Domingo 10 de febrero de 2008
1º de Cuaresma
Escolástica
INICIO
Gn 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado
de los primeros padres
Salmo responsorial 50:
Misericordia, Señor: hemos pecado
Rm 5,12-19: Si creció el pecado,
más abundó la gracia
Mt 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta
días y es tentado
El texto del Génesis que leemos hoy, el inicio de las relaciones con Dios en
la historia humana, que llamamos también “Historia de Salvación”, nos presenta
una situación de tentación en la que “Adán y Eva”, “primer hombre y primera
mujer”, representantes de todos los seres humanos, hombres y mujeres, ceden a la
tentación del Maligno. Este trozo de la Biblia es conocido muy bien y lo
llamamos simplemente “la Historia de la Caída” o “el pecado de Adán y Eva”.
Esa historia de la caída es confrontada litúrgicamente con la lectura del
“evangelio de las Tentaciones”, donde encontramos a Jesús, “el nuevo Adán” que
también nos representa a todos, cristianos y cristianas, en una situación
parecida a la que se encontraron nuestros ancestrales padres. Pero ambas
historias tienen un final diferente. Vamos por pasos:
Tenemos en las dos historias un personaje nefasto y misterioso, en Génesis
“la serpiente”, uno de los seres creados por Dios (cfr. Gen 3,1), con un peso
determinante en la suerte religiosa de toda la humanidad, que siente envidia de
la felicidad de los seres humanos (Sab 2,24) y que será capaz de desbaratar los
planes divinos, rompiendo la amistad entre los seres humanos y Dios. Es un ser
astuto y mentiroso (San Juan lo llama “homicida y mentiroso desde los
orígenes”, Jn 8,44). Y en el evangelio, lo volvemos a encontrar, también en
una escena dramática (como lo era la del paraíso y como lo fue en la historia de
Job), pero esta vez en un duelo “cara a cara”, Satanás enfrentado a Jesús, que
como habíamos dicho al inicio, representa también toda la humanidad.
De este personaje hubo un momento de la vida de la Iglesia que se predicó a
más no poder, se hablaba de él con énfasis, se lo personificaba en el arte, se
usaba para asustar y para “mantenernos” en las filas de la Iglesia, para que se
sintiera el miedo y no lo enfrentáramos... Pero llegó otro tiempo, como en un
movimiento pendular, en el que se dejó de hablar de él. El Diablo, Satanás,
parece que había desaparecido de nuestra vida, solamente porque había
desaparecido del lenguaje.
En la victoria que Jesús logra sobre Satanás está todo el sentido de su
misión: venía a volver impotente al que tenía el dominio sobre el mundo, a
destruir sus obras, a sacarnos de su poder. Por primera vez en la Historia de la
Salvación, después de lo que había sucedido en el Paraíso, un “Hijo del Hombre”
le ha movido el piso a Satanás, lo ha hecho recurriendo a la Palabra de Dios, a
la Biblia que ha escuchado en la Sinagoga, la Palabra que ha rumiado en el
silencio de la oración, con la que le ha hablado el Padre y que se esforzará por
anunciar a todos de ahí en adelante.
Satanás en un momento de la historia había podido atraer para sí a los seres
humanos, pero ahora sentía que algo nuevo se le venía con este personaje lleno
del Espíritu Santo y que encontraba solo en el desierto, algo que estaba
poniendo en peligro su señorío en el mundo y se acerca con astucia y mentiras
para averiguar qué era ese nuevo acontecimiento. Esta vez quiere también, a la
nueva humanidad, representada en Jesús, alejarla de los planes de Dios, por eso
trata de convencer a Jesús con propuestas de un mesianismo humano o terreno:
pan, gloria y poder en un primer momento, y finalmente el reconocimiento, la
adoración de un ser que no es Dios, a lo cual responde Jesús, reafirmando el
gran principio del monoteísmo hebreo: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo
servirás”.
La escena es programática en la vida de Jesús. Después de su Bautismo es
movido por el Espíritu que ha recibido a retirarse al desierto y allí se ha dado
el primer acto de una lucha sin cuartel, que entre otras cosas, no terminará
ahí, serán muchos los momentos en que Jesús sentirá la voz de Satanás, sentirá
la tentación en el Huerto de los Olivos y en la misma cruz, pero al final como
siempre en la vida de Jesús, será su confianza en el Padre y la palabra de Dios
la que le ayudarán a hacer la elección.
La expresión tradicional cristiana la expresa Pablo en estas palabras: “Como
por un ser humano entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así
también por un ser humano, Jesús, entro la posibilidad de la vida, de la
salvación, del triunfo sobre Satanás”.
Recordar esta historia de la caída al iniciar este período de Cuaresma es
para nosotros un pequeño proyecto de vida para este tiempo, los cristianos y
cristianas somos colocados por la liturgia en el mismo plano del “primer hombre”
y de la “primera mujer” y en el mismo plano de Jesús, nos tocará a cada uno
decidir cuál de los dos comportamientos vamos a imitar.
Hoy día, sin embargo, no podemos hablar responsablemente sobre el «pecado
original» sin hacer salvedades, para no continuar con la confusión que también
tradicionalmente ha creado. Tal caída, en primer lugar, no es un hecho
histórico, aunque así fue tomado durante más de dos milenios. Nosotros hoy sólo
podemos tomarla simbólicamente, como un bello mito que ha sido para muchas
generaciones la forma de expresar una limitación “original” (“de fábrica”) con
la que viene el ser humano, una forma –si se quiere- de intentar explicar el
misterio del mal. Pero de ninguna manera podemos aceptar hoy la negatividad que
este «mito», mal entendido, a vertido sobre la naturaleza y el mundo. Cierta
tradicción cristiana ha pensado que debido al pecado original la naturaleza ha
quedado corrompida, y es mala, sobre todo mala consejera, y que debemos estar en
guardia frente a ella, desconfiar de ella e incluso dominarla y despreciarla.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión
y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100009
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap09b.mp3
Para la revisión de vida
- Comienza uno de los llamados «tiempos fuertes» del año litúrgico. No
precisamente un tiempo «light», ni siquiera un tiempo cualquiera. ¿Qué voy a
hacer para que esta Cuaresma no se me pase sin darme cuenta, sino viviéndola a
fondo? La Cuaresma es una «cuenta regresiva» de 40 días hasta la Pascua… El
objetivo que se vive desde el principio es la Pascua misma…
Para la reunión de grupo
- El objetivo del relato del pecado de Adán y Eva es contar un pecado concreto,
por muy importante que pudiera ser; el texto es un «mito» bíblico para algo más
profundo: «explicar» la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué hay mal? ¿Por
qué el dolor? ¿Por qué la muerte?… De eso es de lo que el relato bíblico está
hablando, a su manera «mítica». ¿Podemos expresar nosotros su mensaje de una
forma más “racional” o “teológica”? O sea: ¿cuál es el mensaje teológico del
mito del pecado original?
- Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la
crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una
composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Las tres
tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones
de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí su correspondencia con el
Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano. ¿Cuáles son esas grandes
dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo
expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida?
- El teólogo Mathew Fox insiste en que el verdadero principio de nuestra
historia no es un pecado original, sino una «bendición original»... Comentar.
Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia confíe siempre y por encima de todo en la Palabra de Dios
y en su fuerza liberadora. Roguemos al Señor...
- Para que hagamos caso a las voces que nos llaman a buscar una sociedad más
justa y un ser humano más fraterno. Roguemos...
- Para que nos reafirmemos cada día en nuestra fe en un Dios de vida y de vivos.
Roguemos...
- Para que, frente al individualismo y el egoísmo, nosotros pongamos el valor de
la solidaridad entre las personas. Roguemos...
- Para que seamos conscientes de que Dios está siempre a nuestro lado, aunque a
veces no lo parezca, en la tentación y en las dificultades. Roguemos...
- Para que la Eucaristía que celebra nuestra comunidad nos anime a ser más
consecuentes con nuestra fe y nuestra esperanza. Roguemos...
Oración comunitaria
Oh Dios que sabes que nuestra vida humana está sometida a tantos influjos,
presiones, tentaciones, repulsiones… y también a tantos estímulos, inspiraciones
y buenos ejemplos; te pedimos que la atracción y el influjo del bien sea mucho
más fuerte en nuestra vida que la tentación y la fuerza del mal, y que el
ejemplo modélico de Jesús nos ayude a seguirle por el camino del amor y del
bien. Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
Señor, tú que animas nuestra fe, consolidas nuestra esperanza y fortaleces
nuestro amor, haz que apostemos siempre por el bien, la justicia y la paz, de
modo que tu Reino crezca siempre, superando toda tentación de construir este
mundo y esta sociedad sin contar contigo en nuestra vida. Te lo pedimos por
Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
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