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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 28 de Junio al 4 de Julio de 2009  de 2009 
13º domingo de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del domingo 13º del Tiempo ordinario, ciclo B el 1 de Julio de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 28 de junio de 2009
 13º domingo de tiempo ordinario
 Ireneo

 INICIO

Sab 1,13-15;2,23-24: “La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo”
Sal 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
2Cor 8,7.9.13-15: “La fe de unos pocos sostiene a muchos”
Mc 5,21-43: “Niña, te lo digo a ti, ¡levántate!”

Jairo viene de vuelta de la sinagoga. A pesar de ser jefe de esa institución no ha encontrado en ella la salvación para su hija; el judaísmo, representado por la institución más importante después del templo, no conduce a la vida; la hija de Jairo, imagen del pueblo, está abocada a una muerte irremediable. Por eso Jairo, tal vez desesperado y desilusionado con aquel viejo sistema, acude a Jesús, buscando vida para su hija. Y estando con él se entera de que su hija ha muerto: ¿Para qué molestar más al maestro?, le dicen. La gente piensa que se molesta al maestro pidiéndole que dé vida. No saben que “el ha venido para que tengan vida y vida abundante”, como dice el evangelista Juan. Jesús, en estas circunstancias extremas, no se arredra: “No temas, ten fe y basta...” Para quien cree –y Jairo ha comenzado ya a adherirse a Jesús, a creer en él, en la medida en que se ha distanciado de la sinagoga-, la muerte es un sueño del que se puede despertar. Los primeros cristianos lo entendieron así cuando comenzaron a llamar a la necrópolis (= ciudad de los muertos) cementerio (= dormitorio). No lo ve así la gente que, al enterarse de la muerte de la hija de Jairo, lloraba gritando sin parar –gesto de desesperanza total-, y que, cuando Jesús dice que la niña “no está muerta, sino dormida”, se reía de él considerando la situación irreversible. Ante tanta incredulidad no hay nada que hacer. Por eso, Jesús echa fuera a la gente –para quien no cree, la muerte es el final- y entra adonde está la niña con sus padres junto con tres de sus discípulos a quienes quiere mostrar especialmente la fuerza de vida que hay en él.

Curiosamente estos tres discípulos están presentes también en la transfiguración y en el Huerto y, en ambas escenas, se duermen. Este sueño es todo un símbolo. En la Transfiguración, Jesús habla con Moisés y Elías de su éxodo –esto es, de su paso de la muerte a la vida-; en el Huerto, Jesús pide a Dios fuerzas para aceptar el camino que le lleva a la muerte, como paso para la vida definitiva. Pedro, Santiago y Juan no tienen interés en aceptar este camino del maestro hacia la muerte, porque –al igual que los judíos- no creen que sea un paso hacia la vida definitiva. Tal vez, por esto, para que aprendan que Jesús es la imagen de un Dios que da vida, Jesús se los lleva consigo. Sorprende, no obstante, que, cuando Jesús devuelve la vida a la niña, insista vivamente a los discípulos para que no digan nada a nadie. Orden lógica, pues todavía no están capacitados para digerir y asimilar y proclamar este mensaje de vida.

Se asemeja a veces la sinagoga, de la que Jairo es jefe, a nuestra vieja iglesia y a algunos de sus jefes, que no son capaces de sanar los males del mundo por estar centrados en mantener unas estructuras que no dan vida. Al igual que Jairo, nuestra iglesia, si quiere seguir siendo la iglesia de Jesús, tendrá que salir al encuentro del maestro, rompiendo viejas estructuras que la mantienen cerrada al mundo. Y en ese encuentro con Jesús y su evangelio, oirá las mismas palabras que Jesús le dirigió a Jairo: “No temas, ten fe y basta”. Tal vez sea este el mal de nuestra iglesia: tiene demasiado miedo y poca fe, y este miedo a perder seguridades, prestigio y poder le impide lanzarse a la aventura de remediar los males de un mundo abocado a la muerte; tal vez tenga que adherirse más al mensaje de Jesús y a su estilo de vida pobre, libre, solidario y entregado a los que viven en las márgenes del mundo. Sólo así podrá devolver la vida a tanto muerto que hay vivo, a tantos que gritan llorando sin parar, lamentándose de que no es posible luchar contra este injusto sistema mundano que ha marginado a tanta gente, llevándola a las puertas de la muerte.

Pablo, en su carta a los corintios, invita a resolver el problema de la injusticia y la desigualdad con generosidad. Y para ello pone el ejemplo de Jesús que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” y hacer un mundo más igualitario donde “la abundancia de unos remedie la carencia de otros”, y brote la igualdad. Un verdadero milagro que está en nuestras manos realizar para devolver la vida a cuantos carecen de las mínimas condiciones de vida, para hacer de nuevo el milagro del maná por el que Dios impedía que unos acumulasen lo que era necesario para otros: “al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba” (Ex 16,18). Un mundo de iguales, un mundo regido por un Dios que, como dice el libro de la Sabiduría, “no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera.. Dios creó al ser humano para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”...

Añadamos una «nota crítica» de precaución. Una lectura no crítica de la primera lectura evoca espontáneamente el tema del «pecado original» y deja claramente la idea de que la muerte sería consecuencia del pecado original, y que éste habría sido consecuencia de «la envidia del diablo» (Sb 2,24). Es todo un conjunto teológico y simbólico lo que es evocado aquí, como de paso, el pecado original. Es importante no caer en la facilidad de apoyarse acríticamente en ese supuesto, y hablar del mal o de la muerte, con toda naturalidad, como fruto del pecado o -peor aún- como introducida en el mundo por el diablo envidioso. Somos personas de hoy, y los oyentes de las homilías también lo son. Y aunque en alguna comunidad hubiera bastantes personas con una visión mítica atrasada, aun ellas merecen ser tratadas con dignidad, con una pedagogía crítica que le ayude a reconciliar su atrasada visión mítica con una religiosidad apta para los tiempos de hoy.

Todos, los predicadores de las homilías, y también los oyentes, tenemos la obligación de reivindicar un discurso «para hoy», que no repita -con frecuencia simplemente por pereza, o por miedo- las afirmaciones manidas afirmaciones míticas, y, más importante aún, que no las repita como si de afirmaciones reales (descriptivas de algo que realmente hubiera sucedido) se tratara. Se puede evocar el mundo simbólico del pasado para explicarlo y discernirlo, pero siempre con la obligación de dejar explícitamente claro que se trata de afirmaciones «simbólicas», que en otro tiempo fueron tomadas como literalmente reales (así fue, y hasta hace bien poco tiempo), pero que hoy sabemos que sólo son simbólicas, es decir, que tienen un valor para nuestra vida espiritual, pero que en su sentido literal no son históricas, o que incluso pueden ser contrarias a la verdad histórica.

En el caso que nos ocupa en concreto -aunque aquí no debamos justificarlo- la verdad original profunda es contraria a lo que tradicionalmente nos ha sido dicho: lo «original», lo que se dio en el principio, no fue un «pecado original», sino una «bendición original». [Matthew Fox es el teólogo que más emblemáticamente ha desarrollado esta afirmación, en su libro «La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI», Ediciones Obelisco, Barcelona - Buenos Aires 2002].

Al evangelio de hoy se refiere el capítulo 44 de la serie «Un tal Jesús», titulado «La vendedora de higos», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200044 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap44b.mp3

En la serie «Otro Dios es posible», también de los hermanos López Vigil, el capítulo («entrevista») 31 se titula «¿Dios hace milagros?». El audio puede ser escuchado o recogido aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=130 El guión aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130031 y una guía o texto complementario, aquí: http://www.emisoraslatinas.net/guia.php?id=131031

Para la revisión de vida
Nos gusta la vida, nos gusta estar vivos, tenemos eso que se llama “instinto de supervivencia” y que nos hace alejarnos rápida y eficazmente de todo lo que amenaza nuestra existencia, pero que también nos puede llevar a poner en el centro de todo (como absoluto, como "dios" camuflado) nuestra propia supervivencia, dejando muy al margen la preocupación por la vida de los demás. Nuestro Dios es un Dios de vida y de vivos, que tiene su mayor gloria en las personas vivas, que envió a su Hijo para que "tuviésemos vida y vida en abundancia" (Jn 10,10)...
¿Soy de los que se preocupan por la vida de todos, por la vida de todo (también de la naturaleza), por la vida sobre todo de los que la tienen más amenazada, por aquellos para quienes sobrevivir es una dura tarea diaria, porque el mundo se organice en favor de la Vida, de la vida para todos y especialmente para los más pequeños?

Para la reunión de grupo
- Ya el Antiguo Testamento proclama que Dios no es el autor de la muerte sino el autor de la vida. Pero nosotros solemos reaccionar ante el mal con expresiones como «Si Dios lo ha querido...», o «Estaba de Dios que...». ¿De dónde nos viene esa tendencia a atribuir a Dios el mal, las desgracias naturales, la enfermedad, la muerte de los amigos...?
- Si Dios es un Dios de Vida y quiere "la vida en abundancia"... ¿de dónde nos viene en la tradición ascética el pensar que podemos agradar a Dios ofreciendo "sacrificios", "morti-ficándonos", actuando contra nosotros mismos ("agere contra")...? ¿Son acaso influencias extra-bíblicas o extra-cristianas? Vistas con nuestra sensibilidad actual, ¿no son también anti-cristianas en su dimensión profunda?
- Podemos refugiarnos en la excusa de que nosotros no tenemos capacidad para resucitar a nadie, como hacía Jesús (evangelio de hoy) ¿Podemos hacer alguna otra cosa a favor de la vida? Si lo pienso en serio, ¡cuántas cosas puedo hacer, aun desde mi pequeñez, desde mi pobreza, desde mis limitaciones, a favor de la vida de las personas!

Para la oración de los fieles
- Por la Humanidad, para que se una en defensa de la vida de todos los seres humanos, especialmente de los más pequeños y humildes, de los marginados y explotados, roguemos al Señor.
- Por todos los hombres y mujeres que habitamos esta casa común que es el planeta: para que como "hermanos mayores" de todas las criaturas asumamos el cuidado de la creación con amor, con ternura incluso, con responsabilidad, roguemos al Señor.
- Por todas las religiones de la humanidad, para que comprendan que todas ellas son destellos únicos del Dios único, y que el "Dios de todos los nombres" quiere la paz y la armonía entre todas las religiones de la tierra, roguemos al Señor.
- Para que las religiones de la humanidad comprendan que el Dios de la Vida las quiere a todas en una alianza macroecuménica, rindiéndole el culto del cuidado de la vida de la naturaleza y del ser humano, roguemos al Señor.
- Por nuestra Iglesia católica, para que haga su aportación específica a este concierto universal según la voluntad de Dios, roguemos al Señor.
- Por esta comunidad nuestra, para que reviva su vida comunitaria con el compromiso por la defensa y la promoción de la Vida, roguemos al Señor.

Oración comunitaria
Señor, Dios, Padre nuestro, que no quieres la muerte de las personas ni te complaces con los sacrificios, sino que has puesto tu gloria en el ser humano vivo, en la Vida en plenitud. Haz que te sepamos imitar acogiendo, defendiendo y promoviendo la vida, sobre todo la de nuestros hermanos necesitados u oprimidos. Nosotros te lo pedimos siguiendo el ejemplo y la inspiración de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.



 Lunes 29 de junio de 2009
 Pedro y Pablo

 INICIO
Hch 12,1-11: “Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes”
Sal 33: El Señor me libró de todas mis ansias.
2Tim 4,6-8.17-18: “Ahora me aguarda la corona merecida”
Mt 16,13-19: “Sobre esta piedra construiré mi Iglesia”

Pedro y Pablo representan dos caminos diferentes y complementarios de edificación de la iglesia. Pedro, un humilde pescador de Galilea, compañero de andanzas de Jesús, hombre sincero y temerario, representa a ese pueblo sencillo que acoge con alegría y ardoroso corazón la invitación de Jesús al seguimiento. Pablo, en cambio, hijo de una familia notable, ciudadano romano, hombre ilustrado y profundo conocedor de las Escrituras, representa a esa parte del pueblo de Dios que se siente deslumbrada por el llamado de Cristo y se vuelca completamente al servicio de todos los hermanos. Los dos emprenden, por caminos diferentes, la vía que los conducirá a Roma y al martirio. Pedro y Pablo median en los muchos conflictos y dificultades de la comunidad naciente; y aunque tienen titubeos, orientan sabiamente al pueblo que Jesús les ha encomendado y llevan su testimonio de fidelidad hasta el martirio. Los dos se constituyen en verdaderas columnas que sostienen a la comunidad creyente en medio de las dificultades y persecuciones. Hoy debemos preguntarnos si, como cristianos, somos capaces de fundir la tenaz fidelidad de Pedro y la capacidad de Pablo para servir al pueblo cristiano y conducirlo sabiamente por los caminos del Señor.


 Martes 30 de junio de 2009
 Adolfo - Protomártires de Roma

 INICIO
Gn 19,15-29: “El Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra”
Sal 25: Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.
Mt 8,23-27: “Increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma”

Los discípulos se sienten apabullados ante la magnitud de las olas. Esta imagen representa a la pequeña comunidad cristiana después de la muerte de Jesús. Antes, cuando estaban en la orilla segura junto al Maestro, se sentían capaces de vencer al mundo; ahora, en medio de las adversidades de la historia, mientras el Maestro yace dormido en el fondo de la barca, todos se aterrorizan y claman a grandes voces. Jesús calma el temor y les exige la respuesta de la fe. Esta imagen de la barca abatida por las olas la podemos aplicar a las comunidades cristianas. En ciertos momentos de la historia se sienten poderosas, capaces de doblegar el destino; sin embargo, ante la vastedad y complejidad de la historia, la comunidad eclesial es apenas un trozo de madera que sobrevive más por la gracia de Dios que por la pericia de pilotos y tripulantes. La única tabla de salvación a la que puede recurrir la comunidad es la experiencia del Resucitado, que le exige la respuesta de la fe y la fidelidad. La tripulación debe sobreponerse, navegar hasta la otra orilla y no ceder a la tentación del pánico o de querer retroceder.




 Miércoles 1 de julio de 2009
 Ester

 INICIO
Gn 21,5.8-20: “El hijo de esa criada no se repartirá la herencia con mi hijo”
Sal 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Mt 8,28-34: ¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?

En el evangelio de Mateo nos encontramos con una realidad interesante: la enfermedad considerada obra del demonio o castigo de Dios. Como en otras religiones la Biblia la consideraba, en muchas partes, consecuencia del pecado: (Eclo 31,15; Mt 9,2-7; Jn 5,14; 9,2), o efecto de la posesión diabólica: (Sal 78,50; 91,3.6; Mc 9,25-29); Jesús no rechaza esta creencia, lo leemos hoy, pero la relativiza no sólo con su palabra, sino con sus milagros en favor de tantos enfermos que él sana.

Estos milagros son signos de la llegada del reino, del cumplimiento de la salvación de Dios en favor de los que sufren; son, incluso, parte de la lucha de Jesús con las fuerzas enemigas del reino. Estos enemigos pueden ser grupos organizados como el de los fariseos y saduceos, o todo un pueblo que le pide que se vaya porque afecta sus intereses.

Hoy son muchas las amenazas que acechan contra la fe de los cristianos. Muchos “endemoniados” sutiles impregnan las diversas estructuras sociales, religiosas, culturales, etc. Pero la fuerza del Espíritu que actúa en los creyentes comprometidos y fieles al Señor Jesús puede derrotar esas fuerzas del mal. Habrá que arrojarlas al “mar de la confusión y del caos” para que los seres humanos que están bajo su influencia puedan gozar de la libertad de los hijos de Dios.




 Jueves 2 de julio de 2009
 Martiniano - Gloria

 INICIO
Gn 22,1-19: “El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe”
Sal 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Mt 9,1-8: Alababan a Dios, por dar a los hombres tal potestad

Sin entrar en muchos detalles, cosa que sí hace Marcos en este caso (Mc 2,1-12), lo que le interesa a Mateo es resaltar la diferencia entre quienes se acercan a Jesús con fe -y como consecuencia se resalta el gran poder de Cristo que acredita el relato- y los que llegan a él con actitudes ya preconcebidas, y por eso no son capaces de reconocer el poder de Dios que actúa en él.

Esta vez son un grupo de letrados los que se oponen, criticando, a las actitudes de Jesús frente a los enfermos y desvalidos. Y lo hacen invocando incluso la autoridad de Dios, contra quien consideran que Jesús blasfema. No es raro que esto suceda. El Señor dirá en otra ocasión: “llegará el día en que incluso los maten y crean que están dando gloria a Dios”. Mateo ha colocado en un solo bloque todas las oposiciones que sufre el reino. Ayer fue en la región de Gadara, hoy en Cafarnaún, la ciudad habitual de Jesús junto al lago. Ayer fue una población entera, hoy un grupo de letrados. Ayer, para preservar los intereses económicos; hoy, para defender la pureza religiosa. Siempre habrá un pretexto para cuestionar la salvación que ofrece Jesús a todos los seres humanos. En cuanto a nosotros, ¿no buscamos también a veces la forma de desprestigiar a personas que trabajan por la liberación integral de la humanidad, tal vez porque no son de los nuestros?



 Viernes 3 de julio de 2009
 Tomás, apóstol

 INICIO
Ef 2,19-22: “Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles”
Sal 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Jn 20,24-29: “¡Señor mío y Dios mío!”

Tomás es uno de los seguidores más cercanos a Jesús; por eso lo festejamos hoy. Recordamos su testimonio porque sirve de ejemplo, que es el sentido que tiene para la comunidad la celebración de los santos. Ellos son modelos a imitar en su relación con el Maestro. Miramos así tres elementos en Tomás: uno, su seguimiento de Jesús. Los relatos evangélicos lo presentan como alguien que hizo el camino del Maestro. En ese seguimiento, de seguro cambió de proyectos: tuvo que dejar a los suyos y sus cosas para irse tras la propuesta del reino. Dos, su testimonio del Resucitado. El evangelio resalta su incredulidad inicial: en la primera aparición no estaba, y tercamente se aferra a elementos racionales y físicos que le sirvan de prueba: las heridas en manos, pies y costado. Pero al presentarse Jesús resucitado, sin necesidad de meter dedos o mano se convence ante su presencia de que su amigo Jesús vive, y lo proclama “¡Señor mío y Dios mío!”, con una fe profunda en el Resucitado presente en su vida. Y tres, aunque no es dato evangélico, lo imaginamos saliendo de Judea como los otros apóstoles, a predicar la Buena Nueva a todas las naciones, fiel a la misión que les da Jesús antes de irse al Padre. Así, se dice que Tomás evangelizó en la India.

Esta fiesta es una ocasión para revisar nuestra vivencia cristiana, personal y comunitaria, de la Buena Noticia; un motivo para mirarnos al espejo de los mayores que vivieron antes que nosotros la fe en Jesús resucitado.



 Sábado 4 de julio de 2009
 Eliana / Liliana

 INICIO
Gn 27,1-5.15-29: “Jacob quitó su bendición a su hermano”
Sal 134: Alabad al Señor porque es bueno.
Mt 9,14-17: “Cuando les arrebaten al novio, ayunarán”

Los discípulos de Juan, uno de los grupos de la época de Jesús, también toman posición ante las actitudes y enseñanzas de Jesús. La religión judía veía en el ayuno y otras prácticas religiosas, tales como el descanso sabático, pago de diezmos, oraciones múltiples, lavado de manos y vajilla y muchas otras, una manera de unirse a Dios. Estas prácticas determinaban incluso la fidelidad o no a la alianza entre el pueblo elegido y su Dios. Pues bien, hoy se le pregunta a Jesús por qué sus discípulos no ayunan.

Y él responde con un elemento fundamental de su predicación y enseñanza: La novedad del reino de Dios es ir ligado a la libertad. Ese es el sentido que tiene la pequeña parábola que el Señor usa para responder. A la práctica del ayuno, y sobre todo a la manera en que lo practicaban los grupos judíos (incluso los fariseos, según el texto), Jesús responde señalando que lo supremo y absoluto en la novedad del reino que él predica es la presencia definitiva de Dios en la historia (el novio en la fiesta), y dice que esa novedad no pega con la vieja estructura del judaísmo, que ha producido hombres y mujeres esclavos de las normas, el ayuno, el descanso y una larga lista (la tela nueva en el vestido viejo). En cambio el novio, la fiesta, la alegría y la libertad que produce el anuncio del reino están por encima de cualquier práctica o norma religiosa. Preguntémonos seriamente: ¿cómo vivimos la novedad y la libertad del reino que cada día nos sigue anunciando Jesús?