Domingo 7 de marzo de 2010
Domingo 3º de Cuaresma, ciclo C
Perpetua y Felicidad
INICIO
Ex 3, 1-8a. 13-15: Yavé, "Yo soy",
me envía a ustedes
Salmo 102, 1-2.3-4.6-7.8.11: El
Señor es compasivo y misericordioso
1Cor 10, 1-6. 10-12: Todo aquello
sucedía en figura, como un ejempl
Lc 13, 1-9: Parábola de la viña
que no da fruto
Análisis
El texto del libro del Éxodo nos presenta una versión -la más
conocida, seguramente- de la así llamada vocación de Moisés, que es también la
“autopresentación” de Yavé.
Las antiguas opiniones sobre diferentes fuentes hablan de dos antiguas
tradiciones que se integran en este texto. Según Gen 4,26 Enosh fue el primero
en invocar el nombre de Yavé, sin embargo, acá Moisés no lo conoce por lo que
Diosa se lo debe revelar. Por otra parte el nombre del monte es Horeb y no Sinaí,
y el suegro de Moisés es Jetró mientras que en 2,18 es Reuel. Así se ha hablado
de las diferentes tradiciones a las que históricamente se las llamó Elohista y
Yahvista, aunque el tema hoy está en discusión (en especial la antigüedad de
estas, y la existencia del primero).
Muchos elementos podríamos señalar, pero destaquemos solo algunos:
Moisés es llamado, y como es frecuente en los relatos de vocación de la
Biblia se sigue un esquema similar: (1) oración y respuesta, v.7 y v.9;(2)
promesa de salvación, v. 8 y v.10; (3) encargo, v.16-17 y v.10; (4) objeción,
4,1 y v.10; (5) signo, 4,1-9 y v.12; (6) nueva objeción, 4,10 y v.13; (7)
respuesta final de Dios, 4,13-16 y 4,17. Como se ve, parecería que las dos
fuentes entremezcladas tienen el mismo esquema. Que se utilice un “relato de
vocación” nos pone en el contexto de los profetas, lo que no es ajeno al texto,
ya que Moisés debe ser “escuchado” como uno que habla “en nombre de Dios”.
Otro elemento es lo que causa la intervención de Dios: lo que lo motiva es
“el clamor”. El grito de dolor no deja a Dios “fuera” de la historia. Desde el
clamor de la sangre de Abel, Dios toma partido por “los-que-claman”, los que
sufren la opresión e injusticia (Gn 18,21; 19,13; Ex 11,6; 22,22: “no dejaré de
oír su clamor”; 1 Sam 9,16; Is 5,7; Sal 9,13). El clamor de su pueblo no le
permite “hacer oídos sordos”, y frente a ese dolor es que elige y envía a su
elegido “Moisés”.
Finalmente digamos algo sobre el ”nombre” de Dios. Entre los antiguos
semitas, el “nombre” es el sentido, es su misma existencia. Que Dios tenga
nombre, y distinto del nombre que recibió hasta ahora indica que algo ha
cambiado (cambiamos de Dios); este es un Dios que se muestra a partir de la
historia, como un Dios que manda a los que elige para dar respuesta a los
clamores que lo conmueven y no lo dejan indiferente. ¿Qué significa el nombre de
Dios? Podemos preguntarnos qué significó en su origen, y qué significó para los
lectores del Éxodo. No es fácil dar respuesta, lo cierto es que parece incluir
el verbo “ser”/“estar”: las opiniones más sólidas hoy son tres: “yo soy el que
hace ser”, lo que remite a que Dios es creador, aunque no se entiende a qué
viene esta confesión de fe en este momento; además de que el reconocimiento de
Dios como creador parece más tardío, como en el 2º Isaías, en tiempos del
exilio); “yo soy el que soy” en el sentido de resaltar Dios existe, mientras que
los dioses-ídolos no existen (en ese sentido parece usarlo Os 1,9), el marco
remite en cierto modo a la alianza y la “duplicación” destaca la soberanía de
Dios que “hace misericordia con quien hace misericordia” (Ex 33,19), es decir:
siempre; finalmente, “yo soy el que estaré” (con ustedes), es el Dios de la
presencia salvadora, el que acompaña la historia. Este último por el contexto, y
el anterior por el marco son los que nos parecen más probables: Dios garantiza
su presencia y se enfrenta con los dioses de Egipto: el clamor de su pueblo por
el sufrimiento no puede quedar impune.
Nos encontramos ante uno de los salmos (el 94) más “cristianos” del AT.
La misericordia aparece como la característica fundamental de Dios que, además,
es presentado como “padre”, como un Dios que supera la justicia yendo más allá,
hasta las fronteras del perdón. Como ocurre con frecuencia en los “himnos” de
“acción de gracias”, al comienzo (v.1) y al final (v.22) se repite la misma idea
(en este caso literalmente). Quizá debamos señalar que no es este uno de los
salmos más creativos literariamente (por ejemplo, no parece muy amante de
sinónimos y algunas palabras, como rhm y hsd, ternura y misericordia, se repiten
con frecuencia, casi monótonamente), aunque esto no impide que sea muy profundo
teológicamente.
No es fácil saber en qué contexto nació ya que a veces parece individual
(alma mía) y otras parece comunitario (no nos trata, Moisés,
Israel...), y no hay un contexto histórico aparente (por algunos elementos
parece post-exílico, pero no parece importante en este caso): puede ser una
persona curada de una enfermedad (vv.3-4), una situación nacional (vv.7.18), o
una reflexión religiosa sobre Dios, tanto en lo personal como en lo comunitario
(v.8). Todas son posibles.
La liturgia incorpora sólo los vv.1-4.6-8 (con lo que omite la extraña
comparación del águila que se “renueva” de v.5) y v.11 (con lo que también omite
la actitud de Dios que “no paga conforme a las culpas” sino que las supera en
misericordia). En v.11 comienzan varias comparaciones marcando la distancia
entre el amor de Dios y el hombre con una serie de imágenes (horizonte, padre,
polvo, hierba). En la liturgia de hoy sólo tenemos la primera: la distancia
entre el cielo y la tierra.
El orante se invita a sí mismo (alma mía) a bendecir a Dios. Los
“beneficios” tienen que ver con la retribución (la raíz gml dice relación a
eso), no se alaba la justicia rígida, sino que va más allá de la mirada a los
méritos (como vuelve a recordarlo en vv.8-10). Luego lo siguen una serie de
participios que se aplican a Dios (vv.3-6): que perdona, que cura,
que libra, que corona, que sacia, que renueva. Por
el lado negativo nos libra de culpas, enfermedades (que suelen ser vistas como
consecuencia de las culpas) y -por tanto- de la muerte; positivamente nos da
ternura, misericordia, bienes (hsd, rhm, twb). Ambos elementos, negativos y
positivos, tienen como conclusión que nos rejuvenecen.
De allí se pasa a algo más social que personal: la justicia y la
liberación con lo que prepara a la referencia -ahora nacional- a Moisés e
Israel (v.7). La idea de que Yavé es clemente y compasivo la
encontramos en Ex 34,6; Jl 2,13; Jon 4,2; Sal 86,15; 145,8; Neh 9,17 con
coloración litúrgica. Esto se expresa por comparaciones que -como vimos- la
liturgia sólo incorpora la primera, la diferencia de altura entre cielo y tierra
-la más grande imaginable- (ver Sal 36,6; 57,11), que sirve para mostrar cómo es
de grande el amor de Dios (“como [min] el cielo es más alto que la
tierra...” Is 55,9; ver Jb 11,8; 22,12). El Salmo aparece, entonces, como una
presentación de Dios en la historia tanto personal como comunitaria, y su
característica principal radica en su ternura (materna) y su paternidad que
actúa en esa historia y nos debe llevar (imperativo) a alabarlo constantemente.
La Primera carta de Pablo a los Corintios presenta muchas dificultades
cuando pretendemos “ubicarla”. Parece muy desordenada, y no es evidente que todo
esté en el lugar que Pablo lo pensó. Sabemos que Pablo contesta preguntas
escritas que la comunidad le ha hecho (7,1) y es probable que cada vez que usa “con
respecto a” también lo esté haciendo (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12). Eso no
impide que se hayan introducido en el resto de la carta textos provenientes sea
de otras cartas o de nuevas circunstancias que exigieron una reelaboración del
escrito por parte del mismo Pablo (esta última es nuestra opinión pero no es el
caso destacarla acá). En principio, entonces, el texto de 1 Cor 10,1-13
pertenece al bloque donde Pablo responde acerca de la carne ofrecida a los
ídolos.
Sin embargo, la frase “no quiero que ignoren” destaca que comienza una
nueva unidad, como además se ve en el uso de “hermanos”. La referencia
evidente a los acontecimientos del desierto nos hace pensar que estamos ante una
relectura del A.T., o una breve homilía, en clave evidentemente cristiana: se
compara la nube y el paso del mar con el bautismo, el
maná y el agua con la eucaristía, y se recuerda que esos
acontecimientos ocurren “en figura” (vv. 6.11) y que no deben, los
corintios, repetir lo malo que hicieron en el desierto “nuestros
padres”. El discurso se mueve de a pares: nube/mar, alimento/bebida
espiritual, y pretende que “no hagamos como ellos hicieron” donde se
repiten, siempre de a pares, los verbos que caracterizan el comportamiento
incorrecto de los israelitas en el desierto y que Pablo pretende que los
cristianos eviten: codiciar, fornicar, tentar, murmurar. En el centro
encontramos una actitud que también se debe evitar pero no tiene su par, pero
-por el contrario- está iluminada por un texto bíblico: “no idolatren”;
la referencia es al “becerro de oro”, pero la cita remite a la comida y bebida.
Seguramente Pablo podía haber escogido otra cita mejor para aludir a la
idolatría, pero esta hace referencia a la comida que es lo que a Pablo le
interesa marcar. De allí que pase a la siguiente unidad recordando “huyan de
la idolatría” (10,14) para volver a la comida de carne ofrecida a los
ídolos, que -como vimos, es el marco de la unidad. El hecho de que “no
idolatren” no tenga par (“como ellos idolatraron”) y que sea iluminado con la
Escritura revela que para Pablo es el corazón del relato.
La referencia a las figuras (typos) del AT que recuerdan el bautismo y
la eucaristía, parecen decir que no se debe creer que por ser partícipes de la
comunidad sacramental, no por estar bautizados y tomar parte de la eucaristía
tenemos la garantía de no caer (eso sería hacerse un ídolo; ver 11,30). La
idolatría es la clave de la unidad (lamentablemente omitida por el texto
litúrgico). Los israelitas cayeron, y también nosotros debemos cuidarnos de no
caer: “el que crea estar de pie cuide de no caer” es la conclusión y la
clave del texto.
El Evangelio se ubica en el “viaje a Jerusalén” donde Lucas
presenta muchos textos de su fuente propia, “L”, un poco -aparentemente-
desordenados. Sin embargo, el relato presenta una cierta semejanza en la forma
con lo que viene diciendo: en 12,51 también había preguntado “creen que...”
y su respuesta fue “les aseguro que...” concluyendo con una parábola.
En este caso se presenta abruptamente una situación histórica, con una aparente
interpretación religiosa. Jesús corrige esa interpretación e incluso presenta
otra situación semejante que se prestaría a la misma interpretación. “No, les
aseguro” es la corrección que Jesús propone (vv.3.5) para lo cual presenta
otra parábola (vv.6-9).
El acontecimiento histórico nos es desconocido. Se han propuesto diferentes
hechos, pero ninguno coincide exactamente con este. Es extraño que Flavio Josefo
no lo haya narrado siendo, como es, muy poco amigo de Pilato. Pero el debate
supone un (o dos) acontecimiento(s) ocurridos realmente. La mezcla de sangre
de galileos con la de los sacrificios hace pensar en la fiesta de la
Pascua: en esa fecha Pilato y los peregrinos -también los de Galilea- se
encuentran en Jerusalén, y los laicos participan de los sacrificios ya que deben
llevar a su casa, o lugar de tránsito, el cordero para ser comido en familia. El
otro hecho afecta a 18 personas, si el primero es incidental, este es
ocasional, en el primero hay un criminal, pero en el segundo hay un hecho
casual, lo común de ambos son los muertos y la interpretación que los
interlocutores de Jesús hacen del hecho. De la torre de Siloé sabemos de su
existencia, y su ampliación. Josefo la narra, pero no cuenta -tampoco- ningún
accidente de este tipo. No sabemos si Lc no está pensando o puede estar
releyendo la caída de Jerusalén posterior al 70, pero más allá del o los hechos
históricos, lo importante es la respuesta a la imagen de Dios que todo esto
supone.
La opinión teológica clásica establece una estrecha relación entre
culpabilidad y castigo, de allí que los interlocutores piensan que en estas
muertes Dios ha castigado sus pecados; estamos cerca de la teología
tradicional de la “retribución”, la misma que defienden los amigos de
Job. Jesús no cuestiona la culpabilidad de los galileos, pero se niega a
presentar un Dios así de cruel, y prefiere mostrar un Dios en diálogo con los
hombres, un Dios que dé espacio a la conversión. “Si ustedes no se convierten”
pone a los oyentes en el mismo nivel que los galileos y parte de la ideas de que
“todos son culpables”. Y nos lleva a mirar el mundo y los acontecimientos no
como espectadores sino como actores. En vv. 2 y 4 se pone en paralelo
pecadores y deudores; seguramente los lectores griegos de Lucas no entienden
“deuda” en un sentido también religioso (ver el Padre nuestro donde Lc
dice “pecados” donde la fuente decía “deudas”) pero al estar en paralelo no
precisa explicación y se comprende que aquí por “deuda” debe comprenderse
“culpa”. Al rechazar esta imagen de Dios, Lc presenta una divinidad menos
poderosa y más misericordiosa, presenta un Dios de amor y nos invita a tener
presente que nuestra suerte se juega en el perdón de Dios más que en nuestras
actitudes.
En este marco, Jesús nos presenta una parábola. Con frecuencia se la ha
alegorizado (por ejemplo los 3 años harían referencia a la vida pública de
Jesús, dato del que Lc nunca habla y parece desconocer). Sabemos que con
muchísima frecuencia Israel es comparado con una vid (el ejemplo más
evidente -y es solo uno entre muchos- es Is 5,1ss-, pero también se ha comparado
a Israel con una higuera (ver Jer 24,1-10). Es interesante que ambas
imágenes se mezclan algunas veces en los profetas (Jer 8,13; Os 9,10; Mi 7,1).
No es necesario decir que la vid representa a Israel y la higuera a Jerusalén,
probablemente el uso de ambas imágenes tiene como intención simplemente reforzar
la idea (ver Mi 4,4) y que quede muy claro de quienes se está hablando, de
Israel, y de ese modo mover a la “conversión” (metánoia) que es el centro
de toda la unidad. La higuera no sólo no da fruto sino que ocupa un
lugar importante. El poseedor repite lo que sabemos, que ha ido a buscar
infructuosamente, pero aporta nuevos elementos: que hace tres años que lo hace,
y su decisión de cortarla; la destrucción es aquí, imagen del juicio. Lo
sorprendente ocurre con la intercesión del viñador (es común en la Biblia
que el intercesor sea uno inferior como es en este caso el viñador sobre el
dueño de la viña), él se ocupará de dar alimento y bebida a la planta y mueve al
dueño a una nueva -y última- esperanza, en este caso un año. Este será la última
oportunidad del árbol de dar frutos, sino será cortado. Como otras
parábolas, el final permanece “abierto”, no sabemos si la higuera dio o no el
fruto esperado, como no sabemos si el hijo mayor entró a la fiesta del padre por
el regreso del hijo menor. Como la parábola pretende mover a una actitud, son
nuestras actitudes la que darán el final sea negativo o positivo...
Los oyentes, pecadores, tienen también su última oportunidad de dar fruto de
conversión para Dios. Los israelitas están invitados, tanto en las desgracias
cotidianas, como en la palabra de Jesús, a escuchar la voz de Dios que los
invita a la conversión. Y con ellos también nosotros.
Comentario
Jesús nos enseña, en el texto de hoy a aprender a escuchar la voz de Dios en
los acontecimientos de la historia. De hecho sus interlocutores también lo
hacían, y por eso van a contarle los hechos, pero escuchaban mal, Dios no decía
lo que ellos entendían. Es verdad que Dios habla, pero hay que aprender a
escucharlo. Dios no nos dice que los muertos de esos acontecimientos drásticos
eran pecadores, de hecho todos lo son. Lo que Dios nos dice es que por serlo,
debemos convertirnos y dar frutos de conversión. Los frutos son una palabra de
Dios para esta etapa de la historia.
La vid y la higuera, representan en la Biblia, frecuentemente, al pueblo de
Israel, para que quede claro que se refiere a esto, el pasaje de la parábola nos
habla de una higuera plantada en un a viña. Pero en estos casos, el problema,
con muchísima frecuencia son los frutos, o para ser precisos, los frutos malos
la falta de ellos... ¿De qué sirve una higuera que no da frutos? Si no da frutos
reiteradamente, el problema se agrava: no sólo no da fruto sino que ocupa un
lugar que se podría aprovechar para otra planta. Dios preparó el terreno, hizo
todo lo necesario, se tomó un tiempo prudencial, pero ¿y los frutos? El pueblo
que Dios se ha preparado con tanto cariño, ¿cómo responde al cariño de Dios?, el
tiempo se acaba y la higuera puede ser cortada. Sólo la intercesión de los
trabajadores puede postergar esto un breve tiempo más.
Vivimos en sociedades llamadas cristianas. "Occidental y cristiana" se decía,
y los frutos fueron torturas, desapariciones, asesinatos, delaciones, miedo,
desesperanza... y más todavía: hambre, desocupación, analfabetismo, falta de
salud y vivienda, desesperanza... y "por los frutos se conoce el árbol".
Hoy, muchos llamados cristianos siguen viviendo su fe muy lejos de los frutos de
amor y justicia que nos pide el Evangelio: participan de mesas de dinero, de la
tiranía del mercado, pagan sueldos "estrictamente «justos»” y precisamente
bajos, están afiliados a partidos que nada tienen que ver con la Doctrina Social
de la Iglesia (¿se puede -por ejemplo- ser cristiano y neo- liberal?
¡ciertamente no!). ¿Y los frutos? Individualismo, hambre, pobreza... Así, por
ejemplo, vemos que uno de los problema que tenemos en América Latina para el
reconocimiento “oficial” de nuestros mártires es que quienes los han matado “se
llaman ellos mismos cristianos!”, y esto desconcierta a muchos.
¡Cuántos se llaman cristianos entre nosotros! ¡Cuántos son "cristianos
comprometidos" participantes de misas y movimientos!... Pero también,
¡cuánto es el escándalo!
"Dios mío: quiero pedirte perdón hoy por haberme olvidado de lo más
importante: que eres mi Padre; Señor, nunca más quiero tenerte miedo, soy tu
hijo y no tu esclavo. Desde hoy en adelante quiero que estés contento conmigo.
Quiero demostrarte con hechos, y no con meras palabras, que te quiero... quiero
amarte en cada hombre que me salga al encuentro, porque ésa es tu voluntad.
Quiero sufrir con mis hermanos que están sin trabajo, quiero sentir como mía la
angustia de miles y miles de jubilados... Haz, Señor, que como Tú, pase por la
vida desparramando amor" (Carlos Mugica,
http://carlosmugica.com.ar).
No bastan las palabras. De nada sirve una higuera estéril. Una higuera debe
dar higos ya que para eso ha sido plantada. Un pueblo redimido por Cristo, debe
edificar, con su vida (y con su muerte si fuera necesario) un Reino que dé
frutos de verdad, de justicia y de paz, de libertad, de vida y de esperanza....
Estamos lejos, ¡muy lejos! de lograrlo. Es verdad que en decenas de comunidades
hay también frutos muy vivos de solidaridad, de paz, de oración, de justicia y
de vida, de celebración y de esperanza... y podríamos multiplicar los frutos que
vemos en las comunidades; pero todo lo anterior también es cierto. Faltan muchos
frutos que dar, falta mucha vida que cosechar y alegría que festejar. El
continente de la violencia, de la injusticia y el hambre reclama frutos de los
cristianos. Y esos frutos deben darse en la historia. Los acontecimientos
cotidianos, de dolor y de muerte, que tan frecuentes vivimos en América Latina
nos dan una palabra de Dios, una palabra que debemos aprender a escuchar, que
debemos comprender para no creer que Dios dice lo que no está diciendo. Jesús
nos enseña la “dinámica del fruto” para aprender a reconocer allí un Dios que
sigue hablando y que nos sigue llamando a la conversión. no para una conversión
individual y personal, sino que dé frutos para los hermanos, para la historia y
para la vida. Y la Cuaresma es tiempo oportuno para empezar a darlos...
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 86 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «La sangre de los galileos». El guión
y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400086
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap86b.mp3
La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el
79, que se titula «¿Madre de Dios?», que puede ser útil para suscitar un
diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=170079 Hay varios otros
varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.
Para la revisión de vida
¿Será que, en mi imaginario religioso, yo creo que el mundo tiene un «segundo
piso», el celestial, que maneja lo que pasa en este mundo, y que a su
intervención se deben los males y los bienes de lo que nos ocurren? ¿Y que por
eso tengo que rezar, o conseguirme de cualquier otra forma el favor del cielo?
¿Tengo una mentalidad premoderna, mágica? ¿Creo que hay Alguien más arriba (o
más abajo) que interviene en mi vida?
Para la reunión de grupo
- Solemos tener en nuestra visión inconsciente una imagen de Dios como
mecanicista: si nos portamos bien nos han de salir bien las cosas, y si nos
salen mal pensamos que se deberá a que algo hemos hecho mal… Como si fuera Dios
quien enviase el mal al mundo… ¿Qué tipos de mal podemos encontrar en el mundo,
y cuáles serían sus orígenes? (Mal natural, mal cometido por el ser humano, mal
provocado por él…)
- Se dice que la escena del Éxodo que hoy leemos es como la primera presentación
de Dios en la historia, la primera vez que entra Dios en ella de un modo
decidido… ¿Qué características podemos decir que tiene el Dios bíblico, con
semejante «tarjeta de visita»? ¿Qué imagen de Dios refleja este texto bíblico?
- Roger LENAERS, jesuita, ha escrito el libro «Otro cristianismo es posible»,
donde analiza lo frecuente que es que los cristianos seguimos pensando como
Platón imaginó el mundo, dividido en dos, con un piso superior donde habita lo
divino, que sigue manejando los sucesos de este mundo, por lo que no somos un
mundo autónomo, sino “heterónomo”, que depende enteramente de arriba, por lo que
debemos estar pendientes de la “revelación” que ese mundo de arriba nos concedió
a los humanos, y conducirnos con humildad y sumisión, sin pretender tener una
responsabilidad propia y nuestra... Esa división platónica del mundo en dos
pisos (el Timeo) nos la han solido presentar como esencial al cristianismo...
¿Es posible otro cristianismo, reconciliado con el pensamiento moderno que
reconoce que estamos en un solo mundo, sin dos pisos?
- Se puede organizar un debate sobre estas dos formas de ver el mundo. El libro
está accesible en internet: http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3
- Para captar el favor de ese “segundo piso” está la oración de petición, o los
sacrificios y otras prácticas religiosas para conseguirnos el favor del cielo...
¿Tiene sentido la oración de petición? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué sentido nos
parece que ya no puede tener?
Para la oración de los fieles
- Para que tengamos en nuestra fe una imagen de Dios conforme a lo que la
Palabra de Dios nos manifiesta: un Dios que interviene en la historia, escucha
el clamor de su pueblo y sin quedarse en la pasividad decide entrar en acción,
roguemos al Señor.
- Para que también nosotros tengamos una espiritualidad que corresponda al Dios
bíblico: abierta a captar los signos de la presencia de Dios en la historia, y
principalmente dispuesta a escuchar el clamor de los hermanos que sufren,
roguemos al Señor.
- Para que no achaquemos a Dios el mal que nosotros mismos provocamos, roguemos
al Señor.
- Para que no decepcionemos una y otra vez al Señor que viene a recoger los
frutos que espera de nosotros, sino que con tesón y con esperanza produzcamos
frutos de amor comprometido, roguemos al Señor.
- Por la humanidad, para que se haga cada vez más consciente de que tiene que
cuidar este mundo, sus riquezas naturales, sus aguas, sus bosques, su capa de
ozono… como el hogar que nos ha sido dado y que debemos conservar para las
futuras generaciones, en vez de destruirlo simplemente por ambición y afán
irracional de lucro, roguemos al Señor.
Oración comunitaria
- Oh Dios, misterio inabarcable. Acostumbrados como estamos a atribuir a tu
acción todo lo que nosotros no sabemos explicar, sobre todo el mal cuyo sentido
no logramos captar. Queremos expresarte nuestra voluntad de ser adultos, de
asumir nuestras responsabilidades en el mal, y de preferir maduramente el
silencio y la acogida del misterio, a la respuesta fácil de achacarte los
sucesos incomprensibles o nuestros límites y deficiencias. Nosotros lo
aprendemos esto del ejemplo de Jesús, nuestro hermano, tu hijo bienamado.
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