Felipe Huete y compañeros.
3 de Mayo de 1991
Honduras
Felipe Huete, delegado de la Palabra, y cuatro compañeros, mártires de la Reforma Agraria, en El Astillero, Honduras.
Los campesinos de Choluteca, al sur del país, emigran al norte buscando tierras para cultivar. Comienzan en 1974. Hay que dejar familia, amigos, el pedacito de patria donde crecieron.
Va con ellos Felipe Huete, delegado de la Palabra, que les da fuerzas. Su fe en el Dios de la cruz y la victoria, su liderazgo natural, su capacidad de organizarlos, les inspira confianza.
Primero se asientan en "La Bonanza". Felipe se presenta a la parroquia para ofrecer sus servicios. Se constituyen en comunidad cristiana mientras surgen los primeros proyectos de desarrollo comunitario. Pero en 1982, prolongadas sequías o lluvias intensas les impiden cultivar una tierra que es de mala calidad.
Se reubican más al norte, en "La Esperanza" de Namasigue, apoyados por organizaciones estatales y de la Iglesia. El párroco pide a Felipe que se integre al proyecto de colonización. Para esto viaja con la comisión exploradora, anima, entusiasma, organiza. Algunos campesinos se instalan en "El Astillero", aldea de Agua Caliente, municipio de Arizona, Atlántida. No bien asentados, miembros del ejército y de la Dirección Nacional de Investigaciones allanan la casa de Felipe, acusándolo de "nicaragüense subversivo".
A mediados de 1990, el Delegado de la Fuerza de Seguridad Pública de Mezapa, le dice: "No se metan en esas tierras porque son del coronel Leonel Galindo. Ustedes andan buscando una matanza." A principios de 1991, cuatro desconocidos atacan con metralleta a Felipe y dos compañeros. El 1º de mayo, tres campesinos son amenazados de muerte por los guardaespaldas del militar. Uno de ellos, poniendo el caño de la ametralladora en la boca de Ciriaco Huete, le dice: "Ya sabemos el día y la hora en que entrarán a las tierras del coronel, quedará un reguero de tripas por donde entren, porque el coronel no va a perder las 45 mil lempiras que ha invertido." El 3 de mayo, según testimonio de los sobrevivientes, un pelotón del ejército rodea a los campesinos, disparando sus armas. Matan a cinco, entre ellos Felipe Huete. El comunicado de la diócesis de Cholotuca dice: "Murieron después de haber optado por la vida, en la Fiesta de la Santa Cruz, que simboliza la victoria de Cristo sobre la muerte." La eucaristía, presidida por el obispo Jaime Brufau y ocho sacerdotes de San Pedro Sula, donde ocurren los hechos, se celebra sobre la tierra donde descansan los mártires. Cuatro mil campesinos descalzos, el sombrero entre las manos, van llegando de todo Honduras. Los textos que eligiera Felipe para la celebración del domingo 5, se escuchan ahora: "A ustedes, mis amigos, les digo: no teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más." Felipe quería recoger el sueño de su comunidad campesina durante 15 años: que se les hiciera justicia entregándoles las tierras que trabajan. El título de propiedad llega después. "Dios mandó regar la tierra/con el sudor de la frente./Vemos que algunos la riegan/con la sangre de inocentes. / Tierra reseca del Valle / que esperas agua de mayo / has recibido la sangre / de los cinco masacrados" cantan, ese mismo día, los campesinos de "El Astillero".