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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 20 al 26 de Enero de 2008
Domingo 2º Ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 20 de enero de 2008
 Domingo 2º Ordinario
 Sebastián y Fabián

 INICIO

Is 49,3.5-6: Israel, tú eres mi siervo
Salmo responsorial 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
1Co 1,1-3: Llamados a la santidad
Jn 1,29-34: Jesús, el Cordero de Dios

El segundo libro de Isaías nos muestra todos los conflictos de identidad que vivió la comunidad de Israel durante el exilio y al regreso a Jerusalén. En el seno de la comunidad se vivían distintos estilos de vida que marcarían definitivamente el derrotero histórico del pueblo de Dios. Todos se sentían «llamados», «elegidos», y hacían de la conciencia de su vocación el eje de su existencia y del proyecto del pueblo de Dios. Pero detrás de estas motivaciones vocacionales se escondían dos maneras completamente distintas y antagónicas de vivir el llamado de Dios. Unos se inclinaban por el universalismo, la tolerancia y la capacidad de diálogo con todos los miembros del pueblo de Dios y con todas las naciones; otros, en cambio, optaban por el exclusivismo, el nacionalismo y la búsqueda de cierta «pureza» que los distinguiera del resto del mundo.

El pueblo de Israel se transformó completamente durante el exilio en Babilonia. El sufrimiento aumentó en muchos los sentimientos de esperanza y el deseo de superar las contradicciones que condujeron a la ruina de la nación. Otros, en cambio, querían hacer de Israel una comunidad separada del resto del mundo, un pequeño grupo donde no tendrían cabida ni pecadores, ni enfermos ni extranjeros. Nació así el conflicto de la interpretación de la «elección» por parte de Dios. Para el primer grupo, la elección era una oportunidad para abrir la experiencia de Israel a todo el mundo, sin hacer distinciones, sin excluir a nadie. Para el segundo grupo, en cambio, la elección era una oportunidad para constituirse en una casta, en una clase superior. Estas dos tendencias que comenzaron en el exilio, continuaron hasta la época del Nuevo Testamento.

Jesús hizo una ruptura con esa mentalidad exclusivista de ciertos sectores del mundo judío. Él hizo realidad los ideales universalistas de los profetas. Creó una comunidad en la que estaban representados todos los sectores sociales de su tiempo (campesinos, obreros, cobradores de impuestos, mujeres, pobres, enfermos, endemoniados, etc.) y que estaba destinada a convertirse en luz del mundo. Jesús restaura la armonía original del pueblo de Dios al congregar un grupo humano que vive los valores de la misericordia, el perdón y la solidaridad. Su grupo no es mejor que los otros porque sea más «puro» ritualmente, o porque se santifique mediante constantes procesiones al templo de Jerusalén. El grupo de Jesús es sólo la realización de los ideales del pueblo de Dios que se quedaron en el tintero luego de que algunos sectores del pueblo judío impusieran una ideología y una legislación que cerraron todo acceso al «resto de Israel».

En el evangelio, el bautismo de Jesús es su presentación a todo el pueblo de Israel y quiere manifestar su elección por parte de Dios. El bautismo de Jesús quiere simbolizar el carácter universal de su misión, por eso es señalado como «cordero de Dios». Ese título designa la acción de Jesús en su lucha contra el pecado, en su compromiso transformador del viejo orden del mundo. Jesús es la persona justa que lucha contra el mal, incrustado incluso en las estructuras de poder. Su elección no es una prebenda personal o una dignidad que él ostente ante el Sanedrín, sino un don para toda la humanidad que se encuentra abatida.

El testimonio del Bautista insiste en que a Jesús se le reconoce por la acción del Espíritu. Juan Bautista manifiesta que “no conoce” a Jesús sino por la manifestación de Dios en Él. Y esto es lo que hace posteriormente la comunidad cristiana, reconoce a Jesús como Hijo de Dios por la acción del Espíritu dentro del grupo de sus seguidores. Así, la elección y el llamado de Jesús aparecen en el evangelio de Juan como una experiencia de Dios que Jesús vivió en compañía de sus discípulos.

Pablo insiste en todas sus cartas en el carácter universal de su actividad misionera. El llamado a ser apóstol no se consume en la dedicación al pequeño grupo. La iglesia de la ciudad de Corinto afronta graves dificultades por causa de los sectarismos internos. Es una iglesia que abandona su vocación universal y se lanza por los oscuros senderos del partidismo religioso. Por esta razón, Pablo les escribe y, desde el saludo, les hace un llamado a vivir la vocación cristiana de manera íntegra y creativa, en consonancia con el Espíritu de Jesús.

Pablo invita a la comunidad a vivir la «santidad», la elección, el llamado, pero abandonando los viejos esquemas del favoritismo, la falsa religiosidad y el oportunismo. La santidad no consiste para Pablo -como lo explica más adelante en la misma carta- en una búsqueda egoísta de la perfección individual. La santidad tampoco es una práctica devocional que consista en frecuentar lugares, personas o cosas consideradas sagradas. La santidad es adquirir la «sabiduría de la cruz» por medio del contacto directo con el sufrimiento de Cristo en la historia. Las personas justas siguen siendo víctimas de la violencia y el pecado. La tarea del cristiano es compartir la experiencia de las personas que lo han dado todo por la causa de la justicia.

Hoy día, en tiempos de pluralismo religioso, el tema de la «elección» necesita sus matizaciones. Una cosa es la elección del Siervo de Yavé entrevista por Isaías, y la de Jesús, meditada por Juan, y otra cosa es la elección del cristianismo, y la nuestra personal, si es que se trata de algo más que de una forma de expresar la «relación positiva» de Dios para con nosotros. Dios nos «elige», a todos y cada uno, en el sentido de que nos llama, nos invita, está abierto hacia nosotros. De ahí, pasar a pensar que Dios me elige a mi frente a los otros, que me hace a mí el elegido... va un abismo. Es harina de otro costal, otro tema sustancialmente distinto: una extrapolación atrevida, aunque haya sido tan frecuente y hasta tan manida.

Lo mismo vale respecto a la elección del colectivo, de la Iglesia, del cristianismo: nosotros seríamos «la» religión verdadera, la querida de Dios, la única traída al mundo por Dios... Las otras serían las religiones naturales, búsquedas e inventos humanos, seres humanos buscando a Dios (la nuestra sería la búsqueda misma de Dios hacia los seres humanos)... Más del noventa por ciento de la historia del cristianismo ha transcurrido en este «error de perspectiva». No ha sido una revelación, ni una mala voluntad de nadie, sino un fruto de los tiempos, un error de cálculo en el que han caído también muchas otras religiones, la mayoría de ellas. Torres Queiruga propone con toda seriedad «abandonar el concepto de elección» (cf J. GOMIS (coord.), El Concilio Vaticano III, Desclée, Bilbao 2001). Al hablar hoy de todos estos temas, es pues más prudente y pastoral hacerlo con mesura y sin repetir tópicos tan manidos como cuestionables. Mejor centrar el concepto en el llamado a la santidad (cf Vaticano II, capítulo sobre la universal llamada a la santidad, en la Lumen Gentium).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100007
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap07b.mp3
 

Para la revisión de vida
- “Ser pre-cursor de Jesús” hoy no puede entenderse sino como precursor del Reino, de la Utopía de Jesús. Jesús no necesita que alguien vaya delante anunciándole a él, porque él mismo nunca se anunció a sí mismo. Él vino para hacernos mirar hacia el Reino, no hacia él (lo cual han olvidado muchos y muchas, que se quedan mirándole a los ojos, o al dedo con el que él nos indica el lugar donde debemos mirar: al Reino. Tal vez por eso Juan Bautista, aunque nosotros lo llamemos “el precursor”, él era sobre todo un profeta de la justicia... Seamos “precursores de Jesús”, o sea, de su Causa.
 

Para la reunión de grupo
- Puede ser una ocasión buena para recordar esa categoría bíblica, “pecado del mundo”. Cuando fue bajada de esfera abstracta bíblica a la arena concreta de la realidad “del mundo”, fue traducida entonces como “pecado estructural”, tuvo que afrontar mucha oposición. Hoy pertenece pacíficamente –al menos en teoría- al acervo común teológico (véase la Sollicitudo Rei Socialis 36-37…).
- Torres Queiruga propone abandonar el concepto de «elección». Leer su propuesta (cf supra) y comentarla. ¿Podemos pensar que los cristianos somos el pueblo elegido (o los judíos, o los musulmanes, o los egipcios...). ¿Por qué? Dar razones teológicas, bíblicas (si se encuentran), filosóficas (de razón o del sentido común) o de otro tipo (antropológico-culturales, por ejemplo)...


Para la oración de los fieles
- Para que todos los cristianos asumamos voluntariosamente la tarea de ser anticipadores de la Causa de Jesús, sus precursores, como Juan Bautista, roguemos al Señor.
- Para que lo hagamos con su mismo talante: con exquisito respeto a los derechos de cada persona, sin avasallar, sin imponer, con la actitud invitatoria de quien predica con un ejemplo que atrae y seduce…
- Para que “no nos acomodemos a este mundo” quedando ciegos ante el “pecado del mundo”…
- Para que estemos dispuestos a cargar con ese “pecado del mundo” encargándonos de empujar a la sociedad hacia su superación…
- Para que no confundamos nuestro deseo de ser testigos de Jesús con las actitudes de arrogancia, de dominio, de quien se cree poseedor único de la verdad…
- Para que pidamos perdón generosamente por los pecados que hemos cometido “los hijos de la Iglesia” y la Iglesia como tal, que somos todos…


Oración comunitaria
Dios Padre y Madre universal, que eres la “luz que ilumina a todo hombre y a toda mujer que viene a este mundo”; te pedimos hagas de nosotros “facilitadores” dispuestos a trasparentar esa luz y a remover la oscuridad que se aloja en “el pecado del mundo”; que con Jesús, también nosotros, como “precursores” suyos hoy, estemos dispuestos a cargar con el pecado del mundo y a posibilitar su superación según tu Proyecto. Nosotros te lo pedimos con los ojos puestos en el “Cordero que quita el pecado del mundo”, Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



 Lunes 21 de enero de 2008
 Inés

 INICIO
1Sam 15,16-23: La obediencia vale más que los sacrificios
Salmo responsorial 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Mc 2,18-22: A vino nuevo, odres nuevos

A través del ayuno de los discípulos, se compara el quehacer de Jesús con el de Juan el Bautista y el de los fariseos: los discípulos de los dos últimos ayunan. Lo que quieren mostrar los opositores de Jesús es que él no es un buen maestro espiritual; en cambio Juan, que se encuentra en la cárcel, y los mismos fariseos son “buenos maestros espirituales”.

La respuesta de Jesús acude a la comparación con una fiesta de bodas, en la que todo es alegría y goce mientras se cuenta con la presencia del novio. Y el novio es Jesús, que da la vida y la alegría; estar con él es vivir con plenitud cada momento de la existencia.

Con el testimonio de Jesús aprendemos que el ayuno y los sacrificios se pueden quedar en comportamientos momentáneos que no le transforman la existencia de manera integral al ser humano. El verdadero ayuno pasa por la capacidad de ir en busca de los otros, los más necesitados, y acogerlos, comer con ellos, compartir con sencillez y de manera permanente.

El comportamiento de Jesús está inaugurando un nuevo desafío para la existencia humana: la fraternidad. Los preceptos moralistas son caducos y no armonizan con el proyecto de Jesús. El hombre nuevo desborda los viejos esquemas. Se necesita de un corazón nuevo, de una mente nueva, para revelar el proyecto liberador del Padre Dios.


 Martes 22 de enero de 2008
 Vicente mártir

 INICIO
1Sam 16,1-13: David es consagrado rey
Salmo responsorial 88: Encontré a David mi siervo.
Mc 2,23-28: El Hijo del Hombre es señor del sábado

Los letrados están cautivos en las rejas de la Ley; para ellos el problema no es la condición humana, sino el minucioso cumplimiento de las leyes. Con ese criterio califican o descalifican los comportamientos humanos; en nombre de la ley han juzgado, seguramente de manera injusta, al pueblo.

La respuesta del Maestro al cuestionamiento de los fariseos recurre a un hecho de liberación: David y sus compañeros, ante una situación de hambre, han entrado en la casa de Dios y han comido los panes que estaban reservados a los sacerdotes. Han dado ejemplo de libertad. Las leyes son para el servicio de la dignidad humana; de lo contrario son pesadas cargas esclavizantes que nadie puede llevar a cuestas. Y la voluntad de Dios Padre no es ésa respecto de sus hijos.

A lo largo del camino Jesús ha entrado en conflicto con la frialdad de las leyes y con quienes creen tener autoridad para hacerlas cumplir. Ahora va a dar una lección fundamental sobre el sentido y uso de la ley, colocándola al servicio del ser humano.

En este relato los cristianos encontramos una excelente puerta de entrada para revisar nuestras actitudes y comportamientos en la vida cotidiana. Muchas veces vivimos cautivos de nuestros esquemas morales y nos cuesta comprender las condiciones de otras personas o actuar con libertad ante nuestras propias necesidades. Jesús nos invita a valorarnos y a valorar a los demás, de tal forma que agrademos a Dios por nuestra capacidad de amar y de optar con libertad.




 Miércoles 23 de enero de 2008
 Ildefonso- Virginia

 INICIO
1Sam 17,32–51: Venciendo con la ayuda de Dios
Salmo responsorial 143: Bendito el Señor, mi Roca.
Mc 3,1-6: ¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal?

La curación del ser humano que ha sido puesto en medio de todos, es portadora de tres grandes lecciones. Por un lado se dignifica la vida de una persona devolviéndole la salud, y con ella sus derechos plenos en la vida comunitaria. Colocar a esta persona en medio de todos implica un fuerte llamado de atención para ver la necesidad del otro sin las ataduras impuestas por la Ley.

Jesús hace una pregunta tajante: ¿es lícito en día sábado hacer el bien en vez del mal; salvar una vida y no destruirla? Jesús, con su accionar, está demostrando que piensa y siente muy diferente a esos letrados. Sus acciones son una muestra generosa de vida; para Jesús lo lícito es amar y hacer consecuentemente el bien sin barreras de ningún tipo.

La propuesta que nos hace el Señor con su testimonio, es que los cristianos no debemos dejar pasar las oportunidades para hacer el bien a quienes lo necesitan. No hay un mal momento para servir. A veces nos alegramos de llevar una vida piadosa por participar en las celebraciones cultuales, pero no somos capaces de colocar en el centro de nuestra vida las urgencias del prójimo. Aceptemos la invitación que el Maestro nos hace a romper las ataduras que nos impiden hacer el bien, pues dejar de hacerlo es, de alguna manera, tolerar el mal.




 Jueves 24 de enero de 2008
 Francisco de Sales

 INICIO
1Sam 18,6-9: Conflicto entre David y Saúl
Salmo responsorial 55: En Dios confío y no temo
Mc 3,7-12: Muchos enfermos fueron curados

El Maestro abandona la sinagoga, donde se habían confabulado los letrados y los herodianos para eliminarlo, y va a otro lugar, la orilla del mar, el límite entre la vida y la muerte. Quienes han ido en busca de él, seguramente han sido acorralados y sometidos por distintos caminos a la muerte; se les ha quitado la vida con la opresión de los impuestos o la exclusión por su condición de enfermos.

Jesús, sensible y atento a la urgencias de las personas, cura a muchos de sus dolencias, haciendo realidad, una vez más, el amor de Dios con los más pobres. Ese es el reino, la cercanía cariñosa de Dios a través de Jesús, quien en sus acciones revela la capacidad infinita de amor que Dios ha reservado para sus hijos más queridos: los pobres.

El seguimiento de Jesús está implicando dos grandes actitudes: primero romper con los viejos esquemas de exclusión y legalismo que se estaban presentando en la sinagoga; se trata de ir a otros lugares, más difíciles, con más riesgos, pero donde es posible actuar con libertad. De otro lado, la fe inquebrantable que tienen los pobres. Constituye una lección de seguimiento ir a donde Dios realiza su obra; ir con Jesús, aunque cueste sacrificios. Esa es la exigencia para nosotros los cristianos. Redimensionar nuestra fe hasta lograr un encuentro cercano con el proyecto de Jesús




 Viernes 25 de enero de 2008
 La conversión de S. Pablo - Elvira

 INICIO
Hch 22,3-16: Pablo, testigo de Cristo
Salmo responsorial 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Mc 16,15-18: Vayan por el mundo proclamando la Buena Noticia

La Palabra de Dios nos presenta el día de hoy en la primera lectura a una persona “grande”: san Pablo, quien da testimonio apasionado de su proceso de conversión. Pasar de ser perseguidor de cristianos a evangelizador, es lo que constituye el verdadero milagro. Seguramente Pablo se dejó tocar en las fibras más íntimas de su ser y fue capaz de escuchar la voz de Dios. Se dejó seducir por la voluntad de Dios y asumió su responsabilidad por haber perseguido a quienes seguían al Resucitado.

El evangelio de Marcos se cierra con un relato de envío. Los discípulos, ya animados por el Resucitado, han de ser continuadores del trabajo emprendido por Jesús: dar a conocer y realizar el plan de Dios. La misión de los discípulos y de las primeras comunidades cristianas consistió en hacer realidad lo que habían aprendido con Jesús y convocar con su testimonio a otros que fueran capaces de aceptar la radicalidad del proyecto cristiano.

El cristianismo de los primeros días nos sigue interpelando a asumir con responsabilidad el compromiso misionero que aceptamos con el bautismo. Los cristianos no podemos quedarnos quietos o callar ante la pobreza y las injusticias que agobian a nuestros pueblos. En el evangelio y en san Pablo recibimos verdaderas lecciones de profetismo cristiano, que no es una tarea fácil; por el contrarío, trae como consecuencia adversidades, conflictos, persecuciones. Permitamos entonces que nuestra fe en Cristo resucitado se recree cada día con los nuevos llamados, los nuevos desafíos que la realidad nos presenta.



 Sábado 26 de enero de 2008
 Timoteo – Tito - Paula

 INICIO
2Tim 1,1-8 (o bien Tt 1,1-5): Tito, mi querido hijo en la fe
Salmo responsorial 95: Contad las maravillas del Señor a todas las naciones
Lc 10,1-9: La cosecha es abundante, los trabajadores, pocos

El testimonio de los primeros cristianos es para nosotros un fuerte llamado de atención, que sacude la identidad de nuestro cristianismo, muchas veces vivido de manera insípida y sin compromiso. Cuando el Espíritu de Dios anima de verdad nuestros carismas, entonces nuestra vocación de servicio se mantiene fresca y dispuesta a superar cualquier obstáculo.

El evangelio nos sitúa en el plano del envío, como don de Dios y como actitud permanente del cristiano comprometido. La lucha por construir un mundo en justicia e igualdad no es fácil. Los enviados del Señor van como ovejas en medio de lobos, expuestos a múltiples peligros, obstáculos y persecuciones. Pareciera contradictorio, pues para una misión tan exigente, Jesús, en vez de pedir que se lleven muchas cosas, exige que no se lleve más que lo necesario, en este caso el testimonio y la experiencia de cada uno.

Sin duda que el camino de los misioneros, de ayer y de hoy, está lleno de adversidades, de indiferencias, de puertas y corazones cerrados, de modelos sociales excluyentes que se rehúsan a recibir la Buena Nueva del reino. Tal realidad, que históricamente ha desafiado al cristianismo, exige de parte nuestra mucha firmeza, creatividad y decisión para mantener viva la esperanza y lanzarnos a la tarea de contagiarla a otros.