Domingo 20 de septiembre de 2009
Domingo 25º del tiempo ordinario. Ciclo B.
Andrés Kim, Pablo Chong y comps. mrs. - Amelia
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Sab 2,12.17-20: “Persigamos al
justo, que nos molesta”
Sal 53: El Señor sostiene mi vida.
Sant 3,16-4,3: “Los que procuran
la paz están sembrando paz”
Mc 9, 30-37: “Quien quiera ser el
primero, sea servidor de todos”
El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de
Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El
modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o
que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos
litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras
que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es
el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con
simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia
o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará
cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.
La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz
de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto,
nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo
de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad
económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la
ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al
resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual
pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la
sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas
que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas
esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La
codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin
regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos
sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.
En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de
formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le
entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean
capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la
enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de
las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia
Jerusalén.
Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les
impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una
estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que
estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos
burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un
ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas
insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en
condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida
religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo
el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las
propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se
revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una
alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas
adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo
doméstico e insignificante.
Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba
su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen
derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos
en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto
de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio
hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente
ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una
sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman
los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni
el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire
por los de abajo, los que no tienen derechos.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 36, «Tan pequeño como
Mingo», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su
comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200036
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap36b.mp3
Para la revisión de vida
- El afán de superación, el deseo de ser el primero, el anhelo de triunfo y
éxito en la vida… parecen, en principio, aspiraciones legítimas del ser humano;
el problema, normalmente, está en los medios que utilizamos para alcanzar esas
metas. Jesús nunca dijo que no debamos aspirar a ser los primeros, antes al
contrario: nos invita a serlo, pero nos señala el único camino humano y
humanizador para lograrlo: el amor y el servicio a la Causa del Reino, que es
también la Causa de los pobres. ¿Estoy atrapado en esa pseudomística de la
competitividad, del arribismo a cualquier precio, de la búsqueda del éxito y del
dinero a cualquier precio? Para la reunión de grupo
- Léase la primera lectura en todo lo que es el capítulo 2 del libro de la
Sabiduría, del que la lectura de hoy es sólo un mínimo extracto. Al "justo" lo
persiguen sus coetáneos, no por capricho ni por odio irracional, sino porque les
resulta incómodo y con su vida justa, simplemente con vivir como justo, echa en
cara la maldad de sus enemigos. Al emparejar esta lectura con el evangelio del
anuncio de la Pasión la liturgia está interpretando que en Jesús se cumple el
caso del justo del libro de la sabiduría: Jesús fue asesinado porque molestaba a
los poderosos, porque declaraba a Dios de parte de los pobres y evidenciaba la
injusticia de los poderosos. Jon Sobrino habla de los mártires "jesuánicos" de
estas últimas décadas en América Latina, muy distintos de los mártires de muchos
otros siglos, y muy semejantes al mártir Jesús, y al justo del libro de la
Sabiduría. Esa presencia martirial del justo, que molesta a los injustos, es tal
vez (o debería ser) permanente. ¿Se da hoy en nuestra Iglesia? ¿Molesta nuestra
Iglesia institucional a algún poderoso injusto? ¿Y nuestra comunidad local? Si
no se da esa incomodidad, ¿a qué se debe?, ¿no hay en el mundo poderosos
injustos?, ¿o no hay profecía en nuestras comunidades o en nuestra Iglesia?
Para la oración de los fieles
- Por toda la Iglesia, para que comprenda y acepte al Cristo del Evangelio y lo
anuncie sin miedos. Oremos.
- Por todos los creyentes, para que se eliminen de nosotros todas las formas de
dominio y poder sobre las personas. Oremos.
- Por todos los que queremos vivir como discípulos de Jesús, para que sepamos
aceptarlo como el que no vino a ser servido sino a servir, y sepamos imitarlo.
Oremos.
- Por cuantos nos sentamos a la mesa del Señor, para que hagamos de la
Eucaristía signo de nuestra disponibilidad para servir y dar la vida por los
pobres y los pequeños. Oremos.
- Por esta comunidad nuestra, para que brille por su afán de ser la última en
honores y poderes, y así poder ser la primera en servir a los demás. Oremos.
Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesús para mostrar al mundo "que no
todo está permitido" y para mostrarnos el sentido de la vida humana en un mundo
estructurado sobre la injusticia y el poder; enséñanos a seguir el camino de tu
Hijo Jesús, el justo perseguido, para que tu Iglesia cumpla la misión que le
diste. Por el mismo J.N.S.
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