Domingo 16 de marzo de 2008
Domingo de Ramos
Heriberto
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Is 50, 4-7: No oculté el rostro a
ultrajes y salivazos
Salmo responsorial 21: Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2, 6-11: Se rebajó a sí mismo
Mt 26,14-27,66: Pasión de nuestro
Señor Jesucristo según san Mateo
Pedimos disculpas a quienes buscarán un comentario «normal» -que esperamos
podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de
hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros
ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de
conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un
ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de
la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- sentimos que casi nos
asfixiamos.
En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso pareciera que se
mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas,
que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano
inmunizados contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al
que están destinados, en las homilías, todo debe ser recibido sin discusión, sin
espíritu crítico y «con fe». Los que tenemos una fe crítica, una fe que no
quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es
posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma
de creer», hay «otra forma de celebrar y acoger la semana santa»?
Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana
santa, muchas personas creyentes de hoy?
Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas
ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal
cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por
acompañar a la familia -y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez
religiosa-, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la
predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de
conceptos, símbolos, referencias bíblicas... que elaboran un mensaje sobre la
base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en
ningún otro dominio de la vida: la «redención». Estamos en semana santa, y lo
que celebramos -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los
tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la
redención... El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer,
según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran
juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios,
que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan,
el plan de la redención, para redimir al ser humano que está en desgracia de
Dios desde aquel «pecado original», por la infinita ofensa que le infligió a
Dios.
Esa redención consistió en la «venida de Dios al mundo», encarnándose en
Jesús, para asumir así nuestra representación y «pagar» por nosotros a Dios una
reparación por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió
indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «repararla», redimiendo y
rescatando de esa forma a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios. Ésta
es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor
parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el
ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal. Sienten que se
asfixian. Se ven trasladados a otro mundo, que nada tiene que ver ni con el
mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del
sentido más profundo de su vida.
¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no se vea obligado a
transitar por el mundo manido de esa teología en la que muchos ya no creemos?
¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir -para alivio de muchos-
que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún
«dogma de fe» (aunque se tratara, tampoco ello la haría creíble). Se trata de
una maravillosa construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la
genialidad medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del
derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo, en
aquel contexto cultural, el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado
por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo
bien: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus
coetáneos y perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin
duda.
El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone el abandono
o al menos la superación de la interpretación de la significación de Jesús más
allá de la redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la
materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del
pensamiento y de la espiritualidad conciliar van ya mucho más allá. El
significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia
con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por la redención, por la
«sustitución penal satisfactoria», el pecado original, los terribles
sufrimientos expiatorios de Jesús... Desaparecen estas referencias, y cuando
sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o hasta suscitan
rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos
espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y
vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo no es
creíble sino que invita vehementemente al rechazo.
¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga
con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús,
discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador de la misma Utopía... pero se
siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión
al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de
semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman
repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI...
estando como estamos en un siglo XXI...
Debajo de la semana santa que celebramos no dejan de estar, allá, lejos, bien
al fondo de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya
celebraban sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una
fiesta que ha evolucionado muy creativamente al ser heredada de un pueblo a
otro, de una a otra cultura, de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada
y recreada también por los nómadas israelitas como la fiesta del cordero
pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como la fiesta de
los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra
angular de la identidad israelita... Fiesta que los cristianos luego
cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más
tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó
absolutamente dominada bajo la interpretación jurídica de la redención, por obra
del genial san Anselmo de Canterbury..
¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos
de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada,
y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte
de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas,
de mitos y «grandes relatos», y aportar nosotros también a esta trabajada
historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad? No
podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»...
No vamos a desarrollar aquí, ahora, una nueva interpretación de estas
fiestas. Bástenos por hoy cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se
sentían culpables del deseo de que «otra semana santa es posible», por una
parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente,
responsable y gozosa.
---
Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los
temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal
Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de
estos episodios pueden recogerse libremente de
http://www.untaljesus.net
Como bibliografía para recuperar lo mejor de la visión clásica de la teología
respecto a la pasión y muerte de Jesús, recomendamos el excelente libro de Boff
Pasión de Cristo, Pasión del mundo (Sal Terrae en España, Indoamerican
Press en Colombia, Vozes en Brasil...). Del mismo autor, el artículo 217 en la
RELaT (http://servicioskoinonia.org/relat):
Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo. Y también, para el
estudio de la sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la
historia de Israel, se puede recurrir a Fiesta en honor de Yavé, de
Thierry Maertens (disponible en la biblioteca de Koinonía:
http://servicioskoinonia.org/biblioteca).
Para la revisión de vida
Comienza la «semana mayor» de todo el año. La semana santa se ha convertido
en muchos lugares en una minivacación. Sugerencia: plantearme bien la semana
santa. Si tengo posibilidad, dedicar esta «vacación» a atender lo que en la
agitada vida diaria me veo imposibilitado de cuidar suficientemente: mi
profundidad, mi oración, mi paz interior, el respaldo de coherencia interna que
quiero dar a mi compromiso externo…
El siervo de Dios responde con prontitud a la llamada para escuchar y anunciar
la palabra del Señor. ¿Tengo yo esa misma disponibilidad? ¿Me puede el miedo a
la persecución de los que quedan desenmascarados por esa palabra o es más fuerte
mi confianza en Dios?
Para la reunión de grupo
- La semana santa puede ser buena ocasión para dar un repaso a las hipótesis
teológicas más conocidas sobre la muerte de Jesús y su valor salvífico. Un buen
material para preparar una exposición inicial en la reunión de grupo, o un libro
para tenerlo todos y estudiarlo y comentarlo es “Pasión de Cristo, Pasión del
Mundo”, de Leonardo BOFF, con ediciones en varias editoriales y países ya
citados…
- La semana santa es la «semana mayor» y el triduo sacro es el la concentración
de la celebración pascual, y la vigilia pascual es el momento culminante. Será
bueno preguntar a algunas personas mayores que recuerden cómo eran las
celebraciones de la Semana Santa antes de la reforma de Pío XII en 1950, con sus
notorias diferencias con el modo actual. Y cabe preguntar: ¿por qué la vigilia
pascual no ha entrado todavía en la conciencia del pueblo cristiano como lo que
es: el centro de todo el año litúrgico?
- Se puede montar diferentes reuniones de estudio sobre la pasión de Jesús y/o
los temas propios de la semana santa en general tomando como base algunos de los
capítulos de la serie «Un tal Jesús», principalmente del 106 al 126. Los audios
y los guiones pueden ser recogidos de www.untaljesus.net
- Aunque no estamos acostumbrados a hacerlo, también puede ser una buena
actividad de grupo escuchar la Pasión según san Mateo, de Johan Sebastian Bach,
presentada y comentada previamente por un buen conocedor de la misma, incluyendo
ahí sus aspectos teológicos peculiares, de Bach como músico, y del texto o
libreto.
Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, lleve su obediencia al
Padre y su servicio a las personas hasta las últimas consecuencias. Roguemos al
Señor...
- Para que los gobernantes sirvan a los intereses de los pueblos y no a sus
propias aspiraciones. Roguemos...
- Para que los pobres y los oprimidos sean los primeros en obtener el respeto a
sus derechos y la justicia para sus vidas. Roguemos...
- Para que mostremos nuestra devoción a Cristo crucificado siendo solidarios con
los crucificados de nuestro tiempo. Roguemos...
- Para que sepamos descubrir y transmitir la fuerza del amor de Dios en medio de
las dificultades, los sufrimientos, y la muerte. Roguemos...
- Para que todos los difuntos compartan la resurrección de Cristo, igual que han
compartido ya con él la muerte. Roguemos...
Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, tú enviaste a tu Hijo entre nosotros, para que descubramos
todo el amor que nos tienes. Y cuando nosotros respondemos a ese amor con
nuestro rechazo, matando a tu hijo, Tú no te echaste atrás sino que seguiste
adelante con tu plan de ser nuestro mejor amigo. Ablanda nuestros corazones para
que sepamos responder a tu amor con el nuestro. Por Jesucristo.
O bien:
Oh Dios, Padre y Madre Universal, de todos los pueblos y de todos los hombres y
mujeres, en quienes has depositado, por medio de sus culturas y religiones, la
sed de encontrarse consigo mismos y contigo, Fuente Originaria. Te pedimos que
en la renovación anual de estas fiestas que se avecinan, tan tradicionales y
ancestrales, nos sintamos en comunión con todos los hombres y mujeres que te
buscan a Ti y buscan también el sentido de su vida, entre mitos, ritos, símbolos
y grandes relatos. Nosotros lo celebramos desde el seguimiento de Jesús, hijo
tuyo y hermano nuestro, cordialmente unidos a todos los pueblos y religiones que
también te buscan y contemplan. Gracias. Amén. Axé. Aleluya.
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