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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 23 al 29 de Diciembre de 2007 – Ciclo A
Domingo 4º del tiempo adviento

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 4º de Tiempo adviento, ciclo A el  18 de Diciembre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 23 de diciembre de 2007
 4º de Adviento
 Juan de Kety – Victoria

 INICIO

Is 7,10-14: La virgen está encinta y dará a luz
Salmo responsorial 23: Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.
Rm 1,1-7 : Por él hemos recibido este don y esta misión
Mt 1,18-24: No temas recibir a María como esposa

Llegamos al cuarto y último domingo de adviento. Desde el inicio, la idea que ha atravesado todo este tiempo en las primeras lecturas ha sido la esperanza confiada, pero activa, de que Dios actuará a favor de los débiles, de su pueblo. Mientras que en la lectura evangélica de todos estos días, hemos podido ir contemplando esa promesa de Dios hecha realidad, hecha acción a través de su hijo Jesús.

Precisamente en el pasaje de Isaías que escuchamos hoy resuena ese anuncio esperanzador del nacimiento de alguien que estará permanentemente inserto en medio de su pueblo. Al parecer estas palabras del profeta al rey Acaz se dieron en un contexto en el que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en YHWH. Isaías ha visto los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, quienes a su vez se han aliado con otros para defenderse del poderoso de turno.

Para despertar de nuevo la confianza en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico, el embarazo de alguna de las doncellas del rey. Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente davídico que asuma los destinos del pueblo, en medio del cual estará siempre; por eso su nombre “Emmanuel”, Dios con nosotros. Con base en esta profecía, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Toda primeriza en Israel albergaba la esperanza de ser la madre del Mesías; todo ello debido a la misma terminología empleada tanto en el hebreo como en el griego y luego en nuestra lengua. Cuando Mateo relata la concepción de Jesús, se hace eco de esta profecía de Isaías y lo cita textualmente.

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, más exactamente se trata del encabezamiento de la carta. Allí relata Pablo a los cristianos de Roma su vocación al apostolado, para lo cual fue elegido por el mismo Dios. Para Pablo está claro que el evangelio que él predica es Jesucristo mismo, su persona, su obra, su muerte y resurrección. Es muy importante para el apóstol subrayar que este Jesús es descendiente de David en cuanto a lo humano, pero que Dios le otorgó su Espíritu constituyéndolo en Mesías todopoderoso, Señor Único, resucitándolo de entre los muertos. Otra cosa que recalca Pablo es que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don, por vocación; de ahí que su preocupación haya sido durante toda su vida el dar a conocer a la noticia de Jesucristo especialmente a los gentiles.

En el evangelio, Mateo nos narra el origen de Jesucristo. María estaba desposada con José, pero aún no vivían juntos. Ello indica que estaban en un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa. En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres, dependiendo de su papá hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y como tal podía ser castigado conforme a la ley mosaica.

En esas circunstancias, pues, nos narra el evangelio que María resultó embarazada; pero aclara diciendo “por obra del Espíritu Santo”. El hecho haría sentir muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley; con todo, sin darse cuenta, va colaborando también él con los planes divinos.

En estos planes divinos no todo está garantizado, pues en ellos también están involucradas la libertad y la voluntad humanas. Es una constatación que podemos hacer en toda la historia de la salvación partiendo desde el mismo paraíso. Parece que los planes de Dios caminaran sobre el filo de la navaja! Un ejemplo de ello lo tenemos en el relato que hoy nos cuenta Mateo.

Pero en esos planes hay siempre una cosa muy importante que se llama diálogo. Precisamente en el diálogo con el ángel que le habla en sueños a José se nos muestra cómo Dios va incorporando a su proyecto a sus mismas criaturas. El silencio de aceptación de José es la respuesta que Dios nos pide también a nosotros. Le ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos “corregir” la manera como Dios actúa; no es necesario! Basta que pongamos nuestra fuerza y voluntad al servicio del plan de Dios, lo demás El sabe cómo lo hace.

Aunque en nuestro pasaje se resalta la figura de José en su duda, en su aceptación de ser padre de Jesús y de ponerle el nombre, la verdad es que María, que apenas es nombrada, está también allí recordándonos su actitud de fe y sumisión a los planes de Dios que son vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 133 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una noche de dudas». El guión del texto, y su comentario, puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600133
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap133b.mp3

Para la revisión de vida
- En esta última semana de adviento, trato de hacer una revisión de mi vida sobre cómo me estoy preparando para vivir el nacimiento de Jesús.
¿Qué implicaciones tiene para mí contemplar una vez más el misterio del Verbo hecho carne?

Para la reunión de grupo
- Retomar la lectura de todo el cap. 7 de Isaías, una vez leído, discutir y asimilar las notas explicativas que trae la Biblia Latinoamericana.
- Leer de nuevo el pasaje de Mateo y estudiar la nota a este pasaje en la Biblia Latinoamericana.
 

Para la oración de los fieles
- Por los cristianos de todas las confesiones, para que por encima de nuestros intereses de grupo, seamos capaces de transparentar en el mundo la presencia única y permanente de Dios. Oremos...
- Para que nuestra vida personal y grupal sea fiel reflejo del amor del Padre manifestado en su Hijo. Oremos...
- Para que esto en estos días de Navidad no olvidemos a los más necesitados de nuestras comunidades. Oremos...
- Para que la Navidad deje en nosotros frutos de una conversión sincera y de una adhesión incondicional a los planes del Padre... Oremos...

Oración comunitaria
Padre bueno y misericordioso, cuando hacemos nuestra propia voluntad nos perdemos, se diluye el sentido de nuestra vida y arrastramos a muchos a la perdición; que al contemplar hoy a María y José obedientes a tu voluntad, sintamos también nosotros el placer y la necesidad de adherir a Ti nuestro ser y nuestra voluntad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



 Lunes 24 de diciembre de 2007
 Nochebuena. Misa de gallo

 INICIO
Is 9,2-7: Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado
Sal 95,1-3.11-13: Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Tit 2,11-14: Esperamos el día feliz en que se manifieste nuestro Dios y Salvador.
Lc 2,1-14: Nacimiento del Niño Jesús en Belén

Para comprender el repentino destello de luz del himno de Isaías que escuchamos hoy, es necesario contraponerlo a la oscuridad de la sección precedente, es decir, Is 8,21-23. En una superficie desierta y bajo un cielo sombrío y amenazador, una caminante desesperado y anónimo, encarnación de Judá, humillado bajo el yugo asirio, avanza fatigosamente, maldiciendo “a su rey y a su Dios”. Alza la mirada al cielo todo es “angustia y tinieblas”, se inclina a la tierra y todo es “aprieto y oscuridad sin salida”. El cielo contemplado y la tierra pisoteada por los pies cansados son los polos de un universo sin vida ni esperanza. Pero el cuadro resulta invadido de repente por la luz, en todas direcciones, de norte (tierra de Zabulón y Neftalí, territorio de los gentiles, o sea Galilea) a sur (el camino del mar) y oriente (al otro lado del Jordán).

Se eleva entonces un solemne coral de gloria, de luz de gozo (9,2). La luz pone fin a las tinieblas, símbolo del caos (Gn 1,2) y la muerte, dando comienzo así a una nueva creación. La luz es vida, es una realidad que actúa; el libro de Isaías gusta de poner con frecuencia a las tinieblas la irrupción liberadora de la luz (5,20; 42,16; 58,10; 59,9). El gozo que de ello brota se dibuja pintado en dos imágenes vigorosas, el segar y la victoria militar. Es una alegría primitiva, elemental que resume toda la existencia de una nación recogiendo los momentos de paz y los momentos bélicos.

Las expresiones de gozo y alegría que utiliza el profeta, van apuntando al centro y motivo del himno, al versículo 5: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado; es su nombre: Maravilla de consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz” . Es el hecho cumbre que justifica tanta alegría: “a nosotros” (Dios con nosotros, Emmanuel) nos ha dado Dios esta criatura real. A las escenas tumultuosas precedentes sucede ahora un ritmo dulce y suave. La entronización de este rey niño se describe en dos fases fundamentales: la imposición del cetro y las insignias reales y la atribución del nuevo nombre dinástico. En Egipto se acostumbraba imponer cinco nombres al nuevo faraón en la ceremonia de coronación. A este hijo real se le confieren en cambio cuatro títulos reales. Valiosos todos para comprender la esperanza de Isaías que se dilata más allá de la figura concreta del soberano que ahora sube al trono.

El punto de partida es siempre muy inmediato y realista. Los títulos indican, en efecto, cuatro oficios cortesanos: “consejero” para la política interna, “guerrero” que mejor se traduciría por “general”, para la defensa de la nación: “padre”, apelativo honorífico y social del soberano, “príncipe”, por ser el soberano hebreo siempre y solamente lugarteniente respecto del Señor, el único y verdadero rey.

Pero a los cuatro títulos humanos acompañan cuatro especificaciones excepcionales, más aún, divinas. La mirada pasa entonces de Ezequías al rey mesiánico ideal que será “consejero”, pero “admirable”, como YHWH mismo según Is 28,29; será guerrero, pero poderoso como “Dios”; será “padre” pero “para siempre, participando en la eternidad de Dios que supera la corta duración de un reino, será “príncipe”, pero en la “paz” mesiánica, signo de los tiempos perfectos y definitivos.

El evangelio de Lucas nos narra el nacimiento de Jesús, promesa del Padre hecha realidad. San Lucas se cuida de rodear este nacimiento con otros acontecimientos que le dan un especial realce, no sólo por el anuncio hecho a María, sino por la narración de nacimiento de Juan Bautista. El nacimiento de Jesús está rodeado de las coordenadas históricas que le dan el carácter de hombre histórico. Lucas no quiere que a pesar de las cosas extraordinarias que rodean este nacimiento, sus destinatarios se vayan a confundir. Aquí está el inicio de un ser humano que viene al mundo en un tiempo concreto. En cuanto a la coordenada espacial también el evangelista lo ubica en un lugar específico: Belén, lugar en donde debería cumplirse todo lo anunciado por los profetas. Pero más allá de la constatación del lugar, está la descripción de las condiciones prácticamente infrahumanas en las cuales nace Jesús. Es que en línea con todo el proceder de Dios a lo largo del Antiguo Testamento, su lugar y su presencia se concreta en el lugar y en las circunstancias menos esperadas. El Dios de los pobres no podía nacer en un palacio; el salvador no podía tener su cuna entre quienes se creían ya salvados o creían tener su vida asegurada. El origen humilde de Jesús en medio de los humildes es el acto que sella definitivamente esa opción de Dios por los empobrecidos, por los ignorados de la tierra.

El anuncio del nacimiento no se hace al estilo “normal” de los grandes e importantes anuncios; esto es, comenzando por los influyentes y poderosos. La noticia del nacimiento se dirige primero que todo a aquellos que nunca habían sido tenidos en cuenta para anunciarles buenas noticias, porque para el pobre, el desclasado no hay buenas noticias... Pues aquí logra Lucas en su narración un impacto extraordinario, el anuncio del nacimiento del Mesías esperado se dirige primero a quienes representan los posteriores destinatarios de la obra y misión de Jesús: los pobres, sólo ellos podrán ver a su Mesías. Sólo en un corazón de pobre puede sentirse el impacto celestial, la esperanza en un niño apenas venido al mundo. Cualquier poderoso se reiría de semejante despropósito: en momento en que Israel espera un Mesías fuerte, poderoso, con autoridad, unos pastores adoran a un niño recién nacido, y para rematar en una pesebrera!

El cuadro de la adoración de los pastores en Belén es la imagen plástica del sentimiento veterotestamentario de los temerosos de YHWH, de los anawin, que en su sencillez y limpieza de corazón supieron ver esa cercanía y amor materno de Dios.

Esta noche, quizás dormido, paraliza el mundo; hace sentir en muchos corazones la ternura más diáfana y profunda, ¿cuántos seremos capaces de adorarlo con corazón de pobre al estilo de los pastores? ¿Cuántos seremos capaces de escapar del ruido y el bullicio en el que se ha convertido la Navidad para volver a encontrar en el pesebre el cumplimiento de las promesas de Dios? Ojalá que María la del silencio, la que guardaba todas esas cosas en su corazón, nos aleccione esta noche, y que José el “varón justo” nos enseñe también esa virtud de la fe; que nuestra alegría no se confunda con las estridencias de esta noche y que más bien salga desde lo más íntimo de nuestro corazón ese “gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad...”, himno que cada vez se hace menos perceptible a los oídos de nuestro mundo.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 134 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «En medio del campamento». El guión del texto, y su comentario, puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600134
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap134b.mp3


 Martes 25 de diciembre de 2007
 Natividad del Señor
 Misa del día

 INICIO
Is 52,7-10: Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios
Salmo responsorial 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Hb 1,1-6: Dios nos ha hablado por su Hijo
Jn 1,1-18: La Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros

En torno al pesebre celebramos hoy el acontecimiento del nacimiento de Jesús. La alegría invade el corazón de quienes durante este tiempo nos hemos venido preparando para conmemorar de nuevo este misterio grande y sublime de la encarnación del hijo de Dios. Ante el misterio, sólo podemos callar y dejarnos penetrar por esa presencia única que todo lo llena, es Dios presente, siempre ahí en medio de quienes quieran aceptarlo.

Las buenas noticias alegran la vida de la gente, y esa alegría alborozada se manifiesta en palabras de cariño y gratitud para el portador de ellas. Es lo que describe Isaías en este canto del cual sólo tomamos dos estrofas. La alegría de los pisoteados es inmensa ante el anuncio de las buenas noticias de la liberación; la bota opresora ha sido vencida y ahora los desterrados podrán volver a su terruño, a su ciudad. Quien anuncia la liberación es siempre bienvenido, bien acogido por quien aspira ser liberado.

A lo largo de toda la historia de la salvación Dios envió mensajeros que anunciaran buenas noticias a los empobrecidos y marginados, pero ahora su mensajero es definitivo, ya no habrá más profetas ni mediadores; hoy nos ha nacido el que colmará todas esas expectativas de libertad y de tiempos mejores. Esa es la convicción del autor de la carta a los Hebreos. En ningún momento Dios dejó de transmitir su mensaje a sus hijos, siempre lo hizo, pero ahora lo ha de manera definitiva.

El trozo del Evangelio de Juan que escuchamos nos resume en forma de cántico el sentir del evangelista respecto a la eternidad del proyecto salvífico de Dios. Mucho se ha escrito sobre este “prólogo” del evangelio de Juan. Bástenos a nosotros caer en la cuenta de que el evangelista quiere que su comunidad tome conciencia de ese plan de Dios iniciado desde antiguo, que en los designios de Dios no hay improvisaciones dañinas, sino que cada etapa en el proceso de la revelación es como el eslabón de una cadena, realizado y llevado adelante, siempre de manera pedagógica. Así, en la realidad Dios, el hijo ya estaba presente, pero sólo lo envía cuando el Padre lo considera conveniente.

También va describiendo el evangelista los acontecimientos que precedieron la llegada de Jesús: la misión de Juan, quien prepara el camino, y cómo la gente que aceptó la predicación de Juan estaban en grado de aceptar la luz que es el mismo Jesús.

Hay dos elementos que podríamos subrayar de un modo muy especial. El primero es la constatación que hace el evangelista en el versículo 14: “el Verbo se hizo carne y plantó su morada entre nosotros”. Constatación que es importante para quienes influenciados por corrientes gnósticas llegan a creer que el proyecto de Dios se reduce a ideas o a discursos, o que creen que su fe decae si aceptan que Dios se haya podido “contaminar” de carne humana. Para los cristianos que se están formando en la comunidad de Juan, tienen que desaparecer esos escrúpulos. En los planes de Dios también está contemplada la encarnación del Verbo. El cristiano no es seguidor de una idea o de un discurso bonito; es seguidor de Dios que ha asumido nuestra naturaleza con todo lo que ello implica de exitoso, pero también de riesgoso.

En Jesús, Dios ha corrido el riesgo de ser aceptado o rechazado. Aquí está el segundo elemento que nos debe hacer pensar en este día, lo consigna Juan en 1,11: “Vino a su propia casa, pero los suyos no lo recibieron”. He ahí el gran riesgo del que hablábamos: aceptación o rechazo. Es la otra parte que no podemos ignorar cuando contemplamos el misterio de la encarnación. Con todos los siglos de preparación para su venida, el hijo de Dios sufrió el rechazo. La obstinación de parte de muchos de “su casa” trajo como consecuencia su muerte violenta. Pedro, en Hechos de los apóstoles (Hch 2,22-23) es mucho más claro: “sepan pues que a este al que Dios había constituido profeta poderoso en obras y palabras, ustedes lo mataron clavándolo en la cruz”. Sin embargo, continúa Juan en 1,12: “pero a todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios”.

El aspecto histórico de Jesús, no lo podemos pasar por alto tan fácilmente. La dimensión humana de Jesús arranca, entonces, con lo que celebramos hoy, y se va extendiendo hasta la cruz. Ese es el camino que recorreremos también con él durante este año litúrgico que habíamos inaugurado con el adviento.




 Miércoles 26 de diciembre de 2007
 Esteban, protomártir

 INICIO
Hch 6,8-10;7,54-59: Su enemigos no podían resistir su sabiduría
Salmo responsorial 30: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Mt 10,17-22: Serán odiados por mi Causa

Hoy recordamos el martirio de Esteban. ¿Por qué este crudo relato al día siguiente de la Navidad? Precisamente una de las grandes dificultades que afrontaron los primeros cristianos fue por su fe en un Dios encarnado en la Vida. Ya no es un Dios encerrado en el Templo, sino un Dios que camina en la calle, que sana, que salva. La visión de Esteban que provoca la ira de sus oyentes es un cielo abierto. Jesús, el hijo del hombre, abrió las compuertas del cielo, y la gloria de Dios sube y baja santificando y haciendo de la historia su morada.

El evangelio recuerda que esta nueva imagen de Dios genera conflicto y persecución. Si Dios vive en medio nuestro es preciso transformar nuestra vida, vivir según Dios. Si Dios vive en medio nuestro se rompen los privilegios, los exclusivismos y el poder que generaba la separación, para recuperar la dignidad de toda creatura y de todo ser humano. Reconocer a este Dios implica romper con nuestra tendencia a buscar a Dios en lo que consideramos bueno o santo, y atrevernos a leer su presencia en la naturaleza, en la historia, aun en los lugares y personas donde nos cuesta encontrarlo, donde más difícil nos resulta descubrirlo y aceptarlo.


 Jueves 27 de diciembre de 2007
 Juan, apóstol y evangelista

 INICIO
1Jn 1,1-4: Anunciamos lo que hemos visto y oído
Salmo responsorial 96: Alegraos, justos, con el Señor.
Jn 20,2-8: Corrió por delante más rápido que Pedro

Hacer memoria de san Juan es una oportunidad para renovar nuestro discipulado. No es posible el seguimiento de Jesús sin una actitud discipular. Juan desentraña el sentido de su experiencia con Jesús:”lo que tocaron nuestras manos”. El es una presencia real de Dios en nuestra vida. Estamos llamados a vivir un encuentro personal con Dios, que ha de ser compartido para llegar a la verdadera plenitud.

María Magdalena anuncia a Pedro y a Juan el hallazgo del sepulcro vacío. Mientras corren juntos, Juan se adelanta y llega primero. De un lado vemos el arrojo del discípulo que se apresura, y de otro lado quizás la prudencia o ritmo más lento de Pedro. Juan puede ser símbolo de quienes vislumbran caminos y proyectos, de los jóvenes que desean cambios y se entregan con fervor a realizarlos; Pedro, el símbolo de quienes van más lento, pero igualmente aman y caminan.

Así el evangelio parece invitarnos a realizar nuestro discipulado en comunidad, asumiendo y valorando los ritmos y los dones de cada persona. Puede que caminar en grupo resulte lento y difícil, pero es la única manera de vivir la auténtica fraternidad y de experimentar la nueva vida de Dios en medio nuestro.




 Viernes 28 de diciembre de 2007
 Santos Inocentes

 INICIO
1Jn 1,5-2, 2: Dios es fiel y justo para perdonarnos
Salmo responsorial 123: Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Mt 2,13-18: Herodes se enfureció y envió a matar a los niños

Hoy leemos un relato estremecedor. Herodes, al ver su plan fallido, entra en cólera y envía a matar a todos los niños menores de dos años. Mateo trae a la memoria a Raquel, que “llora, no quiere consolarse”. El llanto de Raquel se ha escuchado de nuevo en los poblados de Judá. La muerte ha entrado en las casas. Todo niño pequeño resulta una amenaza para el poder de Herodes, quien se ha ensañado en una batalla desigual: hombres armados hacen la guerra a mujeres y niños indefensos y desarmados.

Hemos visto esta misma dinámica reproducirse sin cesar en nuestra historia: hombres sedientos de poder ven un enemigo en cada persona que piensa diferente, y emprenden batallas injustas sobre poblaciones inocentes. El llanto de Raquel resuena en las muchas mujeres que han visto a sus hijos morir por el hambre, la represión o la guerra. Cada Navidad es un llamado universal a asumir seriamente el cuidado de nuestros niños y jóvenes, el cuidado del mundo que hemos de dejarles; a recordar a quienes ejercen algún tipo de gobierno y liderazgo que el poder es un servicio que no tiene sentido si no se ejerce en la defensa y el cuidado de aquellos a quienes se lidera.



 Sábado 29 de diciembre de 2007
 Tomás Becket - David

 INICIO
1Jn 2,3-11: Quien permanece en él, vive como él
Salmo responsorial 95: Alégrese el cielo, goce la tierra.
Lc 2,22-35: Será una bandera discutida para clarificar los pensamientos

María y José presentan a Jesús en el Templo. Según la Ley, quien estaba obligada a cumplir los días de la purificación era la mujer. Sin embargo, José asume solidariamente con María la norma que generaba desigualdad entre hombres y mujeres.

Llevan “dos pichones o dos tórtolas”, la ofrenda de los pobres. Otra vez los evangelistas recalcan el origen humilde de Jesús, la pobreza de su familia, la precariedad de su infancia. Este niño humilde es el que despierta el canto del viejo Simeón. Una vez más, como en el pesebre, quien reconoce al Mesías en el pequeño es una persona pobre, en este caso un anciano. Simeón reconoce y celebra la misión universal de Jesús, que pasa por el conflicto con su propio pueblo y por un cambio profundo del corazón humano.

Creer en un Dios hecho niño y pobre nos encara con un compromiso inaplazable con la justicia y la solidaridad, con la transformación de nuestro corazón endurecido por el egoísmo y la indiferencia, en un nuevo corazón capaz de ver a Dios en lo pequeño, en lo humilde, incluso en lo que a nuestro ojos parece despreciable o condenable, y allí aprender lo que significa el amor.