Domingo 14 de febrero de 2010
6º domingo de tiempo ordinario
Valentín, Cirilo, Metodio
INICIO
Jr 17, 5-8 : “Bendito quien confía
en el Señor y pone en el Señor su confianza”
Salmo 1: “Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor”
1Cor 15, 12. 16-20: Si Cristo no
ha resucitado, vana es nuestra esperanza
Lc 6,17. 20-26: Las
bienaventuranzas
El texto de Jeremías pertenece a un pequeño bloque compuesto por tres
oráculos de estilo sapiencial (Jr 17,5-8; 17,9-10 y 17,11). Jr 17,5-8 parafrasea
el Sal 1. Presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre»
o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entones, ¿la
invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne,
que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la
corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las
autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de
Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este
sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no
aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio el
que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer,
multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.
Todo el capítulo de esta carta a los corintios se refiere a la
resurrección de los muertos, por las dudas que se habían suscitado en la
comunidad de Corinto sobre la resurrección misma de Cristo. Pablo, a través de
los “absurdos” -estilo literario típico de los razonamiento rabínicos-, ahonda
sobre el impacto trascendental que debe tener la resurrección de Cristo en la
vida del creyente. Sólo la fe en Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza
de resurrección. A partir de una negación de la resurrección Pablo alista sus
argumentos. Comienza con una pregunta que refleja su indignación: “Si
proclamamos un Mesías resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos ahí
que no hay resurrección de los muertos?” (v. 12).
El primer absurdo es negar nuestra resurrección porque niega la resurrección
de Cristo (v. 16). El segundo absurdo, es que al negar la resurrección de Cristo
echamos por la borda nuestra fe y el proceso de conversión y experiencia
cristiana llevado hasta el momento. Estaríamos ante una fe virtual (v. 17). El
tercer absurdo deja sin esperanza a los creyentes que han muerto en Cristo y a
los que creen que no morirán para siempre (v. 18-19). El v. 20 cambia los
absurdos por una certeza innegociable: Cristo sí resucitó, y además es primicia
de los que ya murieron.
Las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las
malaventuranzas (ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan
programático de Jesús en el evangelio de Lucas.
Las Bienaventuranzas son una forma literaria conocida desde antiguo en
Egipto, Mesopotamia, Grecia, etc. En Israel tenemos varios testimonios en la
Biblia, especialmente en la literatura sapiencial y profética. En los salmos y
en la literatura sapiencial en general, se considera bienaventurada a una
persona que cumple fielmente la ley: “Bienaventurado el hombre que no va a
reuniones de malvados ni sigue el camino de los pecadores... mas le agrada la
ley del Señor y medita su ley de día y de noche” (Sal 1,1); “Bienaventurados los
que sin yerro andan el camino y caminan según la ley del Señor” (119,1).
Las malaventuranzas o los “ayes” son más comunes en los profetas, en momentos
donde se quiere expresar dolor, desesperación luto o lamento por alguna
situación que conduce a la muerte: “Ay de los que disimulan sus planes y creen
que se esconden de Yahvé” (Is 29,15); “ay de estos hijos rebeldes, dice Yahvé,
que traman unos proyectos que no son los míos...” (Is 30,1). También para llamar
la atención de los que acaparan: “¡ay de los que juntáis casa con casa, y
añadís campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros
solos en medio de la tierra!” (Is 5,8); “¡Ay de los que decretan estatutos
inicuos, y de los que constantemente escriben decisiones injustas!” (Is 10,1).
Las Bienaventuranzas y maldiciones de Jesús con relación a las del AT tienen
diferencias fundamentales. En la literatura sapiencial del AT se insiste en un
comportamiento acorde con la ley para poder ser bienaventurado, en el evangelio
en cambio, Jesús no exige ningún comportamiento ético determinado, como
condición para ser declarado bienaventurado. Simplemente los pobres (anawin),
los que lloran, los perseguidos... son bienaventurados.
Comparando las bienaventuranzas de Lucas con las de Mateo encontramos algunos
datos interesantes. El lugar del discurso según Mateo es la montaña, con la
intención de releer la figura de Jesús a la luz de la de Moisés en el Sinaí.
Según Lucas es en un llano. Muchos incluso los diferencian llamándolos “sermón
de la montaña” o “sermón del llano”. En las primeras bienaventuranza Mateo tiene
una de más: “bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en
herencia” (Mt 5,5). En total, Lucas tiene cuatro que son equivalentes a las
nueve de Mateo. En Mateo hay una inversión con relación a Lucas, pues aparecen
los “hambrientos” detrás de los “afligidos”. En Mateo están redactadas en
tercera persona mientras en Lucas todas están en segunda persona. Mateo subraya
actitudes interiores con las cuales se debe acoger el Reino, por ejemplo, la
misericordia, la justicia, la pureza de corazón, en cambio Lucas se preocupa por
mostrar la situación real y concreta de pobreza, hambre, tristeza.
La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden
en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son
perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a
favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is
58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas
promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su
programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is
61,1-3).
La última bienaventuranza (vv. 22-23) tiene como destinatarios a los
cristianos que son perseguidos y excluidos a causa de su fe. Su felicidad no
consiste en padecer sino en la conciencia de estar llamados a poseer una
“recompensa grande en el cielo”. ¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué
tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque
asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.
La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a
tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es
tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta
tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre,
invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino. Y
disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades
básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de
un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz. En otras
palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a
considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una
sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia, la riqueza. Son los que se
dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero,
eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano. El reino de
Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La
proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano»,
en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos
valores de la riqueza y el poder.
En Lucas las bienaventuranzas van seguidas de cuatro “ayes” o maldiciones
contra los ricos. Las dos primeras van directamente contra los ricos y
satisfechos por su indiferencia ante la situación de los pobres. Las dos últimas
se dirigen a los que ríen y a los que tienen buena fama. La contraposición entre
pobres y ricos está claramente planteada en el Magníficat: “A los hambrientos ha
colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53). Y
en la parábola del pobre Lázaro (Lc 16,19-31). Es claro para Lucas que toda
confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12,19).
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 28 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aquí. Puede
ser escuchado aquí.
La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el
25, que se titula «¿Pobres de espíritu?», que puede ser útil para suscitar un
diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=120025 Hay varios otros
varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis
donde sea oportuno.
Bienaventuranzas de la Conciliación Pastoral
Bienaventurados los ricos,
porque son pobres de espíritu.
Bienaventurados los pobres,
porque son ricos en Gracia.
Bienaventurados los ricos y los pobres,
porque unos y otros son pobres y ricos.
Bienaventurados todos los humanos,
porque allá en Adán, son todos hermanos.
Bienaventurados, en fin,
los bienaventurados
que, pensando así,
viven tranquilos…,
porque de ellos es el reino del limbo.
Pedro Casaldáliga.
Para la revisión de vida
- Repasar, con el evangelio en la mano, las bienaventuranzas, una a una,
dejándolas recalar en el corazón, y dejando que el propio corazón nos “reclame”
y nos exija, y a la vez que nos conforte y nos haga saborear el significado de
la palabra de Jesús.
Para la reunión de grupo
- Se puede dialogar en el grupo sobre las bienaventuranzas en sí mismas: su
naturaleza, su sentido, su aplicación a la vida actual… Importante no dejar
fuera de consideración las “malaventuranzas” (Lc 6, 24-26) y su
“complementariedad” con las bienaventuranzas.
- También se puede enfocar el tema de la primera bienaventuranza (Lc 6,20), que,
como es sabido, presenta una curiosa diferencia con la versión de Mateo (Mt 5,
3): “pobres” sin más / “pobres de espíritu”. Hoy los exégetas están concordes en
que Lucas es quien presenta la versión más original, siendo Mateo el que ha
“aplicado” el concepto pensando en sus destinatarios. En torno a este tema cabe
preguntarse:
- ¿Quién tiene razón, Mateo o Lucas? ¿O los dos?
- ¿Cómo entender el “pobres de espíritu”? Recordar a este respecto la
interpretación común (“desprendimiento de las riquezas”), la de la “infancia
espiritual”, la de Ellacuría (“pobres con espíritu”)…
- Alonso Schöckel y Juan Mateos traducen la bienaventuranza de Mateo así:
“Dichosos los que eligen ser pobres”. Comentar.
- Comentar la poesía de Casaldáliga sobre las “Bienaventuranzas de la
Conciliación Pastoral”.
Para la oración de los fieles
- Hoy vamos a responder “Te lo/a expresamos, Señor”.
- Nuestro agradecimiento por ese bello espejo de las bienaventuranzas, en el que
mirarnos cada día… te lo expresamos, Señor.
- Nuestro deseo de acercarnos más y más cada día al ideal que allí nos propones…
te lo expresamos, Señor.
- Nuestra preocupación por todos los que viven sumidos en la pobreza injusta, en
una miseria que es producto de estructuras sociales egoístas que podrían y
deberían ser transformadas… te la expresamos, Señor.
- Nuestra preocupación por los enfermos, los que sufren y todos los que no se
sienten “dichosos”… te la expresamos, Señor.
- Nuestro dolor por el hecho de que todavía hoy día la persecución a los que
luchan por la justicia es una lastimosa realidad… te lo expresamos, Señor. Oración comunitaria
- Dios nuestro, que en Jesús nos comunicas un espíritu nuevo, mostrado en las
Bienaventuranzas. Queremos seguir ese modelo como un camino de ecumenismo
universal hacia una Nueva Humanidad reconciliada con el Amor, la Justicia y la
Paz. Así te lo expresamos, por Jesucristo Nuestro Señor.
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