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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 10 al 16 de Febrero de 2008 – Ciclo A
Domingo 1º de Cuaresma

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 1º de Cuaresma, ciclo A el  12 de febrero de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 10 de febrero de 2008
 1º de Cuaresma
 Escolástica

 INICIO

Gn 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado
Rm 5,12-19: Si creció el pecado, más abundó la gracia
Mt 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

El texto del Génesis que leemos hoy, el inicio de las relaciones con Dios en la historia humana, que llamamos también “Historia de Salvación”, nos presenta una situación de tentación en la que “Adán y Eva”, “primer hombre y primera mujer”, representantes de todos los seres humanos, hombres y mujeres, ceden a la tentación del Maligno. Este trozo de la Biblia es conocido muy bien y lo llamamos simplemente “la Historia de la Caída” o “el pecado de Adán y Eva”.

Esa historia de la caída es confrontada litúrgicamente con la lectura del “evangelio de las Tentaciones”, donde encontramos a Jesús, “el nuevo Adán” que también nos representa a todos, cristianos y cristianas, en una situación parecida a la que se encontraron nuestros ancestrales padres. Pero ambas historias tienen un final diferente. Vamos por pasos:

Tenemos en las dos historias un personaje nefasto y misterioso, en Génesis “la serpiente”, uno de los seres creados por Dios (cfr. Gen 3,1), con un peso determinante en la suerte religiosa de toda la humanidad, que siente envidia de la felicidad de los seres humanos (Sab 2,24) y que será capaz de desbaratar los planes divinos, rompiendo la amistad entre los seres humanos y Dios. Es un ser astuto y mentiroso (San Juan lo llama “homicida y mentiroso desde los orígenes”, Jn 8,44). Y en el evangelio, lo volvemos a encontrar, también en una escena dramática (como lo era la del paraíso y como lo fue en la historia de Job), pero esta vez en un duelo “cara a cara”, Satanás enfrentado a Jesús, que como habíamos dicho al inicio, representa también toda la humanidad.

De este personaje hubo un momento de la vida de la Iglesia que se predicó a más no poder, se hablaba de él con énfasis, se lo personificaba en el arte, se usaba para asustar y para “mantenernos” en las filas de la Iglesia, para que se sintiera el miedo y no lo enfrentáramos... Pero llegó otro tiempo, como en un movimiento pendular, en el que se dejó de hablar de él. El Diablo, Satanás, parece que había desaparecido de nuestra vida, solamente porque había desaparecido del lenguaje.

En la victoria que Jesús logra sobre Satanás está todo el sentido de su misión: venía a volver impotente al que tenía el dominio sobre el mundo, a destruir sus obras, a sacarnos de su poder. Por primera vez en la Historia de la Salvación, después de lo que había sucedido en el Paraíso, un “Hijo del Hombre” le ha movido el piso a Satanás, lo ha hecho recurriendo a la Palabra de Dios, a la Biblia que ha escuchado en la Sinagoga, la Palabra que ha rumiado en el silencio de la oración, con la que le ha hablado el Padre y que se esforzará por anunciar a todos de ahí en adelante.

Satanás en un momento de la historia había podido atraer para sí a los seres humanos, pero ahora sentía que algo nuevo se le venía con este personaje lleno del Espíritu Santo y que encontraba solo en el desierto, algo que estaba poniendo en peligro su señorío en el mundo y se acerca con astucia y mentiras para averiguar qué era ese nuevo acontecimiento. Esta vez quiere también, a la nueva humanidad, representada en Jesús, alejarla de los planes de Dios, por eso trata de convencer a Jesús con propuestas de un mesianismo humano o terreno: pan, gloria y poder en un primer momento, y finalmente el reconocimiento, la adoración de un ser que no es Dios, a lo cual responde Jesús, reafirmando el gran principio del monoteísmo hebreo: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás”.

La escena es programática en la vida de Jesús. Después de su Bautismo es movido por el Espíritu que ha recibido a retirarse al desierto y allí se ha dado el primer acto de una lucha sin cuartel, que entre otras cosas, no terminará ahí, serán muchos los momentos en que Jesús sentirá la voz de Satanás, sentirá la tentación en el Huerto de los Olivos y en la misma cruz, pero al final como siempre en la vida de Jesús, será su confianza en el Padre y la palabra de Dios la que le ayudarán a hacer la elección.

La expresión tradicional cristiana la expresa Pablo en estas palabras: “Como por un ser humano entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así también por un ser humano, Jesús, entro la posibilidad de la vida, de la salvación, del triunfo sobre Satanás”.

Recordar esta historia de la caída al iniciar este período de Cuaresma es para nosotros un pequeño proyecto de vida para este tiempo, los cristianos y cristianas somos colocados por la liturgia en el mismo plano del “primer hombre” y de la “primera mujer” y en el mismo plano de Jesús, nos tocará a cada uno decidir cuál de los dos comportamientos vamos a imitar.

Hoy día, sin embargo, no podemos hablar responsablemente sobre el «pecado original» sin hacer salvedades, para no continuar con la confusión que también tradicionalmente ha creado. Tal caída, en primer lugar, no es un hecho histórico, aunque así fue tomado durante más de dos milenios. Nosotros hoy sólo podemos tomarla simbólicamente, como un bello mito que ha sido para muchas generaciones la forma de expresar una limitación “original” (“de fábrica”) con la que viene el ser humano, una forma –si se quiere- de intentar explicar el misterio del mal. Pero de ninguna manera podemos aceptar hoy la negatividad que este «mito», mal entendido, a vertido sobre la naturaleza y el mundo. Cierta tradicción cristiana ha pensado que debido al pecado original la naturaleza ha quedado corrompida, y es mala, sobre todo mala consejera, y que debemos estar en guardia frente a ella, desconfiar de ella e incluso dominarla y despreciarla.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100009
 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap09b.mp3
 

Para la revisión de vida
- Comienza uno de los llamados «tiempos fuertes» del año litúrgico. No precisamente un tiempo «light», ni siquiera un tiempo cualquiera. ¿Qué voy a hacer para que esta Cuaresma no se me pase sin darme cuenta, sino viviéndola a fondo? La Cuaresma es una «cuenta regresiva» de 40 días hasta la Pascua… El objetivo que se vive desde el principio es la Pascua misma…
 

Para la reunión de grupo
- El objetivo del relato del pecado de Adán y Eva es contar un pecado concreto, por muy importante que pudiera ser; el texto es un «mito» bíblico para algo más profundo: «explicar» la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué hay mal? ¿Por qué el dolor? ¿Por qué la muerte?… De eso es de lo que el relato bíblico está hablando, a su manera «mítica». ¿Podemos expresar nosotros su mensaje de una forma más “racional” o “teológica”? O sea: ¿cuál es el mensaje teológico del mito del pecado original?
- Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Las tres tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí su correspondencia con el Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano. ¿Cuáles son esas grandes dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida?
- El teólogo Mathew Fox insiste en que el verdadero principio de nuestra historia no es un pecado original, sino una «bendición original»... Comentar.


Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia confíe siempre y por encima de todo en la Palabra de Dios y en su fuerza liberadora. Roguemos al Señor...
- Para que hagamos caso a las voces que nos llaman a buscar una sociedad más justa y un ser humano más fraterno. Roguemos...
- Para que nos reafirmemos cada día en nuestra fe en un Dios de vida y de vivos. Roguemos...
- Para que, frente al individualismo y el egoísmo, nosotros pongamos el valor de la solidaridad entre las personas. Roguemos...
- Para que seamos conscientes de que Dios está siempre a nuestro lado, aunque a veces no lo parezca, en la tentación y en las dificultades. Roguemos...
- Para que la Eucaristía que celebra nuestra comunidad nos anime a ser más consecuentes con nuestra fe y nuestra esperanza. Roguemos...

Oración comunitaria
Oh Dios que sabes que nuestra vida humana está sometida a tantos influjos, presiones, tentaciones, repulsiones… y también a tantos estímulos, inspiraciones y buenos ejemplos; te pedimos que la atracción y el influjo del bien sea mucho más fuerte en nuestra vida que la tentación y la fuerza del mal, y que el ejemplo modélico de Jesús nos ayude a seguirle por el camino del amor y del bien. Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

Señor, tú que animas nuestra fe, consolidas nuestra esperanza y fortaleces nuestro amor, haz que apostemos siempre por el bien, la justicia y la paz, de modo que tu Reino crezca siempre, superando toda tentación de construir este mundo y esta sociedad sin contar contigo en nuestra vida. Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
 



 Lunes 11 de febrero de 2008
 María de Lourdes

 INICIO
Lv 19,1-2.11-18: Juzga con justicia a tu conciudadano
Salmo responsorial 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Mt 25,31-46: Al hacerlo con uno de éstos, conmigo lo hicieron

El pasaje del Lv y el de Mt que leemos hoy mantienen dos cosas en común: primera, la universalidad de esta vocación a la santidad o sanidad de vida; es decir, ningún ser humano está exento del esfuerzo por vivir ética y moralmente bien, aunque no profese ninguna religión; y por tanto, no está excluido de la gracia divina, que es en realidad la que santifica. Y segunda, una vida que está llamada a la santidad no puede cerrar los ojos a la realidad que le rodea; y obviamente, esa realidad está conformada por nuestros semejantes y por nuestro entorno natural o ecológico, o, si se prefiere, por el resto de la Creación.

El pronunciamiento de Jesús respecto al “juicio final” apunta todo al compromiso o a la indiferencia de cada uno respecto a su prójimo; y con toda seguridad, si hoy Jesús tuviera que volver a enseñar esto, incluiría también el compromiso activo en la defensa y salvaguarda de la Creación, y denunciaría nuestra indiferencia.

No hay lugar, entonces, ni tiene sentido pretender una santidad de vida desconectada del amor comprometido y del servicio al prójimo y a la Creación.


 Martes 12 de febrero de 2008
 Pamela - Panfilio

 INICIO
Is 55,10-11: Palabra hará mi voluntad
Salmo responsorial 33: El Señor libra de sus angustias a los justos.
Mt 6,7-15: Ustedes oren así

Si el anuncio profético de Isaías según el cual la Palabra de Dios no puede regresar a él sin fruto, exige un compromiso concreto por parte del creyente, la única manera de realizar esa sentencia del profeta la explicita suficientemente Jesús en su enseñanza sobre la manera como el discípulo debe orar y vivir.

Como punto de arranque Jesús pide a sus discípulos corregir la actitud externa para orar: la palabrería, la charlatanería y, sobre todo, la presunción de que “mi” forma de orar es la mejor y, por tanto, la única válida. En Jesús el concepto de oración cambia tanto de forma como de fondo, tanto de sentido como de orientación.

En la forma de orar que Jesús propone tienen que conjugarse dos elementos esenciales: el reconocimiento de la paternidad universal de Dios y el compromiso respecto a la fraternidad universal de los creyentes. No es posible experimentar el gozo de la genuina paternidad divina desconectado de la experiencia de la fraternidad; la una llama e implica a la otra. Es más, si tuviéramos que definir cuál está primero, deberíamos decir que es necesario reconocernos y aceptarnos primero como hermanos para luego sí sentir que tenemos un Padre común.




 Miércoles 13 de febrero de 2008
 Beatriz

 INICIO
Jon 3,1-10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida
Salmo responsorial 50: Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Lc 11,29-32: Esta generación sólo tendrá el signo de Jonás

p>El principal de los dinamismos que tiene que mantener viva nuestra fe, es la conversión. O dicho de otro modo, la conversión personal y comunitaria es una de las características más importantes y el pilar fundamental que mantiene viva y activa nuestra fe. Así lo entendieron los mismos profetas, y de igual modo apuntaba Jesús con su predicación a travé.s de sus palabras y acciones.

Cuando no hay espacio para la conversión, la fe y la religión misma pierden dinamicidad; los actos del creyente se convierten en una carga y en simples ritos o gestos externos, y lo que es tal vez peor, se llega a creer que con ese modo de entender la fe y tales prácticas, el favorecido es Dios; creemos hacer un favor a Dios “creyendo” en Él. Una vivencia así de la fe es el extremo de la equivocación y del absurdo; una visión demasiado reducida de Dios y del mismo ser humano y su vocación en el mundo. Un creyente de este tipo no está en condiciones de ver ni de experimentar en su vida la relación paterno-filial con Dios; siempre está sediento de signos o acciones espectaculares para poder “reforzar” su fe.




 Jueves 14 de febrero de 2008
 Valentín - Cirilo – Metodio

 INICIO
Est 14,1.3-5.12-14: No tengo otro auxilio fuera de ti
Salmo responsorial 137: Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Mt 7,7-12: Quien pide, recibe

La comunidad de Mt se enfrenta con el problema de definir su posición respecto a la Ley de Moisés. Ya en el sermón del monte Jesús ha dado unas pautas nuevas que definen el auténtico camino del discípulo; quizás los oyentes no vean la necesidad siquiera de recurrir más a la ley mosaica para orientar su conducta y sus relaciones interpersonales; sin embargo, Jesús se pronuncia de un modo contundente: “no piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas…” (5,17), una manera de referirse a toda la Escritura.

Para Jesús, el cumplimiento de la Ley de Moisés y de la nueva Ley que él mismo está proponiendo, va mucho más allá del mero apego y del simple apelo a normas y preceptos de una manera externa y deshumanizada: Este es el modelo de los letrados y fariseos, quienes constituyen el paradigma del legalismo: la ley por la ley. El discípulo de Jesús, a través de la Nueva Ley, tiene que demostrar con su vida y sus actos el modelo de hombre nuevo, criatura nueva, renovada gracias a la recuperación del genuino espíritu de la ley antigua, que era fundamentalmente el servicio y la opción por la justicia y por la vida.




 Viernes 15 de febrero de 2008
 Fausto – Jovita

 INICIO
Ez 18, 21-28: Dios desea que el malvado se convierta
Salmo responsorial 129: Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Mt 5, 20-26: Anda primero a reconciliarte con tu hermano

“Si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán al reino de los cielos”. ¿Cuál era, en el criterio de Jesús, el concepto de justicia según el cual actuaban los letrados y fariseos? Estas dos categorías de personajes eran muy familiares y fáciles de reconocer en tiempos de Jesús. Los letrados, como su nombre lo indica, eran los conocedores de la Escritura. Sabían leer la Ley e interpretarla; pero a su manera, de acuerdo a su acomodo y a su propia conveniencia. Los fariseos, aunque no hay total claridad sobre su origen, se tenían por los más buenos, los únicos justos. El nombre indica algo así como ‘separado, puro, perfecto’; ello con base en su conocimiento, estudio e interpretación de la Ley. Ambos grupos, por el acceso privilegiado que tenían a la Escritura, solían invocarla y citarla con frecuencia. El problema estaba en que no iban más allá del texto; se aferraban a la letra, exigiendo un cumplimiento literal de la Escritura; y partiendo de allí señalaban con el dedo y condenaban al resto del pueblo ante cualquier infracción de la Ley, por mínima que fuera. Actitudes como ésta no las admite Jesús entre sus seguidores: si la justicia de ustedes no supera a la de los que se creen buenos y ya justificados, con toda seguridad no habrá riesgo de que germine entre ustedes el reino de Dios.



 Sábado 16 de febrero de 2008
 Samuel

 INICIO
Dt 26,16-19: Serás el pueblo santo del Señor
Salmo responsorial 118: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Mt 5,43-48: Sean perfectos como su Padre celestial

Aunque el odio al enemigo no está explicitado en ninguna parte de la Escritura, sabemos que la cosa más normal era entonces, como lo es aún, el rechazo más categórico a los enemigos del pueblo, quienes, además, eran considerados enemigos de la religión y, por tanto, enemigos de Dios. Pues bien, en la nueva Ley promulgada por Jesús, esta actitud hacia el enemigo tiene indudablemente que corregirse. La ley del Señor obliga a amar al enemigo, y aquí no hay que entender por enemigo sólo a quien nos hace efectivamente el mal; con mucha mayor razón hay que incluir también a quienes piensan diferente, a quienes profesan otra fe o religión, a quienes cuestionan, con mucha razón a veces, nuestras frecuentes ambigüedades respecto a la manera de vivir nuestra fe; en fin, con todos ellos, nuestra actitud no puede ser de mera indiferencia o simplemente ignorarlos; Jesús nos dice -nos exige- que debemos amarlos. Y ello implica que no estamos autorizados para excluirlos de nuestro proyecto de construcción del reino, sino que debemos contar y ejercer con ellos nuestras actitudes de justicia, de solidaridad y de amor fraterno. Esa debería ser la vía más efectiva para que muchos vean y crean en el Evangelio.