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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 16 al 22 de Marzo de 2008 – Ciclo A
Domingo de Ramos

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero Domingo de Ramos, ciclo A el  19 de marzo de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 16 de marzo de 2008
 Domingo de Ramos
 Heriberto

 INICIO

Is 50, 4-7: No oculté el rostro a ultrajes y salivazos
Salmo responsorial 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2, 6-11: Se rebajó a sí mismo
Mt 26,14-27,66: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo

Pedimos disculpas a quienes buscarán un comentario «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- sentimos que casi nos asfixiamos.

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizados contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, todo debe ser recibido sin discusión, sin espíritu crítico y «con fe». Los que tenemos una fe crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de celebrar y acoger la semana santa»?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia -y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa-, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas... que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «redención». Estamos en semana santa, y lo que celebramos -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la redención... El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la redención, para redimir al ser humano que está en desgracia de Dios desde aquel «pecado original», por la infinita ofensa que le infligió a Dios.

Esa redención consistió en la «venida de Dios al mundo», encarnándose en Jesús, para asumir así nuestra representación y «pagar» por nosotros a Dios una reparación por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «repararla», redimiendo y rescatando de esa forma a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios. Ésta es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a otro mundo, que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida.

¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no se vea obligado a transitar por el mundo manido de esa teología en la que muchos ya no creemos?

¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (aunque se tratara, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una maravillosa construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la genialidad medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo, en aquel contexto cultural, el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo bien: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos y perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone el abandono o al menos la superación de la interpretación de la significación de Jesús más allá de la redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van ya mucho más allá. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por la redención, por la «sustitución penal satisfactoria», el pecado original, los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús... Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o hasta suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo no es creíble sino que invita vehementemente al rechazo.

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador de la misma Utopía... pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI... estando como estamos en un siglo XXI...

Debajo de la semana santa que celebramos no dejan de estar, allá, lejos, bien al fondo de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya celebraban sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, de una a otra cultura, de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los nómadas israelitas como la fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como la fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita... Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó absolutamente dominada bajo la interpretación jurídica de la redención, por obra del genial san Anselmo de Canterbury..

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos», y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»...

No vamos a desarrollar aquí, ahora, una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos por hoy cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables del deseo de que «otra semana santa es posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa.

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Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://www.untaljesus.net

Como bibliografía para recuperar lo mejor de la visión clásica de la teología respecto a la pasión y muerte de Jesús, recomendamos el excelente libro de Boff Pasión de Cristo, Pasión del mundo (Sal Terrae en España, Indoamerican Press en Colombia, Vozes en Brasil...). Del mismo autor, el artículo 217 en la RELaT (http://servicioskoinonia.org/relat): Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo. Y también, para el estudio de la sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la historia de Israel, se puede recurrir a Fiesta en honor de Yavé, de Thierry Maertens (disponible en la biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca).


 

Para la revisión de vida
Comienza la «semana mayor» de todo el año. La semana santa se ha convertido en muchos lugares en una minivacación. Sugerencia: plantearme bien la semana santa. Si tengo posibilidad, dedicar esta «vacación» a atender lo que en la agitada vida diaria me veo imposibilitado de cuidar suficientemente: mi profundidad, mi oración, mi paz interior, el respaldo de coherencia interna que quiero dar a mi compromiso externo…
El siervo de Dios responde con prontitud a la llamada para escuchar y anunciar la palabra del Señor. ¿Tengo yo esa misma disponibilidad? ¿Me puede el miedo a la persecución de los que quedan desenmascarados por esa palabra o es más fuerte mi confianza en Dios?

 

Para la reunión de grupo
- La semana santa puede ser buena ocasión para dar un repaso a las hipótesis teológicas más conocidas sobre la muerte de Jesús y su valor salvífico. Un buen material para preparar una exposición inicial en la reunión de grupo, o un libro para tenerlo todos y estudiarlo y comentarlo es “Pasión de Cristo, Pasión del Mundo”, de Leonardo BOFF, con ediciones en varias editoriales y países ya citados…
- La semana santa es la «semana mayor» y el triduo sacro es el la concentración de la celebración pascual, y la vigilia pascual es el momento culminante. Será bueno preguntar a algunas personas mayores que recuerden cómo eran las celebraciones de la Semana Santa antes de la reforma de Pío XII en 1950, con sus notorias diferencias con el modo actual. Y cabe preguntar: ¿por qué la vigilia pascual no ha entrado todavía en la conciencia del pueblo cristiano como lo que es: el centro de todo el año litúrgico?
- Se puede montar diferentes reuniones de estudio sobre la pasión de Jesús y/o los temas propios de la semana santa en general tomando como base algunos de los capítulos de la serie «Un tal Jesús», principalmente del 106 al 126. Los audios y los guiones pueden ser recogidos de www.untaljesus.net
- Aunque no estamos acostumbrados a hacerlo, también puede ser una buena actividad de grupo escuchar la Pasión según san Mateo, de Johan Sebastian Bach, presentada y comentada previamente por un buen conocedor de la misma, incluyendo ahí sus aspectos teológicos peculiares, de Bach como músico, y del texto o libreto.

 

Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, lleve su obediencia al Padre y su servicio a las personas hasta las últimas consecuencias. Roguemos al Señor...
- Para que los gobernantes sirvan a los intereses de los pueblos y no a sus propias aspiraciones. Roguemos...
- Para que los pobres y los oprimidos sean los primeros en obtener el respeto a sus derechos y la justicia para sus vidas. Roguemos...
- Para que mostremos nuestra devoción a Cristo crucificado siendo solidarios con los crucificados de nuestro tiempo. Roguemos...
- Para que sepamos descubrir y transmitir la fuerza del amor de Dios en medio de las dificultades, los sufrimientos, y la muerte. Roguemos...
- Para que todos los difuntos compartan la resurrección de Cristo, igual que han compartido ya con él la muerte. Roguemos...
 

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, tú enviaste a tu Hijo entre nosotros, para que descubramos todo el amor que nos tienes. Y cuando nosotros respondemos a ese amor con nuestro rechazo, matando a tu hijo, Tú no te echaste atrás sino que seguiste adelante con tu plan de ser nuestro mejor amigo. Ablanda nuestros corazones para que sepamos responder a tu amor con el nuestro. Por Jesucristo.
O bien:
Oh Dios, Padre y Madre Universal, de todos los pueblos y de todos los hombres y mujeres, en quienes has depositado, por medio de sus culturas y religiones, la sed de encontrarse consigo mismos y contigo, Fuente Originaria. Te pedimos que en la renovación anual de estas fiestas que se avecinan, tan tradicionales y ancestrales, nos sintamos en comunión con todos los hombres y mujeres que te buscan a Ti y buscan también el sentido de su vida, entre mitos, ritos, símbolos y grandes relatos. Nosotros lo celebramos desde el seguimiento de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro, cordialmente unidos a todos los pueblos y religiones que también te buscan y contemplan. Gracias. Amén. Axé. Aleluya.
 



 Lunes 17 de marzo de 2008
 Lunes Santo
 Patricio

 INICIO
Is 42, 1-7: He aquí mi siervo, mi escogido
Salmo responsorial 26: El señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado
Jn 12,1-11: A mí no siempre me tendrán

El evangelista Juan ubica esta última comida de Jesús en casa de una conocida familia amiga suya en un lugar fuera de Jerusalén, y temporalmente, “seis días antes de la Pascua”; de su propia Pascua. Podríamos pensar que Juan utiliza esta escena para ilustrar, antes de los acontecimientos finales de Jesús, lo que debe ser la comunidad de discípulos después que Jesús ya no esté físicamente entre ella. En primer término, el lugar de la comunidad no hay que ubicarlo en el “centro”, entendiendo como centro el lugar donde todo está dicho, donde no hay cabida para el amor, para la generosidad, para el compartir. La comunidad de Jesús debe estar en la periferia como lugar teológico, ámbito más propicio para el encuentro con él y con el proyecto del Padre.

En segundo lugar, el modus vivendi y el modus operandi de la comunidad ha de ser el compartir y el practicar la generosidad, siempre con Jesús al centro; a él es a quien sirve la comunidad, y en torno a él es que ella se reúne; para escucharlo, para atenderlo y para entregarse a él con todo lo que es y tiene la comunidad.


 Martes 18 de marzo de 2008
 Martes Santo
 Cirilo de Jerusalén

 INICIO
Is 49,1-6: Me llamó desde el vientre de mi madre
Salmo responsorial 70: Mi boca contará tu auxilio
Jn 13, 21-33.36-38:  Ahora es glorificado el Hijo

Hay dos elementos en este pasaje que es necesario subrayar, encarnados en dos personajes cuyas actitudes son el paradigma de la comunidad cristiana de todos los tiempos: Judas y Pedro.

Más allá del dato “histórico” que nos hace ver a Judas como a un traidor y a Pedro como a un cobarde, es bueno que leamos el pasaje primero que todo como un anticipo de lo que será la comunidad pospascual, y en segundo lugar, que entendamos o leamos Judas/yo/comunidad y Pedro/yo/comunidad; así lograremos actualizar mejor el texto.

Judas/yo/comunidad encarna al que ha compartido con Jesús, ha visto y ha escuchado lo que Jesús ha dicho y ha hecho; hasta el último momento recibe de su propia mano el pan, la propia vida de Jesús, pero en definitiva lo que entra en él no es la vida de Jesús.

Pedro/yo/comunidad, símbolo del discípulo que escucha y ve lo que Jesús dice y hace; se deja convencer y hasta deja todo para seguir a Jesús, y no vacila en prometer que hasta la propia vida entregará por seguir al Maestro; pero ante la primera dificultad, ante el choque con la realidad de muerte, se paraliza, olvida todo propósito, no da la cara..




 Miércoles 19 de marzo de 2008
 Miércoles Santo
 Juan de Pina - Landoaldo de Gante

 INICIO
Is 50, 4-9: El Señor me abrió el oído
Salmo responsorial68: Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor
Mt 26,14-25: Traición de Judas

En plena Semana Santa la liturgia nos invita a reflexionar sobre la traición de Judas para advertirnos que también nosotros podemos llegar a ser Judas. Pero ¿cómo entender la traición de Judas? Los evangelios le dan mucho importancia a la traición, pero también muestran un gran desconcierto, pues no encuentran una razón convincente que la explique. ¿Fue Judas un ladrón que actuó simplemente por avaricia? Los 30 ciclos de plata que le ofrecieron por entregar a Jesús no era una gran suma de dinero. Para Lucas (22, 3) y Juan (13, 2) la única explicación es que Satanás entró en Judas, pero ¿qué significa esto?

Una posible explicación sería que Judas pensaba como uno de aquellos grupos mesiánicos que esperaban un mesías poderoso, que echaría violentamente fuera de Israel a los Romanos y restablecería la monarquía de David. Esta mentalidad aparece en algunos discípulos (véase Lc 24 y Hch 1, 6). Quizás Judas, al pensar que Jesús era un mesías de ese tipo, lo entrega a los judíos para que Jesús se vea obligado a actuar como tal. Quizás pensaba que Jesús aguardaba un momento oportuno para manifestarse y Judas, impaciente, lo entrega para acelerar esa decisión de Jesús. Cuando ve que nada de esto sucede y Jesús es crucificado, Judas se da cuenta de su equivocación, se desespera y se ahorca.

¿Qué nos enseña este relato? La importancia de entender bien a Jesús, sobretodo entender bien su poder mesiánico y su proyecto de Reino de Dios. Una mala comprensión de Jesús ha llevado a muchos a actuar como Judas. Si uno de sus discípulos más cercanos se equivocó, ¿no es también posible que nosotros nos equivoquemos? Que esta reflexión sobre Judas nos urja a conocer mejor a Jesús, para no ser hoy nosotros otro Judas.

El capítulo 112 de «Un tal Jesús» glosa evangelio de hoy (www.untaljesus.net).




 Jueves 20 de marzo de 2008
 Jueves Santo
 Alejandra

 INICIO
Ex 12,1-8.11-14: Prescripciones sobre la cena pascual
Salmo responsorial 115: El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
1Co 11,23-26: Proclaman la muerte del Señor
Jn 13,1-15: Amó a los suyos hasta el extremo

La Pascua era una fiesta con un sentido profundo de liberación, puesto que en ella se recordaba el Exodo de Egipto. Es a partir de esta tradición, que nace la Pascua cristiana, donde se celebra el paso de Jesús de la muerte a la vida. Jesús es el cordero inmolado en la cruz, que nos libera de la muerte y nos comunica su vida por la resurrección.

En la cena de Pascua de Jesús con sus discípulos Jesús hizo un gesto extraordinario cuando partió el pan y compartió la copa de vino. En el pan destrozado para comer vio su propio cuerpo entregado. En la vino compartido vino su sangre derramada. En el comer el pan y beber el vino se estaba anunciando su propia muerte. Nos ordenó además hacer ese gesto en memoria de él. En este gesto la Iglesia vio siempre el rito que llamó Eucaristía.

El Evangelio no nos narra la institución de la Eucaristía en la última cena de Jesús. Este Sacramento irrumpe mas bien en el largo discurso después de la multiplicación de los panes en Galilea (Jn 6). En la última cena tenemos la escena de Jesús lavando los pies a sus discípulos. Es también un “sacramento”, un signo único y constitutivo de la comunidad, que nos revela el misterio profundo de la persona de Jesús. Jesús, con este espíritu y conciencia, se despojó de sus vestidos y fue lavando los pies a los discípulos y discípulas (que ciertamente estaban ahí).

Los temas del Jueves Santo están recogidos en los episodios 110 y 111 de la serie «Un tal Jesús» (www.untaljesus.net).




 Viernes 21 de marzo de 2008
 Viernes Santo
 Clemencia

 INICIO
Is 52,13-53,12: Fue traspasado por nuestras rebeliones
Salmo responsorial 30: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
Hb 4,14-16;5,7-9: Es autor de salvación
Jn 18,1-19,42: Prendieron a Jesús y lo ataron

En el centro de todo el juicio (19, 1-3) Jesús es coronado, vestido con un manto de púrpura y aclamado como rey de los judíos. Pero antes es azotado y después recibe bofetadas, la corona es de espinas y el manto es una burla. Con esto el evangelio nos revela que Jesús es realmente Rey, pero un rey que recibe azotes y bofeteadas. Es un rey que reina desde los azotados y abofeteados por el poder romano, desde los pobres, desde los excluidos, desde los que no tienen poder.

La escena de la madre de Jesús y del discípulo amado junto a la cruz es única del cuarto evangelio ( 19, 26-27). La madre de Jesús aparece únicamente al comienzo del mismo en las bodas de Cana y ahora al fin al pie de la cruz. En ambos casos Jesús la llama “mujer” y en estos dos casos no aparece su nombre. Para el autor de este evangelio la madre de Jesús es la mujer discípula, así como el autor anónimo del evangelio es el discípulo. Es un evangelio de discípulos y discípulas.

En la sepultura de Jesús (19, 38-42) aparecen José de Arimatea y Nicodemo. Dos discípulos con fe insuficiente. El primero era discípulo en secreto por miedo a los judíos. El segundo visitaba a Jesús de noche por el mismo motivo. Ahora los dos hacen un acto de mucho valor, pues siempre después de la crucifixión de un profeta o un mesías famoso se perseguía a muerte a todos sus discípulos. Por eso Pedro negó a Jesús por miedo a que lo crucificaran junto con Jesús.

Los capítulos 112-122 de «Un tal Jesús» glosan evangelio de hoy (www.untaljesus.net).



 sábado Fecha
 santo

 INICIO
Gen 1, 1 – 2, 2: La creación
Sal 103: Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gn 22, 1-18: El sacrificio de Isaac
Sal 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Ex 14, 15 – 15, 1: Paso del Mar Rojo
Interleccional: Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18: Cantaré al Señor, sublime es su victoria
Is 54, 5-14: Las aguas del diluvio no volverán a cubrir la tierra
Sal 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Is 55, 1-11: Venid por agua, trigo, vino y leche de balde
Interleccional: Is 12, 2-3.4.5-6: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Bar 3, 9-15.32 - 4,4: Escucha, Israel, mandatos de vida
Sal 18: Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Ez 36, 16-28: Derramaré sobre vosotros un agua pura
Sal 41: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Rom 6, 3-11: Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Sal 117: Aleluya, aleluya, aleluya.
Mt 28, 1-10: Resurrección de Jesús según san Mateo

Celebramos hoy la vigilia pascual, que es la vigilia más solemne y la madre de todas las liturgias del año. Los textos escogidos para esta vigilia son textos fundantes de la Historia del Pueblo de Dios, tanto en la Biblia Hebrea como en la Biblia Cristiana.

Antes de la Creación había caos y confusión. La oscuridad cubría el abismo, la luz todavía no había sido creada. Era también caos y confusión lo que vivían los israelitas antes de cruzar el mar, cuando eran perseguidos a muerte por los egipcios. Es en la última vigilia de la noche (entre las 2 y las 6 de la mañana ) que Yahvé seca el mar y salva al pueblo de Israel; los egipcios se sumergen en la confusión y el caos y en la profundidad de las aguas. Al alborear el primer día de la semana (“cuando todavía estaba oscuro” agrega el IV Evangelio) las mujeres van al sepulcro de Jesús. El ángel del Señor, con el aspecto del relámpago, anuncia la resurrección de Jesús. Pablo de Tarso nos habla del triunfo de la vida sobre la muerte en el cuerpo de Jesús. La muerte ya no tiene señorío sobre Jesús; su vida es un vivir para Dios.

La liturgia esta noche medita sobre la resurrección de Jesús, teniendo como trasfondo la Creación del mundo y el Éxodo del Pueblo de Dios en su fase final, cuando atraviesan el mar y el faraón con sus ejércitos se hunde en las aguas profundas. Pablo reflexiona también sobre nuestra muerte y vida a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. En esta noche santa de Gloria, hacemos la experiencia de toda la Historia de la Salvación, desde la Creación del mundo, pasando por el Éxodo, hasta la Resurrección de Jesús.

Los temas del sábado santo están recogidos en los episodios 123 y 124 de la serie «Un tal Jesús» (www.untaljesus.net).