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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 9 al 15 de Agosto de 2009 
19ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 19º domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B el 12 de Agosto de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 9 de agosto de 2009
 19ª semana de tiempo ordinario. Ciclo B.
 Justo y Pastor

 INICIO

1Re 19,4-8: “Elías caminó hasta el monte de Dios”
Sal 33, 2-9: “Tu pan, Señor, sostiene a los pobres en el camino”
Ef 4,30-5,2: “Vivan en el amor, como Cristo”
Jn 6,41-51: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo"

La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10).

El evangelio de este domingo no está dramatizado por la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil. Pero puede echarse mano de cualquiera de los que se refieren a la eucaristía, por ejemplo los referidos a la última cena (109, 110 y 111), que pueden ser tomados de http://www.untaljesus.net

Para la revisión de vida
- ¿Busco a Dios? ¿Vivo hambriento de sabiduría? ¿O me entretengo con alimentos que no sacian?
¿Comulgo con la esperanza cierta de que Dios quiere que todas sus criaturas tengan vida y vida en abundancia? ¿Enseño a otros esta gran noticia?

Para la reunión de grupo
- En 1Re 19,4-8, descubrir los dos momentos contrapuestos de descenso (desánimo) y de ascenso (levantarse). ¿En qué se refleja la superioridad de éste último?
- ¿Qué relación encontramos en Jn 6,45 y los textos de Is 54,13; Jer 31,33s?
- Leer e investigar más sobre la expresión «carne» en el evangelio de Juan.

Para la oración de los fieles
-Por la Iglesia, para que la celebración eucarística aumente la comunión entre los cristianos
- Por la familia cristiana: para que reconstruyan alrededor de la mesa de la comida terrena, el amor y la comunión que proclama la Iglesia alrededor de la mesa de la Eucaristía.
- Por los que participamos en esta Eucaristía: para que sepamos compartir en la vida diaria esta palabra que el Señor hoy nos ha dirigido.

Oración comunitaria
Oh Dios, Padre nuestro, Madre nuestra: te pedimos que nos comprometas a hacer crecer «el pan de vida» en todo el mundo, para que la Humanidad sea feliz y refleje tu felicidad y tu Amor. Nosotros te lo pedimos animados por Jesús, tu Hijo, nuestro Hermano.

Oh «Dios de todos los nombres», que siempre has alimentado a todos tus hijos e hijas con el pan de tu revelación y tu asistencia a todos los pueblos; te rogamos que nunca falte a la Humanidad la acción de tu Espíritu en todos los rincones del mundo, para que en todas las lenguas y bajo todos los nombres podamos sentirnos unidos a Ti y movidos por tu amor. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos.

 

 Lunes 10 agosto de 2009
 Lorenzo

 INICIO
2Cor 9,6-10: “Dios hará crecer la cosecha de su limosna”
Sal 111
Jn 12,24-26: “Si el grano muere, da mucho fruto”

Las lecturas que meditamos hoy con ocasión de la festividad del mártir Lorenzo insisten en la generosidad y en el servicio, atributos que se subrayan en la vida del gran mártir. Hoy entendemos que el asistencialismo (el simple socorrer al prójimo en sus necesidades más urgentes) no trajo ni traerá por sí solo mucho de bueno. Deteniéndonos a pensar en lo que haría Jesús, vemos que el asistencialismo lo primordial que ha logrado es el aumento de la mendicidad, la dependencia, la completa pérdida de la dignidad humana, la formación de una masa de “discapacitados” mentales que sólo sirven para tranquilizar nuestra conciencia cuando les damos una limosna, cuando se les calma el hambre de un día y basta

De acuerdo con el proyecto de la justicia querido por Dios y practicado por Jesús, la cuestión no se soluciona meramente con asistencias y donaciones. Las relaciones de justicia se logran a punta de luchar por terminar con las estructuras que generan el empobrecimiento; decretando, exigiendo y poniendo todo nuestro empeño en la realización del “jubileo, el año de gracia del Señor”, la remisión de las deudas, la recuperación de los bienes perdidos, la generación de equidad para todos. Aquí se juega el papel profético de la Iglesia y de cada cristiano en particular. Este profetismo lo que hace es mirar el presente y tratar de deducir lo que pueda devenir para el futuro. El servicio al Señor es el servicio a la humanidad, y viceversa.


 Martes 11 agosto de 2009
 Clara de Asís

 INICIO
Dt 31,1-8: “Sé fuerte y valiente”
Interleccional Dt 32,3-12: “La porción del Señor fue su pueblo”
Mt 18,1-5.10.12-14: “Deben hacerse como los niños”

Hacerse como niños es estar dispuestos a humillarnos, a auto-imponernos un límite, evitando todo tipo de arrogancia. El más grande en el reino de Dios es quien se humille como un niño. Las enseñanzas de este discurso vienen ilustradas luego con una parábola: el pastor que sale a buscar la oveja perdida. Quizás en nuestras comunidades actuales vivamos una experiencia distinta de las primitivas en cuanto a la cantidad de personas. En las comunidades primitivas, como en las iglesias minoritarias actuales, las dificultades y problemas de los individuos, lo mismo que las deserciones, sí eran notables, Algunos dirigentes tenían quizás la delicadeza de ir a buscar a los alejados para convencerlos de regresar al seno de la comunidad; pero tal vez otros, no. La parábola, entonces, centra la atención en el individuo que se ha alejado, reflejando así el valor de la persona como tal y dejando en claro que cada uno tiene una gran importancia y valor propio delante del Padre. Nos invita a mantener una preocupación constante por quienes se alejan; a que ante una deserción no incurramos en lo de siempre: “le faltó perseverancia; se desanimó…” Habría que examinar si las ausencias están motivadas porque ya no es tan atractiva nuestra manera de vivir el Evangelio, o si nuestro testimonio de vida contradice lo que predicamos.



 Miércoles 12 agosto de 2009
 Laura -Julián

 INICIO
Dt 34,1-12: “Ya no surgió otro profeta como él”
Sal 65: Bendito sea Dios, que me ha devuelto la vida.
Mt 18,15-20: “Yo estoy allí, en medio de ellos”

En este pasaje evangélico se nos muestra una realidad que sucede a diario en nuestras iglesias y en la vida en general. La dificultad que resulta de la relación entre seres humanos es algo a lo que no podemos escapar. Entablar relación con otra persona implica que son dos mentes distintas las que se encuentran, y de eso resulta muchas veces un choque de mentalidades que caen en el conflicto. Pero el problema no es el conflicto “en sí”, porque somos seres en conflicto permanente. Lo importante aquí, y lo resalta el evangelio de este día, es cómo manejar ese conflicto. Se nos dan valiosas pautas pedagógicas que se ajustan a la realidad de toda persona. En primer lugar, reprender al hermano que se equivoca, llamarle la atención e invitarlo a cambiar de actitud. Si no presta atención, llamar a uno o dos testigos, para que también le reprendan. Si no es posible conseguir la conversión, invitar a la comunidad (iglesia) para que también interceda ante ese hermano confundido. Y si tampoco resulta el cambio, tratarlo como un pagano, es decir, considerarlo como una persona que no ama la comunión eclesial y, por lo tanto, no quiere el cambio para su propio bien y el de la comunidad. Evitemos caer sin mayor reflexión en este tipo de actitud negativa, que puede perjudicar a la comunidad eclesial a la que pertenecemos, y busquemos siempre el bien común.


 Jueves 13 agosto de 2009
 Hipólito – Víctor
 Btos. Mártires Claretianos de Barbastro

 INICIO
Jos 3,7-10a.11.13-17: “Te engrandeceré ante Israel”
Sal 113ª: Aleluya.
Mt 18,21-19,1: “Deben perdonar hasta setenta veces siete”

Suele preocuparnos si Dios perdonará nuestras faltas, pero no si estamos dispuestos a perdonar a los demás. Perdonar no significa ignorar o pasar por alto las ofensas. El perdón sincero implíca el compromiso de superar los efectos de la ofensa. Hay quienes afirman “yo perdono, pero no olvido”. Y llevan adentro la espina del odio y el resentimiento, porque se vieron “obligados” a perdonar, pero no dejan de “rumiar” la ofensa. El perdón no exige necesariamente el olvido, máxime cuando la ofensa deja huellas profundas en el ofendido. No es que haya que luchar por olvidar; el asunto es que una vez concedido el perdón, hay que lograr que el recuerdo de la ofensa o mala experiencia no nos cause dolor ni resentimiento; así se va logrando la sanación interior, que es, en definitiva, el efecto más bello del perdón.

Los 51 Beatos Mártires Claretianos de Barbastro, que hoy celebramos, ofrendaron sus vidas al Señor perdonando a sus asesinos, en la Revolución Española de 1936-39. En esto se resume el amor cristiano: en amar incluso a los enemigos como a sí mismo.




 Viernes 14 agosto de 2009
 Tarsicio – Alfredo – Maximiliano Kolbe

 INICIO
Jos 24,1-13: “Yo los saqué de Egipto”
Sal 135: Porque es eterna su misericordia.
Mt 19,3-12: “Hombre y mujer se hacen una sola carne”

Es ineludible hablar del matrimonio y la separación a propósito de este evangelio. Hoy ambos cónyuges están generalmente en un plano de igualdad ante la decisión de romper su vínculo matrimonial cuando la convivencia se hace imposible. Viene luego el gran desafío: reconstruir sus vidas; y muchos quieren hacerlo con el visto bueno de su Iglesia. Pero sobreviene entonces la tortura moral de un/a creyente que ha reconstruido su vida con otra persona pero se siente “excomulgado/a” de su Iglesia. ¿Qué actitud tomaría Jesús hoy? Si las leyes humanas van encontrando la forma de que las cosas funcionen sin perjudicar a nadie en cuanto a lo legal o jurídico, ¿cómo es que en materia de ley divina las personas tienen que sentirse condenadas en vida? Habrá que revaluar profundamente el “hasta que la muerte los separe”, quitándole el valor de absoluto a la muerte física de uno de los dos. Muchas cosas pueden morir en el trayecto de vida de la pareja. Cuando ya no hay confianza mutua, respeto, tolerancia, inclusive amor.., ¿qué hacer? Lo más importante es que prevalezca el valor de la persona por encima de cualquier ley. ¡Es Palabra del Señor!



 Sábado 15 agosto de 2009
 Asunción de María

 INICIO
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab: “Vi una mujer vestida del sol”
Sal 44: “De pie a tu derecha está la reina...”
1Cor 15,20-27a: “Primero Cristo como primicia”
Lc 1,39-56: “El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí”

La primera lectura nos enseña a mostrar las señales con que Dios invita a la esperanza. Aparece la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia (Cristo y los cristianos). La aparición del arca de la alianza de Dios (cf. Nm 10,33-36); 1Sam 4,6-7) señala el hoy de la presencia de Dios en medio de los seres humanos, ya derrotados el pecado y el mal (21,3). Las dos señales que aparecen en el cielo, la mujer y el dragón, deben ser interpretadas por la asamblea litúrgica en el espacio-tiempo. La mujer es el pueblo de Dios; es más, representa la asamblea del pueblo de Dios reunida ya, ahora y aquí, en la Eucaristía dominical. El dragón es el mal, que actúa insertándose en la historia humana, y sobre todo desde los centros de poder (las siete cabezas con siete diademas), para intentar destruir la unidad y la comunión de la asamblea dominical (arroja a la tierra parte de las estrellas). El poder de este mundo se opone al alumbramiento de la mujer (se opone a Cristo) y quiere destruir su fruto (los cristianos). El Cristo elevado y sentado en el Trono de Dios señala la derrota de Satanás. La Iglesia en el desierto, huye del mal y es sostenida por Dios, como Jesús. La glorificación de Cristo, una vez para siempre, es la garantía que nunca jamás nada impedirá que El sea dado a luz por la asamblea eucarística dominical en el hoy, en el espacio-tiempo, hasta su venida en la plenitud de la gloria. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por él y en él.

La segunda lectura nos presenta la afirmación central sobre la resurrección de Cristo y de los muertos: Cristo no es un cadáver que revive, sino que es le Resucitado (el vencedor de la muerte) que causa la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte (la vencedora de la vida) en su propio terreno, la ha destituido (le ha arrebatado todo su poder sobre la vida ), a fin de liberar a todos los que estaban bajo su poder. Cristo resucitado garantiza la resurrección de todos los muertos. Conviene notar el paralelismo alternado: por un ser humano, la muerte; por otro ser humano, la resurrección de los muertos; en Adán, todos murieron; en Cristo, todos vivirán. En definitiva, Pablo afirma que el don de la vida se da en la resurrección de Cristo. María, al frente de los que son de Cristo (15,23), goza de la vida de la gloria del Reino y ya celebra la destitución del único y último enemigo: la muerte.

La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.

Hoy celebramos la «asunción» gloriosa de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No lo fue la «ascensión» de Jesús; mucho menos lo es en el caso de María. Esa asunción gloriosa es una manera de hablar, que quiere decir algo, muy importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos- ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material

Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.

La fiesta de la «asunta», como la llama el pueblo cristiano en muchos lugares de América Latina, nos invita a vivir en el presente el futuro de Dios. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su humilde existencia en el que el amor misericordioso del padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión. María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se manifiesta en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.

¿Comprendemos el profundo significado de la asunción de la virgen maría? ¿Estamos dispuestos, como María, a modelar nuestra existencia de acuerdo con la propuesta del evangelio?

Para la revisión de vida
-A ejemplo de María, motivado por su Asunción, ¿respondo de inmediato a las necesidades de los demás?.
Sabiendo que mi trabajo contribuye al plan de salvación de Dios, ¿cumplo con diligencia mis obligaciones religiosas, laborales, familiares y civiles?.
¿Qué espacio tienen en mi vida los pobres y marginados?

Para la reunión de grupo
- Siempre es bueno volver a tocar el tema de la «subida al cielo». Recomendamos estudiar o volver a estudiar el luminoso texto de Leonardo BOFF sobre la ascensión de Jesús (http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm). Todo lo que allí se dice respecto a la «cosmovisión», al sentido de la «traslación» o no «al cielo», y el sentido que todo esto puede tener, sigue siendo oportuno en la fiesta que hoy celebramos. La lección teológica –en ese sentido concreto de la cosmovisión que está en juego- es la misma. Establecer además las diferencias teológicas entre «ascensión» y «asunción».
- Comparar los dos cánticos de liberación (de Ana y de María). Señalar semejanzas y diferencias. Podríamos elaborar un cántico de liberación aplicado a nuestra situación.

Para la oración de los fieles
-- Para que la Iglesia se mire en María y trabaje por los pobres, el fin del hambre en el mundo y alumbre la esperanza por su testimonio a favor de la vida.
- Para que quienes ocupan puestos de gobierno, legislan y juzgan en los tribunales, se guíen por un escrupuloso respeto a los derechos humanos.
- Para que las mujeres que sufren por su condición de mujeres sean artífices de su propia promoción.

Oración comunitaria
Padre bueno, cuya misericordia alcanza a todos los seres humanos, generación tras generación; acrecienta nuestra fe, a ejemplo de la de María, para que seamos capaces de construir con ilusión un mundo más humano, según tu proyecto.