencio sobre el problema de la deuda externa cuyo pago obliga a recortar drásticamente la inversión social. Subordinan la complejidad de la hacienda públic a al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; pretendiendo que de allí se sigue todo bien común en el largo plazo, y sin atender los nuevos problemas de la población que emergen de estos ajustes y que tienen que ser atendidos simultáneamente por una política de Estado. Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebalse la situación de los desfavorecidos. Para incentivar la inversión privada, eliminan los obstáculos que podrían imponer las legislaciones que protegen a los obreros. Liberan de impuestos y de las obligaciones con el medio ambiente a grupos poderosos, y los protegen para a celerar el proceso de industrialización, y así provocan una concentración todavía mayor de la riqueza y el poder económico.

    Estas medidas de ajuste han tenido aportes positivos, como la contribución de los mecanismos de mercado para elevar la oferta de bienes de mejor calidad y precios, la reducción de la inflación en todo el continente, el quitar a los Gobiernos tareas que no les competen para darles oportunidad de dedicarse, si quieren, al bien común, la conciencia generalizada de austeridad fiscal que lleva a utilizar mejor los recursos públicos, y el avance de las relaciones comerciales entre nuestras naciones.

    Pero estos elementos están lejos de compensar los inmensos desequilibrios y perturbaciones que causa el neoliberalismo en términos de multiplicación de masas urbanas sin trabajo o que subsisten en empleos inestables y poco productivos, quiebras de mile s de pequeñas y medianas empresas; destrucción y desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas; expansión del narcotráfico basado en sectores rurales cuyos productos tradicionales quedan fuera de la competencia; desaparición de la seguridad alimentaria; aumento de la criminalidad empujada no pocas veces por el hambre; desestabilización de las economías nacionales por los flujos libres de la especulación internacional; desajustes en comunidades locales por proyectos de multinacionales que pr escinden de los pobladores.

  • 5. Problemas de pobreza estructural que el Neoliberalismo ahonda

    El neoliberalismo surge al interior de la cultura moderna y, sin necesariamente pretenderlo, produce efectos estructurales que generan pobreza y que ya han estado actuando desde mucho antes del auge neoliberal en la década de los ochenta.. Estos factor es son, entre otros, la inequidad o injusticia en la distribución del ingreso y la riqueza, la precariedad del capital social y la desigualdad o la exclusión en las relaciones de intercambio.

  • 5.1. La mala distribución de la riqueza y del ingreso

    La inequidad económica o desigualdad social no permite a casi la mitad de los habitantes de Latinoamérica y el Caribe, alcanzar las condiciones materiales necesarias para vivir con dignidad y alcanzar el ejercicio efectivo de sus derechos.

    El neoliberalismo, hoy día, al oponerse a la intervención redistributiva del Estado, perpetúa la desigualdad socioeconómica tradicional y la acrecienta. El neoliberalismo introduce el criterio de que solamente el mercado posee la virtud de asignar efic ientemente los recursos y fijar a los diversos actores sociales los niveles de ingresos. Se abandonan así los esfuerzos por alcanzar la justicia social mendicante una estructura progresiva de impuestos y una asignación del gasto público que privilegie a l os más desfavorecidos; y se dejan de lado intentos por la democratización de la propiedad accionaria o la reforma agraria integral.

  • 5.2. La precariedad del capital social

    Se entiende por capital social el acumulado de la riqueza humana, natural, de infraestructura y de instituciones que tiene una sociedad. Capital social es por tanto la cultura, el conocimiento, la educación, los recursos naturales, las vías y comunicac iones, que ofrece una nación a sus habitantes. Este capital se configura paulatinamente, con aquellas inversiones privadas y estatales que elevan las potencialidades y la creatividad de todos los hombres y mujeres de un pueblo. El capital social se fundam enta sobre todo en la participación de la sociedad civil y del Estado en la expansión de las oportunidades.

    Al mirar el capital social en nuestros países se encuentra que la oferta educativa es escasa y de baja calidad para más de la mitad de los pobladores de América Latina y el Caribe. La inversión en ciencia y tecnología es marginal en la gran mayoría de los presupuestos. Las condiciones de salud son malas. Hay un inmenso vacío de infraestructura de vías para las zonas de economía campesina, y de infraestructura para las mayorías de los hogares pobres urbanos o rurales. Avanza la destrucción de la riqueza natural y, al ponerse en marcha procesos de descentralización administrativa en todos los países, se evidencia una gran fragilidad en las instituciones locales, particularmente en los pueblos pobres.

    Podría decirse que desde siempre los pobres en América Latina han vivido este vacío de capital social, pero esta falla se ha agravado con las políticas neoliberales, por la retirada del Estado en favor de la iniciativa privada, por la disminución del g asto público; por el abandono del apoyo al patrimonio natural y cultural, y a las organizaciones de la gente.

  • 5.3. Los mercados sin control social

    El mercado como expresión histórica de la necesidad de los seres humanos de apoyarnos unos en otros para poder darnos posibilidades de realización presente y futura, no es ni bueno ni malo, ni capitalista ni socialista. Se plantea para todos como una r elación que debe ser controlada, en libertad, solidaridad y destreza, para conseguir una existencia amable para todos. Como todo tipo de relación el mercado puede ser empleado perversamente para destruir a las personas y a los pueblos. Pero el hecho de qu e pueda darse esta perversión no puede llevarnos a olvidar el patrimonio de conocimiento y de cultura que en torno al mercado ha hecho la humanidad en su historia. El desafío no es destruir la relación de intercambio sino ponerla al servicio de la realiza ción del ser humano en armonía con la creación; colocarla dentro de un marco de condiciones de igualdad de oportunidades básicas para todas las personas y dignificarla librándola de las fuerzas de dominación y explotación que llegaron a tergiversarla en e l modo de producción que se generalizó en occidente (SRS, 28).

    Con la entrada del neoliberalismo se han acentuado los desajustes que produce en la sociedad la actuación del mercado que no está bajo control por la sociedad civil y el Estado1 . En efecto, al descuidar la producción de capital social el mercado queda al servicio de los más educados, de los que poseen infraestructura y ponen las instituciones a su servicio, y de los que concentran la información. Al establecer la desregulación laboral y financiera, el mercado traslad a fácilmente el valor producido hacia núcleos de acumulación nacional e internacional. En muchos casos, no se ha incorporado al pueblo en la producción vigorosa de valor agregado. Y en procesos como la maquila o la economía informal, no se le ha al pueblo permitido participar en la riqueza que genera. De hecho no se ha dado un proceso de incorporación de los pobres, de los sectores populares, y clases medias en las relaciones económicas de manera creciente, con capacidades para retener el valor agregado p or ellos y superar la pobreza.

    El mercado de trabajo es elemento central de la integración de la economía mundial. En la actual competencia neoliberal las inversiones buscan mano de obra barata para internacionalizarse. Se rebajan así los costos de producción y se perjudica a l os obreros latinoamericanos, que son mal pagados, y a los obreros del Norte creando desempleo, porque las fábricas se trasladan al Sur. Por otro lado, sistemáticamente se impide el acceso de trabajadores de países pobres a países más ricos.

    Los llamados capitales golondrina, en un mercado financiero sin restricciones, se mueven sin otro propósito que aprovechar ventajas en los sistemas bancarios y monetarios, y pueden desestabilizar completamente cualquier país, produciendo efectos devast adores incluso sobre las economías más fuertes de Latinoamérica.

    Los efectos del mercado sin control social han sido particularmente graves para los pobladores rurales, donde se sintió duramente el golpe de la apertura que sacó de la producción a millones de campesinos. Y donde la falta de capital social es mucho má s profunda.

    En consecuencia, al mirar la región en conjunto, se descubre que las políticas neoliberales profundizan problemas estructurales que están en la base de la pobreza: la distribución de la riqueza, el capital social, y las distorsiones sociales generadas por el mercado cuando actúa sin control social.

  • 5.4. El neoliberalismo y la crisis social general

    Es muy importante reflexionar sobre las relaciones entre el neoliberalismo y la crisis general de nuestras sociedades, porque percibimos que, al lado de la persistencia de la pobreza y crecimiento de la desigualdad, viejos problemas de nuestras socieda des, que emergen de raíces premodernas y modernas, toman nueva fuerza. Estamos peligrosamente empujados por una cultura que radicaliza la ambición por poseer, acumular y consumir, y que sustituye la realización de todas las personas en comunidades partici pativas y solidarias por el éxito individual en los mercados.

    En efecto, en todo el continente se percibe un rompimiento general de las sociedades que tiene múltiples causas y aparece en la inestabilidad de las familias, las múltiples y crecientes formas de violencia, la discriminación contra la mujer, la destruc ción del medio ambiente, la manipulación de los individuos por los medios de comunicación, hostigamiento al campesinado y las comunidades indígenas, el crecimiento de ciudades inhóspitas, la pérdida de legitimidad de los partidos políticos, la corrupción de los dirigentes, la privatización del Estado por grupos con poder económico, la pérdida de gobernabilidad del aparato estatal, la penetración de consumos alienantes como la droga y la pornografía, la complejidad de procesos de secularización y de búsque das espirituales que prescinden del compromiso comunitario y de la práctica de la solidaridad.

    El neoliberalismo exacerba esta crisis al llevar a la desaparición del bien común como objetivo central de la política y la economía. El bien común es sustituido por la búsqueda de equilibrio de las fuerzas del mercado. Contrariamente al pensamiento so cial de la Iglesia que considera que debe haber tanto Estado cuanto lo requiera el bien común, el neoliberalismo plantea escuetamente que lo mejor es tener menos Estado, tanto cuanto se requiera para el buen funcionamiento macroeconómico y para el impulso de los negocios privados.

    En este contexto, desaparece como horizonte la preocupación por la calidad de vida general de la población de hoy y de mañana, que antes se expresó en los llamados Estados de bienestar. Al desaparecer el objetivo del bien de todos, desaparece el sentid o del hogar común o público.

    Por eso no se necesita cuidar de la familia como núcleo y célula de un bien común que ya no importa. La mujer pasa a ser simplemente fuerza de trabajo más barata. La naturaleza se convierte en una fuente de enriquecimiento rápido para las generaciones presentes, el campesino un ciudadano ineficiente, que tiene que emigrar.

    En este horizonte donde lo público tiende a desaparecer, los partidos políticos como propuesta de construcción de sociedad y de nación pierden razón de ser. La competencia política y administrativa se reduce a demostrar que el candidato o el presidente es el más capaz para crear las condiciones exigidas por el juego abierto y libre de los mercados. Unos y otros subordinados a programas de ajuste y apertura, impuestos por las mismas necesidades internacionales de los mercados.

    No es de extrañar que, en este contexto, donde la comunidad es irrelevante y el bien común inútil, la violencia se acreciente, la producción y el consumo de droga se disparen, y se refuercen los elementos más contrarios a la realización humana contenid os en la cultura actual, mientras se dejan de lado los aportes más valiosos de la modernidad y la posmodernidad.

  • 6. Tareas que debemos emprender

    Ante esta realidad, contraria a la obra del Creador, una exigencia de la fe, para que Dios pueda ser Dios entre nosotros, nos llama a resistir a dinámicas que destruyen a nuestros hermanos y hermanas y a trabajar con muchos otros en un cambio, para con tribuir a construir una sociedad más cercana al Reino de solidaridad y fraternidad del Evangelio.

    No importan los costos que tengamos que pagar en esta determinación. No tenemos alternativa. Es nuestra lealtad con el Señor Jesús la que está en juego. Es la fundación de las condiciones de posibilidad de la convivencia fraterna, por la que entregaron su vida los mártires jesuitas en diversos puntos de Latinoamérica.

    Nuestra aspiración es contribuir a construir una sociedad donde todas las personas, sin exclusiones, puedan tener los bienes y servicios que se merecen por haber sido llamada a compartir este camino común hacia el Padre. Una sociedad justa, donde nadie quede excluido, sensible a los débiles, a los marginados, a quienes han sufrido los impactos de procesos socioeconómicos que no ponen al ser humano en primer lugar. Una sociedad democrática, construida participativamente, equitativa en las relaciones de género. Una sociedad donde podamos vivir en familia y mirar al futuro con ilusión, compartir la naturaleza y legar sus maravillas a las generaciones que nos sucederán. Una sociedad atenta a las tradiciones culturales que dieron una identidad propia a nues tros pueblos.

  • 6.1. El estudio sobre el neoliberalismo

    La primera tarea que tenemos es entender a fondo el neoliberalismo y las dinámicas sociales concomitantes, y llegar a descubrir su racionalidad y sus supuestos éticos.

    Por eso proponemos emprender un proceso de reflexión y acción coordinada, que recoja los aportes conceptuales y las experiencias de las diversas provincias, los sistematice de manera útil, y los ponga al servicio de una acción de mayor fruto, para un b ien más universal, dentro de la Iniciativa Social de la Compañía.

    Este proceso comienza por enfrentar con toda seriedad en las comunidades y obras las preguntas pertinentes: (¿qué es esto del neoliberalismo y cómo vamos a conocerlo en profundidad? (¿cuáles son sus raíces antropológicas, filosóficas, económicas, histó ricas? (¿cuál es la ética implícita en sus posiciones y qué tiene que decir allí la teología? (¿cómo debe colocarse ante él nuestra espiritualidad ignaciana? (¿cómo discernir sus efectos en personas, instituciones, comunidades? (¿cómo llegar al corazón de esta cultura en el diálogo con la modernidad, la globalización y la tecnología? (¿cómo preparar a los jesuitas y particularmente a los jóvenes para practicar el discernimiento de esta realidad? (¿cómo trabajar con muchos otros en nuestras obras, con las instituciones de las sociedad civil, con la iglesias y movimientos religiosos y con los gobiernos para ser eficaces aquí, donde se juega el sentido de los hombres y mujeres de nuestro continente? (¿cómo dialogar con los que toman las decisiones técnicas y políticas que producen efectos devastadores en los pobre? (¿cómo educar a nuestros alumnos para que sean capaces de trabajar en la construcción de un mundo distinto? (¿cómo enfrentar la obsesión del consumo en los medios de comunicación y rescatar el hum anismo, la estética, la fruición gratuita de la naturaleza, la riqueza del espíritu y la satisfacción del ejercicio de la solidaridad?

    Esta tarea de investigación interdisciplinaria tenemos que hacerla junto con los laicos, y con otros cristianos y no cristianos, en una red apostólica que involucre nuestras universidades y centros de investigación y acción social y muchas otras instit uciones comprometidas internacionalmente por la causa de la justicia y de la vida (CG34, 3.23).

    El conocimiento de las dimensiones antropológicas que hay debajo de la corriente neoliberal y sus consecuencias debe ser parte de la cultura de todo jesuita. Por eso la importancia de la formación en ciencias sociales, economía, política, ética pública ..., para todos, a fin de poder asumir con claridad los desafíos que la situación nos plantea en el presente y para el futuro.

    Al avanzar en el conocimiento de estas realidades complejas tenemos que pasar al discernimiento ignaciano y llevar a los Ejercicios, al acompañamiento espiritual y a la predicación las exigencias del Espíritu.

    Tenemos que entregar a nuestros alumnos de colegios y universidades la comprensión de la situación y difundirla pedagógicamente por los medios de comunicación.

  • 6.2. Superar la exclusión (CG34, d 3, 15.)

    Tenemos una tarea pedagógica inmensa: En un contexto donde desaparece el horizonte del bien común y cada uno busca su propio provecho en el mercado, la exclusión social se profundiza. Hay que emprender una esfuerzo educativo formal e informal para tran sformar las instituciones, empresas y proyectos excluyentes, las políticas de la exclusión, y a los hombres y mujeres que son actores de exclusión, muchas veces sin conciencia de ello. Tenemos que empezar por examinarnos a nosotros mismos, nuestras prefer encias y los grupos que frecuentamos. Nosotros también podemos ser parte de la dinámica de la exclusión. Y también hay que propiciar cambios en los excluidos, porque ellos a su vez son muchas veces la contraparte del tipo de sociedad nacional e internacio nal que hemos creado.

    El desafío está en partir de los que han sido dejados fuera y desde allí, al lado de los pobres y caminando con ellos, proponer para todos la más inclusiva o incluyente de las sociedades posibles y viables. Por eso esta tarea llama a una transformación estructural de nuestras sociedades que va más allá de la resistencia a los elementos perturbadores del neoliberalismo. No se trata de incluir a los excluidos, en sistemas que son aparatos de generar exclusión. Se trata de un trabajo paulatino y paciente por crear la sociedad solidaria que no existe.

  • 6.3. La superación de la cultura de la pobreza

    Con esta expresión no se alude la cultura de los pobres, con edades. La expresión se refiere a una manera de comportarse la sociedad total, en el ámbito nacional y continental. Una sociedad que, en sus cuadros directivos, en sus instituciones sociales, políticas, educativas y religiosas, y en sus pobladores populares, se ha acostumbrado a vivir con la pobreza, como algo normal. Aunque se tengan los medios para superar esta situación, no hay interés para ponerlos en práctica.

    Puede decirse que esta cultura de la pobreza existe desde hace muchas décadas en América Latina, pero al propagarse el neoliberalismo en todos nuestros países, esta manera de ver y de sentir las cosas encuentra una justificación perversa. En efecto, pa ra el neoliberalismo la existencia de millones de pobres y miserables en Latinoamérica no produce ningún escándalo. Estas personas no tienen nada que reclamar, porque no valen nada en el mercado. Y la economía no está para sacarlos de la pobreza, sino par a producir más y vender más y ganar más.

  • 6.4. Búsqueda de alternativas económicas viables

    Una de las responsabilidades más urgentes es pasar del análisis crítico a las propuestas. Por eso tenemos que presentar alternativas viables de un desarrollo humano y sostenible, orientado por el bien común, y que garantice la realización de todos nues tros hermanos y hermanas, presentes y futuros, en armonía con la naturaleza.

    En términos muy generales éstos son algunos de los temas que deben someterse al estudio:

    - Los bienes que todos merecen

    Nuestra atención debe ponerse ante todo en procurar que el Estado y la sociedad aseguren a todos los bienes que las personas se merecen por ser tales, hijos e hijas de Dios. Bienes que deben garantizarse como derechos ciudadanos básicos, independientem ente de si las familias son o no capaces de comprar estos elementos indispensables en los mercados. Tales bienes son la salud, la educación, la seguridad, el hogar y la vivienda. Estos son realmente bienes públicos. No buscamos la sociedad del bienestar d edicada a satisfacer las demandas insaciables de ciudadanos consumidores. Queremos una sociedad justa, donde cada persona tenga lo esencial para que pueda vivir en dignidad.

    - Los recursos naturales

    El desarrollo sostenible exige la seguridad ambiental y la equidad entre los hombres y mujeres actuales y los que vendrán en el futuro. Es indispensable presentar alternativas para que la economía dé a los recursos naturales un tratamiento distinto del que se impone hoy en el neoliberalismo, que no incorpora los costos y beneficios ecológicos y sociales de largo plazo. Tenemos la responsabilidad enorme de encontrar caminos nuevos, que garanticen la calidad de vida de todos, dentro patrones de consumo y extracción diferentes a los de los países del Norte y de las élites ricas de nuestras sociedades que destruyen el medio ambiente y se apropian de los bienes de la tierra, hasta el punto en que ellos, que son el 20 por ciento de la población del planeta, consumen el 80 por ciento de los recursos de la tierra.

    - La equidad de género

    En los últimos años, al disminuirse el ingreso de los asalariados y aumentarse el desempleo, las familias se han visto obligadas a participar con varios miembros frecuentemente en la economía informal. En estas condiciones de mercado de trabajo informa l, la mujer de clase media y de los sectores populares se ve obligada a tener tres jornadas de diarias trabajo: ella se trabaja para contribuir al ingreso familiar, lleva el peso del trabajo doméstico y crían a los niños. La mujer es además usada como obj eto de publicidad y artículo de comercio. En este contexto cabe recordar las reflexiones de la Congregación General 34 que nos hablan de "una discriminación sistemática contra la mujer" y nos propone contribuir en esta la tarea que "está en el centro de t oda misión contemporánea que pretenda integrar fe y justicia" (CG34, 14.).

    En la situación latinoamericana tiene pleno sentido la expresión de la Congregación : "Hay una 'feminización de la pobreza y un 'rostro femenino de la opresión'." Es indispensable tomar aquí la llamada que se nos hace a alinearnos en solidaridad con la mujer. Particularmente escuchando a la mujer, enseñando explícitamente la igualdad esencial entre la mujer y el varón, apoyando los movimientos de liberación que se oponen la explotación de la mujer, y haciéndola presente en las actividades de la Compañí a.

    - La política rural

    La apertura neoliberal ha causado estragos en los campesinos de todo el continente. Los agricultores pequeños y medianos representan la mayoría de los productores agrícolas de casi todos nuestros países. Emprender un proceso distinto lleva a propiciar seriamente un conjunto complejo de medidas que implican, entre otras cosas: la participación de los campesinos en los procesos de modernización de las estructuras productivas, la investigación sobre sus sistemas peculiares, el acceso a las nuevas tecnolog ías y a la asistencia técnica, la vinculación al mercado nacional e internacional sin dejar el autoconsumo, el cuidado de las condiciones y necesidades típicas de los diversos productos y localidades, el crédito agropecuario, la tenencia de la tierra su d istribución y titulación, la desconcentración de los canales de distribución e información sobre mercados, el crédito, las provisión de vías, energía rural y servicios públicos de salud y educación. Todo esto, enmarcado en un horizonte de agricultura sost enible y de seguridad alimentaria.

    - La política industrial

    En el marco económico neoliberal el desarrollo tiene como motor la industria exportadora, sin embargo, aunque esta ha crecido, no es el motor del resto de la economía porque no está vinculada suficientemente a los demás sectores y depende altamente de importaciones. Hay que encontrar caminos de una producción manufacturera y agroindustrial diversificada, que apoye a la mediana y pequeña empresa y no solamente a la grande, que satisfaga las necesidades básicas de la población, fortalezca el acumulado te cnológico de la sociedad, promueva la equidad y el crecimiento sostenible.

    - La política laboral

    Las dinámicas económicas vigentes tienden a competir internacionalmente bajando los costos laborales y pagando malos salarios. Es necesario impulsar estrategias justas que lleven a una inserción competitiva en los mercados basada en la calificación de las personas y la expansión de su creatividad, y el cambio de la concepción de la empresa en una verdadera comunidad de trabajo (CA. 32). Y hay que colocarse en un horizonte de superación del desempleo y el subempleo (SRS.18).

    - La deuda externa

    El Sumo Pontífice nos invita a que en el espíritu del libro del Levítico, hagamos del Jubileo del año 2 mil un tiempo oportuno para pensar en "una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional" (TMA. 51). No hay que perde r de vista que la deuda externa constituye una limitación seria para el potencial del desarrollo equitativo y sostenible desde México hasta Chile. No podemos dejar de lado este tema de justicia internacional, que golpea la vida cotidiana de las mayorías p opulares y no deja de preocupar a la Iglesia. De allí la necesidad de contribuir a presentar propuestas bien fundamentadas para que la sociedad y los gobiernos de Latinoamérica y el Caribe puedan colocarse en una negociación donde se condone una porción i mportante de la deuda, particularmente la que se originó por el alza abrupta de las tasas de interés. Y para que la parte de la deuda que no puede ser condonada se examine, asegurar que su pago no perjudique el gasto social. Y es indispensable ayudar a fo rmular alternativas para que todos nuestros pueblos enfrenten unidos este problema común, con base en investigaciones de conjunto y a una conciencia generalizada de la dimensión del problema y de sus repercusiones en la vida cotidiana de los pobres.

    - Con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional

    El reto es hacer avanzar el diálogo y el estudio de propuestas rigurosas que nuestros compañeros jesuitas de todo el continente, a partir de la iniciativa tomada por el Center of Concern de Washington, han adelantado.

    Ante la economía norteamericana deberíamos ayudar a dar aportes a un diálogo en torno a las decisiones que más afectan a América Latina: sistema financiero, instituciones, empresas multinacionales. Con particular cuidado se debe estudiar el sector fina nciero privado en nuestras universidades y centros sociales; este sector está movilizando miles de millones de dólares que concentran el crédito en los países ricos, y producen efectos desestabilizadores en las principales economías latinoamericanas.

  • 6.5. Superar la crisis de la sociedad

    Como se vio arriba, la crisis de nuestras sociedades tiene un origen histórico y con muchas causas y es acrecentada por el neoliberalismo. Por la misma razón no podemos dejar de tocar aspectos fundamentales del bien común cuando tratamos de presentar a lternativas a la economía política neoliberal.

    - La construcción de la sociedad civil

    "La Iglesia, cuya misión compartimos, no existe para ella misma sino para la humanidad" (CG34, 2.3). Afirmando sus raíces cristianas, y respetando la autonomía de las realidades terrestres, nuestras comunidades de solidaridad deben ponerse al servicio de la colectividad ciudadana de la construcción del espacio de lo público. Esta urgencia es tanto mayor cuanto más grande sea la presión en nuestros países hacia el silencio y la desaparición de las responsabilidades ciudadanas por la solidaridad y el bie n común(CG34, 4. 23).

    - La vigorización de la vocación política

    Para superar la crisis de gobernabilidad y dignificar el servicio público, y para poner la política económica y los mercados bajo el control social que protege al bien común, debemos contribuir a la formación de los hombres y mujeres con vocación polít ica. Para que ellos y ellas se entreguen a la construcción de Estados garantes de la dignidad de todos los ciudadanos y ciudadanas, y cuidadosos de los pobres.

    - La transformación del Estado

    Debemos contribuir a un estudio interdisciplinario que haga claridad sobre el Estado como agente importante en un modelo alternativo de desarrollo, sostenible, equitativo y donde el ser humano sea el centro; que presente alternativas al concepto neolib eral que pide que el Estado se reduzca al mínimo. Los ejemplos exitosos de desarrollo hoy en día muestran una acción estatal efectiva y eficiente para priorizar objetivos y gastos, imponer restricciones y distribuir pérdidas, con un papel importante del E stado en proyectos estratégicos y en el suministro adecuado de lo bienes que todos merecen.

    - La elaboración de una ética pública

    Teniendo en cuenta que el neoliberalismo subordina el comportamiento moral al mercado y produce efectos destructivos de la comunidad, debemos contribuir, desde el seguimiento del Señor Jesús, quien es en última instancia nuestra ley moral, al estableci miento de una ética pública o civil, tarea en la que somos simples ciudadanos, con los demás, creyentes y no creyentes, responsables de establecer los valores morales pertinentes de una realidad en profundos cambios, valores sin los cuales nuestras socied ades no pueden sobrevivir y asegurar la realización de todos. En este esfuerzo seremos pedagogos, con muchos otros y otras, de la vida, la búsqueda de la verdad, la justicia, los derechos humanos, la lucha contra la corrupción, la paz y la protección de l a integridad de la creación.

    Esta tarea ética tiene para nosotros, jesuitas, una dimensión más profunda. A saber, buscar estrategias apostólicas para que nuestro diálogo sobre las políticas del sistema económico lleve la sensibilidad evangélica hasta el fondo de la experiencia cul tural: donde encontramos o rechazamos a Dios, construimos o destruimos el sentido del ser humano y de la naturaleza, damos o no paso al Reino. Ese es el lugar del discernimiento profundo, donde debemos colocarnos con lucidez, conocimiento y libertad, y co laborar con otros en la construcción de relaciones sociales nuevas en transparencia, justicia y solidaridad.

    Como una tarea particular, es indispensable que, con una actitud ignaciana de búsqueda del bien más universal, lleguemos a tocar la conciencia de los directivos que toman las decisiones económicas y financieras para que sus determinaciones técnicas ten gan efectos positivos en la transformación de la cultura de la pobreza y de la muerte en una cultura de la vida compartida.

  • 6.6. Una perspectiva Latinoamericana

    Al hacer estas reflexiones es importante mirar a la totalidad del América Latina y el Caribe. Este territorio, de raíces culturales y espirituales comunes, ha sido considerado como un mosaico de naciones con destinos distintos. Mirar así las cosas haci a adelante no es posible. Equivaldría a aferrarnos a un pasado que se acabó.

    Todavía no sabemos qué significa esta unidad latinoamericana. Pero el proceso acelerado que conduce hacia allá es vigoroso e irreversible.

    Es muy difícil avanzar en esta dirección si perdemos la dimensión internacional (CG34, 3, 7). De allí lo importante de profundizar el diálogo y las tareas comunes entre compañeros jesuitas, entre jesuitas y laicos con quienes trabajamos y entre nuestra s instituciones.

    Una visión así tiene que llevarnos a una solidaridad continental. Una solidaridad lúcida, que nos permita dialogar con nuestros compañeros de Norteamérica para emprender estudios y búsquedas comunes, para presentar alternativas a problemas como los de las empresas multinacionales que compiten con base en salarios bajos en nuestros países, y perjudican a los obreros de ambas partes del continente. Necesitamos unirnos, cuando la miseria empuja la migración de los latinos hacia Estados Unidos y Canadá; cu ando el Norte vende armas a nuestros países para acrecentar violencias fratricidas; y la guerra se vuelve una razón más de desplazamientos a otras fronteras; cuando los dineros de las cajas de pensión de los trabajadores de EEUU se invierten en mercados f inancieros volátiles en Latinoamérica; cuando también en Estados Unidos y Canadá disminuye la solidaridad social y crece la pobreza; cuando frenar la expansión de la cocaína y la heroína sólo es posible si simultáneamente se trabaja para disminuir la dema nda del norte y la oferta del sur.

    Los problemas tienen connotaciones diferentes e intereses distintos en una y otra parte del continente. Ha llegado el momento de que los jesuitas latinoamericanos, unidos, podamos compartir con nuestros hermanos jesuitas del Norte para asumir juntos, e n toda su complejidad, búsquedas comunes, por el bien de la comunidad humana del continente a cuyo servicio estamos en la Iglesia.

  • 5. CONCLUSIÓN

    Queremos asumir con seriedad la promoción de la justicia que surge de nuestra fe y la hace más profunda según las cambiantes necesidades de nuestros pueblos y culturas y según las peculiariedades del momento histórico de nuestro continente (CG34, 3,5). Siempre los hombres y mujeres estarán amenazados por la codicia de la riqueza, por la ambición de poder y por la búsqueda insaciable de satisfacciones sensibles. Hoy esta amenaza se concreta en el neoliberalismo, mañana encontrará otras expresiones ideol ógicas y aparecerán otros ídolos. Nosotros hemos sido llamados en la Iglesia para contribuir a la liberación de nuestros hermanos y hermanas del desorden humano y vamos a permanecer allí, en esta tarea al servicio de todos, situándonos al lado de nuestros amigos lo pobres porque desde allí lo hizo nuestro amigo, el Señor Jesús (CG34, 2,9).

    Queremos conservar lo mejor de la herencia de dos décadas de "jugarnos nuestra suerte con la suerte del pobre " (SCJ) . Por eso deseamos multiplicar "las comunidades de solidaridad tanto de rango popular y no gubernamental como de nivel político" (CG, 3,10). Para fortalecer el trabajo por los derechos humanos; y el acompañamiento a los sectores tradicionalmente excluidos: indígenas, campesinos, pobladores de los sectores populares de las grandes ciudades, desplazados y refugiados, mujeres, ancianos, en fermos de adiciones y del SIDA, y niños abandonados.

    Invitamos a que en todas nuestras Provincias se inicie un proceso de estudio y discernimiento sobre el neoliberalismo, la pobreza y la ruptura de nuestras sociedades, a emprender en todos nuestros apostolados tareas para enfrentar esta realidad. Encont ramos que las comunidades de solidaridad pueden ser el instrumento privilegiado para este empeño.

    Después de un tiempo prudencial cada una de nuestras provincias presentará los resultado de este esfuerzo espiritual, intelectual y práctico. Estos resultados serán estudiados y analizados por los Superiores Provinciales, con la ayuda de los coordinado res sociales, para ir uniendo esfuerzos en una perspectiva continental.

    La totalidad de este empeño se adelantara en coordinación con la Iniciativa del Apostolado Social de toda la Compañía.2

    A. M. D. G

    Notas:
  • 1 Por efecto de estos mercados el 20% de los habitantes del planeta tiene el 82.7% del ingreso mundial, mientras el 60% de los habitantes tienen el 5.6% del ingreso mundial. Las desigualdades y restricciones de los mercados internacio nales y la condición de socios desiguales le cuesta a los países en desarrollo aproximadamente US$ 500 mil millones anuales, cifra que es diez veces mayor de lo que reciben como ayuda exterior. En el mercado financiero, el 20% más pobre de la población mu ndial tan sólo participa del 0.2% de los préstamos internacionales de la banca comercial. El Norte, con cerca de una cuarta parte de la población mundial, consume 70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimen tos.(Informe Desarrollo Humano. PNUD).
  • 2 Documentos citados: Tertio Millennio Adveniente (TMA); Congregación General 34 (CG34); Sollicitudo Rei Socialis (SRS); Centesimus Annus (CA); Seminario César Jerez (Los Neoliberales y los Pobres, SCJ).
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