Domingo 13 de enero de 2008
Bautismo del Señor
Hilario
INICIO
Is 42,1-4.6-7: Miren a mi siervo
Salmo responsorial 28: l Señor
bendice a su pueblo con la paz.
Hch 10,34-38: Dios ungió a Jesús
con Espíritu
Mt 3, 13-17: El Espíritu bajó
sobre él
El relato del bautismo de Jesús en el evangelio de Mateo consta de dos
secciones: la narración del encuentro entre Jesús y el Bautista (vv. 13-15), y
la teofanía (manifestación divina) subsiguiente (vv. 16-17).
La teofanía da el sentido más profundo del acontecimiento. Tiene el carácter
de un relato de vocación. Pero más que con el tipo de vocación profética nos
encontramos con una vocación construida según los modelos apocalíptico y
sapiencial. Como en los relatos del primero de estos dos últimos modelos, se
tiende a señalar el carácter definitivo de la vocación relatada. Por ello se
señala el fin del silencio divino por medio de la apertura del cielo y, gracias
a ello, la presencia de una Palabra definitiva, productora de una nueva
creación. Como en Gen 1 el Espíritu se hace presente en forma de un ave (un
testimonio rabínico de la época habla también de paloma como nuestro texto).
Pero también, conforme a los relatos de vocación sapiencial, se muestra la
capacidad que esta última intervención divina crea en un sujeto para comunicar a
otros aptitud y conocimiento para realizar el designio divino.
Se trata entonces de una nueva creación, la última, que se realiza en Jesús
de Nazaret, gracias al cual los seres humanos pueden adquirir las
características del ser humano nuevo. La forma de dicha novedad se precisa en la
enseñanza de la voz celeste. El “Tú eres (este es) mi Hijo” (Sal 2,7), surgido
de un ambiente cortesano, se corrige con el añadido de un texto tomado del
primer poema del Servidor sufriente (Is 42,1) “a quien yo quiero, mi
predilecto”.
De esa manera se introduce un nuevo concepto de mesianismo, deudor de los
discípulos y discípulas de Isaías del tiempo del exilio. Según ella, el Mesías
comparte la debilidad de la condición humana y se coloca no “sobre”, sino “con”
el ser humano, en perfecta coherencia con el “Dios con nosotros” del principio (Mt
1,23) y del final (Mt 26,20) del evangelio.
La parte precedente del relato evangélico sirve para poner de relieve la
divergencia que existe entre esta concepción mesiánica y toda otra forma de
mesianismo. Bajo las diversas actitudes de Juan y Jesús, respecto al bautismo de
este último, se refleja una diversa concepción sobre el Reino de Dios, en
general, y de la función del Mesías en particular.
El movimiento bautista veía en la instauración del Reino la llegada del
Juicio de Dios. El ser humano pecador debía, en vistas a ese acontecimiento,
entrar en una dinámica de purificación, en la cual jugaba un rol importante la
recepción del bautismo. Y la intervención divina se llevaba a cabo gracias a la
acción del Mesías, exento de las debilidades de la condición humana. Por ello la
sorprendida reacción de Juan ante la presencia de Jesús en el v.14: “¿Tú acudes
a mí? Si soy yo quien necesita que tú me bautices”.
El resto del relato sirve al evangelista para rectificar las opiniones del
Bautista sobre el Reino y el Mesías. La atención sobre el Juicio divino se
desplaza a la realización de la justicia o “lo que Dios quiera” (v.15). Con ello
el momento temporal del Reino, se desplaza desde el futuro de la intervención
divina hacia la realización de esa justicia en el momento presente.
Más allá de la preocupación eclesial de situar el sentido de la figura de
Juan y de su bautismo en relación con la actividad de Jesús, más allá de la
preocupación apologética de superar la dificultad de la colocación de Jesús
entre los seguidores de Juan, el relato sitúa la vocación de Jesús (y la de sus
seguidores) en el marco del querer divino. Una vocación, entonces, sólo puede
consistir en la adopción del querer divino, incluso en sus consecuencias
desagradables de sufrimiento y muerte, inherentes a la condición humana.
De esa forma se consigna cómo, a pesar de su pertenencia al movimiento
bautista, Jesús trasciende el ámbito ideológico de éste. Su unción de Espíritu y
poder se realiza en su actuación en favor de los oprimidos por el diablo que en
El pone de manifiesto la presencia divina, como señala el discurso de Pedro en
Hch 10,34-48 (segunda lectura). Sólo de esa manera, se puede iniciar la entrada
a la tierra prometida. Jesús que lleva con una pequeña variante el mismo nombre
de Josué, cruza el Jordán y “sube” a tomar la posesión de la tierra.
El bautismo de Jesús nos coloca, por tanto, frente a una nueva metodología
para el cumplimiento de las promesas de Dios. Éstas, en adelante, no pueden ser
comprendidas como ligadas a la voluntad de poder de una dinastía sino al
servicio de los demás en la entrega incondicional a la realización de la
voluntad divina.
Esta entrega incondicional sólo puede hacerse por medio de la asunción de un
espíritu solidario que comparte la dura condición de todos los que sufren las
consecuencia producidas por el espíritu diabólico que oprime a los seres
humanos. De esa forma, se presenta como la única forma de una convivencia más
fraterna para toda la humanidad.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100007
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap07b.mp3
Para la revisión de vida
- Hoy es el primer domingo del “tiempo ordinario”; se acabaron los “tiempos
fuertes” de la liturgia, el adviento y la navidad; vuelve la vida ordinaria… Un
adagio clásico de ascética decía: “in ordinariis, non ordinarius”, para expresar
la meta de quien quiere ser santo (‘extraordinario’) en las cosas ordinarias, en
la vida diaria… Al comenzar el “tiempo ordinario” debemos renovar nuestro deseo
de vivir “extraordinariamente”.
Para la reunión de grupo
- La misión del mesías puede leerse como “implantar el Derecho”. Reflexionemos:
¿Qué relación tiene el Derecho con la misión de todo un Mesías? ¿Qué relación
puede tener el Derecho con la misión de todo un cristiano?
- ¿Cómo está nuestro mundo desde la óptica del Derecho? ¿Es el Derecho
(Internacional, mundial) el que rige el “orden” del mundo? ¿Estamos avanzando
hacia un ordenamiento jurídico mejor, o hemos retrocedido hacia la ley de la
selva, la ley del más fuerte, la justicia (o venganza) por la mano propia…?
¿Puede ser la promoción del derecho y la exigencia de un nuevo Derecho Mundial
uno de los grandes deberes de los cristianos, para hacer efectiva en nosotros la
misión del Mesías en el mundo actual?
- ¿Guarda el bautismo de Jesús alguna relación con nuestro bautismo?
- Jesús “se bautizó como adulto”; en no pocos lugares los “nuevos movimientos
religiosos” y las sectas acusan a los católicos de que nuestro bautismo no es
válido, por ser administrado a los niños… ¿Qué pensar? ¿Debería reformarse la
pastoral bautismal?
Para la oración de los fieles
- Para que todos los hombres y mujeres, sean de la religión que sean, acepten y
fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, roguemos al Señor…
- Por todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el
Mesías en el que creen- por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al
derecho…
- Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, de cualquier religión, que
han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser
“derechos divinos”…
- Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús
y comprometernos con su proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el
mundo”…
- Para que la Iglesia resuelva de la mejor manera posible la problemática
inherente a la pastoral del bautismo de niños…
Oración comunitaria
Dios Padre nuestro, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo
muy amado, el predilecto”; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos
concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su
Causa y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones” y de “implantar el
Derecho en la tierra”. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…
|