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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 6 al 12 de Septiembre de 2009  
23ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 23º domingo del Tiempo ordinario, el 9 de Septiembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 6 de septiembre de 2009
 Domingo 23º del tiempo ordinario. Ciclo B.
 Zacarías - Eva

 INICIO

Is 35, 4-7a:  “Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará”
Sal 145:  Alaba, alma mía, al Señor
St 2. 1-5 : ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?
Mc 7, 31-37ita: “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

El profeta Isaías es el profeta de la consolación. El pueblo en medio del dolor que ha generado el destierro, necesita de una voz de aliento y esperanza, por eso el profeta los invita a tener valor a que «no tengan miedo», es necesario confiar en Dios pues él va a salvar a su pueblo de la esclavitud.

El profeta evoca con sus palabras el recuerdo de la tierra de Palestina con sus riquezas naturales, torrentes y manantiales, una tierra fértil y espaciosa, un paraíso o una tierra prometida, que les espera después del exilio, a la que regresarán como en un nuevo éxodo. En esta tierra se volverán a instaurar y reconstruirán el Templo, la ciudad y la historia. Y vivirán en plenitud, llenos de vida y salud, con sus órganos de los sentidos completos, capaces de percibir lo que está pasando a su alrededor. En las mismas palabras del profeta, se puede descubrir la fuerza de Dios, que busca reanimar a los abatidos y transformar la tierra devastada. El profeta anuncia tantos bienes que parece la llegada de los tiempos mesiánicos.

La carta de Santiago es un reclamo fuerte a la fraternidad. El que hace distinción de personas en la asamblea, es decir, en la celebración litúrgica, no puede ser cristiano. Santiago en su carta nos habla de diferencias y desigualdades en el interior de la misma comunidad, paradójicamente donde se tendría que construir otro modelo que prefigure la relación que los seres humanos deben construir en la vida social. En una palabra: la fraternidad, como fruto del mandamiento del amor, empieza en la misma celebración litúrgica y se debe hacer realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

Cada vez que el cristiano celebra la eucaristía debe asumir el compromiso del amor real, un amor que se hace efectivo en las obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización. Ésta es una tarea que tenemos que asumir para hacer de la celebración cristiana un espacio de vida abundante y de experiencia profunda de amor.

El evangelio de hoy nos dice que los paganos también fueron destinatarios del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Que saliendo Jesús de nuevo de la región de Tiro se dirigió por Sidón hacia el mar de Galilea, por en medio de los límites de la Decápolis, todo en territorio pagano. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Es una de las poquísimas veces que vemos a Jesús fuera de su país; si creemos a los evangelios, Jesús, prácticamente, no viajó al extranjero. Es importante señalar que en aquel entonces, ir al «extranjero» es también ir al «mundo de los paganos»... no como hoy. En este fragmento del evangelio de Marcos observamos a Jesús pues en medio de gente de otra religión… Puede ser muy significativo para nosotros el comportamiento que tenga hacia esas personas que no creen en el Dios de Abraham que cree Jesús...

En efecto. Vemos en primer lugar cómo Jesús no está entre los gentiles o paganos con una actitud «apostólica», no lo vemos preocupado por catequizarles. Tampoco parece preocupado por hacer entre ellos proselitismo religioso: no trata de convertir a nadie a su religión, a la fe israelítica en el Dios de Abraham. Y tampoco vemos que Jesús aproveche su paso para «impartir la doctrina», «enseñar y divulgar las santas máximas de su religión». Más aún: observemos que ni siquiera predica, no da discursos religiosos. Más bien, simplemente «cura». Es decir: no teoría, sino práctica. Hechos, no dichos.

No podemos decir que Jesús pase por el territorio pagano con indiferencia, o con los ojos cerrados, como si no tuviera nada que hacer allí… Más bien diríamos que lo que considera es que no tiene mucho que decir. No lo vemos discurseando, ni dando su «servicio de la palabra», sino curando y sanando. No habla del Reino (lo que es su «profesión» y hasta su «obsesión» dentro de los límites de Israel); fuera de su territorio religioso calla sobre el Reino y «hace Reino». O como dice la gente al verle: «hace el bien», no habla sobre el bien. (Y ya sabemos que «ubi bonum, ibi Regnum», «donde se hace el bien, allí está el Reinado de Dios», una fórmula que nos hace caer en la cuenta de una cierta tautología que se da entre «bien» y «Reino»; ya lo decía la antífona-canto del salmo 71: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor...»).

Bien mirado, aunque Jesús no predica en esa región pagana, sí «ev-angeliza», en el sentido más exacto de la palabra: da la «buena noticia» («eu-angelo»). No «informa sobre ella», no trata de trasmitir «conocimientos salvíficos», ni siquiera de «poner signos» o de simplemente «anunciar-decir», sino de «hacer presente», de «poner ahí», de construir esos «hechos y prácticas» que son, por sí mismos, la «buena noticia». «Evangelización práctica», pues, sin teorías, ni palabras. (No estamos despreciando la teoría, la doctrina, la teología, la palabra... ni creemos que para Jesús tuviera importancia...; lo que estamos queriendo decir -fijándonos en Él- es que también para nosotros, como para Él, el puesto de estas dimensiones «teóricas» es el segundo; el primer puesto es para la Vida, para la acción, para la práctica del bien que identifica el Reino, no para la palabra que lo anuncia. Lo último que en definitiva perseguimos, es la práctica, los hechos, la realidad; la teoría, la palabra, la concienciación... forman parte de la realidad, pero como instrumentos para su consecución plena).

Excelente lección para nuestros tiempos de pluralismo religioso y de diálogo interreligioso. Tal vez nuestro histórico celo apostólico y misionero por la «conversión de los infieles», por la «llamada de los gentiles a la fe cristiana», por la «cristianización de las naciones de otra religión», o por «la expansión de la Iglesia» o su «implantación en otras áreas geográficas»... debieran mirar a Jesús y tomar nota de su peculiar conducta misionera. Tal vez hoy necesitaríamos, como Jesús, callar más y simplemente actuar. Es decir, dialogar interreligiosamente comenzando –como se suele decir técnicamente- con el «diálogo de vida»: juntarnos con los «otros» y conjugar nuestros esfuerzos en la construcción de la Vida (en la construcción del bien –«¡ibi Regnum!»-). Porque si logramos estar unidos en la construcción del «Reinado de Dios» (no importa el nombre con que se designe, claro está), estaremos de hecho unidos en la adoración (práctica) del Dios del Reino. La doctrina, el dogma, la teología... vendrán después. Y caerán por su propio peso, como fruta madura, cuando el diálogo ya sea una realidad palpable en la práctica de la vida diaria.

«Todo lo hizo bien, hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos»; este versículo 37 tal vez sea una mala traducción, o una derivación de la exclamación que, más probablemente, brotó a los observadores de la conducta de Jesús: «Ha hecho todo el bien [que ha podido], hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos». O sea, sí que predicó Jesús a los gentiles, pero con «el lenguaje de los hechos», y no pidiendo una conversión “mental” a su religión, o a una nueva Iglesia que él no estaba pensando fundar, sino compartiendo con ellos su «conversión al Reino». Jesús no trataba de convertir a nadie a una nueva religión, sino de convertir a todos al Reino, dejando a cada uno en la religión en la que estaba. La conversión importante no es hacia una (u otra) religión, sino hacia el Reino, sea en la religión que sea.

La misión del misionero cristiano se inspira en Jesús. El misionero -todos nosotros, en determinadas circunstancias- no debe buscar la conversión de los «gentiles» a la Iglesia, como su primer objetivo, sino su conversión al Reino (sea cual sea el nombre con el que lo llame). Y esa conversión, claro está, no es de diálogo teórico, ni de predicación doctrinal solo... sino de «diálogo de vida» y de construcción del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 065, «Los perros extranjeros», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300065
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap65b.mp3

Para la revisión de vida
- «Todo lo hizo bien», o «Hizo todo el bien que pudo». Sea cual sea el sentido original de la expresión que Marcos pone en boca de la gente que observaba a Jesús, en todo caso es un buen lema, una expresión que puede simbolizar adecuadamente nuestro mejor ideal. ¿Estoy a su altura?

Para la reunión de grupo
- Antes del Concilio Vaticano II en no pocos lugares la Iglesia tenía bodas, misas y entierros... «de primera, de segunda y de tercera», con una mayor o menor ornamentación del templo, incluso más o menos oficiantes... según los diferentes honorarios que por tales ceremonias se abonaba. También, en los países de nacionalcatolicismo, las autoridades tenían un lugar destacado reservado para ellas. Hoy todo ello se suprimió, afortunadamente. ¿Se superó en la Iglesia la acepción de personas, la preferencia por los ricos y el desprecio a los pobres de las que nos habla la carta de Santiago? ¿En qué formas nuevas, o antiguas, puede hoy la Iglesia tener "acepción de personas en favor de los ricos?
- El profeta Isaías presenta a Dios como el que viene a despegar los ojos del ciego y abrir los oídos del sordo, el que hará saltar de alegría al cojo y cantar al mudo. Y con la asociación de la primera lectura de hoy con la tercera, la liturgia nos quiere decir que Jesús cumple y plenifica lo que los profetas del AT soñaron como enviado de Dios. Veinte siglos después, con una medicina totalmente diferente y tecnificada, la mayor parte de nosotros no cree en "curaciones" físicas milagrosas (sin desconocer una gran parte de cristianos, carismáticos sobre todo, que sí aciertan a creer en curaciones físicas por obra religiosa). Pero para los que tenemos una mente más "realista", o secularizada o científica... ¿qué relectura podemos hacer del anuncio del profeta y de la taumaturgia de Jesús? ¿Qué significa HOY para nosotros que Jesús desata la boca de un mudo?
- San Francisco Javier fue a las Indias Orientales para entregar su vida a la conversión de los gentiles, desde el convencimiento de que si no conocían el mensaje del evangelio no podían salvarse. Tal convicción ha permanecido firme en grandes sectores cristianos hasta los años 60 del siglo pasado. La actividad misionera que sobre ese supuesto se generaba tenía unas motivaciones y una espiritualidad que hoy son insostenibles. Las «misiones» siguen teniendo sentido, pero ya no tienen aquel sentido que tuvieron. Un tipo de misión ha muerto y tiene que seguir muriendo, mientras otro tipo de misión sigue teniendo sentido. Tratemos de describir fundamentadamente esos dos tipos de «misión».

Para la oración de los fieles
- Para que toda la Iglesia dé testimonio vivo del mensaje liberador de Jesús. Oremos.
- Para que todos los cristianos mantengamos siempre nuestro oído abierto a las llamadas de Dios. Oremos.
- Para todas las personas que sufren por cualquier causa encuentren junto a sí a personas dispuestas a acompañarlas y ayudarlas. Oremos.
- Para que desaparezcan todas las distinciones por causa de la categoría o el prestigio social, entre las personas. Oremos.
- Para que nuestra comunidad haga cada día más posible y real la presencia del Reino entre nosotros. Oremos.
- «Donde se hace el Bien, allí se hace el Reino»: para que tengamos una visión amplia y macroecuménica del mundo y de las religiones de la tierra. Oremos

Oración comunitaria
Oh Dios de todos los nombres y de todos los Pueblos. En nuestro hermano Jesús nosotros vemos un símbolo claro de lo que quieres de nosotros respecto a las demás religiones: una actitud de respeto hacia sus valores y expresiones, y un compartir con ellas la búsqueda de del Reino de Dios y su Justicia. Lo demás lo esperamos por añadidura. Te expresamos nuestro deseo de hacer nuestras estas actitudes de Jesús. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú nos has hecho hijos tuyos para que nosotros, conscientes de que todos somos hermanos, vivamos preocupándonos de atender los unos las necesidades de los otros; ayúdanos para que sepamos vivir como Tú esperas de nosotros, y que nunca caigamos en la trampa y en el pecado de tener acepción de personas en base a los criterios económicos, culturales, raciales o de género. Por J.N.S.



 Lunes 7 de septiembre de 2009
 Regina

 INICIO
Col 1, 24-2,3: Dios me ha nombrado ministro de la Iglesia
Sal 61: De Dios viene mi salvación y mi gloria.
Lc 6,6-11: “Lo espiaban para ver si sanaba en sábado”

La oración de Jesús en la sinagoga no está separada de la realidad que lo rodea. Oración y acción son inseparables en la vida cristiana. ¿Qué hacer frente a la prohibición de curar en sábado y ante el clamor silencioso de un ser humano que por su enfermedad está como muerto para la sociedad? Para los que no han descubierto la novedad del reino anunciado por Jesús, la respuesta es simple: cuidar la Ley o el orden establecido, aun sabiendo que atenta contra la vida y la dignidad del ser humano. Para Jesús, a pesar de saberse perseguido, su opción por el pobre está definida; por esto, delante de todos los presentes le dice al hombre de la mano seca que se levante y se ponga en el centro. El que estaba aplastado por la ley y arrinconado por la sociedad, está ahora de pie y en el centro. El pobre está siempre en el corazón de Dios. La opción por los pobres es para Jesús una opción por la vida, en clara oposición a la opción por la muerte de sus opositores. Mientras la mano atrofiada ha vuelto a la vida, los letrados y fariseos buscan desesperados la muerte del Dios de la Vida.



 Martes 8 de septiembre de 2009
 Natividad de María – María de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

 INICIO
Miq  5,1-4a: “De ti, Belén de Efrata, sacaré al jefe de Israel”
Sal 12: Desbordo de gozo con el Señor.
Mt 1,1-16.18-23: “La virgen dará a luz a un hijo”

Conocer los antepasados de cada persona era de suma importancia en la cultura judía. En esta perspectiva, Mateo utiliza la genealogía para explicar el origen de Jesús y la importancia de sus antepasados, entre los que se cuentan Abrahán y David. Hoy, cuando celebramos la Natividad de María, cabe destacar en esta genealogía la presencia de Tamar, Rajab, Rut y la mujer de Urías, cuatro mujeres extranjeras y por tanta paganas, que ponen sus vientres, a veces en forma extraña, para que la salvación siga su curso en la historia. La lógica de la humanidad no siempre coincide con la lógica de Dios. Dentro de la lógica de los que tienen el poder de dominio en la historia, Jesús debió nacer de una reina, en un palacio y en Jerusalén, la capital del país. Sin embargo, nacerá en un establo entre animales, de una mujer campesina que vive en una casa sencilla en Nazaret, una ciudad de poca importancia en la Galilea de los gentiles. María, la pobre de Nazaret sin dudas ni ambiciones, también pondrá su vientre al servicio de Dios para enriquecer a la humanidad con el maravilloso fruto de la salvación. El nacimiento de María es la fiesta de la maternidad generosa y solidaria con la vida del género humano.


 Miércoles 9 de septiembre de 2009
 Pedro Claver- Sergio

 INICIO
Col 3,1-11: “Han muerto con Cristo”
Sal 144: El Señor es bueno con todos.
Lc 6,20-26: “Felices  los pobres; ¡ay de ustedes, los ricos!”

El sermón de Lucas no será de la montaña, sino de la llanura. Las Bienaventuranzas tienen en él un carácter eminentemente social, tal como se refleja en su interés por describir situaciones concretas de pobres y ricos. Los destinatarios no pueden ser otros que los pobres, pues son éstos los que tienen hambre, los que lloran, los que son excluidos y perseguidos. “No hay que pensar que la mirada de Dios se dirija preferentemente a los pobres porque sean mejores o más justos que los ricos, sino porque Dios quiere ser misericordioso con los oprimidos o excluidos”. Desde el Éxodo Dios dejó en claro que escucha con atención el clamor de los pobres. A las bienaventuranzas de los pobres corresponden en Lucas cuatro “ayes”: a los ricos, los saciados, los que ríen y los que son alabados. La riqueza simboliza en la pluma lucana a los que están alejados de Dios por una riqueza adquirida con injusticia. En el “Magníficat” ya habíamos encontrado en labios de María una asombrosa crítica social de los ricos y plena acogida de los pobres (Lc 1,51-53). En definitiva, hay que evitar poner la vida al servicio de la riqueza, pues ésta suele resultar engañosa (Lc 12,16-20). El rostro de Jesús se ve mejor en los más débiles y necesitados.

Curiosa coincidencia, el que este fragmento del evangelio de Lucas, columna capital de la opción por los pobres, lo leamos en la fiesta de San Pedro Claver, jesuita, misionero, que entregó toda su vida a los pobres, concretamente a los esclavos (sin duda «los más pobres de entre los pobres» en aquel tiempo) y que sin embargo, no hizo la opción por los pobres, sino que tal vez en el fondo de su mentalidad llevaba introyectada la opción contraria, la opción que llevaba a muchos de sus coetáneos a considerar natural el «derecho» de los cristianos a esclavizar a los africanos (derecho públicamente sancionado por el Papa de Roma), el derecho de los españoles a «pacificar y someter» a los indios y a hacer producir riqueza en las Indias con el trabajo ajeno, el derecho de bautizar obligadamente a los esclavos africanos llegados a puerto americano para «salvarlos» aun al margen de su voluntad. Pedro Claver, que sintonizó muy cordialmente con el sufrimiento de los esclavos africanos y dedicó toda su vida a atenderlos con sumo amor, lo hizo siempre con un amor «asistencial», no liberador. Con una opción por los poderosos, no con una opción por los pobres.

En los últimos decenios, desde que se inició la involución eclesial posterior al Vaticano II, se nos ha querido proponer el ejemplo de quienes «optan por los más pobres de entre los pobres» que a la vez optan contra los pobres, contra los «injusticiados» de la tierra, en cuanto que optan por (y justifican a) el sistema establecido que produce esos pobres.


 

 Jueves 10 de septiembre de 2009
 Nicolás de Tolentino

 INICIO
Col 3,12-17: “El amor es lo que unifica”
Sal 150: Todo ser que alienta alabe al Señor.
Lc 6,27-38: “Sean compasivos como es compasivo su Padre”

La lógica del mundo parece no superar en la práctica el antiguo “ojo por ojo, diente por diente”, “al enemigo hay que aniquilarlo”, o “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En el Antiguo Testamento, el odio al enemigo era algo natural (Sal 34,1-8). Pero Jesús sorprende a la humanidad con otra lógica: “amen a sus enemigos”. El Dios de Jesús es ante todo el Dios de la Misericordia. El cristiano debe, por tanto, adoptar en su práctica cotidiana el comportamiento misericordioso de Dios. “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes” es la llamada “regla de oro de la caridad cristiana”. Debemos tener cuidado de no entenderla de manera mercantilista, reduciéndola a un simple negocio de reciprocidad. Hay que entenderla como un amor que no se contenta sólo con evitar el mal, sino que se compromete a hacer el bien a los demás, quienesquiera que ellos sean. Frente a los conflictos ensayemos una actitud misericordiosa, y nos sorprenderemos de su capacidad de desarmar a los enemigos y calmar su agresividad.


 Viernes 11 de septiembre de 2009
 María de Coromoto
 Orlando - Rolando

 INICIO
1Tim 1,1-2.12-1: “Dios tuvo compasión de mí”
Sal 15: Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.
Lc 6,39-42:  ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?

Los primeros dos versículos de este texto son una advertencia frente a los falsos maestros que guían como ciegos a familias, comunidades o naciones, porque el egoísmo o la codicia no les permiten ver la luz del reino de Dios, que es verdad, justicia y fraternidad. Por desgracia, muchos ciegos dirigen hoy el mundo. Necesitamos maestros, dirigentes o gobernantes que, como nos dice el libro del Éxodo, sean hombres o mujeres “inteligentes, temerosos de Dios, veraces e incorruptibles” (Éx 18,21). En los versículos 41 y 42 no hay intención de suprimir la corrección fraterna, tan necesaria para superar con madurez los conflictos y fortalecer los lazos familiares, comunitarios y sociales. La corrección fraterna es un ejercicio práctico de caridad cristiana. Sin embargo, Jesús nos propone que toda corrección fraterna esté precedida de una revisión y corrección de nuestras propias debilidades (la viga), antes de corregir las debilidades del hermano (la pelusa). La enseñanza es clara: sólo tienen valor efectivo el mensaje, propuesta o corrección que vienen respaldados por la vida y testimonio de quien habla. Perdamos el miedo de decirle al otro, con caridad cristiana, sus fortalezas y sus debilidades; pero, sobre todo, perdamos el miedo de hacerlas ver a nosotros mismos.


 Sábado 12 de septiembre de 2009
 Sto. nombre de María - Guido

 INICIO
1Tim 1,15-17: “Vino al mundo para salvar a los pecadores”
Sal 112: Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Lc 6,43-49: “De la abundancia del corazón habla la boca”

Jesús propone lograr un equilibrio entre lo íntimo de la persona, que el evangelio llama corazón, y el comportamiento externo. Los frutos, por más hermosos que se vean, si provienen de un árbol enfermo son mera apariencia y fraude. Lo primero que hay que cuidar entonces es el árbol o el corazón, nuestro mayor tesoro, para que de él broten obras que reflejen el amor de Dios y el compromiso por una nueva y mejor sociedad. Vivir con sinceridad de corazón el proyecto de Jesús haría del mundo una casa más humana y fraterna. La coherencia entre fe y vida es un imperativo de madurez cristiana. Lucas termina el sermón de la llanura con una parábola cuyo mensaje es claro: las palabras de Jesús son para ponerlas en práctica. El verdadero discípulo es el que escucha y pone en práctica la Palabra de Dios, hasta el punto que los caudales o los huracanes de los problemas, las decepciones, las calumnias, las persecuciones… no logran socavar sus convicciones ni frenar sus acciones. De nada vale decir “¡Señor, Señor!” si no lo experimentamos en nuestros corazones ni lo practicamos en nuestra vida cotidiana. Que somos cristianos, pues, ¡que se nos note!