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Buena voluntad y política

2004-07-30


  Enmanuel Kant (1724-1804), el pensador más riguroso de la ética en el Occidente moderno, hizo, en su Fundamentación paa un metafísica de las costumbres (1785) una afirmación de grandes consecuencias: «No es posible pensar algo que, en cualquier lugar del mundo e incluso fuera de él pueda ser tenido irrestrictamente por bueno, sino la buena voluntad (del gute Wille)». Traduciéndolo a nuestro lenguaje: la buena voluntad es el único bien que es solamente bueno y al cual no cabe hacer ninguna restricción. La buena voluntad es sólo buena o no es.

Hay aquí una verdad con graves consecuencias: si la buena voluntad no resulta ser la actitud previa a todo lo que pensamos y hacemos, será imposible crear una base común para todos. Si lo malicio todo, si todo lo pongo bajo sospecha y no confío en nadie, entonces, será imposible construir algo que nos congregue a todos. O dicho positivamente: sólo contando con la buena voluntad de todos puedo construir algo bueno para todos. En momentos de crisis es la buena voluntad el factor principal de unión de todos de cara a una respuesta que supere la crisis.

Estas reflexiones valen tanto para el mundo globalizado cuanto para el Brasil actual. Si no se llega a dar la buena voluntad en la gran mayoría de la humanidad, no vamos a encontrar una salida para la desesperante crisis social que dilacera a las sociedades periféricas, ni una solución para la alarma ecológica que pone en riesgo el sistema-Tierra. Y respecto a Brasil: si no llegamos a contar con la buena voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos, no habrá nada -ni el gobierno ni el liderazgo carismático del Presidente Lula- que sea capaz de forjar una alternativa esperanzadora para el problema-Brasil.

La buena voluntad es la última tabla de salvación que nos queda. La situación mundial es una calamidad. Vivimos en permanente estado de guerra mundial. No hay nada ni nadie -ni las dos Santidades (el Papa o el Dalai Lama), ni las élictes intelectuales mundiales, ni la tecnociencia- que nos pueda servir de llave para una salida mundial. Si descontamos la opinión de los esotéricos, que esperan soluciones extraterrestres, en realidad dependemos únicamente de nosotros mismos.

Brasil reproduce, en miniatura, la situación dramática mundial. La llaga social producida en quinientos años de desatención a las necesidades del pueblo significa una sangría incontenida. Nuestras élites nuncan han pensado una solución para Brasil como conjunto, sino solamente para ellas. Están más empeñadas en defender privilegios para ellas que en garantizar derechos para todos. Por eso, mal disimulan el esfuerzo por hacer que el presidente Lula asuma la agenda que les interesa, y por desmoralizar la política social del gobierno. Al contrario que el pueblo brasileño, que siempre mostró una inmensa buena voluntad, las élites se niegan a saldar la hipoteca de buena voluntad que deben al país.

El presidente Lula ha repetido -y en eso lo apoyamos-: si no ponemos buena voluntad y colaboramos todos, no será su gobierno -ni siquiera aunque sea reelegido- quien solucione el problema-Brasil. La autoestima es un llamado a la buena voluntad.

Entonces, si la buena voluntad resulta tan decisiva, entonces urge suscitarla en todos. En un momento de riesgo, cuando se estando hundiéndose el Titánic, todos, hasta los explotadores, pueden ayudar con su buen avoluntad. En el caso de Brasil: los ciudadanos no deben ser mirados sólo desde el punto de vista de los intereses en conflicto, sino en su capacidad de mostrar buena voluntad. Todos ellos disponen de este capital inestimable. Si cada uno quisiéramos, de verdad, que Brasil saliera adelante, con la buena voluntad de todos Brasil efectivamente saldría adelante.

 

Leonardo Boff




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