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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 9 al 15 de Noviembre de 2008 
Domingo 32º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 32ºde Tiempo ordinario, ciclo A el 12 de noviembre de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 9 de noviembre de 2008
 32º Ordinario
 Dedicación de la Basílica S. Juan de Letrán – Teodoro

 INICIO

Sb 6,12-16: Encuentran la sabiduría los que la buscan
Salmo responsorial 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
1Ts 4,13-18: Dios los llevará con él
Mt 25,1-13: Llega el esposo, salgan a recibirlo

En estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «fin» de toda existencia. Éste fin es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús... teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»...

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. No dice a sus novios o a los novios. «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9, 15). Y recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas...

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que se escoja, que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia- que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. "ustedes velen, porque no saben el día ni la hora". No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 70 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Con las lámparas encendidas». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300069
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap69b.mp3

Para la revisión de vida
- Mi vida: ¿es una vida de futuro, de esperanza...? ¿Pienso en el futuro decisivo? ¿Me lo planteo suficientemente, a pesar de su misteriosidad?
¿Está nuestra vida demasiado absorbida por los detalles pequeños y diarios, sin previsión de futuro, sin la prudencia de poner en el centro la búsqueda de la Utopía del Reino?
 

Para la reunión de grupo
- Estos domingos últimos los temas de los evangelios son la esperanza, el futuro, el final... y sus evangelios están tomados del capítulo 25 de Mateo. Repasemos las características de la parte apocalíptica que está al final de los evangelios sinópticos...
- Sabiduría no es erudición, sino saber entender y vivir la vida, saber analizar las cosas, las situaciones y experiencias... con los ojos de Dios. Digamos qué es la sabiduría con palabras y referencias de hoy. ¿Dónde está la sabiduría en nuestra civilización actual?
- La carta a los tesalonicenses dice: «No queremos que vivan ustedes como personas que no tienen esperanza»... Preguntémonos: la esperanza... ¿es sólo de los cristianos? ¿Pueden tener esperanza los ateos? ¿Se puede tener esperanza si no se cree en la resurrección?
- Comentar, si se recuerda, aquella imagen del «mártir ateo», de Ernst Bloch. O la expresión de Enrique Tierno Galván: ser agnóstico implica «saberse establecer cómodamente en la finitud»...
- El llamado a la «vigilancia» es un mensaje recurrente en el evangelio. En la parábola de hoy es claro. En un contexto cultural en el que el «gran relato» religioso establecía que esta vida era sólo una «prueba» que Dios nos pone para enviarnos tras la muerte a la «vida definitiva del cielo o del infierno» la «vigilancia» tenía un sentido obvio y capital, central incluso. ¿Mantiene hoy el mismo sentido? ¿Por qué? ¿Cómo expresaríamos hoy el «megarrelato» religioso? ¿Qué sentido puede tener hoy la invitación a la «vigilancia»?

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que renueve su esperanza y sepa ofrecerla con humildad a la humanidad. Oremos.
- Por todos aquellos que buscan conocer la vida en profundidad, para que se encuentren con el Dios Padre que cuida de todos nosotros y nos llama a vivir como hermanos. Oremos.
- Por todas las personas, para que encuentren en su vida la luz que les lleve a discernir y dejar los ídolos que alienan y no salvan. Oremos.
- Por todos aquellos que viven afligidos al ver la muerte como un callejón sin salida, para que la Buena Noticia los abra a la esperanza y dé sentido a sus vidas. Oremos.
- Por todos los que viven instalados en lo superfluo de la vida, para que descubran la hermosa tarea que tenemos todos de transformar el mundo en una sociedad solidaria. Oremos.
- Por todos los difuntos, para que gocen ya de a deseada plenitud de la vida, junto al Padre. Oremos.


Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, ayúdanos para que sepamos vivir con toda responsabilidad y esperanza, como nos enseñó Jesús, de manera que se alejen de nosotros el desánimo, la tristeza y la desesperanza y podamos trabajar libremente en la construcción de tu Reino. Por Jesucristo.
Dios Padre y Madre de toda la Humanidad, que nos invitas a vivir con intensidad nuestra corta vida, cuidando siempre de que el aceite arda en las lámparas de nuestros corazones: ayúdanos a amar a fondo a todo lo que vive y existe, y a ser dadores de vida y de esperanza. Esto nosotros te lo pedimos apoyados en Jesús, tu hijo, hermano nuestro. Amén.
 



 Lunes 10 de noviembre de 2008
 León Magno, Papa

 INICIO
Tt 1,1-9: Sigue las instrucciones que te di
Salmo responsorial 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
Lc 17,1-6: Si tu hermano te ofende, lo perdonarás

La comunidad fraterna de los discípulos no es una comunidad de santos exenta de faltas. Cuando peca el hermano, cuando peca contra su hermano, éste no debe permanecer impasible; se trata, en efecto, de la salvación del hermano pecador. Lo primero que hay que hacer es reprenderlo. El que lo deja obrar a su talante sin preocuparse de su pecado, se hace culpable: “no odies en tu corazón a tu hermano, pero repréndelo para no cargarte tú por él con un pecado (Lv 19,17). La palabra de amonestación inducirá al hermano a corregirse. Si éste reconoce su culpa y se convierte, entonces debe el hermano perdonar a su hermano.

La comunidad de los discípulos se santifica cuando un hermano perdona al otro, le perdona una y otra vez a pesar de las recaídas, siete veces al día, siempre que haga falta, sin límite alguno. Si el discípulo perdona al hermano, también Dios le perdonará a él su propia culpa.

Con la solicitud de todos por la salvación del hermano, y con el perdón de todas las ofensas personales y de todos los agravios experimentados, viene a ser el pueblo de Dios un pueblo santo. También aquí, como en el caso del perdón de Dios, el arrepentimiento y conversión es la base de todo.


 Martes 11 de noviembre de 2008
 Martín de Tours

 INICIO
Tt 2,1-8.11-14: Llevemos una vida religiosa
Salmo responsorial 36: El Señor es quien salva a los justos
Lc 17,7-10: Somos unos pobres siervos

Los doctores de la ley entre los fariseos conciben la relación entre Dios y el hombre como contractual: yo doy para que tú des; prestación por prestación. Si se cumple la ley, si se hace lo que Dios tiene encargado, entonces debe Dios otorgar recompensa. La parábola de Jesús descarta tal mentalidad. Dios no debe nada, ni siquiera las gracias. El hombre no es sino un simple criado. En Lucas va dirigida la parábola a los apóstoles. Lo han dejado todo y han seguido a Jesús; han cumplido con sus exigencias radicales. La recompensa de Dios no corresponde a la prestación del hombre. Lo que nosotros llamamos recompensa es don de la bondad divina. Lucas cierra su composición relativa a las exigencias radicales de Jesús con esta parábola del obrero o criado. Los apóstoles que lo han dejado todo, tan sólo pueden decir: hemos hecho únicamente lo que teníamos que hacer. Son criados de Dios, quien erige su reino, otorga su misericordia proclamándola, hace visible por ellos su magnificencia. Pero en este servicio nunca pasan ellos de ser simples criados que sólo hacen aquello a que están obligados. El cristiano que cree haberlo hecho todo no tiene derecho a formular exigencias a Dios. La actitud que pinta Jesús conserva la paz en la comunidad, pese a todas las diferencias entre las personas..



 Miércoles 12 de noviembre de 2008
 Josafat – Cristián

 INICIO
Tt 3,1-7: Su propia misericordia nos ha salvado
Salmo responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
Lc 17,11-19: Tu fe te ha salvado

Jesús había esperado que volvieran todos los ex-leprosos y dieran gloria a Dios por él. Porque por él vienen las gracias de Dios, por él se da gloria a Dios. Sin embargo, sólo el extranjero regresa; el samaritano, que como extranjero no cuenta entre los hijos de Israel, no osa formular exigencias a Dios. Lo que recibe lo toma como presente de la gracia, y da gracias. Los judíos no dan gracias, porque consideran como debidos los dones de Dios. Reciben del enviado de Dios lo que, según ellos les corresponde. Les falta la actitud fundamental necesaria para recibir la salvación. En el extranjero se hallan actitudes que facilitan el acceso a ella: gratitud, alabanza, confesión de la propia pobreza delante de Dios. El camino de la salvación está abierto a todos, incluso a los extranjeros, a los pecadores, a los gentiles. Lo que salva es la fe, la decisión y entrega a la Palabra de Jesús y a la acción salvífica de Dios a través de El.

El sanado que vuelve a Jesús es un samaritano. Como aquel samaritano compasivo estaba en el camino del Evangelio y del reino de Dios con sus buenos servicios llenos de compasión, así también lo está este samaritano por medio de su gratitud. La sencillez y los nobles sentimientos humanos son un camino hacía la salvación si van unidos a la fe en la Palabra de Jesús, en la que se encierran la ley y los profetas.



 Jueves 13 de noviembre de 2008
 Diego de Sevilla – Estanislao – Leandro

 INICIO
Flm 7-20: Recíbelo como a hermano
Salmo responsorial 145: Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.
Lc 17,20-25: Cuándo iba a llegar el reino de Dios

Jesús camina hacia Jerusalén. Cuando llegue al término de su camino, ¿establecerá poderosamente el reino de Dios y se revelará en gloria como el Hijo del Hombre? Así habían creído los discípulos. Cuando ya estaba cerca de Jerusalén, pensaban ellos que el reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente. Es designio y voluntad de Dios que Jesús llegue a la gloria pasando por la reprobación y la muerte. Tiene que sufrir mucho de parte de sus contemporáneos y ser condenado en juicio. El Hijo del Hombre experimentará la suerte del “siervo de Dios”, que fue despreciado y abandonado por los hombres, varón de dolores y familiarizado con la enfermedad, como uno ante quien hay que cubrirse el rostro (Is 52,13—53,12). En el camino de Jesús se diseña también el camino de sus discípulos, el camino de la Iglesia. Esta experimenta el sufrimiento y la tribulación necesarios por designio divino, antes de alcanzar su gloria.

La Palabra de Jesús habla sólo de la presencia del reino de Dios en medio de sus contemporáneos, pero no de que él mismo lo trae, de que está presente en él. Jesús desempeña la función de profeta de la salvación de los últimos tiempos, de pregonero de la misma, que conoce el misterio del reino de Dios. Sin embargo, él es más que esto. Él expulsa los demonios con el dedo de Dios. Dios le ha dado su poder; por él reina Dios. Los fariseos debían de quedarse pensativos al oír las palabras de Jesús



 Viernes 14 de noviembre de 2008
 Humberto – Eugenio de Toledo

 INICIO
2Jn 4-9: Cuídense a sí mismos
Salmo responsorial 118: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Lc 17,26-37: Cómo será el fin

La pregunta por el “cuándo” abre el discurso sobre el tiempo final; la pregunta por el “dónde”, lo cierra. Preguntas curiosas, superficiales, que distraen de lo esencial: el reino de Dios está presente; viene el Hijo del Hombre; la promesa está ya cumplida, pero todavía no en forma acabada. ¿Qué se desprende de esto? Los cadáveres atraen a los buitres. Esto lo saben todos. Como los buitres son atraídos por los cadáveres, así será atraído por los hombres pecadores el juicio que condena. Lo importante no es la pregunta por el lugar del juicio, sino la cuestión de la liberación del pecado, de la conversión. Cuando Jesús anuncia el tiempo final, exhorta a la conversión y a la penitencia. Proclama el reino del Dios de la misericordia, a fin de que la venida del Hijo del Hombre no redunde en perdición.

Jesús nos invita a dejarlo todo. La actitud de la mujer de Lot, que vuelve la vista hacia atrás, deja entrever la actitud de posesión. Jesús nos invita al desprendimiento. Sodoma y los habitantes de tiempos de Noé perecieron por su indiferencia y apego a lo material, olvidándose de Dios y de los demás. El juicio del Hijo del Hombre comienza por revisar nuestra actitud ante lo material, proyectos, ideas y cómo pensamos que por nuestra voluntad podemos lograr lo que queremos.



 Sábado 15 de noviembre de 2008
 Alberto Magno - Leopoldo

 INICIO
3Jn 5-8: Debemos sostener a los hermanos
Salmo responsorial 111: Dichoso quien teme al Señor.
Lc 18,1-8: Dios hará justicia

La Iglesia oprimida puede esperar con toda seguridad que su oración será escuchada. Ella es, en efecto, la comunidad de los elegidos de Dios. Acerca de ellos ha demostrado ya Dios su misericordia, pues precisamente eligió a los que menos títulos podían invocar al efecto. En ellos ama la imagen de su Hijo, El Elegido, el Ungido de Dios. Aunque la oración de los elegidos no sea escuchada inmediatamente y ellos tengan que perseverar soportando la opresión y el sufrimiento, pueden cobrar nuevos ánimos pensando en la suerte del Elegido, del Hijo y Ungido de Dios. Jesús no recibe sin la cruz el título de Elegido. Es manifestado como Elegido cuando en la Transfiguración se proclama su camino de la gloria a través de la cruz; con éste título es indicado Cristo en la cruz, porque a los judíos les parece imposible que el Elegido sea un crucificado. Jesús es el Elegido porque por la salvación va a la gloria. El camino del Elegido deben seguirlo también los elegidos.

La oración perseverante de los elegidos oprimidos no deja de ser escuchada. Dios les hace justicia prontamente, sin dilación. No se demora en prestar ayuda a sus elegidos. Llega la acción salvadora de Dios, la cual consiste en la nueva presencia de Jesús.