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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 2 al 8 de Marzo de 2008 – Ciclo A
Domingo 4º de Cuaresma

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 4º de Cuaresma, ciclo A el  5 de marzo de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 2 de marzo de 2008
 4º de Cuaresma
 Lucio

 INICIO

1Sam 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel
Salmo responsorial 22: El señor es mi pastor, nada me falta.
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos
Jn 9,1-41: Curación del ciego de nacimiento

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quien procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamo ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el ungido, el Mesías (como se dice en hebreo), el Cristo (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasana de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero drama teológico, simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de una narración cuasiperiodística de unos hechos históricos, o de un relato que nos describa ingenuamente cómo sucedieron las cosas. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su Evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la expresión indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos indiscutibles, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, sin abusar de que se tiene la palabra en un ámbito sagrado donde por respeto nadie contradecirá, y por eso se puede decir cualquier cosa, que «todo vale» en ese ambiente.

En el drama teológico que hoy leemos de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego que no veía. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos se empeñaban en guardar de manera tan escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que el pobre ha sido expulsado de la sinagoga judía. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado... Es el mensaje que Juan nos quiere transmitir narrando un drama teológico -como es su estilo- más que afirmando proposiciones abstractas -como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega-.

Al final del evangelio de hoy las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama... Es un lenguaje de confesión de fe. Juan y su comunidad está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que han hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La Ontología de los siglos subsiguientes es cultural, occidental, griega. Para el caso, sobra.

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digo “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 79 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El ciego de nacimiento». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1400079
Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap79b.mp3

Para la revisión de vida
- Jesús dice que ha venido para “abrir un juicio”. Su vida y su testimonio nos emplazan con un desafío ante el que necesitamos pronunciarnos. Sugerencia: entrar en mí mismo, en oración profunda, encarándome con este ser-humano-que-es-juicio-de-Dios. Renovar y profundizar mi encuentro con Jesús. Sentirme desafiado por su vida y por su palabra. Aceptar gozoso el reto de vivir a la altura del desafío que nos hace.
 

Para la reunión de grupo
-- La “selección” de David (primera lectura) para ser ungido es uno de los casos típicos en la Biblia –de los que hay muchos más- en el que “los caminos de Dios no son nuestros caminos”, ni sus criterios son los nuestros… Estudiemos y glosemos en grupo esas diferencias entre los criterios de Dios y los criterios de los humanos…
- Para los que creemos en Jesús, Él, con su vida plenamente realizada en el amor y la entrega, hace presente el amor de Dios a los humanos, y por eso “abre un juicio” a la humanidad. El juicio universal, en una cierta dimensión, ya ha acontecido: se ha dado en Jesús; y se sigue dando: en Él, en el testimonio que de él nos sigue llegando transmitido por sus seguidores (la comunidad de los creyentes).
- Nos preguntamos: ¿es un juicio “universal”, para todos los seres humanos? ¿También para aquellos a quienes no les llega el testimonio de Jesús? ¿También para los hombres y mujeres que vivieron antes que Él (muchísimos más, cualitativamente, que los que han vivido después de Él? Si no es “universal”
- Parece que Juan quisiera hacer énfasis en la ceguera especial que tienen las autoridades religiosas para admitir el milagro de Jesús. Quienes deberían ser los más lúcidos resultan los más ciegos. ¿Tiene este aspecto del evangelio de hoy alguna relevancia para nuestros días?

 

Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia abandone toda forma de autoritarismo y actúe llevando al mundo la luz que recibe del Evangelio. Oremos...
- Para que prevalezcan las personas y sus derechos sobre las leyes y las tradiciones. Oremos...
- Para que quienes dudan de la presencia de Dios entre nosotros, descubran su amor por el testimonio vivo y eficaz de la iglesia. Oremos...
- Para que caminemos como hijos de la luz, denunciando toda opresión, violencia e injusticia. Oremos...
- Para que el Señor. abra nuestros ojos y no vayamos nunca tras ningún “otro pastor”. Oremos...
- Para que nuestra comunidad, que comparte un mismo pan, comparta igualmente los demás bienes. Oremos...


 

Oración comunitaria
Tú, Señor, que nos abres los ojos para que descubramos la hermosura de la creación y la grandeza de tu amor, ayúdanos a colaborar contigo para que todas las personas puedan alegrarse en su vida al ver tu luz. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



 Lunes 3 de marzo de 2008
 Emeterio – Celedonio – Elisa

 INICIO
Is 65,17-21: Ya no se oirán gemidos
Salmo responsorial 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Jn 4,43-54:: Regresa tranquilo; tu hijo sigue vivo

Un funcionario real que probablemente no era judío, pero que en todo caso ve en Jesús la última posibilidad de salvación para su hijo que se hallaba enfermo, le ruega al Maestro que lo sane.

Es el caso de una vida que apenas comienza, pues se trata de un muchacho, pero que ya está amenazada. El funcionario, pese al reclamo de Jesús: “si no ven signos y prodigios, ustedes no creen” (v. 48), mantiene la esperanza de que sólo Jesús puede devolverle lo que está a punto de perder; y por eso no responde al reclamo de Jesús, sino que más bien insiste en el favor de sanar al joven. La respuesta de Jesús es positiva (v. 50). El hombre confía y cree, así no sea de una manera segura; pero cuando constata que en efecto su hijo ha recuperado la salud, no sólo cree él, sino también toda su familia.

En Jesús la vida amenazada recupera su sentido y su destino; la nueva creación de la que hablaba el profeta tiene su concreción; y Jesús define lo que es esa nueva creación y ese nuevo orden, no a través de palabras bonitas, sino a través del corazón humano.


 Martes 4 de marzo de 2008
 Casimiro

 INICIO
Ez 47,1-9.12: Vi que manaba agua y vida
Salmo responsorial 45: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob
Jn 5,1-3.5-16: Al instante aquel hombre quedó sano

Las fiestas religiosas de los judíos siempre conmemoran algún aspecto de la liberación del pueblo, de las intervenciones liberadoras de Dios en su historia; y por tanto, cada celebración debería ser el marco preciso para renovar esas intervenciones divinas y para renovar el compromiso de mantener vigentes las exigencias de la libertad y de la vida. Sin embargo, Juan constata la realidad del pueblo a través de la imagen de un hombre que se halla postrado en su camilla al lado de una piscina cuyas aguas poseen virtudes curativas, pero en treinta y ocho años el postrado no ha podido aprovecharlas porque nadie le ha ayudado a entrar al agua en el momento preciso.

El Templo y sus instituciones, lo mismo que el agua, como símbolos de vida, no han significado para aquel hombre/pueblo más que postración y abandono. Es el ambiente perfecto en el cual Juan presenta al Señor de la vida. En Jesús esa vida se derrama en abundancia; ya no son el Templo, ni sus instituciones, ni los baños rituales los que regeneran al hombre, sino la fe en Jesús y la aceptación de su Palabra y sus signos..



 Miércoles 5 de marzo de 2008
 Olivia

 INICIO
Is 49,8-15: Te he constituido alianza del pueblo
Salmo responsorial 144: El Señor es clemente y misericordioso
Jn 5,17-30: Quien oye mi palabra tiene vida eterna

Ya se veía que los dirigentes religiosos judíos no podían aceptar la acción de Jesús como un signo de la presencia entre ellos del Dios de la vida. La actuación de Jesús no cabe en la estrecha mentalidad de unos dirigentes que ponen como criterio de juicio, por una parte, la ley del sábado absoluta y completamente tergiversada y dañina por el extremo alienante al que la habían reducido, y por otro lado, la “defensa” de Dios: “llama Padre suyo a Dios, igualándose a Él” (v.18). Desde estos dos argumentos la única alternativa es eliminar a Jesús; ni siquiera merece un llamado de atención o una “detención preventiva”, sino la muerte inmediata (v.18a).

La respuesta de Jesús está sustentada en el absoluto compromiso de Dios con su creación. Él creó y sigue creando; por tanto mantiene inamovible su opción fundamental por la vida; y por otro lado, Jesús declara su radical comunión con el proyecto del Padre, comunión que no es sólo de palabra sino de hecho, lo cual lo lleva a prometer la vida definitiva a quienes acepten y crean en sus palabras y acciones.




 Jueves 6 de marzo de 2008
 Olegario – Elcira – Rosa de Viterbo

 INICIO
Ex 32,7-14: Arrepiéntete de la amenaza
Salmo responsorial 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
Jn 5,31-47: Mis obras y el Padre atestiguan de mí

Dios estableció una ley para que el ser humano alcanzara a través de ella una humanidad cada vez más plena y comprometida con ese proceso de humanización; tal como estaba concebida, la Ley era para usarla como medio; en ese sentido la presentó Moisés, y de ese mismo modo el propio Moisés podría dar testimonio a favor de Jesús, porque así es como él se relaciona con ella; sin embargo, la Ley pasó a ser un absoluto, un yugo con el cual los dirigentes mantenían paralizado al pueblo.

Jesús no pone como argumento de su autenticidad de enviado el testimonio de Juan, porque sería aferrarse a un testimonio humano. Su argumento más contundente y aplastante es su propio actuar, sus obras, que están perfectamente alineadas con el querer y la voluntad de Dios. Querer y voluntad que están expresadas en las Sagradas Escrituras a las cuales sus adversarios veneraban tanto. Si ellos eran tan inclinados al estudio de la Escritura, ¿por qué no daban crédito a sus obras, que de un modo u otro estaban ya anunciadas en ella? Es que carecían del amor necesario como base para juzgar la realidad que vivían.




 Viernes 7 de marzo de 2008
 Perpetua - Felicidad

 INICIO
Sab 2,1a.12-22: o condenaremos a muerte ignominiosa
Salmo responsorial 33: El Señor está cerca de los atribulados.
Jn 7,1-2.10.25-30: Me envió el que dice la verdad

Poco a poco la persona de Jesús se va haciendo más incómoda entre los dirigentes religiosos de Jerusalén. Se nota el ambiente pesado que se cierne sobre él y, por supuesto, la tensión de la gente que está a la expectativa para ver si lo apresan o lo quieren dejar libre. La relativa calma que se respira es interpretada como una posible adhesión a su persona y mensaje. “¿Habrán reconocido realmente las autoridades que éste es el Mesías?”, se preguntan quienes esperan un desenlace de esta tensión.

Casi siempre sucede lo mismo entre nosotros. Nos resistimos a ver en las palabras y acciones de personas comunes y corrientes el testimonio de la presencia de Dios entre nosotros; no podemos aceptar que personas quizás menos preparadas que nosotros nos puedan iluminar, nos puedan orientar; somos nosotros quienes por “lógica” les debemos iluminar el camino. Caemos así en la misma actitud de los jefes religiosos de Jerusalén, de dictaminar desde nuestra “sabiduría” lo que viene y lo que no viene de Dios; calificar o descalificar al que habla o no en nombre de Dios. Y resulta que por el medio más insospechado Dios se nos muestra y nos habla.



 Sábado 8 de marzo de 2008
 Juan de Dios

 INICIO
Jr 11,18-20: Como cordero manso, llevado al matadero
Salmo responsorial 7: Señor, Dios mío, a ti me acojo
Jn 7,40-53: Jamás hombre alguno habló como él

Los sumos sacerdotes y los fariseos esperan que la guardia regrese con Jesús preso. Esa fue la orden en 7,32; pero ha sucedido lo inesperado: los guardias han visto y comprobado que muchos aceptan las enseñanzas de Jesús reconociendo en él a un verdadero profeta, al profeta definitivo, aunque no por eso quedan despejadas las dudas sobre su lugar de procedencia y su descendencia davídica. Los sumos sacerdotes se afianzan en la interpretación literal de la Escritura, que afirma que el Mesías debía nacer en Belén y, además, debía ser descendiente de David; buen argumento para embaucar al pueblo y distraerlo de lo fundamental: el cumplimiento de las promesas de Dios en Jesús, aunque su procedencia parezca ser de Galilea.

Por lo menos Nicodemo reclama el mínimo de justicia que se debe tener con un acusado: escucharle en interrogatorio. Sin embargo esto es motivo de enojo para sus copartidarios.

Así Jesús se va aproximando al desenlace final, pero con la radical convicción de estar haciendo las obras de Dios.

Ante las distintas opiniones sobre Jesús y su mensaje que aún circulan en nuestro mundo, ¿qué posición tomamos nosotros?