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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 20 al 26 de Septiembre de 2009  
25ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 25º domingo del Tiempo ordinario, el 23 de Septiembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 20 de septiembre de 2009
 Domingo 25º del tiempo ordinario. Ciclo B.
 Andrés Kim, Pablo Chong y comps. mrs. - Amelia

 INICIO

Sab 2,12.17-20: “Persigamos al justo, que nos molesta”
Sal 53: El Señor sostiene mi vida.
Sant 3,16-4,3: “Los que procuran la paz están sembrando paz”
Mc 9, 30-37: “Quien quiera ser el primero, sea servidor de todos”

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire por los de abajo, los que no tienen derechos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 36, «Tan pequeño como Mingo», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200036
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap36b.mp3

Para la revisión de vida
- El afán de superación, el deseo de ser el primero, el anhelo de triunfo y éxito en la vida… parecen, en principio, aspiraciones legítimas del ser humano; el problema, normalmente, está en los medios que utilizamos para alcanzar esas metas. Jesús nunca dijo que no debamos aspirar a ser los primeros, antes al contrario: nos invita a serlo, pero nos señala el único camino humano y humanizador para lograrlo: el amor y el servicio a la Causa del Reino, que es también la Causa de los pobres. ¿Estoy atrapado en esa pseudomística de la competitividad, del arribismo a cualquier precio, de la búsqueda del éxito y del dinero a cualquier precio?

Para la reunión de grupo
- Léase la primera lectura en todo lo que es el capítulo 2 del libro de la Sabiduría, del que la lectura de hoy es sólo un mínimo extracto. Al "justo" lo persiguen sus coetáneos, no por capricho ni por odio irracional, sino porque les resulta incómodo y con su vida justa, simplemente con vivir como justo, echa en cara la maldad de sus enemigos. Al emparejar esta lectura con el evangelio del anuncio de la Pasión la liturgia está interpretando que en Jesús se cumple el caso del justo del libro de la sabiduría: Jesús fue asesinado porque molestaba a los poderosos, porque declaraba a Dios de parte de los pobres y evidenciaba la injusticia de los poderosos. Jon Sobrino habla de los mártires "jesuánicos" de estas últimas décadas en América Latina, muy distintos de los mártires de muchos otros siglos, y muy semejantes al mártir Jesús, y al justo del libro de la Sabiduría. Esa presencia martirial del justo, que molesta a los injustos, es tal vez (o debería ser) permanente. ¿Se da hoy en nuestra Iglesia? ¿Molesta nuestra Iglesia institucional a algún poderoso injusto? ¿Y nuestra comunidad local? Si no se da esa incomodidad, ¿a qué se debe?, ¿no hay en el mundo poderosos injustos?, ¿o no hay profecía en nuestras comunidades o en nuestra Iglesia?

Para la oración de los fieles
- Por toda la Iglesia, para que comprenda y acepte al Cristo del Evangelio y lo anuncie sin miedos. Oremos.
- Por todos los creyentes, para que se eliminen de nosotros todas las formas de dominio y poder sobre las personas. Oremos.
- Por todos los que queremos vivir como discípulos de Jesús, para que sepamos aceptarlo como el que no vino a ser servido sino a servir, y sepamos imitarlo. Oremos.
- Por cuantos nos sentamos a la mesa del Señor, para que hagamos de la Eucaristía signo de nuestra disponibilidad para servir y dar la vida por los pobres y los pequeños. Oremos.
- Por esta comunidad nuestra, para que brille por su afán de ser la última en honores y poderes, y así poder ser la primera en servir a los demás. Oremos.

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesús para mostrar al mundo "que no todo está permitido" y para mostrarnos el sentido de la vida humana en un mundo estructurado sobre la injusticia y el poder; enséñanos a seguir el camino de tu Hijo Jesús, el justo perseguido, para que tu Iglesia cumpla la misión que le diste. Por el mismo J.N.S.



 Lunes 21 de septiembre de 2009
 Mateo, apóstol y evangelista

 INICIO
Ef 4,1-7.11-13: “El ha constituido a unos, apóstoles”
Sal 18: A toda la tierra alcanza su pregón.
Mt 9,9-13: “Le dijo: Sígueme. El se levantó y le siguió”

Cuando Leví se hizo apóstol, Jesús le cambió el nombre por Mateo, lo mismo que había hecho con Simón, a quien llamó Pedro. Mateo era un publicano o recaudador de impuestos, al servicio de Herodes Antipas y del imperio romano. Los maestros de la Ley incluían a los publicanos en la misma categoría que a los asesinos, los ladrones y los impuros. Esto los excluía de la vida social y religiosa en Israel. Una cena compartida con publicanos y pecadores es motivo de controversia entre los fariseos y los discípulos de Jesús. Los judíos tenían muy organizado el detalle de los alimentos que se podían comer, los lugares y las personas con quienes se podía compartir. Esto permitía definir quiénes pertenecían al grupo y quiénes no. Los publicanos estaban excluidos. Jesús rompe con esta lógica excluyente, porque su lógica es la misericordia y la inclusión de los excluidos. Y refuerza su opción evocando al profeta Oseas: “Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios más que holocaustos” (Os 6,6). El discipulado de Mateo es fruto de la misericordia de Jesús; por esto, a los discípulos de todos los tiempos los definen la misericordia y la cercanía con los excluidos.


 Martes 22 de septiembre de 2009
 Mauricio y comps. mrs.

 INICIO
Esd 6,7-8.12b.14-20: Gracias a Darío se reconstruyó el Templo
Sal 121: Vamos alegres a la casa del Señor.
Lc 8,19-21: “Le avisaron: tu madre y hermanos quieren verte”

Para María no fue fácil entender que además de Madre debía dar el paso para convertirse en discípula de su Hijo. Sin embargo, ya en las bodas de Caná Juan nos comparte esta doble dimensión cuando la Madre de Jesús les dice a los sirvientes: “hagan lo que él les diga” (Jn 2,5). La familia es esencial en la vida del discípulo, pero llega el momento en que hay que tomar prudente distancia de ella, máxime cuando se torna manipuladora. Para Jesús, más importantes que las relaciones de la carne o de la sangre son las relaciones que se establecen en torno a su vida y su proyecto de reino. Aprovecha, pues, la presencia de su familia para responder a una pregunta que nos hacemos los cristianos de todos los tiempos: ¿en qué consiste hacer la voluntad de Dios? La respuesta de Jesús es clara y contundente: hacer la voluntad de Dios significa escuchar su Palabra y ponerla en práctica. Los que hacen esto son su verdadera familia. Por cierto, María ya había hecho su parte cuando, sin dudarlo, respondió al ángel: “yo soy la sirvienta del Señor; que se cumpla en mí tu Palabra” (Lc 1,38).


 Miércoles 23 de septiembre de 2009
 Pío de Pietrelcina - Lino

 INICIO
Esd 9,5-9: “Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud”
Interleccional, Tob 13,2-8: “Bendito sea Dios, que vive eternamente”
Lc 9,1-6: “Los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar”

El poder y autoridad que otorga Jesús tiene dos objetivos: anunciar el reino de Dios y liberar a la gente del mal y las enfermedades. El reino se concreta en acciones de misericordia y liberación. El anuncio de la Palabra no puede estar desligado de la realidad del ser humano. Esto significa que la evangelización no es una tarea sólo de corte “espiritualista”; ella debe implicar la integridad del ser humano, incluyendo especialmente aquellos cuerpos dolidos por la marginación. La evangelización es también una actividad marcada por la libertad de las ataduras económicas. Jesús propone a sus discípulos no llevar elementos materiales, sino sólo la Palabra en su boca, la misericordia en el corazón y la calidez en sus manos, para estar siempre dispuestos a abrazar la hospitalidad que ofrece la gente. La misión es siempre una actividad de diálogo y de doble vía, donde el misionero da lo mejor de sí y está dispuesto a escuchar, recibir e integrar a su proyecto misionero la realidad de cada comunidad. Recordemos que para la misión existe un proyecto común, que es el de Jesús, pero con formatos diversos que se adaptan a cada comunidad de acuerdo a su cultura y sus necesidades.



 Jueves 24 de septiembre de 2009
 María de la Merced

 INICIO
Ag 1,1-8: “Construyan el Templo para mostrar mi gloria”
Sal 149: El Señor ama a su pueblo.
Lc 9,7-9: Herodes deseaba ver a Jesús

El desconcierto de Herodes Antipas ante la misteriosa figura de Jesús de Nazaret nos prepara para la pregunta crucial que éste hará a sus discípulos en el relato de la confesión de Pedro: “¿quién dice la gente que soy yo?” (Lc 9,18). Ciertamente, la identidad de Jesús no estaba clara para nadie. Unos pensaban que se trataba de Juan el Bautista resucitado, noticia que debía causar terror en Herodes, sabiendo que él mismo lo había mandado decapitar por cuestionar su concubinato con Herodías, la mujer de su hermano. Para otros, Jesús representa lo mejor de la tradición profética, especialmente la figura de Elías. Herodes no parece arrepentido de lo que hizo; más bien está preocupado de que tal misterioso personaje, al igual que los profetas y que Juan, le cante la verdad, o lo que es lo mismo, se convierta en la conciencia crítica de su gobierno y del sistema político, económico y religioso imperante en Israel y en Roma. Para Herodes, y en general para los que tienen hoy el poder de dominio en el mundo, la verdad es un enemigo temible; en cambio, para los cristianos la verdad es una opción de vida y de libertad.


 Vienes 25 de septiembre de 2009
 Aurelia

 INICIO
Ag 2,15b-2,9: “Llenaré de gloria este templo”
Sal 42: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío."  
Lc 9,18-22: “Tú eres el Mesías de Dios”

El ambiente que rodea el evangelio de hoy es la oración de Jesús a solas, aunque “a solas” es nada más una forma de decir, porque Dios siempre está presente. La manera como Jesús vivía, recorría los pueblos, predicaba, sanaba a los enfermos, se relacionaba con publicanos y pecadoras… había suscitado entre el pueblo más interrogantes que certezas. La gente lo identificaba con personajes del Antiguo Testamento y no con la novedad del reino de Dios. Jesús entonces devuelve la pregunta a sus discípulos: “y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro lo identifica como el Mesías de Dios. De seguro en su mente estaba la idea, originada también en el Antiguo Testamento, de un Mesías nacionalista que encabezaría una rebelión militar contra Roma para restaurar el reino de David. El mesianismo de Jesús, por el contrario, es universal; su arma más poderosa es la Palabra; sus destinatarios preferentes son los pobres y excluidos; su objetivo es el anuncio de un reino que “no es de este mundo” (Jn 18,36); su metodología apunta a trabajar la conciencia de las personas para lograr los cambios sociales que conduzcan a un mundo nuevo, y por fidelidad al proyecto del Padre y amor a la humanidad no rehúye ni el sufrimiento ni la muerte. Nuestra misión es continuar la obra de construcción de ese reino, fieles a los objetivos y métodos del Maestro. ¿Actuamos realmente en esa forma?


 Sábado 26 de septiembre de 2009
 Cosme y Damíán

 INICIO
Zac 2,5-9.14-15a: “Yo vengo a habitar dentro de ti”
Interleccional Jer 31,10-13: “El Señor nos guardará como pastor a su rebaño”
Lc 9,43b-45: “El Hijo del Hombre va a ser entregado”

La actitud que asumen los discípulos frente al segundo anuncio de la Pasión se resume en incomprensión y miedo. No comprenden las palabras de Jesús, porque perciben su persona como una opción de poder nacionalista y militar capaz de aniquilar a los enemigos de Israel, y no como una opción de poder desde el amor, la conciencia crítica y el compromiso con los más débiles. Hay que reconocer que para los discípulos era difícil entender el significado de la cruz sin haber vivido todavía el acontecimiento de la Resurrección. Además, tenían miedo de preguntarle. ¿Miedo a qué? Tal vez a tener que asumir el mismo camino del Maestro. Recordemos que en el relato de la Transfiguración Pedro le propone a Jesús quedarse a vivir en la montaña, para evitar así el viaje a Jerusalén, lugar de la Pasión. La incomprensión y el miedo hacen que muchos cristianos se acuerden de Jesús sólo en los momentos de las urgencias personales, pero se olviden y alejen en la abundancia o cuando son convocados a unir esfuerzos cristianos frente a los falsos profetas que manipulan a la gente con la ilusión del poder, el dinero fácil, la intolerancia, la violencia, la corrupción, la indiferencia…