Domingo 10 de agosto de 2008
19º Ordinario
Lorenzo
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1Re 19,9a.11-3a: Aguarda al Señor
que pasa
Salmo responsorial 84: Muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Rm 9,1-5: Digo la verdad en Cristo
Mt 14,22-33: ¡Hombre de poca fe!
¿Por qué dudaste?
Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz
propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no
sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la
radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb
constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la
colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17, 1-2R 2,
1-12).
En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba
en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R
16, 31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la
expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en
contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias
del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas
comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus
iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia
y la persecución.
Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se
manifiesta en los elementos telúricos -en la tormenta imponente o en el fuego
abrazador-, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo
invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.
Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18, 20-40), Elías, sin abandonar
la denuncia de las injusticias (1R 21, 1-29) y aberraciones (2R 1, 1-18), opta
por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2, 1-12).
Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni
siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede
imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el
respeto y la justicia.
El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores
de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena
de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana,
representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar
tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes,
llevados más por el miedo que por la pericia, se abandonan a los sentimientos de
pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la
tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el
desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en
el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por
la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde,
porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las
fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.
Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el
horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los
motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a
desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da
las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que
Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma,
cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que
empuja las velas hacia la otra orilla.
Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos
contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está
fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico
ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los
que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la
serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite
colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a
enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe
segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 59 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El fantasma del lago». El guión y
su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300059 Puede ser escuchado aquí:
http://untaljesus.net/audios/cap59b.mp3
Para la revisión de vida
- La fe es capaz de mover montañas… y de hacernos caminar sobre el mar.
¿Cómo va mi fe? ¿Tengo confianza ciega en Dios? ¿Qué hago con mis dudas? ¿Me
pasa como a Pedro, que me hundo en la vida... por dudar?
Para la reunión de grupo
- La segunda lectura, del libro segundo de los Reyes, es una lectura clásica
para discernir la presencia de Dios. Hagamos una aplicación alegórica de los
símbolos que utiliza: el huracán, el terremoto, el rayo, la brisa…
- Prolonguemos la misma reflexión aplicándola hacia categorías más modernas: el
estrés, la angustia, la depresión, la tranquilidad de conciencia, la autoestima,
la autosatisfacción por el trabajo realizado...
- Este episodio de la vida de Elías ha sido utilizado casi siempre para ponderar
la capacidad que la naturaleza de hacernos patente la presencia de Dios. Muchos
elementos de decoración religiosa facilona se basan en ello: bellos amaneceres,
montañas escarpadas, paisajes llenos de luz, horizontes infinitos... nos hemos
acostumbrado a considerarlos símbolos de la presencia de Dios. Se trata de la
imagen de un Dios connaturalmente presente en la «naturaleza», no en la
«historia»: sería difícil ver a Dios en un cuadro pictórico sobre la lucha de
Espartaco y los esclavos, o las luchas de las reivindicaciones obreras...
Comentar esto. Relacionarlo con aquel eslogan de la espiritualidad de la
liberación: «Contemplativus in Liberatione», ser «contemplalivo en (el proceso
de la) liberación»...
- Es fácil ver que los conflictos de justicia entre pobres y ricos en el Primer
(Antiguo) Testamento no son una peculiaridad de la historia de Israel... sino un
elemento casi pudiéramos decir «esencial» lamentablemente infaltante en toda
sociedad. Las apelaciones a un tipo u otro de (imagen de) Dios, no es quizá sino
el reflejo de las luchas que en esa sociedad se dan entre las fuerzas utópicas
profundas del sobsconciente colectivo y los egoísmos humanos de grupos y de
personas. Entonces –y también ahora- se batían estas fuerzas en el campo del
imaginario y del discurso religioso, como era «natural» a ese tipo de sociedad.
Estamos entrando en un tipo de sociedad en la que, por efecto de lo que Guiddens
llama «destradicionalización», la dimensión religiosa institucional tradicional
pierde fuerza, se hace menos plausible, y en las sociedades avanzadas (cercanas
a lo que se llama técnicamente «sociedades del conocimiento») se hace
sencillamente ininteligible. ¿Cómo continuará históricamente la defensa de los
pobres y de la justicia en las sociedades avanzadas (y en la nuestra –cualquiera
que sea- en el futuro) cuando el discurso y el imaginario religioso no estén a
la mano para llevar adelante esa lucha entre la utopía de justicia y los
intereses egoístas?
- Muchos de las narraciones de los evangelios sabemos que son simbólicas,
teológicas, no históricas. No son una narración objetiva de lo que realmente
pasó. Ni era ésa la intención del evangelista al incorporar ese texto al
evangelio. Pero durante más de milenio y medio la cristiandad entendió aquellas
narraciones al pie de la letra como hechos reales. Todavía muchas personas los
entienden así. ¿Es un problema, o no lo es? ¿En qué sentido sí y en qué sentido
no? ¿Qué habría que hacer?
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que busque siempre en el Señor la fuerza necesaria para
llevar a cabo su misión en el mundo. Oremos.
- Por todos los cristianos, para que nos esforcemos en conocer cada día más y
mejor la voluntad de Dios y así vivamos con más coherencia nuestra fe. Hoy
hemos.
- Por todos los que trabajan por lograr un mundo más humano y más fraterno, para
que nunca se desanimen ante las dificultades y vean recompensados sus esfuerzos
con el triunfo. Oremos.
- Por todos los pueblos y personas, para que disfruten de paz y libertad
verdaderas y plenas. Oremos.
- Por todos los que dudan y vacilan en su fe, para que encuentren la fortaleza
que da el confiar plenamente en Dios. Oremos.
- Por todos nosotros, para que encontremos en la Eucaristía y en la Comunidad la
fuerza y el ánimo necesarios para no perder nunca la ilusión ni la esperanza.
Oremos.
Oración comunitaria
Oh Dios, Fuerza Viva, Creadora, Energizante, Elevante, que nos atraes sin
manifestarte, y nos seduces sin entregarte, sin atravesar ni romper nunca el
leve y opaco velo que nos separa y nos comunica... Haznos sentir tu presencia en
la profundidad de todo lo que existe, en la naturaleza pero también en la
historia, en la tierra como en el cielo, en el pasado como en el futuro, en
nuestra religión como en las de todos los pueblos. Nosotros te hemos sentido
especialmente cerca en Jesús de Nazaret, y en el mismo Espíritu que él ha
manifestado, Te sentimos presente, a Ti y a Todo lo que existe. Amén
O también:
Dios, Padre nuestro, acrecienta en nosotros el sentimiento de hijos tuyos,
nuestro amor y nuestra confianza en Ti, para que seamos en todo momento y
circunstancia signos vivos de tu presencia en medio de la humanidad. Por
Jesucristo.
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