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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 27 de Septiembre al 3 de Octubre de 2009  
26ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 26º domingo del Tiempo ordinario, el 30 de Septiembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 27 de septiembre de 2009
 Domingo 26º del tiempo ordinario. Ciclo B
 Vicente de Paul

Mc 9,38-43.45.47-48: “Un vaso de agua por mí tendrá recompensa”

 INICIO

Nm 11, 25-29: “¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!”
Sal 18: “Los mandatos del Señor alegran el corazón”
St 5, 1-6: “Sus riquezas están corrompidas”
Mc 9,38-43.45.47-48: “Un vaso de agua por mí tendrá recompensa”

Clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido parte del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés, ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera... Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión o de tal o cual grupo...». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso...», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor... ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando por construir aquí el Reino!

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 63, «Una piedra de molino», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300063
Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap63.mp3

Para la revisión de vida
- Reviso mis actitudes respecto al trabajo de los demás (personas y grupos) y me confronto con la reacción de Josué (primera lectura) y con la de Santiago y Juan (evangelio). Enumero las semejanzas y diferencias y me trazo un propósito práctico de vida.

Para la reunión de grupo
- Una idea que surge a partir de las lecturas de este domingo es la validez que tienen para la construcción del reino muchos aportes: ideas, obras, trabajos, de hombres y mujeres que no necesariamente son cristianos, pero que están comprometidos en la lucha por la justicia y la paz. Tratemos de indagar un poco sobre esas personas o instituciones y compartamos qué dicen, qué hacen, y al mismo tiempo tratemos de establecer cuáles son las críticas y de que forma son rechazados por nuestra religión oficial. Sentemos posiciones.

Para la oración de los fieles
-- Oremos por los responsables de la dirección y guía de nuestras iglesias para que su responsabilidad como animadores se traduzca en la acogida amorosa y fraterna de todos aquellos que buscan hacer el bien a los demás... roguemos.
- Por los dirigentes de nuestra sociedad, para que sus tareas estén cada día más en la línea del evangelio, más empeñados en la construcción de la justicia y la paz... roguemos.
- Por todos aquellos que desde su realidad como creyentes están trabajando por el bien, la justicia y la paz para que sus esfuerzos se vean cada día más enriquecidos por el espíritu profético que Dios dona a todas y todos... roguemos.
- Por nosotros y nosotras para que sepamos ver en todos los que hacen el bien aquella presencia de Jesús Resucitado que en todas y todos actúa... roguemos.

Oración comunitaria
Dios Padre-Madre que en todas, en todos y en todo te manifiestas; abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender mejor lo que desde siempre nos estás comunicando, incluso a través de aquellos que te conocen por otros caminos y con otros lenguajes que los nuestros; arranca de nosotros toda tentación de exclusivismo y mantennos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar en la construcción colectiva de tu Reino. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús, transparencia tuya. Amén.



 Lunes 28 de septiembre de 2009
 Wenceslao - Lorenzo Ruiz y compañeros mártires

 INICIO
Zac 8,1-8: “Yo libertaré a mi pueblo”
Sal 101: El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.
Lc 9,46-50: “El más pequeño de ustedes, ése es el mayor”

Mientras Jesús intenta vencer el poder del mal desde la debilidad-fortaleza de la cruz, los discípulos sueñan con ser los primeros en la escala jerárquica, reproduciendo así los síntomas de la enfermedad que Jesús vino a combatir. Definitivamente, los discípulos han entendido muy poco del mensaje de Jesús. También hoy son muchos los que se burlan de la humildad, la vocación de servicio, la ternura, la misericordia, el sacrificio, la solidaridad, la comunidad, el testimonio… como estrategia para vencer los proyectos de injusticia y exclusión que azotan el mundo. Jesús descalifica también la actitud egoísta de los discípulos que cuestionan el proceder de otras personas que andan haciendo el bien en su nombre. Es como si pretendieran patentar el reino de Dios como un producto exclusivo de los amigos de Jesús. Tampoco han entendido que son bienvenidos todos los que ayuden en la construcción del reino, sin importar su raza, su cultura o su religión. La solidaridad, el amor y el compromiso social son un lenguaje comprensible en todos los idiomas y en todas las culturas. La discriminación o intolerancia por motivos religiosos, culturales o raciales es una actitud incompatible con el Evangelio y, por tanto, con el ser cristiano.


 Martes 29 de septiembre de 2009
 Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

 INICIO
Dn 7,9-10.13-14: “Miles y miles le servían”
Sal 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Jn 1,47-51: “Verán el cielo abierto y los ángeles de Dios”

Arcángel significa “principal entre los ángeles”. Miguel significa “¿Quién como Dios?”; Gabriel, “Dios es mi Protector”, y Rafael, “Medicina de Dios”. En la fiesta de los “superángeles” roguemos a Dios por todas las personas que, como ángeles terrenos, nos protegen de caer en la tentación y nos ayudan a no perder nunca la comunicación con Dios. En el evangelio de hoy, la sinceridad y la coherencia le permitieron a Natanael reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Debió de ser además un hombre piadoso, según se deduce de su presencia bajo la sombra de la higuera, que era un lugar común en Israel para la lectura y la enseñanza de la Ley. Jesús confronta a Natanael con una pregunta que tiene plena vigencia para los cristianos de hoy: ¿creemos en Jesús sólo por los signos extraordinarios? ¿Estamos ciegos frentes a los grandes signos o milagros que día a día nos regala Dios a través de la creación, la vida de nuestros seres queridos, la armonía familiar, la alegría que florece a pesar de la sequedad de los huertos, la esperanza que no se pierde a pesar de la multiplicación de problemas y conflictos? Poder creer, con sinceridad y coherencia de vida, es el milagro más grande que Dios nos hace cada día, como abriendo el cielo para nosotros.



 Miércoles 30 de septiembre de 2009
 Jerónimo

 INICIO
Neh 2,1-8: “Déjeme ir a reconstruir la ciudad de mis padres”
Sal 136: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Lc 9,57-62: “Te seguiré adonde vayas”

En el día de san Jerónimo están de fiesta todos los esfuerzos por conocer y difundir la Sagrada Escritura. La Iglesia Católica ha reconocido siempre a san Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la Santa Biblia. Por eso ha sido nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar más las Sagradas Escrituras. Yendo al evangelio, Jesús, ante la cercanía de su pasión, tiene urgencia por definir el perfil de sus discípulos. La primera condición es aprender a soportar los momentos de inestabilidad e inseguridad, y a renunciar a todas las ataduras que impiden la libertad de la misión. La segunda condición, que surge del dicho “deja que los muertos entierren a sus muertos”, exige al discípulo tomar conciencia de que la tarea de anunciar el reino de Dios está por encima de todos los deberes humanos. Aquí los “muertos” simbolizan a quienes son insensibles a la llamada de Jesús. La tercera condición es la disponibilidad inmediata. En los arados de Palestina, donde con una mano se conducía el arado mismo y con la otra los bueyes, una mirada atrás podría ocasionar el desvío del surco y el retraso de la siembra. Las palabras de Jesús no intentan crear una rivalidad entre la familia y el misionero; hay que entenderlas como orientaciones para que el discípulo aparte de su vida todo aquello que pueda ser un obstáculo para el ejercicio de su misión evangélica.



 Jueves 1 de octubre de 2009
 Teresa del Niño Jesús

 INICIO
Neh 8,1-4a.5-6.7b-12: “Hoy es un día consagrado a nuestro Dios”
Sal 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
Lc 10,1-12: “La cosecha es abundante; los trabajadores, pocos”

Como siguiendo el ejemplo de los setenta y dos consejeros que el Espíritu suscitó en el desierto para consolidar la obra de Moisés (Nm 11,16-30), los nuevos Setenta y Dos nombrados por Jesús se aprestan para encarar la ardua tarea de anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc 4,16ss).

La misión es difícil y Jesús no les oculta ni minimiza los grandes peligros( v. 3). La primera gran dificultad es la enormidad del desafío. Las tareas son colosales, pero los que se comprometen a realizarlas son muy pocos (v.2). La comunidad de seguidores, por grande que sea, es insignificante con respecto al campo de trabajo. Sólo la originalidad, el empeño y la firmeza de convicciones les pueden sostener. La segunda dificultad se refiere a las dificultades culturales o ambientales. Jesús sabe que su propuesta va en contra de la corriente. Los valores del reino desafían los seudovalores imperantes en la sociedad y pueden generar agudos conflictos. El reto de la comunidad cristiana es enorme, y para abordarlo se necesita la astucia de las serpientes y la sencillez de la paloma.



 Viernes 2 de octubre de 2009
 Ángeles Custodios

 INICIO
Bar 1,15-22:  “Pecamos contra el Señor”
Sal 78: Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.
Lc 10,13-16: “Quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió”

En la Biblia los ángeles personalizan particulares experiencias de la protección divina. Así, ‘Rafael’ es el ángel al que se acude en caso de enfermedad, para encontrar la medicina adecuada. Y el ángel custodio es esa particular protección divina que acompaña cada momento de nuestra existencia. Ángeles pueden ser también las personas que se preocupan por el prójimo y que, sin hacer distingos de raza, política o religión, están dispuestas a realizar gestos salvíficos de amor. Ángeles son también las voces que desde la radio, la televisión, una conferencia o un libro llaman a todas las rectas conciencias a transformar nuestros hábitos con el fin de defender al planeta de la destrucción de sus ambientes vitales. Ángeles son todas aquellas personas que siguen a Jesús y se convierten en buena noticia para los demás, inculcando alegría, sabiduría, cuidado de sí mismo, de los otros y de la naturaleza. La voz angélica puede provenir de los profetas que, como Jesús, hacen un llamado para abandonar los regionalismos y nacionalismos que conducen a rivalidades, a la vanidad fatua, y no pocas veces a odios enconados, enfrentamientos y guerras. La celebración de los ángeles de la guarda o ángeles custodios es una invitación para que reconozcamos que la voz de los ángeles no es música de flautas y violines, sino un llamado permanente a la conversión, para que sepamos captar las manifestaciones de Dios en nuestra historia.



 Sábado 3 de octubre de 2009
 Gerardo – Mª Josefa Roselló

 INICIO
Bar 4,5-12.27-29: “Vuélvanse a buscar a Dios con empeño”
Sal 68: El Señor escucha a los pobres.
Lc 10,17-24: “Sus nombres están inscritos en el cielo”

Los Setenta y Dos regresan con una noticia victoriosa: en el nombre de Jesús han combatido y derrotado el mal que se apodera de la existencia humana. La lucha contra el ‘demonio’ no es sólo un ritual de exorcismo. Es un fiero combate contra todas las prácticas, ideologías y falsos valores que esclavizan a los seres humanos y los convierten en amenazas para los demás. Desde el potentado que utiliza su enorme poder para aplastar y explotar al pobre, hasta el homicida furioso que destruye la vida por el placer de la muerte, todos pueden ser cuestionados por el evangelio de Jesús.

La comunidad discipular se congratula por el enorme poder que adquiere con las palabras de Jesús para luchar contra el mal. Sin embargo, esa alegría no puede quedarse en un puro triunfalismo. Es necesario descubrir cómo se reescribe la historia y cómo se reconduce a la humanidad por nuevos senderos. La lucha contra el mal no termina con la extinción de las acciones perversas o con el control de los malhechores. Esta lucha debe conducir a la adopción de estilos de vida que trasciendan la inmediatez de los actos individuales o particulares, y nos conduzcan hacia cambios sociales conformes con el plan de Dios para la humanidad.