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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 5 al 11 de Julio de 2009 
14ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del domingo 14º del Tiempo ordinario, ciclo B el 8 de Julio de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 5 de julio de 2009
 14ª semana de tiempo ordinario. Ciclo B.
 Berta – Antonio Mª Zaccaría

 INICIO

Ez 2,2-5: “Son un pueblo rebelde”
Sal 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Cor 12,7b-10: “Así residirá en mí la fuerza de Cristo”
Mc 6,1-6: Jesús en la sinagoga de su pueblo

Toda la primera parte del Evangelio de Marcos, hasta la “gran crisis” (8,27-30) se suele dividir en tres partes. Cada una de ellas es comenzada por un resumen de la actividad de Jesús, y después por una referencia a los discípulos; luego, cada unidad va mostrando cómo se desencadena el conflicto que conducirá a Jesús a la cruz; de ese conflicto hablará claramente, “abiertamente”, la segunda parte (8,31 en adelante). La primera revela que la dirigencia judía no puede comprenderlo, y “fariseos y herodianos se confabularon para matarle” (3,6). En la segunda, el conflicto tiene que ver con “los suyos”, “su patria”, “su casa” (ver 3,20-21 y 6,4). La tercera ya nos preparará a su muerte, anticipada por la ejecución del Bautista. El relato que hoy comentamos es la unidad conclusiva de esta segunda parte (y se agrega el breve resumen que da comienzo a la tercera: “Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente” [6,6b]).

Si a “este” lo conocemos bien, ¿de dónde le viene la capacidad? Pero la pregunta no es para saber el origen, sino para poner en duda esa autoridad, el origen de la palabra que él pronuncia. Es una pregunta de descreimiento (falta de fe), y por eso “no puede” hacer allí milagros (el texto en griego juega de un modo muy interesante con las palabras: podría traducirse por “no podía [edúnato] hacer su poder [dúnamin]”).

Es evidente que los signos de Jesús (frecuentemente conocidos como “milagros”, pero en realidad “expresiones de poder”) manifiestan su misión, es decir, su predicación del Reino (ver Lc 11,20), y por ello están en relación directa con la fe. Jesús va por los pueblos predicando, “enseñando” (didaskein). Este verbo es interesante en Marcos ya que siempre tiene a Jesús por sujeto salvo en dos oportunidades: en una (6,30), enseñan los Doce, enviados por Jesús con autoridad (exousía), en la otra (7,7) Jesús se dirige a los fariseos como “hipócritas” y cita a Isaías (29,13) diciéndoles que honran a Dios con los labios, no con el corazón ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Sólo Jesús, el enviado de Dios, puede enseñar, o también quienes se dejan a su vez enseñar por él, los demás enseñan palabras huecas, se apartan del camino de Dios.

La lista de la parentela de Jesús revela, fundamentalmente, que es una persona conocida en su pueblo. Precisamente por ser conocido “no tiene autoridad” para hablar. Es “el carpintero” (o mejor un “trabajador manual”, téktôn), son manos para trabajar materiales sólidos, no para obrar “signos de poder”. Es “de los nuestros “ no puede “enseñar” con “sabiduría”. Por eso es motivo de escándalo, de tropiezo.

Pero el dicho de Jesús, (probablemente una palabra que se remonta al Jesús histórico) no sólo revela que no fue honrado en su “patria”, sino que él mismo lo relaciona con la suerte de los profetas. Es lo más probable que Jesús viera su ministerio como profético, y sus signos en la misma sintonía. Estamos en un tiempo sin profetas, y un profeta era esperado, por muchos, como predecesor del mesías, o de los tiempos mesiánicos. Para Marcos y Mateo especialmente, ese profeta es Juan, pero eso no quita que Jesús se manifieste con características proféticas. Jesús, como muchos, o todos los profetas, es rechazado. Su palabra no es seguida, pero eso no significa que su palabra sea hueca, o palabra de hombres. Jesús predica un Dios que se ha decidido a reinar, que quiere realizar su voluntad entre los hombres. Como los profetas, Jesús anuncia la voluntad de Dios, de un Dios que él revela como padre (abbá); como los profetas, Jesús puede hablar “en nombre de Dios” porque está en sintonía con Él; como los profetas, Jesús enseña los caminos de Dios, frecuentemente rechazados por los hombres; y como los profetas, Jesús es frecuentemente rechazado por ello, no es honrado y su vida se encamina al fracaso, y a la cruz. Pero como “más que un profeta”, ante ese fracaso, Dios todavía tiene una palabra por decir, y la dirá en la Pascua.

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la "Confesión de Pedro") se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado habitualmente "sumario"- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el Evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús produce al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, sus amigos y parientes. El "fracaso" de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la "derrota" del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del Evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el escándalo de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como lo es la comunidad de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un "Mesías crucificado" que será plenamente descubierto por el Centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el "Hijo de Dios".

Los habitantes de Nazareth no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? "Si a éste lo conocemos y conocemos a toda su parentela". La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: "con lo que ellos conocen". Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente "sabido"; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”, no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El "Dios siempre mayor" desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús "no podía hacer allí ningún milagro"; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque "nadie es profeta en su tierra". Y quizás, también nos escandalice a nosotros... ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es mucho más “espectacular” mirar un testimonio en Calcuta que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es mucho más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es mucho más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo?

Al evangelio de hoy se refiere precioso el capítulo 23 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un profeta en su casa», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1100023
Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap23b.mp3

Para la revisión de vida
- Sin pretender ser un «profeta» admirado, sí que debo ser, como mínimo un profeta anónimo, un cristiano ordinario que se toma en serio su ordinario deber profético: decir la verdad, vivir la verdad, denunciar la mentira que me encuentre, ser incorruptible, combatir la corrupción que me salga al paso...
¿Estoy captando la nueva hora de esperanza, el deseo popular de superación del neoliberalismo, a la búsqueda del «otro mundo posible»?
 

Para la reunión de grupo
- En la década pasada, en no pocos sectores cristianos, que ésta no es hora de profecía, sino de sabiduría; que ahora no estamos como los israelitas en el éxodo, sino como en la época del exilio, que lo que corresponde no es la denuncia, sino la sabiduría de quien en silencio sabe resistir... Esa habría sido la máxima profecía ahora posible... ¿Qué pensamos de ello?
- «Aunque es de noche... ya es madrugada», se dice hoy día en América Latina: la situación actual de la esperanza del Continente es bien distinta de la de hace unos años. Los Foros Sociales Mundiales celebrados aquí, los cambios políticos en varios países, evidencian otro tono y otra esperanza. Lamentablemente, la Iglesia oficial no sintoniza con las esperanzas populares que tan bellamente expresaron en su momento Medellín y Puebla. ¿Qué papel cabe a la Iglesia (a los cristianos y cristianas) ante esta situación?
- La profecía no es un deber para personas especiales, prodigiosas, extraordinarias... sino deber todo cristiano, por seguir a Jesús, y de todo bautizado, por participar en Jesucristo Sacerdote, Profeta y Rey. ¿Cómo debería vivir ese ministerio profético una comunidad cristiana "cualquiera", como la nuestra, tanto hacia la Sociedad como hacia su Iglesia?
 

Para la oración de los fieles
-Por toda las Iglesias, para que al anunciar el mensaje evangélico hagan vida la verdad que proclaman con las palabras, roguemos al Señor.
- Por todas las naciones de nuestro mundo, para que se unan en la defensa de la justicia, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo, roguemos...
- Por todos los que en su tiempo de juventud fueron utópicos luchadores por un mundo mejor y hoy son personas acomodadas y resignadas al mundo tal cual está, para que Dios haga revivir en ellas lo mejor que todavía habita el rescoldo de su corazón, roguemos...
- Para los profetas de nuestro tiempo, tan escasos, los que denuncian las injusticias, la mentira y el carácter excluidor de nuestra sociedad, para que su mensaje sea escuchado, roguemos...
- Por la profecía al interior de la Iglesia: para que haya un ambiente que posibilite la confianza, la opinión pública fraternamente compartida, el diálogo franco y sincero, la libertad de la reflexión teológica... roguemos...
- Por los "profetas laicos", hombres y mujeres pensadores libres que con su voz o su pluma dan cuerpo en la opinión pública a los mejores sentimientos que los demás no sabemos expresar, para que nunca falten entre nosotros, roguemos...
 

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que continuamente nos invitas a la conversión con llamamientos que con frecuencia nos pasan desapercibidos; te pedimos abras nuestros oídos y nuestros corazones para que estemos siempre atentos a acoger tu Palabra, sea cual sea el ropaje con el que venga envuelta, para que nos dejemos transformar por ella y la llevemos a la práctica con entusiasmo. Por Jesucristo N.S.

O bien:

Oh Dios, que "de muchas maneras hablaste en otro tiempo a nuestros padres por medio de los profetas"; te pedimos que no abandones a la humanidad a las solas fuerzas del egoísmo individualista y del mercado, sino que nos envíes nuevos profetas que nos hagan revivir con pasión lo mejor que tú pusiste en nuestro corazón: el amor universal, la fuerza inclaudicable de la utopía de la solidaridad, y la inconformidad con todo lo que contradice tu Proyecto. Por J.N.S.
 



 Lunes 6 de julio de 2009.
 María Goretti

 INICIO
Gn 28,10-22a: “Yo te acompañaré a donde vayas”
Sal 90: Dios mío, confío en ti.
Mt 9,18-26: “Ven tú, y mi hija vivirá”

Las protagonistas del evangelio de hoy son dos mujeres. La situación de la mujer judía en la época de Jesús era similar a la de otros pueblos del Medio Oriente: en una cultura y sociedad fuertemente patriarcales, la mujer dependía en todo y para todo del varón: del padre, si era soltera, o del esposo, si era casada. Se consideraba escandaloso que una mujer hablara en público con un extraño, y más aun que un rabino se entretuviera a hablar con alguna mujer (véase Jn 4,7.27). En Israel la mujer estaba excluida del culto, lo que implicaba un lugar aparte para las mujeres tanto en el Templo como en las sinagogas.

Pero estudiando profundamente la Biblia (AT y NT), descubriremos que ante Dios todos somos iguales; que somos sus hijos e hijas, y que la misma Escritura sugiere la trascendencia de Dios por sobre la diferenciación sexual. La actitud de Jesús frente a la mujer es absolutamente novedosa. En el proyecto del reino ellas tienen un lugar en igualdad de condiciones con el varón. Jesús las toma en cuenta, habla con ellas, las hace protagonistas. Lamentablemente la historia social y de la Iglesia han estado marcadas por un fuerte patriarcalismo (machismo, en buenas cuentas) que sigue excluyendo a la mujer de importantes aspectos de la vida social, laboral, e incluso religiosa. Nuestra tarea conjunta es trabajar por la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos sin ningún tipo de discriminación.


 Martes 7 de julio de 2009.
 Fermín

 INICIO
Gn 32,22-32: “Te llamarás Israel”
Sal 16: Yo con mi apelación vengo a tu presencia, Señor.  
Mt 9,32-38: Cosecha abundante, pero pocos trabajadores

Como no leímos la sanación de los ciegos en los versículos anteriores (ver Mt 9, 27-31), nos desconcertamos al iniciar la lectura del evangelio de hoy.

La temática del evangelio es doble; por un lado la conclusión de los fariseos ante el milagro que Jesús hace con el endemoniado, recogida acá por Mateo sin la explicación que encontraremos en el capítulo 12; es, simplemente, la “demonización” del otro por simple incapacidad de comprender o de entender lo que hace. No se podía esperar otra cosa de los fariseos, grupo “separado” que despreciaba a los que no asumieran sus criterios y enseñanzas; que veían el mundo a su manera y desechaban de plano otras posibilidades, incapaces de ver el pedazo de verdad que los otros tienen, complementaria de la propia verdad.

Y por otro lado está la introducción al bellísimo tema del discipulado, desarrollado en bloque por Mateo. Esta segunda parte del relato revela una faceta de Jesús preocupado por la gente porque no tiene verdaderos guías, “pastores”; invita a hacer una petición-oración al “Dueño del campo” para que envíe operarios. Esta invitación debe resonar fuertemente en nuestros oídos. Hoy necesitamos “operarios”, hombres y mujeres que quieran apostar su vida al servicio del evangelio de la paz y la justicia. Intensifiquemos nuestra oración y nuestras acciones para que surjan vocaciones laicales, sacerdotales y religiosas al servicio del reino.




 Miércoles 8 de julio de 2009
 Eugenio

 INICIO
Gn 41,55-57;42,5-7.17-24a: “Estamos pagando el delito”
Sal 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Mt 10,1-7: “Vayan más bien a las ovejas descarriadas”

Los especialistas han llamado a este capítulo 10 de Mateo el Discurso Misionero, y lo caracterizan diciendo que la misión de los discípulos es como la de su Maestro. Veamos, pues, cuál es la concepción y la mística del discipulado según el evangelio de Mateo: El evangelio de hoy resalta la primera característica del discípulo: alguien que tiene una vinculación muy personal con el Señor Jesús; por eso el llamado es con nombre propio; y es tan profunda esa vinculación, que a algunos de ellos se les llama con el apodo. Pero antes de llamarlos personalmente se les ha dado un poder que, si vemos en detalle, es exactamente para lo que ha estado haciendo Jesús: expulsar demonios y curar enfermos. Esto implica un esfuerzo de imitación de parte del discípulo: imitar al Maestro en lo que hace; ya se les pedirá luego imitarlo también en lo que siente: ser manso, compasivo como el Maestro. Por otro lado, en el evangelio de Mateo, discípulo es el que hace la voluntad de Dios (véase Mt 12,46-50); y ésa ha sido la vida de Jesús. Configurarse con Jesús, imitarlo, va también de la mano con el anuncio que debe hacer el discípulo: decir que el reino de Dios está cerca.




 Jueves 09 de julio de 2009
 María de Chiquinquirá
 Verónica Giuliani

 INICIO
Gn 44,18-21.23b-29;45,1-5: “Para salvación me envió Dios a Egipto”
Sal 104: Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Mt 10,7-15: “Gratuitamente han recibido; denlo igual”

Hoy nos encontramos con la segunda característica del discípulo en Mateo: El discípulo es enviado, tiene una misión, proclamar la cercanía del reino de los cielos y efectuar los signos que lo hacen presente: sanar, resucitar, limpiar, expulsar... En definitiva, hacer lo que Jesús hizo. La tarea de los discípulos, en Mateo, no se limita a anunciar al Señor resucitado ni a predicar la conversión de vida, sino que deben "hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolas..., enseñándoles..." (Mt 28,19). Es interesante notar que esta cita usa la expresión “hacer discípulos”, mientras que los paralelos de Lucas y Marcos tienen sólo “anunciar”.

La misión es también compartir "todo lo que les he enseñado...”; y el texto de hoy especifica una serie de circunstancias, hasta el detalle, de lo que puede suceder en ese compartir: cómo debe estar el discípulo; a dónde debe llegar; qué debe decir y qué actitud asumir ante el fracaso. Pero lo más importante es la gratuidad: “gratis lo recibieron, entréguenlo gratis”. Sólo basta la confianza en la presencia del Señor que siempre acompaña (Mt 28,18-20). A veces nos complicamos la vida en nuestra tarea evangelizadora. Nos amarramos a los medios o instrumentos, y nos olvidamos del mensaje, que es lo fundamental. Sin desconocer las grandes posibilidades que hoy tenemos para difundir la Palabra, no olvidemos lo principal, que es el Evangelio.




 Viernes 10 de julio de 2009
 Elías - Amelia

 INICIO
Gn 46,1-7.28-30: “Puedo morir, después de haberte visto”
Sal 36: El Señor es quien salva a los justos.
Mt 10,16-23: “No serán ustedes los que hablen”

Este discurso nos habla de las dificultades y persecuciones que trae consigo la misión. La perspectiva es dramática, pero ofrece también una voz de aliento y esperanza, y exige del discípulo un equilibrio, manifestado en el uso de las características de la serpiente y la paloma.

La configuración con Jesús se vive también en este campo: los discípulos serán perseguidos por las mismas personas y grupos que lo han perseguido a él: el sanedrín, la sinagoga, la propia familia...

El evangelio nos recuerda, como consejo a los discípulos, la tercera característica: deben tener fe (confianza) en el poder y bondad de Dios. Curiosamente, en el evangelio de Mateo tienen más fe los demás que los propios discípulos (el leproso, los que traen al paralítico, la hemorroísa, el capitán romano, la mujer sirofenicia...) Los discípulos son descritos como “gente de poca fe” (véase Mt 8,26; 14,31; 16,8; 17,20). Parece una fe que no llega a la altura de lo que se espera de un discípulo; una fe "quebrantada", dudosa, débil, temerosa en medio del fracaso, (lo que no implica rechazo o negación total de la fe), La sociedad secularizada, injusta, discriminadora que vivimos genera fuertes rechazos a la Palabra de Dios. Necesitamos poner nuestra fe, nuestra confianza en Jesús para enfrentar con éxito los rechazos y persecuciones.



 Sábado 11 de julio de 2009
 Benito - Benedicto

 INICIO
Gn 49,29-32;50,15-26a: “Dios cuidará de ustedes”
Sal 104: Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Mt 10,24-33: “No teman a los que matan el cuerpo”

Mateo, que recurre tantas veces al AT, lo hace hoy usando una frase, “no teman”, que significa y asegura la ayuda divina (véase Mt 10,26.28.31; Is 41,10.13; 43,1.5; Jer 1,8; 30,10). Aquí se inserta la cuarta característica del discípulo: comprender las enseñanzas de Jesús y saber enseñarlas a otros; el típico discípulo, en Mateo, debe ser un buen entendedor del mensaje de Jesús. A nivel textual, Mateo suaviza los textos de Marcos que hablan de la torpeza de los discípulos, o hasta los cambia, entendiéndolos positivamente.

Por esto el discípulo es presentado aquí como quien comprende el mensaje del Señor Jesús. Con estas palabras se invita al discípulo a superar el miedo que trae la persecución, logrando tres cosas: una, que el miedo no impida la proclamación de la Buena Nueva, haciendo público lo que estaba oculto; dos, de cara al final: porque lo que importa es el juicio de Dios; y tres, la fe inquebrantable en Dios, que es Padre. El seguimiento de Jesús es una propuesta fascinante, pero complicada. Sólo quien logra vencer el miedo que generan las persecuciones, es el verdadero discípulo de Jesús. Tenemos la certeza de que, si somos fieles hasta el final, el Señor no nos abandonará. El siempre camina con nosotros, aunque no lo percibamos fácilmente.