Domingo 10 de enero de 2010
Bautismo del Señor
Gonzalo
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Is 42, 1-4. 6-7: El Siervo de Yavé
Salmo 28: El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
Hch 10, 34-38: Ungido por Dios con
la fuerza del Espíritu Santo
Lc 3, 15-16. 21-22: Bautismo de
Jesús. Tú eres mi hijo, mi predilecto.
El tercer evangelista presenta la figura de Jesús no principalmente como
objeto de admiración o de adoración, sino como aquel a quien el creyente debe
seguir, asumiendo radicalmente sus actitudes y su proyecto. El Bautismo en
Jesús, no fue un acto social, o de fanatismo religioso. Esta acción, por el cual
el Espíritu revela la verdadera identidad de Jesús, marca cuál es su misión en
la historia y por lo tanto su destino. Jesús, que supo comprometerse en la obra
de Dios Padre, camina hacia la muerte, no en una actitud sádica, sino en total
libertad. Él sabe por quién hace opción y conoce muy bien la consecuencia de
estar de parte de Dios y de los favoritos de él: los pobres. Este es en
definitiva, el sentido del bautismo de Jesús, matricularse en el Proyecto de
Dios Padre, que es la vida en abundancia de todos los hombres y mujeres de la
historia.
Celebrar el bautismo del Maestro de Galilea, tiene que llevarnos a comprender
la invitación profunda que este acto de Jesús nos hace: renunciar a nuestros
egoísmos, tomar su cruz cada día, seguirle y si es necesario perder la vida por
su causa. Estar bautizados, por lo tanto, implica vincularse al proyecto de
Jesús, que es el mismo proyecto de Dios, de manera sincera y seria. Jesús no
pone condiciones teóricas, sino que presenta el ejemplo personal.
El Bautismo de Jesús, antecede el inicio de su misión en medio del mundo. En
la lógica de Lucas, Jesús tiene que ser ratificado por el Padre; sólo así puede
dar inicio al tiempo nuevo, que va a inaugurar. El Bautista entra en escena como
aquel que es precursor para la lógica del tercer evangelio. Pero su tarea, solo
alcanza sentido si Dios mismo declara quien es Jesús. Por eso vemos al Espíritu,
entrar en escena para declarar sobre Jesús: “Tú eres mi Hijo querido, mi
predilecto”. Esta declaración que el Espíritu hace sobre la persona de Jesús, es
extensiva sobre todo ser humano. Para eso Jesús iniciará su misión en medio del
mundo, para limpiar el rostro de la humanidad violentada y la inmundicia que las
estructuras de poder han cimentado sobre los débiles, a fin que cada ser humano,
experimente en su propia vida, el ser hijo querido de Dios, predilecto de su
amor.
El bautismo de Jesús inaugura su vida pública y contiene en potencia todo el
itinerario que deberá recorrer. Parece un dato histórico cierto: Jesús, como
tantos otros jóvenes de su tiempo, se siente conmovido por la predicación de
Juan, y acude a recibir su «bautismo», con un rito de «inmersión» en las aguas
del Jordán, un rito casi universal que significa una decisión radical de entrega
a una Causa, por la que uno se declara ya decidido a dar la vida, a morir
incluso. Jesús, con la coherencia de su vida, hará homenaje a su decisión de
hacerse bautizar por Juan. Todo seguidor de Jesús está llamado a hacer suya esa
coherencia de vida y esa radicalidad de decisión, que se expresa y anticipa en
el rito del bautismo, y se debe hacer realidad todos los días.
Muchos son los que en la Iglesia Católica -y fuera de ella- reconocen que es
necesaria una revisión de la práctica bautismal típica de los tiempos de
cristiandad, el bautismo masivo de niños, como praxis generalizada y «oficial»
-téngase en cuenta que la ley oficial prohíbe a las diócesis establecer el
bautismo de adultos como forma preferencial de administrarlo- necesita una
revisión. Para la significación de la admisión de los niños/as en la comunidad
puede hacerse cualquier otro tipo de celebración «bautismal», pero si creemos
realmente la seriedad y radicalidad de lo que decimos que el bautismo significa,
parece incoherente que la legislación insista tercamente en cerrar la puerta
incluso a los que quieren intentar una praxis más coherente, más racional, y
también más evangélica, al estilo de Jesús y de la primitiva comunidad
cristiana, y a la altura de unos tiempos que ya han descubierto los derechos
humanos.
No deberíamos dejar de señalar un hecho grave, absolutamente novedoso: el
pequeño pero a la vez creciente y significativo movimiento de solicitudes de
anulación de bautismo que se dan en el ámbito de las Iglesias europeas. Es
cierto que muchas de tales solicitudes, más que de «anulación de bautismo» son
en realidad «solicitudes de baja administrativa en la Iglesia». Lo común es que
las personas no tienen en realidad quejas contra el bautismo como decisión
religiosa humana radical (¿quién negaría el valor y la dignidad que puede
conllevar semejante decisión?) sino contra el hecho de que se administre
sistemáticamente a los niños y sea registrado y contabilizado estadísticamente
como «incorporación a la Iglesia». Es importante señalar que, aunque en
proporción bastante menor, el fenómeno de las declaraciones de apostasía ha
comenzado a darse también en algunos países latinoamericanos: no es un problema
«estrictamente europeo».
El bautismo no sólo se sitúa en el camino de la propia aventura espiritual,
sino que implica una responsabilidad para con los demás, una misión universal:
la construcción de un mundo nuevo, la edificación, aquí y ahora, de la Utopía
(«el Reino», como la llamaría Jesús). El bautizado cristiano, como «seguidor»,
como inspirado por el Jesús que se hizo bautizar por Juan muy conscientemente,
muy adulto, está llamado a ser, con él, salvador de la humanidad y de la
creación, del planeta, puesto en riesgo grave por las políticas anti-utópicas de
la civilización capitalista industrial ecológicamente irresponsable.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aqu.í. Puede
ser escuchado aquí.
La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el
34, titulado «¿Bautismo de niños?», que puede ser trabajado en torno a este
tema. Su texto y audio pueden ser recogidos en:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130034
Para la revisión de vida
Hoy es el primer domingo del “tiempo ordinario”; se acabaron los “tiempos
fuertes” de la liturgia, el adviento y la navidad; vuelve la vida ordinaria...
Un adagio clásico de ascética decía: “in ordinariis, non ordinarius”, para
expresar la meta de quien quiere ser santo (‘extraordinario’) en las cosas
ordinarias, en la vida diaria... Al comenzar el “tiempo ordinario” debemos
renovar nuestro deseo de vivir “extraordinariamente”. Para la reunión de grupo
- La misión del Mesías es presentada con frecuencia en la Biblia como “implantar
el Derecho”. Reflexionemos: ¿Qué relación tiene el Derecho con la misión de todo
un Mesías? ¿Qué relación puede tener el Derecho con la misión de todo un
cristiano?
- ¿Cómo está nuestro mundo desde la óptica del Derecho? ¿Es el Derecho
(Internacional, mundial) el que rige el “orden” del mundo? ¿Estamos avanzando
hacia un ordenamiento jurídico mejor, o hemos retrocedido hacia la ley de la
selva, la ley del más fuerte, la justicia (o venganza) por la mano propia...?
¿Puede ser la promoción del derecho y la exigencia de un nuevo Derecho Mundial
uno de los grandes deberes de los cristianos, para hacer efectiva en nosotros la
misión del Mesías en el mundo actual?
- ¿Y en lo que respecta al derecho económico? ¿Quién es el responsable del
sistema económico planetario? ¿Quién lo diseñó en Bretton Woods? ¿Por qué
todavía estamos viviendo sometidos a unas reglas capitalistas dictadas por los
vencedores de una guerra que ya acabó hace sesenta años? ¿Por qué para la
reorganización del sistema financiero, sumido en grave crisis sistémica, se
vuelven a reunir los países «industrializados» y no se convoca una asamblea
mundial? ¿Todavía nos parece una locura, una desmedida exigencia de democracia
mundial? ¿Dónde están los nuevos “mesías” llamados a “implantar el derecho a las
naciones”? Tal vez tengan que ser mesías con minúscula, pero compartiendo la
misma misión del Mesías.
- ¿Guarda el bautismo de Jesús alguna relación con nuestro bautismo?
- Jesús “se bautizó como adulto”. El bautismo de Juan era bautismo de adultos.
Jesús se hizo bautizar por Juan como fruto de una decisión personal adulta. ¿Qué
pensar del bautismo administrado sistemáticamente a los niños? ¿Debería
reformarse la pastoral bautismal? ¿Por qué? ¿Hacen mal unos padres que prefieren
dejar que sea su hijo/a quien decida el día de mañana, cuando sea consciente, si
quiere ser bautizado?
Para la oración de los fieles
- Para que todos los hombres y mujeres, sean de la religión que sean, acepten y
fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, roguemos al Señor...
- Por todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el
Mesías en el que creen- por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al
derecho...
- Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, de cualquier religión, que
han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser
“derechos divinos”...
- Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús
y comprometernos con su proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el
mundo”...
- Para que la Iglesia resuelva de la mejor manera posible la problemática
inherente a la pastoral del bautismo de niños...
Oración comunitaria
Dios Padre nuestro, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo
muy amado, el predilecto”; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos
concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su
Causa y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones” y de “implantar el
Derecho en la tierra”. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor...
Dios Padre-Madre, nuestro y de todos los seres, de la entera creación.
Inspirados por la memoria de Jesús, que optó radicalmente por entregar su vida a
la Causa de la Utopía, que él llamaba emocionadamente «Reino de Dios», ayúdanos
a entregar también nuestra vida, radical y apasionadamente, a la Causa de la
misma Utopía, para que también a nosotros, como a él en el momento de su
bautismo por parte de Juan, nos envíes a la misión de hacer que el Derecho sea
implantado entre las Naciones. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, hijo
tuyo y hermano nuestro. Amén.
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