Domingo 4 de enero 2009
Epifanía del Señor
Rigoberto / Yolanda
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Is 60, 1-6: “La gloria del Señor
amanece sobre ti”
Sal 71: “Se postrarán ante ti,
Señor, todos los reyes de la tierra”
Ef 3, 2-6: Ha sido revelado
también a los gentiles
Mt 2, 1-12 : “Venimos de Oriente
para adorar al Rey”
La primera lectura nos lleva a las primeras estrofas de un poema que
abarca todo el capítulo, hasta el v. 22. Estamos en la época post-exílica; los
judíos repatriados, llegados de Mesopotamia, tratan de revivir y mantener la fe
de Israel, no sin polarizaciones: nacionalismo-ecumenismo, pesimismo-optimismo,
legalismo-humanismo... Discípulos de los discípulos de Isaías (a los caps. 55-66
se les llamó "Trito-isaías" o "tercer Isaías") alzan la voz para mantener viva
la perspectiva del gran profeta del siglo VIII. Aquí se anuncia (sueñan con) una
época de esplendor y de reconocimiento para la pequeña ciudad que apenas
comienza a reconstruir sus ruinas: será el «centro del mundo»; a la luz de un
día sin ocaso, vendrán todos los pueblos a traerle sus presentes, sus hijos
exiliados retornarán... Se trata, efectivamente, de un maravilloso sueño, una
imagen poética poderosa, cautivante, con la que se expresa y se disfruta un
sentimiento de autoestima religiosa: este pueblo exiliado no está abandonado por
su Dios, sino que confía en él y en su futuro cargado de promesa.
Esta primera lectura de la solemnidad de Epifanía nos pone sintonía con los
símbolos de la celebración de hoy: la luz que guía a los pueblos a Jerusalén
será como la de la estrella que guía a los magos del evangelio; los tesoros
traídos a la ciudad santa desde Oriente y Occidente se cumplirán en aquéllos que
los magos pusieron a los pies del niño recién nacido y de su madre; la salvación
se hará universal cuando judíos y paganos, todos juntos, adoren a Dios en la
persona de Jesús recién nacido en Belén.
Las Iglesias orientales celebran hoy el día de Navidad. Y es que en la
antigüedad, hasta el siglo III o IV, hoy era el día de Navidad para toda la
Iglesia. Decimos esto para que caigamos en cuenta de que ni el 25 de diciembre
«es» Navidad, ni el día 6 de enero «es» Epifanía. Navidad y Epifanía no son unos
«hechos» netos, históricos, que ocurrieron esos días, precisamente. En la
Epifanía no celebramos un hecho, sino una dimensión, la dimensión de
«manifestación hacia los gentiles» que el misterio de Jesús tiene. Los magos no
son un hecho que celebremos, sino un símbolo que nos recuerda una dimensión.
En la segunda lectura, de los seis capítulos que componen la carta a
los Efesios, los tres primeros presentan la obra salvífica de Jesucristo como un
don gratuito de Dios para todos los pueblos. Los tres últimos son exhortaciones
de vida cristiana. Estos versículos que acabamos de leer vienen a subrayar un
aspecto fundamental de la solemnidad de Epifanía: Cristo ha nacido entre
nosotros para dar a conocer el amor de Dios y su salvación a judíos y a paganos,
sin distinción de raza ni de condición. Ahora nosotros, los cristianos, los
católicos, no podemos volver a ser fanáticos exclusivistas, que condenemos a
todos los que no creen. Nuestra responsabilidad es darles a conocer, como hizo
Pablo, el "misterio", es decir: el plan de Dios, de la salvación universal, como
un don ofrecido a todos los hombres y mujeres del mundo, «por los muchos caminos
de Dios»...
Los relatos del nacimiento del Mesías, en los dos primeros capítulos de su
evangelio, presentan el misterio de Jesús en la visión peculiar de Mateo
como cumplimiento de las promesas del Primer Testamento: en Jesús podemos cifrar
nosotros el hijo de David, el hijo de Abrahán, como leemos en su genealogía, es
decir, un Mesías, y la bendición para todos los pueblos. Él sería de algún modo
«el anunciado por los profetas» (cfr. las cinco citas proféticas de cumplimiento
en 1,22-23; 2,5-6. 15. 17-18. 23). Él sería un «nuevo Moisés», cuyo nacimiento
anunció un astro resplandeciente, perseguido por el faraón de Egipto que mandó
matar a los niños hebreos, como también leemos en el libro del Éxodo y en sus
comentarios judíos (los midrashim).
De esta manera, en el Segundo Testamento Jesús personifica al verdadero
Israel, hijo de Dios, "llamado" desde Egipto, es decir: liberado, traído de la
mano de Dios. También, para Mateo -y para el sentido clásico de esta liturgia de
la Epifanía- la venida de los magos a visitar al niño Jesús sería un símbolo del
destino universal de todos los pueblos de incorporarse un día, en el futuro, al
cristianismo... Por eso la fiesta de la Epifanía era una fiesta «misionera»,
universalista, supracristiana.
En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo
religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo
religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han
cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era
sinónimo de «proselitismo», de «convertir» al cristianismo (al catolicismo
concretamente entre nosotros) a los «gentiles», y la «universalidad cristiana»
era sentida como la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la
(única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad.
Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión
ancestral y a hacerse cristianos (a «convertirse»)...
Todo esto, lógicamente, ha evolucionado. Comprendemos perfectamente que las
religiones y las culturas (todas, no sólo la nuestra) han vivido desde sus
orígenes aisladas, sin sentido de pluralidad. Una especie de «efecto óptico», y,
a la vez, una cierta ley psicológica humana les ha hecho concebirse a sí mismas
como únicas, y como centrales, igual que cada uno de nosotros, cuando niños,
comenzamos a conocer la realidad a partir de nuestro egocentramiento psicológico
inevitable, e igual que todos los humanos han pensado que su tierra, y hasta «la
tierra», eran el centro del mundo. Sólo con la expansión del conocimiento y con
la experiencia de la pluralidad, las personas, los pueblos y las culturas se dan
cuenta de que no son el centro, sino de que hay otros centros, y son capaces de
madurar y de descentrarse de sí mismas reconociendo la realidad.
Todas las religiones, no sólo la nuestra, están desafiadas a entrar en esta
maduración y este reconocimiento de una perspectiva panorámica mucho más amplia
que aquella en la que han vivido precisamente «toda» su historia, sus varios
(pocos) milenios de existencia. La religiosidad, la espiritualidad del ser
humano, es mucho más amplia, y mucho más antigua (decenas de milenios al menos)
que cualquiera de nuestras religiones. Dar al tiempo sagrado de nuestra religión
la centralidad y unicidad cósmica y universal decisiva que le solemos dar, tal
vez necesite una reevaluación más ponderada. El pensamiento religioso más sereno
y maduro se inclina cada día más hacia una revalorización más generosa hacia las
otras religiones, y una profundización del sentido de modestia y de pluralismo,
que no es claudicación ante nada, sino apertura de corazón al llamado divino que
hoy sentimos, vibrante y poderoso, hacia la convergencia universal que antes no
acabábamos de captar.
Buen día hoy para presentar estos desafíos y para profundizarlos en la
homilía, en la reunión de la comunidad. No desaprovechemos la oportunidad de
este día para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas.
En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a
Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del
Salvador en la «ciudad de David». La tradición de que el Mesías debía nacer en
Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén
Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor de su pueblo.
Hay que darse cuenta de que los evangelios no nos dicen ni que fueran tres,
ni que fueran reyes, ni que se llamara Melchor, Gaspar y Baltasar... detalles
que provienen de las tradiciones añadidas a este «hecho» teologico de la
Epifanía, que tal vez no tuvo verificación histórica -ni la necesitaba-. El
término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático,
astrónomo, o mejor, astrólogo. El estudio de los astros y la interpretación de
sus movimientos fueron en la antigüedad una fuente inestimable de pistas para
conocer el destino y el designio de las personas. Es decir, los que después
hemos llamado «Santos Reyes Magos» habrían sido astrólogos o estudiosos del
cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los
magos eran «reyes» y que procederían de Oriente. Las tradiciones posteriores y
la imaginación popular construyó todo lo demás.
Para quienes quieran profundizar en el tema de la teología del pluralismo
religioso les recomendamos un curso que está en línea -libre y gratuito- en:
http://cursotpr.adg-n.es
Para artículos teológicos de carácter medio sobre el tema remitimos a la RELaT,
Revista Electrónica Latinoamericana de Teología:
www.servicioskoinonia.org/relat
Para una bibliografía de carácter especializado sobre el tema remitimos a:
http://www.latinoamericana.org/2003/textos/bibliografiapluralismo.htm
Para la revisión de vida
- Dios se da a conocer a todas las gentes; no sólo a «un» pueblo elegido,
sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente, porque Dios
elige, necesariamente, a todos los pueblos, sin exclusivismos, sin «acepción de
personas» ni acepción de razas ni culturas. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de
la universalidad de Dios, de su magnanimidad.. o creo que «sólo nosotros»
conocemos a Dios y estamos en la verdad? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra
religión es verdadera, que las demás son "falsas"?
Para la reunión de grupo
- El símbolo de la epifanía (magos de Oriente yendo a adorar a Jesús) es un
símbolo, una elaboración teológica del “evangelio de la infancia” de Mateo,
realizada en aquel contexto de la elaboración del Nuevo Testamento, que es un
contexto de confrontación de la comunidad cristiana con el mundo ambiente,
contexto de expansión esforzada, de evangelización misionera. Es fácil hacer de
este símbolo una interpretación en el marco del “inclusivismo”, como si toda
salvación que hubiera fuera del cristianismo “proviniera en definitiva
únicamente de Jesús”, o en el marco incluso del “exclusivismo”, como si “fuera
de Jesús no hubiera salvación”… Hoy, dos milenios más tarde, con una visión
bastante más amplia, y tras un Concilio Vaticano II -que ha dicho las palabras
más positivas y optimistas sobre el valor salvífico de las demás religiones que
se hayan pronunciado nunca en la Iglesia Católica-, caben otras interpretaciones
más abiertas. Dialoguemos sobre ello:
- La salvación de Dios ofrecida en Jesús es universal, como lo es la salvación
que Dios causa y ofrece fuera (o antes) del cristianismo a través de las
religiones de los pueblos. Dios es el mismo a pesar de la multiplicidad de sus
nombres o de la diversidad de las religiones. Por eso los magos adoran a Jesús
sin ser cristianos, y por eso los cristianos podemos participar de las riquezas
religiosas de toda la humanidad. Todo lo que es de Dios nos pertenece a sus
hijos, a todos sus hijos. Por eso debe haber diálogo y paz entre las religiones…
¿Es ésta una argumentación correcta?
- La Epifanía de Jesús, su manifestación a toda la humanidad, significa que hay
más «Pueblos de Dios» que el Pueblo de Dios del cristianismo. ¿Seguimos
identificando el «pueblo de Dios» con la Iglesia católica, o con el
cristianismo? ¿Es correcta esa identificación? ¿Por qué sí o por qué no?
¿Quiénes serían «el» Pueblo de Dios?
- El Concilio Vaticano II nos ha recordado que la manifestación de Dios en Jesús
no es la única. Dios, como sabemos, se ha manifestado de muchas maneras también
a otros pueblos (Hb 1,1)... ¿Qué cambios de actitud y hasta de lenguaje implica
este "descubrimiento"? ¿Qué cambios también implica en los fundamentos de la
misión, de la evangelización a los pueblos no cristianos, y en nuestra teología
y nuestra espiritualidad?
Para la oración de los fieles
- Para que estemos siempre dispuestos a dar razón de nuestra fe y de nuestra
esperanza a quien nos lo pida. Roguemos al Señor.
- Para que cada religión esté dispuesta a escuchar a las demás y a acoger con
apertura de corazón lo que el Espíritu nos manifiesta en las religiones de todos
los pueblos. Roguemos…
- Para que todos los catequistas sepan unir el testimonio de su propia vida a
una buena preparación para ejercer su ministerio. Roguemos…
- Para que cuantos viven sumidos en la duda, el temor o la intranquilidad se
encuentren con Dios vivo y alcancen la luz y la paz que buscan y necesitan.
Roguemos…
- Por cuantos buscan un mundo más justo y en paz, para que encuentren la
recompensa a sus trabajos y desvelos. Roguemos…
- Para que vivamos de tal modo la fraternidad con quienes nos rodean que seamos
para todos un verdadero testimonio de fe y de amor. Roguemos…
Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro: el relato evangélico nos narra que en un día como éste
Jesús fue reconocido por unos magos venidos de Oriente en su búsqueda; haz que
quienes te buscan, encuentren y sigan las estrellas que Tú pones en su camino, y
quienes ya te hemos encontrado podamos contemplar un día, cara a cara, la gloria
de tu rostro. Por Jesucristo.
Oh Dios, Dios único, «Dios de todos los nombres» con los que los humanos de
todos los tiempos te han buscado. Tú que te has hecho buscar por todos los
pueblos, y a todos ellos también les has salido al encuentro en su propia vida
espiritual, en su religión, concédenos apertura de corazón para sentir tu
presencia omnímoda en todas las religiones de la tierra. Tú que vives y das
vida, y dialogas con todos los pueblos, por los siglos de los siglos. Amén.
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