Domingo 28 de febrero de 2010
Domingo 2º de Cuaresma
Román
INICIO
Gn 15, 5-12. 17-18: “Abrán creyó
al Señor, y se le contó en su haber”
Sal 26: “El Señor es mi luz y mi
salvación”
Flp 3,20-4,1: “Nosotros somos
ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador”
Lc 9,28b-36: La transfiguración
Análisis
El texto de Gn 15 pertenece a una unidad que tiene dos partes muy
marcadas: la primera vv.1-6 sobre la promesa de un hijo y descendencia, la
segunda vv.7-21 sobre la promesa de la tierra. El texto que hoy presenta la
liturgia presenta una cierta confusión ya que encontramos la conclusión de la
primera parte, y parte de la segunda. Muchos estudiosos se han preguntado por la
antigüedad del texto, hoy parece haber acuerdo que si bien mucho material es
antiguo, tenemos también elementos tardíos (como por ejemplo semejanzas con el
Segundo Isaías). Incluso los primeros defensores de la teoría de fuentes del
Pentateuco afirmaban que descubrir las fuentes de este texto resultaba muy
difícil sino imposible.
La primera parte (vv.1-6) nos muestra la promesa de Dios (v.1), la objeción
de Abraham, (vv.2-3), la respuesta de Dios en forma de signo (vv.4-5: v.4,
negación a la objeción, v.5, signo en el cielo) y aceptación de Abraham (v.6).
Como vemos, la liturgia sólo incorpora el signo y la aceptación final.
La segunda parte (vv.7-21) presenta una nueva promesa (v.7), objeción (v.8),
signo presentado como voto (vv.9-17: v.9: presentación, vv.10-11, vv.12-16,
paréntesis histórico, v.17, realización), confirmación de la alianza (vv.18-21:
v.18, presentación, v.19-21, explicitación histórica). Como vemos, la liturgia
ha omitido los textos con referencia histórica quedando sólo como promesa
genérica. Ciertamente los textos históricos omitidos ayudan para mostrar cómo
vio Israel su posesión de la tierra e incluso para verlo como un texto
construido en circunstancias probablemente donde parecía que la tierra podía
estar a punto de perderse, o también ya perdida y pretendiendo alentar la
esperanza. El paralelo entre 15,7 y Lev 25,38 cambiando Egipto por “Ur de los
Caldeos” ciertamente hace muy posible esta última interpretación: no hay que
olvidar que los Caldeos son los habitantes de Babilonia en tiempos del Exilio;
los encontramos por primera vez en el s.9 a.C. en el sur de Babilonia, vecinos
de los arameos. Son víctimas del apogeo asirio y se enfrentan con él logrando
finalmente el trono babilónico en tiempos de la caída de Jerusalén (587 a.C.);
su influencia parece haber sobrevivido a la caída de Babilonia aún durante el
período persa y luego griego. Pero, como es evidente, ciertamente estamos muy
lejos de las época de Abraham. Es evidente que se refiere a los tiempos del
redactor y no a los tiempos de lo narrado. Parece, entonces, que la vieja
fórmula del Dios que libera de Egipto es utilizada para referir al Dios que
libera de los Caldeos, y el pueblo -descendiente de Abraham- está invitado a
creer en que la promesa antigua sigue viva y vigente; los paralelos con el
discípulo de Isaías confirman esta lectura.
La lista de animales que se ofrecen en sacrificio parece una presentación de
todos los pasibles de ser ofrecidos en sacrificio. Sin embargo, tenemos que
tener presente un texto paralelo que se encuentra en Jer 34,18-19 (cf. v.13)
donde Israel pasa en medio de un becerro partido en dos, pero no ha sido fiel a
la alianza que contrajo en ese gesto y será rechazado por Dios. en este caso, el
que pasa en medio de los animales cortados (y las aves no cortadas) es el mismo
Yavé; perro como Dios no puede ser visto, esto ocurre entre tinieblas, y lo que
puede observarse son los signos: el fuego, el humo. Aquí es Dios el que ofrece
la “firma” como una suerte de garantía de fidelidad de que Abraham poseerá la
tierra. No es del todo correcta la traducción de berit como alianza en
este caso (v.18) si bien es la habitual, el sentido parece más popular,
semejante a un contrato, a una solemne confirmación (por eso “firma” puede ser
comprensible). Dios se compromete con lo que él ha prometido y ahora rubrica.
La carta de Pablo a los Filipenses tiene una serie de puntos
que merecerían ser discutidos. Señalemos, sin embargo, que 3,1-4,1 parece ser
una unidad (o quizá hasta 4,3 por la repetición de la invitación a estar
alegres). En la mayor parte del cap. 3 Pablo alerta a la comunidad contra los
“perros”, “obreros malos”, “falsos circuncisos”, todo lo que parece una ironía
contra los grupos judaizantes, es decir quienes pretendían que los cristianos
para ser verdaderamente salvados previamente debían aceptar la circuncisión. El
tema es complicado: ¿quiénes eran? la cosa se discute, pero parecen ser grupos
que pretenden que los cristianos venidos del mundo no judío se hagan a sí mismos
primero judíos (circuncisión mediante) para poder gozar luego de los beneficios
de la salvación. Puede ser para evitar conflictos: el judaísmo es una religión
lícita, las novedades no son bien vistas por algunos griegos; puede ser por
cerrazón ante la novedad de parte de los “judaizantes”; puede ser por una suerte
de idolatría de la Ley, la circuncisión y la misma ley puestas casi al mismo
nivel que Dios... la cuestión es que misioneros itinerantes han llegado a
Filipos e insistido en que es necesario hacerse judíos por la circuncisión, y
dejar de ser perros (= paganos). Pablo les dice que ellos son los incircuncisos,
los perros, etc... A continuación presenta una especie de “curriculum” frente a
los que lo cuestionaban: él tiene tantas o más razones para gloriarse de ser
judío, pero no pone allí su seguridad, “todo eso lo tiene como estiércol” y
sigue en camino para alcanzar a Cristo. Estemos donde estemos, avancemos (3,16).
Con un término clásico para presentar una nueva unidad comienza esta:
“hermanos”. Invita a la comunidad a imitarlo, lo que es algo frecuente: como
judío que es, Pablo sabe que los rabinos no sólo pretenden enseñar “contenido”
sino un modo de vivir; el discípulo debe aprender a “caminar”. Pero no es la
persona la que debe ser imitada, es el camino. El camino que acaba de presentar,
de rechazo, de perder todo. Es característico en Pablo presentarse él mismo pero
después de dejarnos muy claro que -como apóstol- su vida misma es una vida
crucificada. Él “encarna” la cruz en su vida, y por eso está crucificado, lo que
es motivo de gloria es su debilidad, “su cruz” (ver 2 Cor 10-12). Si en Fil 3
Pablo realiza una nueva “apología”, lo hace presentándose como él mismo
crucificado”. Por eso puede decir que lo imiten, “como yo imito a Cristo” agrega
en 1 Cor 11,1. No es su vida, sino su muerte, podríamos decir. Lo que cuenta es
la cruz, que aparece como debilidad y es “fuerza de Dios” (1 Cor 1,24). Por eso,
los que ponen su confianza en sus fuerzas, en sus obras, en su propia vida son
“enemigos de la cruz de Cristo”. ¿Dónde ponen la confianza? en el cumplimiento
de las leyes, por ejemplo las alimenticias, o en la circuncisión, y con eso
creen alcanzar a Dios. Irónicamente Pablo les dice que confunden medios con
fines, los alimentos están en función del estómago, la circuncisión en el órgano
sexual (“vergüenza”), no se puede poner allí el acento. El que camina según el
ejemplo de Pablo es el que es “ciudadano” del cielo, allí apunta su mirada, no
en cosas “de la tierra”. La “ciudadanía” (el término sólo aparece aquí en todo
el NT) parece contradecir otras ciudadanías (recordar que Hch presenta a Pablo
como ciudadano romano), es un ser ya de una ciudad a la que todavía no
pertenecemos plenamente, somos peregrinos. La referencia a nuestro “cuerpo” no
hay que entenderla con esquemas griegos (cuerpo y alma) sino pensando en nuestra
configuración con Cristo que nos hace partícipes de la resurrección. La
referencia a la cruz sirve para promover actitudes sociales contrapuestas a las
de los judaizantes y su confianza en sus capacidades, por el contrario, la cruz
aparece como modelo de una sociedad alternativa que ayuda a la unidad interna de
la comunidad. La vida cristiana tiende a la liberación, y está en tensión entre
una liberación y otra, entre la liberación que alcanzamos por la cruz y la
liberación que nos vendrá por la ciudadanía del cielo que nos alcanzará una
corona de gloria.
El Evangelio de la Transfiguración según la versión de Lucas propone
una serie de elementos que es interesante tener en cuenta. La diferencia con los
textos de Mateo y Marcos hizo que muchos se pregunten si Lucas tuvo en su poder
una fuente propia, aunque otros piensan que posiblemente las diferencias de
deban propiamente a la redacción del evangelista.
Los elementos comunes son conocidos: Jesús ha anunciado que le espera
el rechazo y la muerte. En los otros Sinópticos Pedro se ha escandalizado y
Jesús lo compara con “Satanás” aunque esto es omitido por Lc. Jesús anuncia que
quien quiera ser discípulo debe cargar la cruz (“cada día” añade Lc). Esto es
muy duro, pero termina aclarando que “algunos de los que están... no probarán la
muerte hasta que vean” (Mt aclara “al Hijo del hombre viniendo”) el Reino.
Precisamente Jesús se aparta a algunos y les hará “ver”. Así sucede la
Transfiguración.
Hay elementos que son propios de Lc y son interesantes: a diferencia
de Mc/Mt los días son “ocho”, Jesús sube “al” monte (como si supiéramos cuál es)
y sube “para orar” lo que es muy frecuente en Lc; lo que ocurre sucede “mientras
oraba”, como una consecuencia de esta oración. Lc agrega como algo importante el
contenido de la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Agrega el temor en
medio de la nube, Jesús es además de “Hijo” presentado como “elegido”.
Finalmente Lc omite toda relación entre Elías y el Bautista en el descenso del
monte. Es interesante que este monte no sea el monte Sión, lugar donde Dios se
encuentra con su pueblo: la cita “este es mi hijo” remite al Sal 2 que en v.6
dice que “ha instalado a su rey en Sión, su monte santo”.
La invitación a la cruz es un escándalo, y Jesús invita a la superación de
este escollo. La transfiguración aparece así como un relámpago en medio
de la oscuridad. En medio de la noche de la cruz la transfiguración presenta un
esbozo de lo que espera a los seguidores de Jesús: la cosa no termina en la
cruz. Jesús es presentado como “hijo”, algo que ya sabemos desde el Bautismo
(3,22), o mejor desde la infancia (1,32); a su vez es interesante notar la
diferencia: en el Bautismo la frase del cielo se dirige a Jesús: “tú eres...”,
mientras que ahora se dirige a la comunidad representada en los discípulos: “este
es...”. Pero al añadir “elegido” Lc nos recuerda al Siervo de Yavé
(ver Is 42,1), el siervo anunciado que sufre. Es sabido la importancia que la
relectura de los cantos del Siervo tuvieron en la comunidad cristiana para
referirse a Jesús. Finalmente hay que destacar a Jesús como el “profeta como
Moisés” (ver Dt 18,15), es a él a quien “escucharán”, como además
recuerda Pedro en Hch 3,22. Lo que ocurre no es una “metamorfosis” sino que
su rostro cambia, como había ocurrido con Moisés (Ex 34,29s). Lo que no es
claro es por qué se alude a Moisés y a Elías; pensar que Elías aparece como
“profeta” mientras Moisés representa a la ley es olvidar que Jesús es visto como
“profeta semejante a Moisés”. Lc recibe el texto con ambos personajes, pero él
omite el diálogo posterior donde el Bautista es comparado con Elías,
probablemente porque prefiere comparar a Jesús con Elías. Es interesante citar
aquí un texto rabínico: “Johanán ben Zachaí ha dicho: Dios dijo a Moisés:
cuando yo envíe al profeta Elías, ambos habrán de venir juntos”. Lc, en
cambio, presenta el diálogo de los dos personajes con Jesús sobre su “éxodo”,
es decir sobre su paso (ver 9,51; Hch 13,24), un paso marcado por el plan de
Dios. La referencia a Jerusalén es muy importante en el Tercer Evangelio
ya que ocupa un lugar central en la teología histórico-geográfica del Evangelio:
todo el Evangelio apunta a la ciudad, y desde allí todo parte en Hechos.
Ante la presencia de Moisés y Elías interviene Pedro, pero “no sabe lo que
decía”, probablemente Lc lee la clásica incomprensión propia de Mc pensando
que es toda la Iglesia la que debe ser reunida por el Señor, o porque no se le
puede dar a Dios una morada... La nube es un signo de la presencia divina y de
su gloria (“vieron la gloria”, v.32), y por eso cuando los discípulos
entran en la nube (sólo Lc señala expresamente que también ellos quedan
cubiertos por la nube) “se llenaron de temor”; ellos no son simples
espectadores, la nube es reunión de los discípulos en torno a la palabra de
Dios, y unidos a su vez con los personajes del cielo en una suerte de “comunión
de los santos”. Sin embargo, como en Getsemaní, el sueño los vence
(22,45-46), no son testigos del diálogo, y sólo después de la resurrección
comprenderán.
“Escúchenlo” es la clave del relato: para estar en cercanía a Jesús no es
necesario armar tiendas, sino escucharlo, vivir de su palabra. La peregrinación
no ha terminado, estamos en camino aunque la transfiguración ilumine brevemente
el escándalo de la cruz anunciada; la Iglesia en marcha a su éxodo en el cielo
mira el monte, como Israel miraba el Sinaí en su éxodo.
De golpe, súbitamente todo termina y encontramos a “Jesús solo”. Sin
prohibición de por medio, los discípulos guardan el secreto, seguramente porque
no han comprendido y se mantienen en el misterio.
Comentario
¡Jesús es tan extraño...! Después de tirar abajo todas las expectativas
propias de su tiempo, y remarcar que como Mesías lo van a matar, y así salvará a
todos, -después de eso-, dice que sus seguidores deben caminar su mismo camino,
deben pasar las mismas cruces, y hasta el mismo martirio, y esto ¡cada día!...
¿Quién lo entiende? Pero cuando todo parece, casi, una invitación al masoquismo,
se nos manifiesta transfigurado... "¡esto es lo que les espera!", nos señala,
como en un relámpago en medio de la noche. Cruz y resurrección, van tan de la
mano, que se hace imposible separarlas. La resurrección da un sentido nuevo y
fructífero a una vida que quiere gastarse y entregarse, como el fruto da sentido
al entierro del grano. Pero también, la muerte da un sentido nuevo a la
resurrección, ¡¡¡el amor nunca se hace tan generoso como cuando da la vida!!!, y
Jesús no será un Mesías “allá en las nubes”, sino uno que camina nuestros pasos,
uno que pasó por la cruz y que se dirige a Jerusalén, tierra de Pascua, y tierra
que es punto de partida de la misión.
La transfiguración es un anticipo; es un "eclipse al revés": una luz en medio
de la noche. Da un sentido completamente nuevo a la vida, ¡y a la muerte! Hace
comprensible la maravillosa reflexión de Hélder Câmara: "El que no tiene una
razón para vivir, no tiene una razón para morir”.
¡Pobres de nosotros si queremos aburguesarnos, instalarnos o acomodarnos! El
«qué bien estamos aquí» es, evidentemente, "no saber qué se está diciendo". "Cambia,
todo cambia" dice una canción... la Cuaresma es "tiempo de cambio" dice la
Iglesia... En cambio, Pedro quiere quedarse: "quedémonos aquí" ... Muchos, no
quieren saber nada con los cambios: "más vale malo conocido, que bueno por
conocer", sentencian ¡Qué diferencia!
La Transfiguración es decirnos "esto es lo que les espera”, es decirnos que
"dar la vida vale la pena". Todo proceso de conversión y cambio tiene sentido
porque tenemos una roca firme, tenemos uno que no cambia, y garantiza nuestra
vida fecunda, un "resucitado que es el crucificado" (J. Sobrino). Por eso la
importancia que tiene “escuchar” a Jesús. Es la voz del profeta de los tiempos
finales, del profeta como Moisés, que nos enseña el camino de la vida, el camino
del éxodo que es camino de Pascua.
Lo que celebramos en la Cuaresma, no es un hecho "piadoso" en el sentido
común del término; es un hecho vital, de vida; un jugarse y comprometerse, un
dar la vida. Es un volverse a Cristo presente en los hermanos. Como todas las
alianzas de la Biblia, la alianza con Abraham se sella con sangre; Jesús, selló
-en su sangre- una alianza "nueva y eterna”... Ya no es sangre de animales la
que da vida y es signo de la alianza, ahora es la sangre de Cristo, su amor, su
vida unida a la sangre de tantos mártires que, con su muerte transfigurada, dan
vida a tantos muertos por la violencia y la injusticia. No es que Dios quiera
sangre, ciertamente, sino que el amor nunca es más verdadero como cuando llega
hasta el final, y en el caso de Jesús, hasta dar la vida, que es el signo de
amor por excelencia. Estamos ante una alianza que es amor ofrecido en
generosidad, y que cada creyente confirma y reafirma “cada día” en su
derramamiento de sangre, sea en el amor cotidiano, como en el martirio doloroso
de tantos hermanos nuestros latinoamericanos. Y, si la muerte es el mayor de los
absurdos, desde Cristo, desde su muerte y su resurrección (hoy vislumbrada en la
Transfiguración), jugarse la vida, gastarla en la lucha por la justicia y la
solidaridad, por la verdad y la vida, es el acontecimiento fructífero por
excelencia, ya que Cristo asocia a sí mismo a una multitud de hermanos... No es
que Dios quiera -hay que repetirlo- que nadie muera, Él es Dios de vida, no de
muerte- pero nada hay más dador de vida que el amor, por eso es Dios de amor.
Dios nos quiere siempre, cada día, dando vida, aunque frente a la injusticia, la
violencia y el pecado, esa búsqueda de dar vida pueda implicar tener que dar la
vida. Pero como siempre, es la vida y el amor lo que cuenta, es la vida por el
reino, es un dar la vida para que otros vivan. Una muerte que da vida, da
sentido a tantas vidas muertas...
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300068
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap68b.mp3
Para la revisión de vida
En mi vida, como en la de todo ser humano, ha tenido que haber tiempos o
momentos privilegiados, llenos de sentido, embriagados de amor, de felicidad
plena. Me hará bien revivir esos momentos o tiempos: cuáles fueron, cómo se
dieron, cómo los viví, qué sentía, por qué se acabaron… Hacer un tiempo de
oración recalando en mi conciencia esas vivencias de “transfiguración”. Más:
¿debería volver al “entusiasmo”, al “fervor del amor primero”?
“Este es mi hijo predilecto, escúchenle": ¿puedo decir que el proyecto
fundamental de mi vida es una acogida de la propuesta de Jesús, en la que vemos
la palabra de Dios que nos habla?
Para la reunión de grupo
- El ser humano no sólo es un “animal racional”, al decir de Aristóteles, sino
un “animal de sentido”. Necesita un sentido para vivir. Y lo necesita tanto o
más que los bienes materiales necesarios para su vida. Sin sentido, su vida se
hace sencillamente insufrible. ¿Qué relación tiene la cultura y la religión con
esta necesidad antropológica fundamental?
- Estamos en un tiempo sin utopías, donde todo se compra y se vende y se calcula
fríamente... ¿Qué mensaje nos trae el símbolo de la transfiguración a este
tiempo de mirada tan corta?
- La inquietud de Abraham de asegurarse de que tomará posesión de la tierra que
Dios le promete para el pueblo que le ha de suceder puede ponerse en relación
con la problemática de la tierra que actualmente se vive en el tercer mundo. Por
poner un ejemplo: en Brasil hay 3 millones de propiedades inmuebles rurales. De
ellas el 62% son minifundios y ocupan el 8% del área total. En el lado opuesto,
el 2’8% de esas propiedades son latifundios que ocupan el 57% del área total.
Brasil es el segundo país del mundo con la mayor concentración de propiedad de
la tierra de todo el mundo. El INCRA brasileño considera que, como media
nacional, el 62’4% del área total de los inmuebles rurales es improductiva. Tal
vez por eso en Brasil ha surgido en los últimos años el MST (el Movimiento de
los Sin Tierra, www.mst.org.br), la fuerza organizativa popular de más peso en
el país y en el Continente, en la que muchos de los participantes son cristianos
convencidos de la necesidad de reivindicar (tanto por razones éticas como
religiosas) el derecho a la tierra que Dios creó para todos.
Para la oración de los fieles
- Para que purificando nuestro corazón y educando nuestros ojos seamos capaces
de transfigurar nuestra mirada sobre la realidad de cada día y ver el sentido
divino que la habita...
- Para que el Señor sostenga nuestra fe, nos haga dignos de este don y no nos
deje caer en la desorientación o el sinsentido de la vida...
- Por todos los hombres y mujeres que buscan y no encuentran el sentido para sus
vidas; para que Dios se les haga encontradizo y ellos alcancen la felicidad a la
que están destinados...
- Para que seamos testigos de esperanza ante nuestros hermanos, pero siempre con
la humildad de quien ofrece un don gratuito y no un mérito propio...
- Para que seamos personas contemplativas, que acostumbran a saborear esa
presencia de Dios que se oculta en la realidad pero se descubre en la oración...
Oración comunitaria
- Dios Padre nuestro: como el evangelista Lucas, también nosotros creemos que de
hecho, en la vida de Jesús Tú mismo nos has estado dirigiendo tu Palabra. Haz
que iluminados por ella, podamos transfigurar y mirar de un modo nuevo las
realidades que también hemos de transformar, unidos a todos los hombres y
mujeres que, iluminados también de mil modos por tu misma Palabra Universal,
caminan hacia el mismo «otro mundo posible» que Tú quieres ayudarnos a construir
entre todos los pueblos de la Humanidad mundializada. Nosotros te lo pedimos por
Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
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