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La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
Documento de participación

Nicolás CASTELLANOS


 

Movido por el amor a nuestra gente latinoamericana, Por pasión por la Iglesia, Pueblo de Dios, en comunión fraterna y en misión, y solo con espíritu de colaboración presento algunas aproximaciones al documento, que comparto con muchos creyentes.

1.- Resulta positivo que se nos invite a todo el pueblo de Dios a poder dar ideas, sugerencias y propuestas.

 

2.- Según se desprende, el documento no despierta interés, más bien decepciona. No responde a las necesidades, planteamientos, problemas de Latino América y el Caribe. Sus contenidos son lugares comunes doctrinales. No tiene ángel. Carece de gracia. Le falta garra profética. Plantea una espiritualidad desencarnada. Nos parece que rompe la tradición profética de Medellín, Puebla, Santo Domingo.

 

3.- Los planteamientos teológicos, morales, pastorales no tiene la intensidad ni la fuerza del Concilio Vaticano II y los documentos citados.

Da la impresión que la Iglesia se ubica fuera, al lado o sobre el mundo, pero no dentro del mundo. No se presenta esa Iglesia fermento, suplemento del espíritu, samaritana, sanadora, Sacramento de Salvación, que cumple la misión de colocar al Dios de la vida en el centro de la vida.

Este documento no ayuda hacer una lectura de los signos de los tiempos, a la luz del Evangelio como pide el concilio Vaticano II.

La historia es el lugar teológico en donde se revela y se encuentra a Dios. Y dentro de ella se realiza la evangelización, el anuncio salvador, se asumen los compromisos pastorales, desde un discernimiento lúcido, inspirado en la Palabra de Dios, en la oración y en las nuevas señales de los tiempos.

 

4.- Es un acierto hacer preguntas al final de cada capitulo. Pero son preguntas mas bien cerradas que no invitan al cuestionamiento, a la búsqueda de nueva respuestas y soluciones a temas y problemas de hoy. Parece que esas preguntas nos quieren llevar a afirmar y confirmar los contenidos presentados, pero sin aportar nuevas valoraciones.

 

5.- En este documento no ocurre como en el de Santo Domingo que presentaba algo novedoso y central, como fue la inculturación.

 

6.- El documento parte de la persona humana, con un anhelo frustrado de felicidad y la solución solo esta en Cristo, el Salvador.

Nadie duda que en Norte secularizado y en el Sur empobrecido, vive una grave crisis existencial. Pero lo que realmente vivimos, aquí en Latinoamérica es una crisis de supervivencia. Crisis de no tener trabajo, educación, salud, vivienda… nos sentimos excluidos, marginados, oprimidos, engañados y padecemos descaradamente la corrupción y la concentración del dinero en pocas manos, la dependencia externa , los problemas de violencia, de género, de ser indio, o negro, emigrante o analfabeto.

Leyendo el documento te da la impresión que no se dirige al pueblo, sino a una especie de clase media Latinoamericana. No tiene mayor presencia la fuerza actual de los indígenas ni los movimientos sociales, que sin ser tan relevantes entonces, la tuvieron en Medellín, Puebla y Santo Domingo.

Hoy el problema planetario de la humanidad es la pobreza y este documento tendría que plantearse con rotundidez lo que se preguntaba el CELAM en el 2000: ¿En donde dormirán los pobres en esta naciente noche de la civilización excluyente?

Reducir las fronteras de la pobreza, insistir en la opción preferencial por los pobres es algo nuclear, central que hay que relacionar con la consecución de los objetivos del milenio en el 2015. Nos va la vida en ello. Medellín hablaba del pecado institucional y aquí se debería hablar con mucho énfasis del pecado social de la corrupción de la pobreza y de la injusticia.

En esta misma línea habría que abordar como reducir la extrema pobreza, que es posible hacerlo en 20 años según el profesor Jeffrey D, Sachs.

 

7.- La globalización alternativa: Se dicen cosas interesantes sobre ella pero habría que abrir nuevos horizontes y profundizar en su dimensión política. Esa Globalización alternativa es posible con una nueva arquitectura política que im-pulse una eficaz gobernabilidad mundial. Si queremos poner orden en este desorden mundial hay que asumir posturas audaces para traer mas justicia al mundo, para construir una sociedad mas justa, sin desigualdades ilegitimas; hay que introducir reformas sociales, una mejor distribución de la riqueza, mayor atención al medio ambiente, evitando la galopante degradación.

Hay que construir estructuras y mecanismos de Democracia global que trascienda las fronteras de los estados nacionales. Hay que impulsar formas de gobernabilidad a nivel planetario.

 

8.- El documento repite y aporta poco en temas como el laicado, papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Prácticamente el documento ignora las CEBs.

En los documentos anteriores la Iglesia a la hora de evangelizar tomaba mas en cuenta los auténticos valores culturales da cada pueblo. Resultaba muy intere-sante que el Episcopado Boliviano en su aporte a Santo Domingo afirmase: No se puede ignorar el matrimonio por etapa de los pueblos Andinos, que no se puede confundir con el libertinaje de la sociedad moderna.

Se podían esperar algunas iluminaciones en la moral sexual en la que se plantean problemas de gran calado humano, como es el Sida que ha ocasionado más de 28 millones de muertes desde que empezó en las década de los 80.

 

9.- El documento parece redactado no desde la tierra, ni desde nuestra realidad Latinoamericana cruda, cruel, injusta sino más bien desde un laboratorio distante de la vida o desde un cielo evanescente. Se utiliza una metodología deductiva, vertical, de arriba abajo; hasta el capitulo IV no topamos con la realidad. En los grandes documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo- referentes obligados en América Latina y en toda la Iglesia- se aplicó el Ver, Juzgar y Actuar. Se ilumina la realidad concreta con la presencia liberadora, encarnada, crucificada y resucitada del Señor, el Kyrios de la historia en el contexto de los nuevos signos de los tiempos.

 

10.- Le falta credibilidad al documento en la visión que nos presenta de la Experiencia Cristiana y seguimiento de Jesús, como discípulos.

Los indicadores que nos ofrece de prácticas religiosas, devoción Mariana son insuficientes. No nos ubica en la categoría fundante de los dichos y hechos de Jesús: El Reino. El reino que anuncio Jesús a todos, sin excluir a nadie, pero dando la preferencia a los pobres. Le falta al documento esa confrontación y discernimiento entre Reino y Antireino, y por supuesto, remarcar con más vehe-mencia la opción preferencial por los pobres.

De ahí arranca la experiencia Cristiana en América Latina, después del Concilio Vaticano II (1965), en estas direcciones:

10.1.- Se alimenta y robustece dicha experiencia Cristiana en las Teologías Latinoamericanas, entre las que ocupa un lugar eminente ayer y hoy la Teología de la Liberación, que no tienen porque ignorarse ni silenciarse, como ocurre en el documento.

10.2.- Se inspira y alimenta en la lectura comunitaria de la Biblia. Es un movimiento que existe hoy en toda América Latina y Caribe. En este movimiento es el mismo Pueblo de Dios, organizado en una comunión de comunidades, el que empieza a leer y aplicar directamente la Biblia a su situación social, cultural y espiritual. Esta presente en la CEBs y organizaciones de base de la Iglesia y es un movimiento ecuménico de animación bíblica de toda la pastoral.

10.3.- Se inspira y alimenta en una espiritualidad liberadora. La espiritualidad, que es la vida según el Espíritu, marca el ritmo e itinerario del Pueblo de Dios. Hoy tenemos que descubrir por donde pasa el Espíritu. Nuestros teólogos latinoamericano han ayudado a discernir entre la espiritualidad que se inspira en los filósofos Griegos y la espiritualidad que nace del Evangelio.

La espiritualidad que se inspira en Aristóteles se resume: El alma es al cuerpo, como la forma a la materia, como la razón al apetito, como el amo al esclavo, como el hombre a la mujer, como el adulto al niño, como el humano a la naturaleza; cuando la conquista de América Juan Ginés de Sepúlveda: Como el español al indio. En este paradigma el alma aparece como el ámbito de lo espiritual , como el lugar del encuentro con Dios y, por el contrario, el cuerpo es el ámbito de lo material y el lugar propicio del pecado. Desde entonces la espiritualidad ha sido algo propio del alma no del cuerpo, algo propio del amo, no del esclavo, del hombre, no de la mujer, del adulto, no del niño , del humano, no de la naturaleza, del europeo, no del colonizado.

La espiritualidad liberadora rompe con ese paradigma y discierne la presencia del Espíritu, especialmente allí donde ha sido negado, en el ámbito del cuerpo, de la mujer, de los niños, de la naturaleza.

Debemos reconstruir un nuevo paradigma para una espiritualidad liberadora y para ello se hace indispensable la Biblia interpretada con el Espíritu con que fue escrita, es decir, con la espiritualidad de los pobres, la mujer, los niños, los excluidos.

La espiritualidad liberadora no es una espiritualidad de la ley, del pecado y de la muerte. Es la espiritualidad del amor, la liberación, la compasión, la espiritualidad del Reino.

10.4.- La experiencia cristiana desde esas premisas ha cuajado, con gran impacto evangelizador y transformador, en las CEBs en nuestra América Latina y el Caribe. De ahí su importancia y necesidad.

10.5.- Y esa experiencia cristiana y testimonio pascual de catequistas, animadores de la palabra, de la liturgia, Obispos, Sacerdotes, Laicos les llevo a comprometerse, como Jesús, en la causa del Reino: Dios el primero y lo primero, defensa de los Derechos Humanos, justicia en el mundo. Y precisamente por eso fueron asesinados. “Estos son los hombres y mujeres nuevas, mártires por haber proclamando la Palabra de Dios” que dice el autor del Apocalipsis. En el documento se silencian nuestros mártires del Reino de América Latina.

10.6.- Se espera que las conclusiones de la V Asamblea del CELAM se caractericen por menos discursos y más discernimientos y proyectos pastorales.

Menos repeticiones teóricas y mas orientaciones concretas a la hora de responder a esos fenómenos aplastantes de la globalización, de la postmodernidad, cultura de la insolidaridad, neoliberalismo.

Ir al encuentro de la mujer y el hombre latino americano con esa gran riqueza, patrimonio y tradición de nuestra Iglesia: Su gran capacidad de compasión y liberación ejercida durante siglos.

Precisamente nuestras Iglesias gozan de credibilidad porque muestran el verdadero rostro del Padre que es Madre, ternura, compasión, misericordia, perdón, amor, revelado en el Hijo, con la fuerza del Espíritu Santo.

En el ámbito de la Iglesia Latinoamericana seguimos viviendo con pasión el aforismo de San Agustín: Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón esta insatisfecho hasta que descanse en ti.

Por eso nuestras Iglesias gozan de credibilidad en esta hora de la historia.

Si a esto añadimos la lucha por la justicia, devolvemos el protagonismo a los pobres aplicamos la intercuturalidad y los principios sabios de ecumenismo y diálogo interreligioso, la Iglesia, sacramento del Reino, seguirá siendo luz y referente evangélico en el pueblo, que camina, entre consolaciones y desolaciones.

En esta hora la Iglesia siguiendo la tradición de Medellín, Puebla y Santo Domingo levanta esperanzas en el pueblo, que vive y celebra la liturgia, koinonia, diakonia, martyria, y profetismo.

Si la Iglesia hace este itinerario las Sectas no son significantes.

 

11.- Hoy más que nunca el pueblo Latinoamericano reclama profetas y le pide a la Iglesia que ejerza su función profética ante la sociedad como signo inteligible y creíble de justicia, de reconciliación, de paz y de amor. Hoy como ayer, la Iglesia anuncia con gozo pascual a Jesucristo, presencia personalizada del Reino y ejerce con valentía el cuestionamiento de las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales, de los sistemas y de las ideologías que instrumentalizan a la población, en especial, a los pobres. En la historia de la Iglesia Latinoamericana los profetas han actuado desprendidos de todo interés, buscando únicamente el bien de la comunidad.

La Iglesia cumple una función esencial de su misión, cuando ejerce su tarea profética.

El profetismo no se pone contra nadie. Su acción se dirige a desvelar el pecado personal y social que amenaza y esclaviza a las personas, y, al mismo tiempo, anuncia decididamente el plan de Dios que es amor, justicia y paz, y lo describe presente en las realizaciones personales, en los logros comunitarios, sociales y políticos. Muchas veces, cumplir con esta tarea le ha significado a la Iglesia ser criticada, marginada, tildada de meterse en política, de favorecer el desorden. Pero la Iglesia ha de permanecer fiel al mandato del Señor sin importarle el precio que ello exija, así se expresa la conferencia Episcopal de Bolivia en su aporte a la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Santo Domingo 1992. Documento que sigue vigente y arroja mucha luz en esta hora histórica que vive nuestro continente.

Finalmente el documento tiene que recuperar esa dimensión profética de la misión de la Iglesia hoy en América Latina y en el mundo entero.

 

Nicolás Castellanos Franco

Obispo Emérito de Palencia

1 de mayo 2006

 

 

 


 



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