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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 10 al 16 de Agosto de 2008
Domingo 19º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 19º de Tiempo ordinario, ciclo A el 13 de agosto de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 10 de agosto de 2008
 19º Ordinario
 Lorenzo

 INICIO

1Re 19,9a.11-3a: Aguarda al Señor que pasa
Salmo responsorial 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Rm 9,1-5: Digo la verdad en Cristo
Mt 14,22-33: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17, 1-2R 2, 1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16, 31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos -en la tormenta imponente o en el fuego abrazador-, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18, 20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21, 1-29) y aberraciones (2R 1, 1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2, 1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes, llevados más por el miedo que por la pericia, se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 59 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El fantasma del lago». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300059 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap59b.mp3


 

Para la revisión de vida
- La fe es capaz de mover montañas… y de hacernos caminar sobre el mar. ¿Cómo va mi fe? ¿Tengo confianza ciega en Dios? ¿Qué hago con mis dudas? ¿Me pasa como a Pedro, que me hundo en la vida... por dudar?
 

Para la reunión de grupo
- La segunda lectura, del libro segundo de los Reyes, es una lectura clásica para discernir la presencia de Dios. Hagamos una aplicación alegórica de los símbolos que utiliza: el huracán, el terremoto, el rayo, la brisa…
- Prolonguemos la misma reflexión aplicándola hacia categorías más modernas: el estrés, la angustia, la depresión, la tranquilidad de conciencia, la autoestima, la autosatisfacción por el trabajo realizado...
- Este episodio de la vida de Elías ha sido utilizado casi siempre para ponderar la capacidad que la naturaleza de hacernos patente la presencia de Dios. Muchos elementos de decoración religiosa facilona se basan en ello: bellos amaneceres, montañas escarpadas, paisajes llenos de luz, horizontes infinitos... nos hemos acostumbrado a considerarlos símbolos de la presencia de Dios. Se trata de la imagen de un Dios connaturalmente presente en la «naturaleza», no en la «historia»: sería difícil ver a Dios en un cuadro pictórico sobre la lucha de Espartaco y los esclavos, o las luchas de las reivindicaciones obreras... Comentar esto. Relacionarlo con aquel eslogan de la espiritualidad de la liberación: «Contemplativus in Liberatione», ser «contemplalivo en (el proceso de la) liberación»...
- Es fácil ver que los conflictos de justicia entre pobres y ricos en el Primer (Antiguo) Testamento no son una peculiaridad de la historia de Israel... sino un elemento casi pudiéramos decir «esencial» lamentablemente infaltante en toda sociedad. Las apelaciones a un tipo u otro de (imagen de) Dios, no es quizá sino el reflejo de las luchas que en esa sociedad se dan entre las fuerzas utópicas profundas del sobsconciente colectivo y los egoísmos humanos de grupos y de personas. Entonces –y también ahora- se batían estas fuerzas en el campo del imaginario y del discurso religioso, como era «natural» a ese tipo de sociedad. Estamos entrando en un tipo de sociedad en la que, por efecto de lo que Guiddens llama «destradicionalización», la dimensión religiosa institucional tradicional pierde fuerza, se hace menos plausible, y en las sociedades avanzadas (cercanas a lo que se llama técnicamente «sociedades del conocimiento») se hace sencillamente ininteligible. ¿Cómo continuará históricamente la defensa de los pobres y de la justicia en las sociedades avanzadas (y en la nuestra –cualquiera que sea- en el futuro) cuando el discurso y el imaginario religioso no estén a la mano para llevar adelante esa lucha entre la utopía de justicia y los intereses egoístas?
- Muchos de las narraciones de los evangelios sabemos que son simbólicas, teológicas, no históricas. No son una narración objetiva de lo que realmente pasó. Ni era ésa la intención del evangelista al incorporar ese texto al evangelio. Pero durante más de milenio y medio la cristiandad entendió aquellas narraciones al pie de la letra como hechos reales. Todavía muchas personas los entienden así. ¿Es un problema, o no lo es? ¿En qué sentido sí y en qué sentido no? ¿Qué habría que hacer?


Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que busque siempre en el Señor la fuerza necesaria para llevar a cabo su misión en el mundo. Oremos.
- Por todos los cristianos, para que nos esforcemos en conocer cada día más y mejor la voluntad de Dios y así vivamos con más coherencia nuestra fe. Hoy hemos.
- Por todos los que trabajan por lograr un mundo más humano y más fraterno, para que nunca se desanimen ante las dificultades y vean recompensados sus esfuerzos con el triunfo. Oremos.
- Por todos los pueblos y personas, para que disfruten de paz y libertad verdaderas y plenas. Oremos.
- Por todos los que dudan y vacilan en su fe, para que encuentren la fortaleza que da el confiar plenamente en Dios. Oremos.
- Por todos nosotros, para que encontremos en la Eucaristía y en la Comunidad la fuerza y el ánimo necesarios para no perder nunca la ilusión ni la esperanza. Oremos.


Oración comunitaria
Oh Dios, Fuerza Viva, Creadora, Energizante, Elevante, que nos atraes sin manifestarte, y nos seduces sin entregarte, sin atravesar ni romper nunca el leve y opaco velo que nos separa y nos comunica... Haznos sentir tu presencia en la profundidad de todo lo que existe, en la naturaleza pero también en la historia, en la tierra como en el cielo, en el pasado como en el futuro, en nuestra religión como en las de todos los pueblos. Nosotros te hemos sentido especialmente cerca en Jesús de Nazaret, y en el mismo Espíritu que él ha manifestado, Te sentimos presente, a Ti y a Todo lo que existe. Amén
O también:
Dios, Padre nuestro, acrecienta en nosotros el sentimiento de hijos tuyos, nuestro amor y nuestra confianza en Ti, para que seamos en todo momento y circunstancia signos vivos de tu presencia en medio de la humanidad. Por Jesucristo.
 



 Lunes 11 de agosto de 2008
 Clara de Asís

 INICIO
Ez 1,2-5.24-28c: Vi la gloria del Señor
Salmo responsorial 148: Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria
Mt 17,22-27: Lo matarán, pero resucitará

El evangelista san Mateo nos narra el segundo anuncio de Jesús sobre la muerte que iba a sufrir en Jerusalén, así como sobre su resurrección. Nos encontramos también con la tristeza de los discípulos que sólo se transformará en alegría que cuando se predique en Jerusalén, y desde allí a los confines del mundo, el acontecimiento pascual de Jesucristo. El relato del pago del impuesto al Templo y las palabras dirigidas por Jesús a Pedro nos llevan a pensar en las exigencias que tenemos como cristianos respecto de las instituciones que conforman nuestras sociedades, y que están allí para cumplir un deber con la ciudadanía y para garantizar sus derechos. No podemos eximirnos de nuestras obligaciones como ciudadanos de este mundo, pues aquí es donde construimos el reino de Dios. El hecho de que algunas instituciones padezcan el mal de la corrupción no significa que podamos eximirnos de ellas, sino que debemos interferir positiva y críticamente en su transformación y beneficio para todos. Hacernos a un lado confirmará a muchos que no son cristianos, de que quienes lo somos vivimos alienados en otro mundo por causa de nuestra adicción al “opio” Jesucristo. Por eso, lo que es del césar, al césar, y lo que es de Dios, a Dios.


 Martes 12 de agosto de 2008
 Laura – Julián

 INICIO
Ez 2, 8-3,4: Vete y dile mis palabras
Salmo responsorial 118: ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
Mt 18,1-5.10.12-14: Cuidado con despreciar a estos pequeños

Ante la pregunta “¿quién es el más grande en el reino de Dios?”, que le hacen los discípulos, Jesús responde con ayuda de un gesto: “llamó a un niño y lo colocó en medio”. Los niños, como las mujeres, ocupaban en tiempos de Jesús un puesto insignificante. Valía más un esclavo. Esta respuesta de Jesús nos trae a la memoria la acción y figura del Dios del Antiguo Testamento, quien puso su atención de una manera especial en los necesitados y humillados de la tierra, sin despreciar a los que no lo fueran. Para Dios Padre es más importante atraer hacia sí al que está perdido, abatido, abandonado y excluido, que a aquél que ya se encuentra “justificado” por su posición y participación social. Pensemos en tantos “pequeños” que forman parte de nuestras sociedades y a quienes Dios dirige una atención especial: drogadictos, prostitutas, presos, indigentes y tantos otros. Dios no nos llama a despreciar, sino a amar; y así como su amor por la humanidad no se fracciona, como cristianos hemos de velar para que nuestra caridad no se dirija sólo a unos cuantos. El reto del cristianismo hoy en día es seguir llegando a aquéllos que son despreciados, como noticia de que Dios ama y acoge.




 Miércoles 13 de agosto de 2008
 Hipólito – Víctor
 Btos. Mártires Claretianos de Barbastro

 INICIO
Ez 9,1-7;10,18-22: La gloria de Dios sobresalía
Salmo responsorial 112: La gloria del Señor se eleva sobre el cielo.
Mt 18,15-20: Si te hace caso, has salvado a tu hermano

Dios llama la atención por medio del profeta Ezequiel sobre cómo el corazón del ser humano es capaz de enorgullecerse de sí mismo y de su fuerza, que le llevan a apartarse no sólo de Dios, sino de todo aquello que implica a los demás, trayendo sobre sí la destrucción. San Mateo nos hace caer en cuenta en su evangelio de que el proyecto salvífico de Dios para la humanidad acontece en el seno de la comunidad, de la Iglesia. Por tanto, se hace urgente que el ser humano se sienta vinculado de tal manera a su comunidad, que en ella no vea a extraños, sino a hermanos; que llegue a percibir la profundidad del mandato del amor que se hace dinámico en la medida en que cada uno de nosotros sea capaz de meterse en los zapatos del otro, no quedándose con su pecado, sino con su ser valioso como persona. Necesitamos darmos cuenta de que sin el otro no crecemos, y que si deseamos seguir afianzándonos con la ayuda del Señor, debemos afianzarnos con el que está a nuestro lado. Ser cristiano implica ser Iglesia, comunidad de Cristo.




 Jueves 14 de agosto de 2008
 Tarcisio – Alfredo – Maximiliano Kolbe

 INICIO
Ez 12, 1-12: Emigra a la luz del día
Salmo responsorial 77: No olvidéis las acciones de Dios.
Mt 18,21—19,1: Perdona hasta setenta veces siete

Ezequiel, como otros profetas enviados por Dios, no se guarda ni siquiera estos difíciles oráculos, a sabiendas de que pone en riesgo su propia vida. Pero el destierro no es el fin. Nunca ha estado en la mente de Dios, por lo evidenciado en la historia de su revelación, eliminar a la criatura más amada de su Creación, el ser humano. En el evangelio nos encontramos con una intervención de Pedro, quien, formado en el judaísmo, pregunta a Jesús por lo que ha de ser justo al momento de ser ofendido, y traza con su afirmación “de si hasta siete” una nueva medida magnánima respecto a la que establecía la Ley, que era de tres. Jesús, como la Nueva Ley, deja en claro que el perdón, como fruto en el ser humano de su relación con Dios–Amor, ha de ser siempre “setenta veces siete”. No podemos quedarnos con algo que nos ha sido dado para concederlo en todo momento, como es el perdón. “Lo que gratis hemos recibido, hemos de concederlo gratis”. De lo contrario, será una mentira aquella petición que deseamos se realice en nuestra vida cristiana por medio de la oración del Padrenuestro: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.




 Viernes 15 de agosto de 2008
 Asunción de María
 Matilde

 INICIO
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10b: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal
Salmo responsorial 44: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
1Co 15,20 –27a: Primero Cristo como primicia; después todos
Lc 1,39-56: Dichosa tú, que has creído

En la solemnidad de la Asunción de María traemos a la memoria su participación en la historia de salvación puesta en marcha por Dios en beneficio de todo el género humano, misión por la cual él mismo la hizo compartir en plenitud la gracia a la que todos estamos llamados en Cristo Jesús. El cántico proclamado por María que recoge Lucas, llamado el “Magníficat”, exalta a Dios por la obra que ha puesto en marcha en favor de la humanidad, y especialmente de los pobres y desvalidos, los necesitados y humillados. Este cántico merece ser reflexionado por nosotros para desentrañar de él la interesante propuesta que ha sido desplegada por el mismo Dios y entendida por la primitiva comunidad cristiana: Dios auxilia a su pueblo acordándose de su misericordia. Hemos de ser promotores de esta realidad en nuestras comunidades y grupos, para permitir a todos beber del Dios del que nosotros bebemos y deseamos saciarnos, con el fin de ser uno con él, así como el Hijo es uno con el Padre.



 Sábado 16 de agosto de 2008
 Esteban de Hungría – Roque

 INICIO
Ez 18,1-10.13b.30-32: Juzgaré a cada uno según su proceder
Salmo responsorial 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Mt 19,13-15: Dejen que los niños se acerquen a mí

Para muchos de nosotros, escuchar un texto como el del profeta Ezequiel que nos propone la liturgia de la Palabra este día, donde se nos dice quiénes y por qué serán condenados, tal vez pueda producirnos cierta satisfacción interior porque no habremos cometido la lista de iniquidades que el profeta enumera; pero, ¡atención!: lo que Dios manifiesta al pueblo de Israel y a nosotros no sólo se refiere a actos puntuales de conducta muy condenables, sino al amor a Dios y al prójimo que debe brotar de la actitud de conversión, el que ha de traducirse en un compromiso cotidiano de fidelidad y solidaridad creativa y efectiva. Cuántas veces hemos sido como los discípulos del evangelio de hoy, obstáculo para que otros tengan la oportunidad de encontrarse con el Señor. Ser discípulo no es tarea fácil; más bien es un compromiso estricto de negación de muchas de nuestras tendencias, para ir en pos de aquél que es el camino, la verdad y la vida. Permitamos -desde un testimonio de vida coherente, donde no existan la mentira, la injusticia, el odio y el orgullo-, el encuentro de los otros como el de nosotros con Jesucristo en nuestro diario vivir.