Domingo 7 de septiembre de 2008
23º Ordinario
Regina
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Ez 33,7-9: Te he puesto como
centinela
Salmo responsorial 94: Ojalá
escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón."
Rm 13,8-10: El amor es la plenitud
de la ley
Mt 18,15-20: Si tu hermano peca,
repréndelo
La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra
corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en
el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada
hermano.
Ezequiel es profeta del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo.
También otros profetas han utilizado esta imagen para caracterizar su misión. La
actitud vigilante es un rasgo del auténtico profeta. Estar atento a lo que pasa
para alertar y prevenir al pueblo. El profeta verdadero está siempre atento a
escuchar la Palabra de Dios. Lee los acontecimientos de la historia y los
interpreta a la luz de la Palabra de Dios. El vigilante, celador, velador,
centinela o como se le llame en nuestro medio está pendiente de los peligros que
acechan al pueblo. Por eso, el profeta es responsable directo de lo que le pueda
pasar. El profeta tiene la misión de abrir los ojos. Pero también el pueblo
puede aceptar o rechazar la interpelación profética. Lo que no está bien es
pasar por alto el peligro.
Pablo en la carta a los Romanos invita a los creyentes que edifiquen su vida
sobre la base del amor para que puedan responder a los desafíos del momento
histórico que a cada creyente y a cada comunidad le toca vivir. El amor es
resumen, síntesis vital, compendio de todo tipo de precepto de orden religioso.
Así, Pablo entra en perfecta sintonía con la propuesta evangélica. Ciertamente
que no es un rechazo rotundo de la ley. Pero el amor supera la fuerza de la ley.
Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario,
siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La
conversión, la metanoia, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se
convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en
actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón,
reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad
fraterna.
El evangelio de Mateo nos presenta el pasaje que se ha denominado comúnmente
la corrección fraterna. El Texto revela los conflictos internos que vivía la
comunidad mateana. Nos encontramos, entonces, ante una página de carácter
catequético que pretende enfrentar y resolver el problema de los conflictos
comunitarios. El pecado no es solamente de orden individual o moral. Aquí se
trata de faltas graves en contra de la comunidad. El evangelista pretende
señalar dos cosas importantes: no se trata de caer en un laxismo total que
conduzca al caos comunitario. Pero tampoco se trata de un rigorismo tal que
nadie pueda fallar o equivocarse. El evangelista coloca el término medio. Se
trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales
siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se
señala. El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al
trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico
que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se
resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento... entonces sí
la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de
perdón la persona misma se excluye de la comunión.
Vivimos una cultura contradictoria. Por una parte, frente a la corrupción
personal y colectiva se asume una postura de laxismo. Por otra parte, se juzga,
se condena y se excluye a las personas sin antes haber averiguado los hechos a
fondo. Cuando se trata de difamar a una persona, basta con que alguien tire del
hilo para que se vayan difundiendo por todas partes los comentarios,
murmuraciones y calumnias.
Los medios de comunicación social, que viven de chismes o de
sensacionalismos, no escatiman sacrificios para buscar, alterar y tergiversar
noticias sobre hechos que resulten escandalosos. Y si no lo son, ellos se
encargan de busarles ese lado. Fácilmente se condena y se estigmatiza a
personas, grupos e instituciones que no piensan como todo el mundo, o actúan de
manera diferente o cuestionan el orden establecido.
Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias
y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de
verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren
rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en
actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso
con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.
¿Cómo vivimos los valores de la verdad, la justicia, la reparación y la
reconciliación al interior de nuestras comunidades? ¿Qué actitud asumimos frente
a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan la verdad? ¿Nos
sentimos corresponsables de la suerte de nuestros hermanos?
El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los
hermanos LÓPEZ VIGIL. Puede irse a la página de la serie (www.untaljesus.net)
y escoger un capítulo oportuno.
Para la revisión de vida
- Para muchos de nosotros, el perdón, por nuestra forma de ser, nuestro
carácter, la educación recibida o la falta de educación recibida para perdonar,
nos resulta difícil, incluso muy difícil. ¿Cómo está la actitud de perdón en mi
vida? ¿Hay personas a las que no he perdonado todavía en mi corazón? ¿Guardo una
relación correcta entre el «perdonar» y el «no olvidar»?
Para la reunión de grupo
- El tipo de Iglesia que presenta Mateo en su evangelio es una “asamblea” de
hermanos, a quienes la fe en Jesús ha hecho romper los criterios mundanos de
diferencia de clases sociales económicas, prejuicios, privilegios,
autoritarismos… y se reúnen fraternal/sororalmente en una comunidad igualitaria
y participativa ejemplar. Comparar este ideal con la situación actual de la
iglesia. Elencar las deficiencias que la Iglesia de hoy tiene a este respecto.
¿Qué podemos hacer en este sentido?
- Yo les digo: todo lo que aten en la tierra, el Cielo lo tendrá por atado.
Mateo parece poner la facultad del perdón de los pecados en la comunidad
eclesial. Comentar.
- Se dice ya con frecuencia que el rito actual del sacramento de la “confesión”
está hace tiempo en una crisis de la que parece difícil recuperarlo.
Recomendamos leer el estudio de Domiciano Fernández, “Dios perdona sin
condiciones. Celebración comunitaria de la penitencia” (que se puede recoger en
la biblioteca de Koinonía, http://servicioskoinonia.org/biblioteca) y comentar
las razones históricas, dogmáticas y teológicas que da a favor de la celebración
de la reconciliación comunitaria sin confesión oral individual. Comentar esas
razones.
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que sea una comunidad que trabaja esforzadamente por la
reconciliación entre personas y sociedades, desde la justicia, la igualdad y la
fraternidad. Roguemos al Señor.
- Por la comunidad mundial de naciones, para que favorezca la concordia entre
los pueblos. Roguemos…
- Por la familia humana, para que encuentre el camino de la paz, sin
militarismos, terrorismos, fundamentalismos ni violencias de ningún tipo.
Roguemos…
- Por las familias, para que faciliten el entendimiento entre padres e hijos y
favorezcan la armonía entre sus miembros. Roguemos…
- Por todas las personas, para que no veamos el perdonar y ser perdonados como
signo de debilidad sino como forma de crecer en unas relaciones más humanas y
profundas. Roguemos…
- Por todos nosotros, para que no seamos remisos a la hora de practicar la
acogida y el perdón unos con otros. Roguemos…
- Para que perdonemos y sepamos aprovechar todas las mediaciones por las que
Dios nos da su perdón. Roguemos…
Oración comunitaria
Oh Dios que por Jesús nos has dicho: “todo lo que aten en la tierra, el Cielo lo
tendrá por atado”; haz que tu Iglesia sienta sobre sí la responsabilidad de ser
generosa como Tú, y de no imponer a tus hijos, nuestros hermanos y hermanas,
“más cargas que las necesarias”, haciéndoles experimentar que “donde está tu
Espíritu está la libertad”. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oh Dios, insondable Misterio último, a quien osamos imaginar como Padre y Madre
de todo lo existente, como Fuerza suprema de la Vida, que suscita el caos y
promueve la convergencia de todo hacia nuevas formas de Ser y de Vida. Danos
imitar tu magnanimidad y tu tolerancia, que todo lo hace concurrir finalmente al
Bien. Danos espíritu de comprensión y libertad, para que sepamos siempre
perdonar y rescatar para el bien a todos nuestros hermanos. Nosotros te lo
pedimos por Jesús, tu hijo, nuestro hermano.
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