Domingo 26 de julio de 2009
17º domingo del tiempo ordinario. Ciclo B.
Joaquín y Ana
INICIO
2Re 4,42-44: “Comieron y sobró,
como había dicho el Señor”
Sal 144: Abres tú la mano, Señor,
y nos sacias.
Ef 4,1-6: “Un Señor, una fe, un
bautismo”
Jn 6,1-15: Con las sobras llenaron
doce canastas
2Re 4, 42-44
La actividad profética de Eliseo tuvo lugar en el Reino del Norte. Eliseo es
un profeta taumaturgo, a través de sus milagros intentó conducir al pueblo a
Dios. En la liturgia de hoy se nos presenta la multiplicación de los panes.
Aunque parece que no van a alcanzar para tanta gente, sin embargo, al
repartirlos alcanza y sobra. La fuerza de este pan es más de orden espiritual:
basta un poco de pan compartido con gusto y con alegría, para sentir su fuerza y
su energía.
Ef 4, 1-6
Este texto es una exhortación a la unidad. Pablo desde la prisión suplica a
los Efesios que vivan de acuerdo con la vocación a la que han sido llamados y se
esfuercen por mantener la unidad, ya que han recibido un mismo bautismo. El
reconocimiento de la paternidad de Dios nos lleva a reconocer en los demás a
nuestros hermanos.
Una intachable conducta de vida corresponde a la vocación que han recibido
los que antes eran gentiles. La vida digna del llamamiento a la esperanza se
muestra en el hecho de que los miembros de la Iglesia guarden la unidad obrada
por el Espíritu en el único cuerpo.
Se habla de la relación con la Iglesia y en la Iglesia como comunión que los
abraza. La desintegración de la unidad es señal de desesperanza de los miembros
de la Iglesia. Presupuestos internos para la unidad son: tener en más estima a
los otros que a sí mismo, saber apreciar los dones que Dios ha dado a los demás,
pensar y sentir unánimemente… Todo esto presupone apartarse de todas las formas
de ambición. La humildad y la modestia desempeñan un gran papel donde hay
amenaza contra la unidad. La mansedumbre, la apacibilidad, la dulzura son
comportamientos con el prójimo que alejan toda clase de riñas, evitan la acritud
y el sentimiento de superioridad. La paciencia es un rasgo esencial del amor,
hace posible y salvaguarda la unidad de la paz.
El llamamiento que se hace a los que antes eran gentiles es un llamamiento
hacia los otros, a respetar el espacio interno y externo, a permitirles que sean
ellos mismos y a poderles apreciar en el amor. El Espíritu es el poder que crea
y conserva la unidad y esta unidad es la que hay que guardar.
Jn 6, 1-15
Mucha gente acudía a escuchar a Jesús. A veces venían de lejos, y era lógico
que vinieran preparados para pasar unos días. Venían atraídos por la fama de los
milagros y señales que realizaba. Jesús aprovecha el momento para dar una
lección a sus oyentes. Comienza preguntándole a Felipe que con qué comprarían
panes para dar de comer a la multitud. Felipe le dice que no bastarían
doscientos denarios. Andrés le dice que hay un muchacho que tiene cinco panes de
cebada y dos peces, pero que eso no es nada para tanta gente. Es la misma
pregunta que el criado le hace a Eliseo.
Jesús enseña que la dinámica del Reino es el arte de compartir. Quizá todo el
dinero del mundo no fuese suficiente para comprar el alimento necesario para los
que pasan hambre... El problema no se soluciona comprando, el problema se
soluciona compartiendo.
La dinámica del mundo capitalista es precisamente el dinero. Creemos que sin
dinero nada se puede hacer y tratamos de convertirlo todo en papel moneda, no
sólo los recursos naturales sino también los recursos humanos y los valores: el
amor, la amistad, el servicio, la justicia, la fraternidad, la fe, etc. En el
mundo capitalista nada se nos da gratuitamente, todo tiene su precio. Se nos ha
olvidado que la vida acontece por pura gratuidad, por puro don de Dios.
Jesús en esta multiplicación de los panes y de los peces parte de lo que la
gente tiene en el momento. El milagro no es tanto la multiplicación del
alimento, sino lo que ocurre en el interior de sus oyentes: se sintieron
interpelados por la palabra de Jesús y, dejando a un lado el egoísmo, cada cual
colocó lo poco que aún le quedaba, y se maravillaron después de que vieron que
al alimento se multiplicó y sobró. Comprendieron entonces que si el pueblo
pasaba hambre y necesidad, no era tanto por la situación de pobreza, sino por el
egoísmo de los hombres y mujeres que conformados con lo que tenían, no les
importaba que los demás pasaran necesidad. El gesto de compartir marca
profundamente la vida de la primeras comunidades que siguieron a Jesús.
Compartir el pan se convierte en un gesto que prolonga y mantiene la vida, un
gesto de pascua y de resurrección. Al partir el pan se descubre la presencia
nueva del resucitado.
Si somos hijos de un mismo Padre como reconoce Pablo en la lectura que hemos
hecho, no se entiende por qué tantos hombres y mujeres viven en extrema pobreza
mientras unos cuantos viven en abundancia y no saben qué hacer con lo que
tienen. En el mundo actual es mucho el dinero que se invierte en guerra, en
viajes extraterrestres, en tratamientos para adelgazar. Los que tienen el
capital crean condiciones cada vez más injustas y pretenden hacer más dinero,
explotando los recursos que quedan, aunque destruyan todo y acaben con las
condiciones de vida sobre la tierra. Ningún ser humano debiera morir de hambre,
pues la tierra tiene suficiente para albergarnos a todos. Los cristianos no
debemos olvidar el compartir: ésta es la clave para hacer realidad la
fraternidad, para reconocernos hijos de un mismo Padre. Cuando se comparte con
gusto y con alegría el alimento se multiplica y sobra. La multitud, al ver lo
que Jesús ha hecho, intenta llevárselo para proclamarlo rey pero Jesús huye solo
a la montaña.
También al evangelio de hoy se refiere el capítulo 57 de la serie «Un tal
Jesús», titulado «Cinco panes y dos peces», de los hnos. López Vigil. El guión y
su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300057
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap57b.mp3
Para la revisión de vida
- Dios está por encima de todas nuestras divisiones; nosotros estamos
guiados, movidos y animados por un mismo y único Espíritu. ¿Veo las diferencias
que pueda haber entre nosotros como las riquezas que el Espíritu nos da para que
construyamos juntos la unidad, o prefiero la uniformidad que mata la pluralidad
de carismas?
Moisés, en el desierto, fue incapaz de alimentar al pueblo y tuvo que recurrir a
Yahvé. Jesús, él solo es capaz de alimentar a la multitud, a cuantos tienen
hambre, de modo que “todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga una
vida imperecedera”. ¿Con qué “pan” alimento yo mi vida: el del afán de dinero, o
de fama, o de comodidad… o con el pan del servicio? Para la reunión de grupo
- - Eliseo, siervo del Señor, aprovecha el pan que le es ofrecido para que haga
un sacrificio al Señor y lo emplea para dar de comer, en época de carestía, a la
gente que busca al Señor pero que no tiene con qué alimentarse. Y es que el
profeta de Dios tiene que llevar la palabra a las gentes, pero lo primero de
todo es que las gentes tengan qué comer para estar vivas. ¿Qué es más importante
que demos a los demás: el pan de la palabra o la palabra del pan? Profundizar en
es dialéctica entre el hambre material y el hambre espiritual... ¿Se puede
establecer divisiones y contraposiciones? ¿Qué pensar, en ese sentido, del
"materialismo" de Mt 25, 31ss? Para la oración de los fieles
- Por toda la Iglesia, para que seamos capaces de alimentar a cuantos tienen
hambre y sed de justicia. Oremos.
- Por todos los gobernantes del mundo, para que en sus gestiones sea cuestión
primordial la atención a los indigentes. Oremos.
- Por todos los niños que siguen muriendo de hambre, para que su sacrificio sea
estímulo que nos una a todos en la lucha contra el hambre. Oremos.
- Por todos los cristianos, para que nunca olvidemos nuestra vocación de
animadores y propagadores de la vida, el amor, la justicia y la esperanza.
Oremos.
- Por nuestra comunidad, para que se mantenga siempre fiel al ejemplo de Jesús a
la hora de comprometerse en la lucha por resolver las necesidades de las
personas. Oremos. Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, protector de todos los que en ti confían; danos el pan de
cada día, que alimenta nuestro cuerpo para seguir esforzándonos en la
construcción de tu Reino; y danos el pan de tu palabra, que nos da luz y sentido
para nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo N.S.
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