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Mensaje de la movilización de los Pueblos de América, entregado a los ministros de economía y comercio reunidos en Ecuador

MOVIMIENTOS Y ORGANIZACIONES CIVILES


 

Los hombres y mujeres —indígenas, trabajadores, campesinos, estudiantes, pobladores, ciudadanos, niños, jóvenes, adultos y ancianos--, representantes de organizaciones populares de esta hermosa república del Ecuador y de todos los países de nuestra América que nos encontramos hoy en las calles de Quito, hemos llegado hasta aquí para manifestarles en voz alta, con la voz que es la voz de millones de habitantes de nuestro continente, nuestro más completo y decidido desacuerdo y oposición al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que ustedes se encuentran negociando.

El ALCA no tiene legitimidad desde el momento en que ustedes lo están negociando de espaldas a la sociedad, de manera antidemocrática, en negociaciones casi secretas, resguardadas por ofensivos cercos policíacos y militares a las que tienen acceso sólo un puñado de grandes empresarios, sin informar ni mucho menos consultar a la población y ni siquiera a los congresos nacionales.

El ALCA no puede sino reforzar la exclusión social y el deterioro ambiental desde el momento en que sólo toma en cuenta los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales, particularmente norteamericanas, y sus socios locales, e ignora absoluta, explícita y formalmente las necesidades y reivindicaciones sociales y ambientales, bajo el argumento inaceptable de que las reglas del comercio y la inversión son cosa de hombres de negocios y no de los pueblos cuyos destinos van a estar en juego.

El ALCA no puede sino profundizar las desigualdades entre las naciones y la polarización social dentro de ellas desde el momento en que se basa en el modelo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que tras nueve años ha significado un verdadero desastre social y grave pérdida de soberanía para el país firmante menos desarrollado. En el texto del ALCA que con reticencias y a destiempo han dado ustedes a conocer, se repiten y profundizan los peores aspectos del TLCAN:

- Se pretende dar trato igual a países completamente desiguales, lo que sólo puede producir más desigualdad: se pretende dar trato igual al pequeño productor latinoamericano que a las grandes corporaciones norteamericanas; se pretende hacer competir al empobrecido agricultor latinoamericano con los agricultores altamente subsidiados del norte; se nos hace así perder la seguridad y la soberanía alimentarías;

- Se le brindan todas todas las garantías a los grandes inversionistas mientras se les niega cualquier protección a los sectores vitales y estratégicos de las economías menos desarrolladas y se les otorgan superderechos a las corporaciones, al grado de que pueden incluso demandar a los Estados ante cualquier medida que limite su insaciable sed de ganancias;

-  Se abren a la privatización y desnacionalización áreas vitales para el desarrollo de una nación, como la energía, la educación, la salud y hasta al agua; los servicios públicos básicos pasan, de ser un derecho, a ser simples mercancías, y se deja nuestro futuro a la suerte del mercado…

- Se legaliza hasta el robo del conocimiento tradicional, y se da derecho a la propiedad sobre la vida y su reproducción al hacerla susceptible de patentes; se tiende a destruir nuestra identidad y diversidad…

- Se pone en riesgo, en fin, que los Estados tengan la capacidad de conducir un proyecto nacional de desarrollo verdadero en las naciones de Latinoamérica y el Caribe.

El ALCA no sería otra cosa que una «constitución económica supranacional» en la que cederíamos Ia soberanía de nuestras naciones a la hegemonía de Ios intereses norteamericanos.

No estamos en contra del intercambio y los acuerdos entre países. Estamos por un modelo distinto al que se quiere imponer con el ALCA. Estamos por acuerdos soberanos y democráticos que verdaderamente garanticen un desarrollo justo, equitativo y sostenible para cada una de nuestras naciones.

Es por todo eso, señores ministros, que hoy venimos hasta aquí no a "dialogar" -porque sus gobiernos han estado cerrados a cualquier diálogo verdadero, y a escuchar y tomar en cuenta el sentir de la sociedad civil-, y esto no cambiará con que se dignen hoy recibirnos o con que se tomen la foto con los representantes populares; venimos hasta aquí para exigir que suspendan las negociaciones del ALCA y depositen finalmente en sus pueblos, en quienes radica la soberanía de cada nación, las decisiones que afectarán los destinos de nuestros países.

En la medida en que sus gobiernos se niegan a ir más allá de inaceptables simulaciones de consulta, hemos tomado en nuestras manos la realización de una Consulta Popular Continental para que millones de hombres y mujeres de todo el Continente digan si quieren o no quieren el ALCA. Esperamos que las voces que traemos hoy aquí y las que surgirán de la consulta popular sean escuchadas. De no ser así, pondrán ustedes en serio riesgo el futuro de América.

¡SÍ A LA VIDA! ¡NO AL ALCA! ¡OTRA AMÉRICA ES POSIBLE!

Quito, Ecuador, 31 de octubre de 2002

 

 

 


 



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