Domingo 12 de julio de 2009
15ª semana de tiempo ordinario. Ciclo B.
Filomena - Juan Gualberto
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Am 7,12-15: “Ve y profetiza a mi
pueblo”
Sal 84: Muéstranos, Señor, tu
misericordia y danos tu salvación.
Ef 1,3-14: Nos eligió en Cristo,
antes de crear el mundo
Mc 6,7-13: “Los envió de dos en
dos”
Am 7, 12-15: Conflicto en Betel con el sacerdote Amasías
El santuario de Betel tenía también su significación política para el Reino
del Norte. Por eso el sacerdote Amasías tiene que cuidar su puesto defendiendo
los intereses del rey. Amós, en el comienzo de su misión profética, encuentra
rechazo de parte de la estructura religiosa, esto le augura problemas y
dificultades pero está dispuesto a enfrentarlos. Vive de lo que hace, su vida no
depende de su labor profética, de ahí que puede actuar con libertad tanto frente
a la estructura religiosa como a la estructura política. Yahvéh mismo le ha
pedido que vaya a profetizar a Betel, así que Amasías va a tener que escucharlo
aunque se incomode y aunque él no sea del Reino del Norte.
El papel político e «ideológico» (justificativo) que toda religión juega –en
un sentido o en otro- en el contexto sociológico en el que se mueve, es ya un
descubrimiento de la conciencia moderna que a nadie se le escapa. Ya nadie es
tan ingenuo como para pretender que su discurso o su práctica religiosa no hagan
ninguna referencia a lo social, a lo político o a lo económico. El apoliticismo
de la religión es simplemente imposible, o bien ilusorio o ingenuo. La religión
hace política de alguna manera, inevitablemente, como Jesús asumió definidamente
su postura social y política frente a la realidad de su momento. No se trata de
negar las implicaciones sociales y políticas de nuestra práctica cristiana: lo
que es necesario es que esa política sea secundum Marcum, secundum Matheum,
secundum Lucam. O sea, «según el Evangelio». Es el Evangelio mismo el que
nos obliga a hacer política. Pero no una política según los intereses del rey, o
los intereses de los poderosos, o los intereses del sistema, sino según el
interés del amor, de la fraternidad, de la justicia, de la opción por los
pobres, de la Utopía (del Reino, del «otro mundo posible» del Evangelio).
Aparte de los casos individuales locales (cada templo, cada comunidad
cristiana...) ¿qué papel ideológico-político está jugando el cristianismo
respecto al capitalismo occidental y su sistema explotador? La visión de «otros»
puede ayudarnos: el mundo musulmán, por ejemplo, mira al sistema económico
occidental como capitalista, explotador, invasor, imperialísticamente
globalizador, fuera de todo derecho internacional y del mínimo respeto a la
convivencia entre los pueblos, y como «el sistema cristiano», el de los actuales
«cruzados»... Para muchos pensadores musulmanes, el cristianismo es el sistema
religioso ideológico justificador del capitalismo mundial. El cristianismo como
conjunto hace política y economía, y no precisamente «según el Evangelio».
Por su parte, los movimientos populares emancipatorios, la izquierda mundial,
sabe que, excepto la gloriosa excepción de la teología de la liberación y sus
comunidades eclesiales y sus mártires, en la gran mayoría de los casos el
cristianismo ha «justificado» a -y se ha identificado con- la derecha, el
capital, el patriarcalismo, el «orden», el poder... como sucesor del imperio
romano, que es. Lo contrario ha sido –y sigue siendo- minoritario y excepcional
dentro del cristianismo. Veinte siglos de historia están ahí para demostrarlo.
El cristianismo como conjunto es un «santuario de Betel», en el que Amasías
tiene como punto de referencia al Rey, y Amós no es acogido en él. Amós –que no
era sacerdote, que ni siquiera era «profeta profesional»- es la personificación
de los cristianos individuales y grupos de base de corazón sencillo, que sienten
la exigencia de la Justicia de Yahvéh y denuncian la complicidad del Santuario.
Los representados aquí por Amós no son sólo los teólogos críticos, ni los
obispos proféticos, sino todos los cristianos de a pie de corazón limpio de
intereses y sensibles a las exigencias del Evangelio.
Ef 3, 1-14: El misterio que no fue dado a conocer en tiempos pasados...
Para Pablo es claro que no sólo los judíos sino también los gentiles están
ahora en Cristo y participan de la bendición de Dios que tiene lugar también en
Cristo.
La gran dificultad en el comienzo de la Iglesia fue aceptar a los gentiles.
Pablo se esfuerza en esta alabanza de bendición a Dios por mostrar que quien se
bautiza participa también de la elección, de la gracia o remisión de los pecados
y de la iniciación en el misterio de Dios. Los miembros de la Iglesia somos,
según el apóstol, los que hemos recibido la bendición: elegidos desde siempre y
antes de todas las cosas, elegidos y destinados por Cristo para la condición
santa de hijos y para que lleguemos a la plenitud de nuestro ser al
transformarnos en imágenes de su Hijo, gracias a la acción del Espíritu y al
haber sido agraciados en el Amado con el perdón de los pecados mediante la
sangre de Cristo, elegidos para que mediante la sabiduría y la prudencia que,
proceden del mismo Espíritu, penetremos en el misterio de Dios.
En el misterio de la voluntad de Dios, de su propósito y realización en
Cristo, nos hallamos incluidos también nosotros los cristianos procedentes tanto
del judaísmo como de la gentilidad, porque en él está definida nuestra esencia,
en él experimentamos el perdón de los pecados.
Pablo siente que esta realidad terrena tiene que evolucionar, que el plan de
Dios es recapitular todas las cosas en Cristo y que los cristianos no debemos
permanecer al margen de las transformaciones sociales. Hemos sido marcados por
Cristo con el Espíritu Santo para ser sensibles a la acción transformadora de
Dios, acción transformadora que tampoco es exclusiva de los cristianos. El
compromiso del cristiano es hacer que este mundo de injusticia se transforme en
una sociedad de hermanos pues se supone que entendemos cuál es la voluntad y el
plan de Dios sobre la humanidad y el cosmos. Esta tarea no es fácil, porque no
vivimos aislados de los demás y porque el mal ha sido institucionalizado por el
ser humano.
Mc 6, 7-13: Jesús envía a los doce.
Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la etapa de la
misión. Ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han visto y oído.
Jesús es consciente de que tendrán que enfrentar el mal en todas sus dimensiones
por eso les da poder para hacerlo y les da algunas recomendaciones, les indica
que es necesario un cierto estilo de pobreza, tener capacidad para acomodarse a
las circunstancias y saber que van a ser aceptados o rechazados. La proclamación
de la Buena Nueva debe hacerse en libertad, a nadie se puede obligar a
aceptarla. Jesús les está hablando desde su propia vida, les está aportando
desde su práctica pastoral.
Todos los comienzos tienen sus dificultades -así lo vemos también en la
experiencia de Amós-, pero además están llenos de esperanza y de alegría porque
se tiene la motivación de sacar a adelante un proceso. Jesús les advierte a los
discípulos cómo son las cosas, para que nada los tome por sorpresa. Sin embargo,
la experiencia para cada evangelizador será siempre diferente y a veces donde
creemos que nos va a ir bien quizá no logramos nada. Quien evangeliza debe tener
presente que es Dios quien hace que surja el fruto, pero también debe disponerse
para que el mensaje que transmita motive, inquiete y sea más creíble.
Jesús sabe lo que les espera a los Doce. Los envía de dos en dos. La compañía
es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a
las dificultades. La tarea que van a realizar es una tarea liberadora pero,
¿están capacitados para hacerla? Al final del texto se nos dice cómo los
discípulos expulsaron muchos demonios y curaron muchos enfermos. De esta forma
los Doce van adquiriendo autonomía y confianza en sí mismos, se dan cuenta de
que son capaces de hacer lo mismo que hace Jesús.
El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con
su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los
Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió. Además
Jesús cuenta con la buena voluntad de muchos hombres y mujeres que son
solidarios, que abren la puerta de su casa para compartir, de ahí que se atreva
a decirles que se queden en la casa donde entren hasta que vayan a otro lugar.
Pero también les dice que donde no los reciban ni los escuchen, al marcharse
sacudan el polvo de los pies. El gesto de sacudir los pies se hacía públicamente
y expresaba condena y separación. Este gesto lo podemos leer también como señal
de intolerancia de parte del evangelizador que no soporta que lo rechacen y que
no lo reciban. No se puede obligar al otro a que reciba la Buena Nueva, también
los demás tienen derecho a disentir, a manifestar que no están de acuerdo y el
evangelizador debe tener una actitud más tolerante y comprensiva, debe esperar
una nueva oportunidad.
Contrariamente a lo que fue la práctica de Jesús, el anuncio del Evangelio,
en la mayoría de los casos y de los tiempos, se ha impuesto a los demás, unas
veces en forma violenta empleando la fuerza del poder o de las armas, otras
veces con las leyes o con la presión social o la presión psicológica, manejando
el miedo por la amenaza de la condenación. También ejercemos una cierta
violencia cuando insistimos en la costumbre de bautizar a los niños en vez de
arriesgarnos a que sean ellos quienes elijan hacerse cristianos libremente
cuando sean adultos. Entre las grandes religiones, el cristianismo por lo menos
tiene una historia que desacredita mucho la supremacía numérica mundial de la
que está tan orgulloso. Su gran magnitud cuantitativa deja mucho que desear y
suscita muchas dudas sobre su futuro en un mundo cada vez menos susceptible de
coerción religiosa. Se adivina un futuro –que ya es presente en regiones de
vieja cristiandad- de disminución y abandono, una situación que no debería
interpretarse catastróficamente, sino como la oportunidad de recuperar la
calidad que se sacrificó a la cantidad.
Jesús dice a sus enviados que si no es recibido el mensaje, sacudan el polvo
de sus pies y se vayan, y es claro que no quiere que obliguen a nadie a aceptar
el mensaje. Es más coherente con la «política de Dios» ser menos en número -por
ser celosamente respetuosos de la libertad religiosa-, que ser más
cuantitativamente a base de bajar el nivel de la calidad evangélica de los
métodos evangelizadores.
Al evangelio de hoy se refiere el capítulo 60 de la serie «Un tal Jesús»,
titulado «De dos en dos», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario
pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300060
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap60b.mp3
Para la revisión de vida
- Jesús siempre llamó a la conversión, no entendiendo ésta cómo una cuestión
meramente moral, sino como la transformación de nuestra manera de entender y
vivir la vida; convertirse no es tanto cambiar algunas cosas que hacemos cuanto
dejar de vivir la vida sin esperanza, sin confianza en la realidad de la
presencia del Reino ya entre nosotros. ¿Cómo entiendo yo la conversión a la que
me llama Jesús? ¿De qué tengo que convertirme? Para la reunión de grupo
- Amós no fue un profeta "profesional" sino guiado realmente por Dios; por eso
proclamaba su mensaje sin miedos y sin acepción de personas; eso le llevó a
denunciar incluso a los propios sacerdotes del templo, a la religión
institucionalizada que sólo busca agradar a los poderosos y se olvida del
respeto al derecho y la justicia. ¿Pueden ser "buenas" las relaciones entre las
instituciones -incluso religiosas- y los profetas? Llegar a unas conclusiones en
el grupo y después poner ejemplos del mundo de hoy.
- A lo largo de su vida, Jesús se dedicó con insistencia y prioridad al anuncio
de Reino; el Reino fue el tema prioritario, el fundamental en su vida, su Causa,
su Utopía. Todas las demás cosas que hizo y dijo no fueron sino explicitaciones
y explicaciones acerca de ese Reino. La profecía en la Iglesia no proviene de
voces misteriosas interiores que puedan escuchar sólo algunos espíritus
exquisitos, sino de la confrontación del cristiano con la utopía del Reino.
Porque la Iglesia debe reconocer al Reino también como su Causa y lo que le da
sentido, es posible que sus miembros -individuales o en comunidad- puedan
"criticar" a la Iglesia al confrontarla con el ideal al que ella misma debe
servir. ¿Sería ése un fundamento claro de la profecía al interior de la Iglesia? Para la oración de los fieles
-Por la Iglesia, para que no caiga en la trampa de callarse ante las injusticias
por conseguir riquezas, honor, poderes o tranquilidad. Oremos.
- Por los gobiernos de los pueblos, para que estén al servicio de las personas,
buscando el bien común, especialmente el de los pobres y marginados. Oremos.
- Para que cada día haya más personas dispuestas a decir las verdades que duelen
pero ayudan. y a no dejarse comprar por los que están interesados en acallar sus
voces. Oremos.
- Para que los medios de comunicación social sean informadores veraces y no
estén al servicio de los intereses de las fuerzas dominantes. Oremos.
- Por todos nosotros, para que seamos más consecuentes con nuestra misión como
cristianos y estemos dispuestos a vivirla con todas sus consecuencias. Oremos. Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que continuamente nos llamas a anunciar a todas las
personas tu Reino, la utopía de justicia y en fraternidad que Tú nos darás;
ayúdanos a caminar por la vida anunciando a todos la Buena Noticia de tu amor
materno y paternal, y nuestra condición de hijos tuyos destinados a la Vida
plena. Te lo pedimos por Jesucristo N.S.
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