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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 17 al 23 de agosto de 2008
Domingo 20º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 20 ºde Tiempo ordinario, ciclo A el 20 de agosto de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 17 de agosto de 2008
 20º Ordinario
 Jacinto

 INICIO

Is 56,1.6-7: Guarden el derecho, practiquen la justicia
Salmo responsorial 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben
Rm 11,13-15.29-32: La llamada de Dios es irrevocable
Mt 15,21-28: Mujer, que grande es tu fe

A la vuelta del exilio, los discípulos de Isaías recobran las enseñanzas del profeta del siglo VII y proponen al nuevo Israel, en proceso de formación, que se abra a los valores de la universalidad y el ecumenismo. La apertura, sin embargo, no se basa en un compromiso diplomático ni en una ilusión quimérica sino en la causa universal de la Justicia. La tercera parte del libro de Isaías no propone que todas las religiones de su época se reúnan bajo la única bandera del pontificado de Jerusalén, sino que el pueblo que está naciendo después de cincuenta años de exilio sea el aglutinador de las aspiraciones más legítimas de la humanidad.

Los discípulos de Isaías son conscientes del peligro que subyace al nacionalismo exacerbado. La unidad étnica, cultural e ideológica de un pueblo no le da derecho a despreciar a los demás, bajo el pretexto de una falsa superioridad. Cada pueblo puede sólo ser superior a sí mismo en cada momento de la historia. Y esta superioridad consiste en transformar todas las decadentes tendencias centralistas, alienadoras y clasistas, en una consciencia de sus propias potencialidades de apertura universalista y de esfuerzo de comunión.

El nuevo Templo, como símbolo de la esperanza y la resurrección de un pueblo, debía convertirse en una institución que animara los procesos de integración universal. El Templo, como casa de Dios, debía estar abierto a los creyentes en el Dios de la Justicia y el Amor, cuya religión se inspira en el respeto por los más débiles y en la defensa de los excluidos.

Sin embargo, esta propuesta no tuvo casi ninguna resonancia y se convirtió en un sueño, en una esperanza para el futuro, en una utopía que impaciente aguarda a su realizador. Cuando Jesús expulsa a los mercaderes del Templo proclama a voz en cuello «mi casa será casa de oración», la propuesta del libro de Isaías. El Templo, aun desde mucho antes de que apareciera Jesús, se había convertido en el fortín de los terratenientes y en el depósito de los fondos económicos de toda la nación. Había pasado de ser patrimonio de un pueblo a ser una cueva donde los explotadores ponían a salvo sus riquezas mal habidas. El enfrentamiento con los mercaderes tenía por objetivo no sólo reivindicar la sacralidad del espacio, sino, sobretodo, la necesidad de devolverle al Templo su función como baluarte de la justicia y de la apertura económica. Los guardias del templo cerraban el paso a los creyentes de otras nacionalidades, pero abrían las puertas a los traficantes que venían a hacer negocios sucios.

En ese proceso de ruptura con la decadencia del Templo y con la élite que lo manipulaba se enmarca el episodio de la mujer cananea. Jesús se había retirado hacia una región extranjera, no muy lejos de Galilea. Las fuertes presiones del poder central imponían fuertes limitaciones a su actividad misionera. Su obra a favor de los pobres, enfermos y marginados encontraba una gran resistencia, incluso entre el pueblo más sencillo y entre sus propios seguidores. El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginada por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con los que Jesús interpretaba su propia misión. La mujer extranjera rompe todos los esquemas de cortesía y buen gusto que en las sociedades antiguas tenían un carácter no sólo indicativo sino obligatorio. Existían reglas estrictas para controlar el trato entre una mujer y un varón que no fuera de la propia familia. Los gritos desesperados de la mujer y sus exigencias ponían los pelos de punta no solo a los discípulos sino al evangelista que nos narra este relato. Con todo, la escena nos conmueve porque muestra cómo la auténtica fe se salta todos los esquemas y persigue, con vehemencia, lo que se propone.

Los discípulos, desesperados más por la impaciencia que por la compasión, median ante Jesús para ponerle fin a los ruegos de la mujer. El evangelista, entonces, pone en labios de Jesús una respuesta típica de un predicador judío: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», para explicar cuál debería ser la actitud de Jesús. Por fortuna, la mujer, haciendo a un lado los prejuicios raciales ajenos, corta el camino a Jesús y lo obliga a dialogar. Cuál no sería la sorpresa de Jesús al encontrar en esta mujer, sola y con una hija enferma, una fe que contrastaba con la incredulidad de sus paisanos. Como Elías al comienzo de su misión, Jesús comprende que aunque la misión comienza por casa, no puede excluir a aquellos auténticos creyentes en el Dios de la Solidaridad, la Justicia y el Derecho. Por esta razón, su palabra abandona la pedantería del discurso nacionalista y se acoge a la universal comunión de los seguidores del Dios de la Vida.

Pablo, en la misma línea, abandona los inútiles esfuerzos por abrir a Israel a la esperanza profética y acepta la propuesta de los creyentes de otras naciones que están dispuestas a formar las nuevas comunidades abiertas, ecuménicas y solidarias.

En nuestro tiempo continuamos sin romper con tantos mecanismos que marginan y alejan a tantos auténticos creyentes en el Dios de la Vida, únicamente porque son diferentes a nosotros por su nacionalidad, clase social, estado civil o preferencia afectiva. ¡Esperemos que alguna buena mujer nos dé la catequesis de la misericordia y la solidaridad!

Por lo que se refiere a la misión «misionera» de los cristianos, bien sabemos que la letra del texto del evangelio de hoy bien podría inducirnos a error, pues hoy día la misión no puede estar centrada en ninguna clase restrictiva de ovejas, ni las de Israel, ni las del cristianismo,ni mucho menos las «católicas». La misión ha roto todas las fronteras, y sólo reconoce como objetivo el reinado del Dios de la Vida y de la Justicia. La misión ya no es ni puede ser chauvinista, porque hoy no cabe entenderla sino como «Misión por el Reino», por la Utopía del Reinado del Dios de la Vida, que es siempre un Dios inabarcablemente plural en sus manifestaciones, en sus revelaciones, en sus caminos...

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 65 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Los perros extranjeros». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300065 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap65b.mp3

 

Para la revisión de vida
- En ésta y otras ocasiones, Jesús alaba la «fe» de un «extranjero», o sea, de una persona que no era judía, que tenía «otra religión». ¿Cómo está nuestra capacidad de reconocer y hasta de admirar los valores –religiosos incluso- que viven otras personas que no son de nuestra religión? ¿Cómo valoramos el mundo islámico, los emigrantes, los no creyentes, los agnósticos...?
 

Para la reunión de grupo
- Me han enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel. Probablemente Jesús no dijo tal cosa en respuesta a que una extrajera le pidiera un milagro… El texto recoge una composición elaborada tratando de responder más bien al pensamiento de la primitiva comunidad cristiana. Pero en todo caso, el evangelio presenta signos de que Jesús tuvo tal vez una primera etapa no universalista, una etapa limitada en su perspectivas a Israel. ¿Cómo explicarlo? ¿Diríamos que Jesús fue creciendo... no sólo «en edad sabiduría y gracia», sino también en teología y en conciencia misionera...?
- La mujer cananea es uno de los varios casos que aparecen en el evangelio en que Jesús alaba la fe de personas que no son miembros del Pueblo de Dios e incluso las pone por encima de los miembros del pueblo de Dios. Sobre esto cabe preguntarnos: ¿Es que en el Pueblo de Dios, «ni son todos los que están, ni están todos los que son»?
- Un paso más: ¿Es que hay sólo un Pueblo de Dios, o habrá muchos Pueblos de Dios?
- La teología actual de la «misión» acentúa que la misión no tiene como objetivo «convertir a otros a nuestra religión», sino –como no podía ser de otra manera, siguiendo a Jesús- construir el Reino de Dios. Es Misión-por-el-Reino. Comentar esto subrayando las diferencias con las antiguas concepciones de la misión.


Para la oración de los fieles
- Para que, como Jesús, seamos capaces de ver la «fe» y los admirables valores religiosos de muchos hermanos y hermanas que no pertenecen al Pueblo de Dos. Roguemos al Señor.
- Para que tengamos una mente abierta, un corazón generoso y una esperanza optimista. Roguemos...
- Para que el mundo actual se embarque hacia la superación de los enfrentamientos étnicos y culturales. Roguemos...
- Por la paz en la tierra de Jesús, Palestina, Israel; para que se llegue pronto a una solución que contemple los derechos de todos. Roguemos...

Oración comunitaria
Oh Dios de todos los pueblos, que has escogido y llamado a todos para que cada uno se encontrara contigo por su propio camino, el camino ancestral por el que tú le has acompañado siempre con cariño paterno y cercanía materna. Danos el optimismo de la fe que sabe descubrir la presencia del Reino y de la «fe» también en los hombres y mujeres de otros Pueblos que hasta ahora nos han parecido equivocadamente «alejados». Ayúdanos a hacer nuestros la esperanza y el optimismo que Jesús nos manifiesta en el Evangelio. Nosotros te lo pedimos apoyados en el ejemplo de Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.



 Lunes 18 de agosto de 2008
 Alberto Hurtado - Elena

 INICIO
Ez 24,15-24: Sabrán que Yo soy el Señor
Salmo responsorial: Despreciaste a la Roca que te engendró
Mt 19,16-22: Vende todo lo que tienes

El profeta Ezequiel anuncia al pueblo de Judá que se encuentra ante su inminente caída y, por tanto, ante la destrucción del Templo, centro emblemático de su actividad religiosa, económica y política. El oráculo de parte de Dios es que, a pesar del dolor que sufrirá por la pérdida de lo que tanto ama, el pueblo se ha de mantener firme, pues los sucesos que caerán sobre él no le permitirán hacer el luto y expresar debidamente su dolor. Es en el sufrimiento donde el pueblo descubrirá de qué está realmente hecho y qué es de verdad lo necesario. Por encima de que desaparezca el Templo, Dios permanecerá como siempre a favor de su pueblo y, en definitiva, de la humanidad misma. A veces somos como el joven que nos menciona el evangelio de san Mateo en el día de hoy: salimos al encuentro de Jesús seguros de recibir una felicitación por nuestro buen comportamiento, por nuestra observancia estricta de muchos preceptos que garantizan que sobresalgamos por encima de los demás. De donde en realidad hemos de salir constantemente es de nuestras falsas seguridades, que no permiten que nos desacomodemos y aceptemos de manera creativa la venida del reino, el que de verdad abre nuestras posibilidades de realización teniendo en cuenta a los demás como hermanos.


 Martes 19 de agosto de 2008
 Juan Eudes – Mariano

 INICIO
Ez 28,1-10: Eres hombre y no Dios
Interleccional: Dt 32,26-28.30.35cd-36ab: Yo doy la muerte y la vida
Mt 19,23-30: Entonces, ¿quién podrá salvarse?

Es tal el peligro que representan las riquezas y la ambición de ellas en la vida del ser humano, que pueden llegar a desplazarlo de su propio centro. El hombre ubica entonces allí al gran dios que se ha fabricado desde las posesiones que supuestamente le dan seguridades, pero que lo alejan del otro, sobre todo del más necesitado, del que sufre el hambre, la miseria, la exclusión. Ojalá las riquezas, como origen frecuente de tan lamentables situaciones, no impidan nuestro seguimiento a Cristo ni desplacen el sentido original que tienen en orden a satisfacer las necesidades vitales de todos los seres humanos. Dios no condena la riqueza que puede ayudar al ser humano a construir su bienestar; lo que condena es el uso que aquél haga de ella favoreciendo a unos pocos y marginando a la gran mayoría. Dios ha destinado las riquezas con el fin de que el ser humano las use para desarrollar el mundo y para construir una sociedad mejor y más humana en justicia, solidaridad y caridad auténtica. Para hacer un uso justo de las riquezas en el ámbito del creyente, éste ha de tener por centro el verdadero amor a Dios y al prójimo como a sí mismo.




 Miércoles 20 de agosto de 2008
 Bernardo

 INICIO
Ez 34,1-11: Libraré a mis ovejas de sus fauces
Salmo responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
Mt 20,1-16: Los últimos serán los primeros

Esta parábola nos permite comprender la lógica de Jesús respecto del reino. El no busca ante todo a sus discípulos, sino a quienes no lo son, para que comprendan la generosidad sin límites de Dios. Vemos, por una parte, la actitud del ser humano que busca ser salvado por sus propias obras, y por otra la acción de Dios, que ante esa actitud autosuficiente responde que su salvación no está sujeta a las acciones del beneficiario. El “dueño de la viña” llama operarios en diferentes momentos del día, como lo ha hecho en el transcurso de la historia y a pesar del pecado humano. Se queda por sobre todo con las personas, y “paga” lo mismo al que lo reconoció desde un comienzo como su salvador, y al que lo reconoce a última hora. El reino de Dios no está sujeto a la lógica o los caprichos humanos, pero sólo beneficia al ser humano. Sólo por gracia de Dios somos llamados a vivir en su amor.




 Jueves 21 de agosto de 2008
 Pio X, Papa – Graciela

 INICIO
Ez 36, 23-28: Les daré un corazón nuevo
Salmo responsorial 50: Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias
Mt 22,1-14: Vengan, que está listo el banquete

Dios no teme al ser humano ni a los crímenes horrendos que ha cometido en su historia. El le conoce y reconoce como su hijo amado. Tanto así que llegado el momento le mostrará su santidad en la reconciliación de la humanidad con su propia historia. El banquete está servido y es Dios mismo quien invita a la humanidad a disfrutarlo. La parábola nos enseña que la salvación es no sólo un hecho comunitario, sino personal, que implica confesar no sólo de labios la adhesión vital al proyecto de Dios en la vida humana, sino, sobre todo, llevarlo a la práctica en la propia existencia. La parábola del banquete del reino de Dios al que estamos todos invitados no es una realidad ajena a la existencia misma del creyente, pues le ayuda a responder al llamado que Dios generosamente le dirige. La boda está preparada, nos dice el evangelista, y ojalá que nosotros expresemos con nuestra forma de vida cotidiana en la vivencia del Evangelio que merecemos participar de ella.




 Viernes 22 de agosto de 2008
  María Reina

 INICIO
Is 9,1-3.5-6: Un hijo se nos ha dado
Salmo responsorial 112
Lc 1,26-38: María, la fiel servidora de la Palabra

Lucas relata el episodio de la Anunciación con lujo de detalles. En primer lugar señala la condición de María, la joven nazarena apenas comprometida con José. Ella ha encontrado gracia ante los ojos de Dios. Por eso la ha elegido como Madre del Salvador. Perpleja, pregunta como podrá suceder tal cosa si aún su matrimonio con José no ha sido consumado. La respuesta es contundente: es una acción maravillosa de Dios. La constatación de que se trata de una intervención divina es la gravidez de Isabel. Ante estas palabras María responde positivamente a la vocación recibida. Ella es una mujer sencilla, humilde, pobre, aldeana. Pero es una mujer creyente. Por eso ha sido elegida para tan gran misión. En esto precisamente consiste el reinado de María. Va a ser la madre del Rey, pero un rey diferente a todos, que inaugura un reinado de salvación para todo el pueblo, para toda la humanidad. Su fundamento es la paz, la justicia y el amor. Es un reino de gracia y verdad. María es la Reina de este reino. También nosotros, como María, hemos sido convocados a participar en este proyecto novedoso: El reino de Dios.



 Sábado 23 de agosto de 2008
 Rosa de Lima (en Latinoamérica, el día 30)
 Donato

 INICIO
Ez 43,1-7a: El Señor llenaba el Templo
Salmo responsorial 84: La gloria del Señor habitará en nuestra tierra
Mt 23,1-12: Hagan lo que dicen, pero no los imiten

Como evidenciamos a partir de la lectura del evangelio de hoy, no sólo en tiempos de Jesús, sino también en el nuestro han existido y seguirán existiendo hombres y mujeres empeñados en llevar a otros a la salvación sin ser ellos mismos precisamente reflejos de ella. Cuántos hombres y mujeres de nuestro tiempo buscan para sí el ruido de los aplausos, la benevolencia de parte de los otros, tener y gozar siempre de la razón y del prestigio. Son muchos los que no tienen por alimento hacer la voluntad del Padre, sino la suya propia, y en busca de llegar a saciarla llevan a quienes les siguen a enormes sacrificios. Jesús nos invita a ser coherentes con nuestra vida; a no tener doblez de conciencia o corazón. Nos llama a ser, desde un testimonio de vida cristiana consciente y convencida, Palabra de Dios que reanima y recrea la vida de quienes caminan por el mundo sin un sentido que les dé esperanza. Que Dios nos conceda ser luz, sal y fermento para el mundo en su Hijo Jesucristo, en medio de nuestras particulares realidades.