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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 14 al  20 de Febrero de 2009   – Ciclo C
6º domingo de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  6º domingo de tiempo ordinario, ciclo C el  17 de Febrero de 1980
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

Domingo 14 de febrero de 2010
6º domingo de tiempo ordinario
Valentín, Cirilo, Metodio

 INICIO

Jr 17, 5-8 : “Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza”
Salmo 1:  “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”
1Cor 15, 12. 16-20: Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra esperanza
Lc 6,17. 20-26: Las bienaventuranzas

El texto de Jeremías pertenece a un pequeño bloque compuesto por tres oráculos de estilo sapiencial (Jr 17,5-8; 17,9-10 y 17,11). Jr 17,5-8 parafrasea el Sal 1. Presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entones, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.

Todo el capítulo de esta carta a los corintios se refiere a la resurrección de los muertos, por las dudas que se habían suscitado en la comunidad de Corinto sobre la resurrección misma de Cristo. Pablo, a través de los “absurdos” -estilo literario típico de los razonamiento rabínicos-, ahonda sobre el impacto trascendental que debe tener la resurrección de Cristo en la vida del creyente. Sólo la fe en Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza de resurrección. A partir de una negación de la resurrección Pablo alista sus argumentos. Comienza con una pregunta que refleja su indignación: “Si proclamamos un Mesías resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos ahí que no hay resurrección de los muertos?” (v. 12).

El primer absurdo es negar nuestra resurrección porque niega la resurrección de Cristo (v. 16). El segundo absurdo, es que al negar la resurrección de Cristo echamos por la borda nuestra fe y el proceso de conversión y experiencia cristiana llevado hasta el momento. Estaríamos ante una fe virtual (v. 17). El tercer absurdo deja sin esperanza a los creyentes que han muerto en Cristo y a los que creen que no morirán para siempre (v. 18-19). El v. 20 cambia los absurdos por una certeza innegociable: Cristo sí resucitó, y además es primicia de los que ya murieron.

Las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.

Las Bienaventuranzas son una forma literaria conocida desde antiguo en Egipto, Mesopotamia, Grecia, etc. En Israel tenemos varios testimonios en la Biblia, especialmente en la literatura sapiencial y profética. En los salmos y en la literatura sapiencial en general, se considera bienaventurada a una persona que cumple fielmente la ley: “Bienaventurado el hombre que no va a reuniones de malvados ni sigue el camino de los pecadores... mas le agrada la ley del Señor y medita su ley de día y de noche” (Sal 1,1); “Bienaventurados los que sin yerro andan el camino y caminan según la ley del Señor” (119,1).

Las malaventuranzas o los “ayes” son más comunes en los profetas, en momentos donde se quiere expresar dolor, desesperación luto o lamento por alguna situación que conduce a la muerte: “Ay de los que disimulan sus planes y creen que se esconden de Yahvé” (Is 29,15); “ay de estos hijos rebeldes, dice Yahvé, que traman unos proyectos que no son los míos...” (Is 30,1). También para llamar la atención de los que acaparan: “¡ay de los que juntáis casa con casa, y añadís campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros solos en medio de la tierra!” (Is 5,8); “¡Ay de los que decretan estatutos inicuos, y de los que constantemente escriben decisiones injustas!” (Is 10,1). Las Bienaventuranzas y maldiciones de Jesús con relación a las del AT tienen diferencias fundamentales. En la literatura sapiencial del AT se insiste en un comportamiento acorde con la ley para poder ser bienaventurado, en el evangelio en cambio, Jesús no exige ningún comportamiento ético determinado, como condición para ser declarado bienaventurado. Simplemente los pobres (anawin), los que lloran, los perseguidos... son bienaventurados.

Comparando las bienaventuranzas de Lucas con las de Mateo encontramos algunos datos interesantes. El lugar del discurso según Mateo es la montaña, con la intención de releer la figura de Jesús a la luz de la de Moisés en el Sinaí. Según Lucas es en un llano. Muchos incluso los diferencian llamándolos “sermón de la montaña” o “sermón del llano”. En las primeras bienaventuranza Mateo tiene una de más: “bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia” (Mt 5,5). En total, Lucas tiene cuatro que son equivalentes a las nueve de Mateo. En Mateo hay una inversión con relación a Lucas, pues aparecen los “hambrientos” detrás de los “afligidos”. En Mateo están redactadas en tercera persona mientras en Lucas todas están en segunda persona. Mateo subraya actitudes interiores con las cuales se debe acoger el Reino, por ejemplo, la misericordia, la justicia, la pureza de corazón, en cambio Lucas se preocupa por mostrar la situación real y concreta de pobreza, hambre, tristeza.

La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).

La última bienaventuranza (vv. 22-23) tiene como destinatarios a los cristianos que son perseguidos y excluidos a causa de su fe. Su felicidad no consiste en padecer sino en la conciencia de estar llamados a poseer una “recompensa grande en el cielo”. ¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.

La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino. Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz. En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia, la riqueza. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano. El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.

En Lucas las bienaventuranzas van seguidas de cuatro “ayes” o maldiciones contra los ricos. Las dos primeras van directamente contra los ricos y satisfechos por su indiferencia ante la situación de los pobres. Las dos últimas se dirigen a los que ríen y a los que tienen buena fama. La contraposición entre pobres y ricos está claramente planteada en el Magníficat: “A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53). Y en la parábola del pobre Lázaro (Lc 16,19-31). Es claro para Lucas que toda confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12,19).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 28 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí.  Puede ser escuchado aquí.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 25, que se titula «¿Pobres de espíritu?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=120025 Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis donde sea oportuno.


Bienaventuranzas de la Conciliación Pastoral

Bienaventurados los ricos,
porque son pobres de espíritu.

Bienaventurados los pobres,
porque son ricos en Gracia.

Bienaventurados los ricos y los pobres,
porque unos y otros son pobres y ricos.

Bienaventurados todos los humanos,
porque allá en Adán, son todos hermanos.

Bienaventurados, en fin,
los bienaventurados
que, pensando así,
viven tranquilos…,
porque de ellos es el reino del limbo.

Pedro Casaldáliga.

Para la revisión de vida
- Repasar, con el evangelio en la mano, las bienaventuranzas, una a una, dejándolas recalar en el corazón, y dejando que el propio corazón nos “reclame” y nos exija, y a la vez que nos conforte y nos haga saborear el significado de la palabra de Jesús.

Para la reunión de grupo
- Se puede dialogar en el grupo sobre las bienaventuranzas en sí mismas: su naturaleza, su sentido, su aplicación a la vida actual… Importante no dejar fuera de consideración las “malaventuranzas” (Lc 6, 24-26) y su “complementariedad” con las bienaventuranzas.
- También se puede enfocar el tema de la primera bienaventuranza (Lc 6,20), que, como es sabido, presenta una curiosa diferencia con la versión de Mateo (Mt 5, 3): “pobres” sin más / “pobres de espíritu”. Hoy los exégetas están concordes en que Lucas es quien presenta la versión más original, siendo Mateo el que ha “aplicado” el concepto pensando en sus destinatarios. En torno a este tema cabe preguntarse:
- ¿Quién tiene razón, Mateo o Lucas? ¿O los dos?
- ¿Cómo entender el “pobres de espíritu”? Recordar a este respecto la interpretación común (“desprendimiento de las riquezas”), la de la “infancia espiritual”, la de Ellacuría (“pobres con espíritu”)…
- Alonso Schöckel y Juan Mateos traducen la bienaventuranza de Mateo así: “Dichosos los que eligen ser pobres”. Comentar.
- Comentar la poesía de Casaldáliga sobre las “Bienaventuranzas de la Conciliación Pastoral”.

Para la oración de los fieles
- Hoy vamos a responder “Te lo/a expresamos, Señor”.
- Nuestro agradecimiento por ese bello espejo de las bienaventuranzas, en el que mirarnos cada día… te lo expresamos, Señor.
- Nuestro deseo de acercarnos más y más cada día al ideal que allí nos propones… te lo expresamos, Señor.
- Nuestra preocupación por todos los que viven sumidos en la pobreza injusta, en una miseria que es producto de estructuras sociales egoístas que podrían y deberían ser transformadas… te la expresamos, Señor.
- Nuestra preocupación por los enfermos, los que sufren y todos los que no se sienten “dichosos”… te la expresamos, Señor.
- Nuestro dolor por el hecho de que todavía hoy día la persecución a los que luchan por la justicia es una lastimosa realidad… te lo expresamos, Señor.

Oración comunitaria
- Dios nuestro, que en Jesús nos comunicas un espíritu nuevo, mostrado en las Bienaventuranzas. Queremos seguir ese modelo como un camino de ecumenismo universal hacia una Nueva Humanidad reconciliada con el Amor, la Justicia y la Paz. Así te lo expresamos, por Jesucristo Nuestro Señor.



 Lunes 15 de febrero de 2010
 Claudio, Fausto, Jovita

 INICIO
Sant 1,1-11: “Y si la constancia llega hasta el final, serán perfectos e íntegros, sin falta alguna”
Salmo 118 : “Cuando me alcance tu compasión, viviré, Señor”
Mc 8,11-13: “¿Por qué esta generación reclama un signo?”

Vuelven otra vez los fariseos al ataque de Jesús y su mensaje. Esta vez piden una señal para creer. ¿No era suficiente todo lo que habían visto? ¿No es verdad que a veces también nosotros pedimos señales a Jesús? ¡Y que sean “señales del cielo”! Hoy como ayer la terquedad, la soberbia, la vanidad, el orgullo, la suficiencia y el egoísmo, estorban para reconocer en Jesús al Mesías, al Hijo de Dios (tema central del Evangelio de Marcos, llamado el Secreto Mesiánico).

Todo esto lo hacían y lo hacemos para poner a prueba la divinidad, con el agravante de que aunque obre la señal no se va a creer. Y cuidado nos pasa como a los fariseos, la gracia y el Mesías se nos van a la otra orilla, perdemos la oportunidad, lo perdemos todo y quedamos con las manos y la vida vacías.

Si no queremos que Jesús se vaya a la otra orilla estamos llamados y llamadas a tener una fe simple, sencilla y viva, creamos en El que tiene palabras de vida eterna, fiémonos un poco y busquemos descubrir en los milagros de la cotidianidad la presencia de Jesús. Y para mayor edificación nuestra recordemos que hoy somos depositarios de esa bienaventuranza que en otro evangelio gritó el Señor: ¡Dichosos los que creen sin haber visto!


 Martes 16 de febrero de 2010
 Juliana, Onésimo, Samuel

 INICIO
Sant 1,12-18: “Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba”
Salmo 93:  “Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor”
Mc 8,14-21: Cuídense de la levadura de los fariseos.

La pregunta del evangelio también puede ser dirigida a nosotros, como los discípulos tenemos más o menos familiaridad con Jesús y con su palabra, con su manera de actuar y con su predicación, incluso hemos compartido no solo una o dos veces el Pan, sino muchas y, sin embargo, no entendemos a Jesús ni la advertencia que hace, tal vez moralizamos y creemos que la levadura de los fariseos se refiere a cosas espirituales, no comprendemos que Él nos ama y que nos llama a una novedad de vida. A veces ante sus advertencias y exigencias nos vamos por las ramas, no llegamos al centro del asunto, la terquedad de nuestra mente y del corazón para entender el estilo típico de Jesús hace repetir hoy esta pregunta ¿Aún no entienden?

¿Y qué es lo que tenemos que entender? Algo sencillo y claro de lo que hemos estado hablando en los últimos días en los evangelios, el amor incondicional de Dios, su pedagogía, su ternura y la absoluta libertad con que nos quiere para que vivamos esas relaciones con él y con los otros y otras. Entender incluso que los momentos difíciles y penosos son momentos para acercarnos a Dios y construir comunidad. Y entender que estamos llamados a ser más generosos con los necesitados, a controlar nuestros impulsos de envidia y egoísmo. En definitiva tenemos que entender el llamado a construir una vida más feliz y justa.

Para muchas comunidades hoy es Martes de Carnaval. Vale la pena no olvidar a Dios en medio de la fiesta. O ¿es que no entendemos que también ahí puede estar Dios?


 Miércoles 17 de Febrero de 2010
 Miércoles de Ceniza

 INICIO
Jl 2,12-18: “Conviértanse al Señor”
Salmo 50: “Misericordia, Señor: hemos pecado”
2Cor 5,20-6,2: “En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien  con Dios”
Mt 6,1-6.16-18: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”

Hoy comenzamos la Cuaresma. Podríamos preguntarnos y responder con sinceridad ¿Una más en la lista de tantas cuaresmas que he vivido? O ¿esta cuaresma será mejor que la del año pasado? O ¿me preparará para que la cuaresma del año entrante sea mejor? Bueno, la propuesta es que vivamos esta con intensidad, que caminemos hacia Jesús, plenitud de la vida y que logremos frutos abundantes.

Miremos hoy al Dios compasivo y misericordioso, rico en piedad y leal que proclamamos en el Salmo. Estemos seguros que El nos perdona porque es lento a la cólera y rico en misericordia, es un Dios preocupado por el sufrimiento de su pueblo, un Dios cercano a sus hijos e hijas. Bondadoso y compasivo que borra todas nuestras culpas. Descubramos en esta Cuaresma al Dios que nos reconcilia, siempre y cuando lo permitamos, cuando lo aceptamos y nos ponemos a su alcance. Acerquémonos al Dios de Jesucristo que nos llena, está sobre nosotros y camina a nuestro lado cuando aceptamos su gracia.

Hagamos el propósito en esta Cuaresma de practicar la justicia sin ser vistos, de rezar en lo escondido, donde sólo Dios nos oye, de ayunar de las cosas que nos hacen daño y no le gustan a Dios. Es un buen propósito de Cuaresma pero con cuidado, porque estas cosas, tan típicamente religiosas y apropiadas para este tiempo las debemos realizar según el estilo y las recomendaciones de Jesús.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 32, que se titula «¿para qué sirve la oración?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130032 Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis donde sea oportuno.


 Jueves 18 de febrero de 2010
 Simeón

 INICIO
Dt 30,15-20: “Elige la vida, y vivirás tú y tu descendencia”
Salmo 1: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”
Lc 9,22-25: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo

Según el evangelio de hoy sí que comenzamos la Cuaresma, porque desde ya se nos invita a cargar con la cruz y seguir a Jesús. Por eso debemos mirar seriamente las implicaciones que esa cruz tiene en nuestras vidas, no la veamos como un sino, algo que tengamos que padecer como condición sine qua non, tengamos en la cruz un elemento que nos enaltece y hace crecer, que nos configura con Cristo. Jesús con su lógica del Reino nos muestra cómo perder la vida para ganarla. Esto se entiende cuando no hay resistencias al proyecto de Dios, cuando hay cambios, cuando se pone la confianza en el Señor... cuando se camina con esperanza.

Bien lo dice el libro del Deuteronomio: Hoy tenemos delante la vida y el bien o la muerte y el mal. Nos toca decidir: Vivir mediocremente o vivir a plenitud, vivir solos y aislados o vivir con Dios y los hermanos, vivir esta Cuaresma amarrados, tristes y solitarios o vivirla libres, alegres y solidarios. ¡Nos toca decidir!

Tenemos así mismo toda la cuaresma por delante para prepararnos a la Pascua, centro de la liturgia. En estos cuarenta días podemos alcanzar la “estatura de Dios”. Es cuestión de elección, No perdamos la oportunidad. El evangelio es un programa magnífico para nuestra vida cristiana: negarnos a nosotros mismos y ganar la vida, tomar la cruz y caminar detrás de Jesús.


 Viernes 19 de Febrero de 2010
 Alvaro, Conrado

 INICIO
Is 58,1-9a: “Entonces clamarás al Señor, y te responderá"
Salmo 50: “Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias”
Mt 9,14-15: ¿Por qué tus discípulos no ayunan?

Las lecturas de hoy nos hablan de presencias. La presencia de Dios en el Antiguo Testamento cuando Isaías nos asegura que solo tenemos que invocarla para que se haga presente y la presencia de Jesús en la comunidad que debe suscitar la alegría entre nosotros. Cuando esa presencia falte será otra la actitud que debemos asumir, pero por ahora dejémosla para cuando llegue ese momento. Hoy debemos estar alegres ¡y eso que estamos en Cuaresma!, tiempo que tradicionalmente adornamos con penitencias y ayunos.

Este primer viernes de Cuaresma, día penitencial, la liturgia nos presenta a Jesús defendiendo a sus discípulos que no ayunan... es una invitación a buscar el sentido más profundo de nuestros “ayunos y abstinencias”. Por un lado podemos quedarnos en los signos externos y seguir con nuestros ritos, sin reflexionar mucho, que, de seguro, es lo más fácil o podemos tratar de ser más consecuentes y buscar en el amor y la justicia la voluntad de Dios: abrir prisiones injustas, liberar oprimidos, romper cadenas, partir el pan con el hambriento, hospedar los sin techo, vestir al desnudo... no encerrarnos y procurar que lleguen la luz y la gloria de Dios al mundo. Dejemos a un lado nuestra vanidad para que este ayuno nos lleve a ser realmente auténticos: ¡verdaderos cristianos!


 Sábado 20 de Febrero de 2010.
 Eleuterio

 INICIO
Is 58,9b-14: “Cuando partas tu pan con el hambriento..., brillará tu luz en las tinieblas”
Salmo 85: “Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad”
Lc 5,27-32: "¿Cómo es que comen y beben con publicanos y pecadores?"

El evangelio de este sábado nos presenta a Jesús sentado a la mesa con pecadores. No le importan las críticas de sus contrincantes, Él no duda en sentarse y compartir la mesa. Al fin de cuentas ha venido para llamar a los pecadores y con ellos se sienta, sabe cuál es su misión, la tiene clara y la realiza.

Podemos hacer una lectura complementaria con Isaías que previendo los tiempos mesiánicos exige una preparación para ese tiempo de salvación: “Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

Jesús nos acoge en el banquete del Reino pero nos exige un vestido de liberación personal y comunitaria, gestos y hechos, pan partido, compartido y repartido con el hambriento. Es una exigencia, el tiquete de entrada al banquete y la posibilidad de ver brillar la luz de Dios. La justicia y la bondad con los demás hacen posible esa luz.

Cuaresma también es tiempo propicio de conversión y el evangelio de hoy nos da un modelo de conversión, seamos como Mateo, publicano y pecador reconocido y criticado por los de su pueblo, pero arriesgado y abierto al cambio. Hagamos como él, abramos la puerta de nuestra casa y del corazón.