Servicios Koinonía    Koinonia    Vd esta aquí: Koinonía> Biblico > 6 de enero de 2008
 


Homilía de Mons. Romero de La Epifanía del Señor, ciclo A, el 6 de enero de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 
 INICIO

La primera lectura nos lleva a las primeras estrofas de un poema que abarca todo el capítulo, hasta el v. 22. Estamos en la época postexílica; los judíos repatriados, llegados de Mesopotamia, tratan de revivir y mantener la fe de Israel, no sin polarizaciones: nacionalismo-ecumenismo, pesimismo-optimismo, legalismo-humanismo... Discípulos de los discípulos de Isaías (a los caps. 55-66 se les llamó "Trito-isaías" o "tercer Isaías") alzan la voz para mantener viva la perspectiva del gran profeta del siglo VIII. Aquí se anuncia una época de esplendor y de reconocimiento para la pequeña ciudad que apenas comienza a reconstruir sus ruinas: será como el centro del mundo; a la luz de un día sin ocaso, vendrán todos los pueblos a traerle sus presentes, sus hijos exiliados retornarán.

Esta primera lectura de la solemnidad de Epifanía nos pone sintonía con los símbolos de la celebración de hoy: la luz que guía a los pueblos a Jerusalén será como la de la estrella que guía a los magos del evangelio; los tesoros traídos a la ciudad santa desde Oriente y Occidente se cumplirán en aquéllos que los magos pusieron a los pies del niño recién nacido y de su madre; la salvación se hará universal cuando judíos y paganos, todos juntos, adoren a Dios en la persona de Jesús recién nacido en Belén.

Las Iglesias orientales celebran hoy el día de Navidad. Y es que en la antigüedad, hasta el siglo III o IV, era el día de Navidad para toda la Iglesia. Decimos esto para que caigamos en cuenta de que ni el 25 de diciembre «es» Navidad, ni el día 6 de enero «es» Epifanía. Navidad y Epifanía no son unos «hechos» brutos, históricos, que ocurrieron esos días precisamente. En la epifanía no celebramos un hecho, sino una dimensión, la dimensión de «manifestación hacia los gentiles» que el misterio de Jesús tiene. Los magos no son un hecho que celebremos, sino un símbolo que nos recuerda una dimensión.

En la segunda lectura, de los seis capítulos que componen la carta a los Efesios, los tres primeros presentan la obra salvífica de Jesucristo como un don gratuito de Dios para todos los pueblos. Los tres últimos son exhortaciones de vida cristiana. Estos versículos que acabamos de leer vienen a subrayar un aspecto fundamental de la solemnidad de Epifanía: Cristo ha nacido entre nosotros para dar a conocer el amor de Dios y su salvación a judíos y a paganos, sin distinción de raza ni de condición. Ahora nosotros, los cristianos, los católicos, no podemos volver a ser fanáticos exclusivistas, que condenemos a todos los que no creen. Nuestra responsabilidad es darles a conocer, como hizo Pablo, el "misterio", es decir: el plan de Dios, de la salvación universal, como un don ofrecido a todos los hombres y mujeres del mundo.

Los relatos del nacimiento del Mesías, en los dos primeros capítulos de su evangelio, presentan el misterio de Jesús en la visión peculiar de Mateo como cumplimiento de las promesas del AT: Él es el hijo de David, el hijo de Abrahán, como leemos en la genealogía, es decir, el Mesías, y la bendición para todos los pueblos. Él es el anunciado por los profetas (cfr. las cinco citas proféticas de cumplimiento en 1,22-23; 2,5-6. 15. 17-18. 23). Él sería un nuevo Moisés cuyo nacimiento anunció un astro resplandeciente, perseguido por el faraón de Egipto que mandó matar a los niños hebreos, como también leemos en el libro del Éxodo y en sus comentarios judíos (los midrashim). Jesús personifica al verdadero Israel, hijo de Dios, "llamado" desde Egipto, es decir: liberado, traído de la mano de Dios. También, para Mateo -y para el sentido clásico de esta liturgia de la Epifanía- la venida de los magos a visitar al niño Jesús sería un símbolo del destino universal de todos los pueblos de incorporarse un día, en el futuro, al cristianismo... Por eso la fiesta de la Epifanía era una fiesta «misionera», universalista, supracristiana.

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, de «convertir al cristianismo» (al catolicismo concretamente entre nosotros) a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era sentida como la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos...

Hoy todo esto ha cambiado, aunque muchos cristianos y cristianas (incluidos muchos de sus pastores) todavía siguen en la visión tradicional. Buen día hoy para presentar estos desafíos y para profundizarlos. No desaprovechemos la oportunidad de este día para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los reyes magos habrían sido astrónomos o conocedores del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo.

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, pero puede utilizarse el episodio 135, «Fiesta con los pastores». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600135
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap135b.mp3
En la página www.untaljesus.net
puede buscarse algún otro que también resulte adecuado.

 

Para la revisión de vida
Dios se da a conocer a todas las gentes; no sólo al pueblo elegido, sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de universalidad de Dios, o creo que sólo nosotros conocemos a Dios y estamos en la verdad? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra religión es verdadera, que las demás son "falsas"?

Para la reunión de grupo
- El símbolo de la epifanía (magos de Oriente yendo a adorar a Jesús) es un símbolo, una elaboración teológica del “evangelio de la infancia” de Mateo, realizada en aquel contexto la génesis del Nuevo Testamento, que es un contexto de confrontación de la comunidad cristiana con el mundo ambiente, contexto de expansión esforzada, de evangelización misionera. Es fácil hacer de este símbolo una interpretación en el marco del “inclusivismo”, como si “toda salvación que haya fuera del cristianismo proviniera en definitiva únicamente de Jesús”, o en el marco incluso del “exclusivismo”, como si “fuera de Jesús no hubiera salvación”… Hoy, dos milenios más tarde, con una visión bastante más amplia, y tras un Concilio Vaticano II que ha dicho las palabras más positivas y optimistas sobre el valor salvífico de las demás religiones que nunca se hayan pronunciado en la Iglesia Católica, caben otras interpretaciones más abiertas. Dialoguemos sobre ello.
- La salvación de Dios ofrecida en Jesús es universal, como lo es la salvación que Dios causa y ofrece fuera (o antes) del cristianismo a través de las religiones de los pueblos. Dios es el mismo a pesar de la multiplicidad de sus nombres o de la diversidad de las religiones. Por eso los magos adoran a Jesús sin ser cristianos, y por eso los cristianos podemos participar de las riquezas religiosas de toda la humanidad. Todo lo que es de Dios nos pertenece a sus hijos, a todos sus hijos. Por eso debe haber diálogo y paz entre las religiones… ¿Es ésta una argumentación correcta?
- La Epifanía de Jesús, su manifestación a toda la humanidad, significa que hay más «Pueblos de Dios» que el Pueblo de Dios del cristianismo. ¿Seguimos identificando el «pueblo de Dios» con la Iglesia católica, o con el cristianismo? ¿Es correcta esa identificación? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Quiénes serían «Pueblo de Dios»?
- El Concilio Vaticano II nos ha recordado que la manifestación de Dios en Jesús no es la única. Dios, como sabemos, se ha manifestado de muchas maneras también a otros pueblos (Heb 1,1)... ¿Qué cambios de actitud y hasta de lenguaje implica este "descubrimiento"? ¿Qué cambios también implica en los fundamentos de la misión, de la evangelización a los pueblos no cristianos?

 

Para la oración de los fieles
- Para que estemos siempre dispuestos a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a quien nos lo pida. Roguemos al Señor.
- Para que cada religión esté dispuesta a escuchar a las demás y a acoger con apertura de corazón lo que el Espíritu nos manifiesta en las religiones de todos los pueblos. Roguemos…
- Para que todos los catequistas sepan unir el testimonio de su propia vida a una buena preparación para ejercer su ministerio. Roguemos…
- Para que cuantos viven sumidos en la duda, el temor o la intranquilidad se encuentren con Dios vivo y alcancen la luz y la paz que buscan y necesitan. Roguemos…
- Por cuantos buscan un mundo más justo y en paz, para que encuentren la recompensa a sus trabajos y desvelos. Roguemos…
- Para que vivamos de tal modo la fraternidad con quienes nos rodean que seamos para todos un verdadero testimonio de fe y de amor. Roguemos…
 

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro: el relato evangélico nos narra que en un día como éste Jesús fue reconocido por unos magos venidos de Oriente en su búsqueda; haz que quienes te buscan, encuentren y sigan las estrellas que Tú pones en su camino, y quienes ya te hemos encontrado podamos contemplar un día, cara a cara, la gloria de tu rostro. Por Jesucristo.

Oh Dios, Dios único, «Dios de todos los nombres» con los que los humanos de todos los tiempos te han buscado. Tú que te has hecho buscar por todos los pueblos, y a todos ellos también les has salido al encuentro en su propia vida espiritual, en su religión, concédenos apertura de corazón para sentir tu presencia omnímoda en todas las religiones de la tierra. Tú que vives y das vida, y dialogas con todos los pueblos, por los siglos de los siglos. Amén.
 



 INICIO

En el evangelio Mateo nos dice que Jesús se estableció en Cafarnaún, ciudad ubicada a orillas del lago de Genesaret en la región de Galilea. El nombre de esta ciudad significa “villa de Nahún” o “consolación”, y es frecuentemente mencionada en los evangelios. Ahí eligió el Señor a sus primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, y también a Mateo o Leví. Curó allí al siervo del centurión, a la suegra de Pedro, a un paralítico, a un endemoniado, y a la hemorroísa. Fue ahí también donde trajo nuevamente a la vida a la hija de Jairo y donde pronunció numerosos discursos. Cafarnaún era un importante centro comercial con una población mixta de judíos y paganos, paso obligado de caravanas y, por lo tanto, resultaba un lugar ideal para difundir nuevas ideas.

En la elección de Jesús de quedarse en Cafarnaún, Mateo ve el cumplimiento de una profecía de Isaías (8,23) y la confirmación de que Jesús es el Mesías esperado por el pueblo. Además, los prodigios desarrollados por Jesús, como las curaciones milagrosas, son para Mateo la señal del advenimiento mesiánico. Sin duda toda aquella gente que acudía de diferentes regiones a ver a Jesús lo hacía con una gran fe en él, obteniendo la sanación de sus males.

 



 INICIO

Marcos nos cuenta que se hizo tarde y que, contra la posición de los apóstoles, Jesús se preocupa por alimentar a quienes lo han seguido hasta ese lugar. Es necesario recordar que los judíos, en tiempos de Jesús, eran un pueblo pobre, demasiado numeroso para una tierra que, aunque fértil, era de poca extensión. Los dominadores romanos se llevaban buena parte de los recursos, y los políticos como Herodes exigían impuestos, por lo que mucha gente no tenía asegurado el pan de cada día. El pan de cebada era el de menor calidad, era la comida de los pobres, y los peces probablemente estaban salados y desecados, conforme al uso del país.

Con este milagro Jesús demuestra que sus palabras son de Dios y se presenta como el Pastor en medio de ovejas. Su gesto de levantar los ojos al cielo expresa la relación personal con el Padre. De Dios viene el pan, pues ha puesto en la tierra todo lo que necesita la humanidad para su alimento y desarrollo; pero es necesario compartir lo poco que tengamos con nuestros hermanos.

Jesús nos muestra que el compartir como hijos de Dios multiplica los bienes, hasta incluso tener de sobra. Ningún sistema podrá solucionar las agudas carencias del mundo hasta que aprendamos a escuchar a Dios.




 INICIO

El evangelio es una continuación de la primera multiplicación de los panes y corresponde a un relato de triple tradición, ya que lo encontramos en los evangelios de Mateo, Marcos y Juan. Jesús ora en soledad, normalmente antes de acontecimientos importantes, estableciendo una comunicación permanente con el Padre. Con ello, inculca a sus discípulos la necesidad de orar y confiar en que Dios escucha siempre. El relato de Juan sobre este acontecimiento nos indica que luego de la multiplicación de los panes, la gente reunida habría tenido la intención de proclamar a Jesús como el Mesías esperado, aquel rey liberador del pueblo, por lo que Jesús se adelanta, obligando a los discípulos a subir a la barca y despidiendo a la gente reunida en aquel lugar. Posteriormente, Jesús va al encuentro de sus discípulos que navegan por aguas agitadas, símbolo del mal, siendo el Señor quien vence a las fuerzas del mal con sólo proclamar su nombre divino: “Yo Soy” (Gn 28,13; Ex 3,6; Mc 12,26). El evangelio nos muestra que Jesús no abandona a sus discípulos, aun bajo la poca fe de ellos. Jesús vence el mal y está por sobre las fuerzas de la naturaleza.

¿Reconocemos que Jesús nos sale al encuentro diciendo “¡ánimo, no temas, soy Yo!”?


 


 INICIO

Lucas nos cuenta que es el Espíritu Santo quien guía a Jesús, y que su fama se había extendido por toda la región de Galilea, donde visitaba cada pueblo y era alabado por la gente. Normalmente cada pueblo disponía de una sinagoga, y Nazaret no era la excepción. La palabra sinagoga significa “lugar de asamblea”, y era el lugar de reunión para celebrar la liturgia de la palabra los días sábado. Jesús elige el texto de Isaías 61, en que el profeta se refiere a su propia misión, ya que Dios lo había enviado para anunciar a los desterrados que Dios vendría a entregar liberación. Ahora, estas palabras se cumplen en Jesús, quien anuncia la verdadera liberación inaugurando un nuevo tiempo de reconciliación entre Dios y el ser humano. El año de gracia del Señor corresponde al año del jubileo, celebrado cada cincuenta años. En él se perdonaban las deudas y los esclavos recobraban la libertad (Lv 25,10). Así, para Lucas se termina el tiempo de las promesas y de las profecías y se inicia el tiempo donde Dios se muestra a los hombres como Padre, a través de su Hijo Jesús y mediante las señales y milagros que salen de sus manos.



 INICIO

En la época de Jesús la lepra era considerada una enfermedad muy contagiosa y hacía a las personas impuras. Además de la lepra propiamente tal, se designaba como lepra a diversas enfermedades de la piel. Esta impureza obligaba a las personas contagiadas a vivir excluidas de la sociedad y fuera de los poblados. Si una persona entraba en contacto con un leproso, se le consideraba también impuro; y una persona con lepra era considerada como castigada por Dios. En este pasaje del evangelio, Jesús se encuentra con un hombre marginado por padecer de lepra, quien recurre humildemente y con fe a él suplicando ser curado. Jesús, extendiendo su mano, lo toca sin temor a ser contagiado, y se produce el milagro de la sanación. Es decir, la carne y la piel del leproso vuelven a quedar sanas. Sin embargo, lo más importante será que el leproso recupere su lugar en la sociedad. Ya no será marginado; será un hombre igual que los demás. Así, la Buena Nueva es también una noticia que termina con la marginación.

Como cristianos que luchamos por establecer el reino de Dios, debemos procurar permanentemente terminar con todo tipo de marginación en el mundo, donde, hoy por hoy, abundan diferentes “leprosos” a los que se aparta de la vida social y se les niegan sus derechos.




 INICIO

La primera lectura es un llamado a la oración por nuestros hermanos que han cometido pecado venial, para que Dios los ayude a ser fuertes frente a las tentaciones del maligno. Los cristianos debemos permanecer en gracia confiados en la oración y en la fe, pero debemos utilizar nuestra inteligencia para mantenernos lejos de las tentaciones o de falsos ídolos como el dinero, la posición social, el consumismo, etc. Pero también debemos cuidar de que la Iglesia no se convierta en un muro que separa a Dios de los hombres, ni se transforme en un ídolo en vez de ser sagrada y espiritual.

El evangelio nos habla del bautismo, que significa inmersión, y que en el lenguaje simbólico quiere decir “purificación”. Por el bautismo somos una nueva persona, pero ello exige también “conversión” y seguir una vida de fe y oración.

Juan nos invita a no estar pendientes de quién es aquél que llama a la conversión, sino fijar nuestra atención en lo verdaderamente importante: que el mensaje de salvación llegue a toda la humanidad. Muchas veces vivimos más preocupados de cómo son los hermanos de nuestra comunidad que del trabajo para Dios que están realizando. El ejemplo de Juan nos mueve a recordar siempre que el protagonismo es de Jesús y no de sus seguidores. Es necesario que él “crezca”, y no que nos engrandezcamos nosotros.