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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 9 al 15 de Diciembre de 2007 – Ciclo A
Domingo 2º del tiempo adviento

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 2 de Tiempo adviento, ciclo A el  4 de Diciembre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 9 de diciembre de 2007
 2º de Adviento
 Jessé/Jéssica – Valeria – Leocadia

 INICIO

Is 11,1-10: Hará justicia a los débiles y se decidirá a favor del pobre
Salmo responsorial 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Rm 15,4-9: Mantengamos la esperanza que infunden las Escrituras
Mt 3,1-12: Vuelvan a Dios porque ya llega su reinado

La primera lectura, en línea con el tiempo de adviento que estamos viviendo nos describe un estado idílico, una manera nueva y distinta de relación de los hombres entre sí acompañado todo con un orden natural armónico en donde ni siquiera las fieras se ocuparán de enfrentarse unas con otras.

El poema de Isaías nos recuerda varias cosas. En primer lugar, el pueblo se encuentra en una época en la cual recuerda los días buenos y felices; pero también días amargos, llenos de zozobras e incertidumbres, todo debido a una falsa dirección impuesta por sus dirigentes. En una época el pueblo vibró por la tierra prometida según la promesa hecha a Abrahán; una vez en la tierra, con sudor y lágrimas, el pueblo pudo experimentar la alegría y el bienestar que produce la libertad. Pero llega un momento en que las cosas cambian; comienzan a vivir una nueva etapa, podríamos decir que comienzan un retroceso: se meten por el camino de la monarquía con todo lo de infidelidad que ello implicó.

Sea porque la experiencia de la monarquía se fundó sobre la profecía de Natán (2S 7,14) y por tanto se hizo ver como voluntad de Dios; sea porque David se asesoró de escribas y cronistas de corte que le dieron todo el realce que pudieron, o sea porque en realidad fue un excelente rey; sea por lo que sea, el referente de esperanza del pueblo comienza a ser el surgimiento de un rey como David, uno de la casa de David que corrija las desviaciones de los sucesores de su trono. Todavía hasta aquí no se puede hablar estrictamente de “esperanza mesiánica” como tal. Es a partir de Isaías que comienza a formarse la idea de la venida de un ser extraordinario no que simplemente sea como David, sino más que David; no tanto descendiente de David, sino más bien, hijo de Jesé el padre de David.

Dicho personaje debía encarnar los atributos del verdadero rey, entendido como lugarteniente de Dios; si hasta ahora los reyes de Israel habían descuidado su principal deber que era la protección de los débiles, esa rama nueva del tronco de Jesé pondría esa función en primerísimo lugar. Nos describe además el poema que esa nueva rama será el hombre del Espíritu como los profetas, pero más que ellos, pues los profetas eran movidos “temporalmente” por el Espíritu, mientras que este descendiente de David lo poseerá permanentemente.

A partir de los anuncios de Isaías, la figura del Mesías va cobrando cada vez mayor fuerza, y ello hace presagiar tiempos nuevos y mejores. La descripción que hace el profeta sobre ese nuevo ambiente, esa nueva armonía entre los seres humanos y la creación será consecuencia de una mentalidad nueva y liberada. El Mesías se definirá por la liberación, una liberación que se entiende desde todos los ángulos, tanto en lo material como en lo espiritual. El Mesías deberá enfrentar esas dos fuerzas que describe el profeta valiéndose de la imagen de fieras depredadoras y de animales mansos. Llegará un momento en el que todos en conjunto con el hombre vivirán pacíficamente. Los absurdos enfrentamientos entre los hombres, las injustificables discriminaciones, los odios el mismo negocio de la guerra tendrán que desaparecer ante la presencia del Mesías. Pero, ¿ocurrirá todo de una manera tan idílica? Obvio que no. Los cambios son dolorosos y problemáticos; sin embargo, difícil no es sinónimo de imposible. Si en cada corazón se empieza a gestar la idea del cambio y la aspiración y el compromiso por un mundo nuevo y mejor, la tarea y misión del Mesías empezará a cobrar forma. Pero esto se tiene que ir haciendo a punta de renuncias a lo que nos encierra en nosotros mismos, a punta de esfuerzo personal y común, a punta de esperanza activa.

Es lo que enseña san Pablo a los fieles de Roma: no dejar caer la esperanza. Esta virtud se asienta, según la experiencia del mismo apóstol, en dos pilares fundamentales: la convivencia fraterna y la escucha de la Palabra de Dios consignada en las Escrituras. Es muy grato y consolador este mensaje de Pablo hoy. No es raro encontrar tantas personas que tienen la Biblia en su casa y escuchar cómo se sienten de aliviados y consolados en momentos difíciles. Allí hay una demostración de lo que dice san Pablo, pero nosotros tenemos que ser más contundentes en ese trabajo de unir el compartir fraterno y la escucha de la Palabra para que ese contacto con la Escritura ni se vuelva intimista ni mágico!

En el evangelio nos encontramos con un Juan Bautista en plena actividad: tocando, con sus palabras y su estilo de vida, las fibras más íntimas de la sociedad de su tiempo. Juan encarna en su persona los clásicos profetas del Antiguo Testamento, totalmente en contraste con la gente que andaba preocupada por su apariencia externa. El evangelio describe una figura casi extraña, para muchos vulgar por su vestimenta y su dieta alimentaria. Sus palabras resuenan desde el desierto, pero tienen impacto en la capital; desde allí se desplazan fariseos y saduceos para escucharlo. Ellos son la representatividad de la sociedad judía. Los primeros encarnan el ideal del judaísmo a través de la rigurosa práctica de la ley ahora convertida en legalismo; los otros encarnan la opulencia, la autosuficiencia; están convencidos de que sus riquezas y bienes son “bendición de Dios”. Todo Israel escucha a Juan, pues también están allí los pobres, los que no viven en la capital ni poseen fortuna, pero al fin y al cabo todos ansiosos por escuchar al profeta.

La propuesta de Juan es clara: no basta saber y proclamar que se es hijo de Abrahán; eso es accidental, también de las piedras Dios puede hacer hijos de Abrahán. Por más hijos que se sientan de la promesa y de la bendición, la conversión es estrictamente necesaria; no se valen ni la apariencia ni la autosuficiencia. Aunque se crean árboles frondosos, lo mismo serán talados si no dan los frutos que la Palabra de Dios exige.

La exigencia de los frutos la comienza Juan con su bautismo de agua, punto de partida para disponerse al bautismo en el Espíritu que otorgará “el que viene detrás de mi” y al que Juan considera tan grande que no es digno de quitarle las sandalias. Sólo los que supieron captar el mensaje de Juan fueron capaces de intuir al menos algo de lo que Jesús propuso.

Este tiempo de Adviento es una oportunidad más que propicia para ponernos de cara a Juan y de cara a Jesús. El uno nos prepara, el otro nos forma de un modo único y definitivo, y la formación que Jesús brinda parte de su misma cuna, en la sencillez y en la pobreza como elementos esenciales para captar su mensaje y seguir su camino.

El evangelio de hoy es dramatizado en varios capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. Son los capítulos 2, 3 y 6. El guión -y su comentario- del capítulo 2 puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100002 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap02b.mp3 Los guiones, comentarios y audios de los demás capítulos pueden ser encontrados en www.untaljesus.net

Para la revisión de vida
Juan nos prepara para definirnos frente a Jesús; esa definición implica un cambio en mi vida, ¿qué es lo que debo cambiar? ¿Es recto o torcido el camino por donde avanzo? ¿Por qué?
Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos, ¿cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

 

Para la reunión de grupo
- - Retomamos el himno de Isaías 11,1-8, confrontemos el mensaje de este himno con la realidad que vive nuestra comunidad y pensemos qué acciones podemos emprender para que se vaya dando ese ideal de armonía entre hombres y mujeres y el resto de la creación.

 

Para la oración de los fieles
- Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.
- Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.
- Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que mientras esperamos la venida de nuestro salvador realicemos obras de amor, justicia y fraternidad.
- Por todos nosotros para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús.

 

Oración comunitaria
Dios Padre-Madre que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción del “otro mundo” posible que tú nos propone ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano y maestro nuestro. Amén.



 Lunes 10 de diciembre de 2007
 María de Loreto, Eulalia

 INICIO
Is 35,1-10: Ellos verán la gloria del Señor
Salmo responsorial 84: Nuestro Señor viene y nos salvará.
Lc 5,17-26: Levántate, carga con la camilla y vuelve a tu casa

El evangelio plantea hoy un problema vital. Un paralítico es llevado ante Jesús en medio de la multitud; ¿cómo permanecer indiferente a su presencia? Quienes lo traen han hecho un esfuerzo enorme, su fe es grande y su determinación de llegar a Jesús parece inquebrantable. Jesús le dice “se te perdonan tus pecados”. La reacción de los fariseos indica que se ha planteado un problema importante: ¿quién puede perdonar los pecados?

Jesús está preocupado por la vida de esta persona, mientras los fariseos y maestros de la ley divagan en discusiones teológicas y doctrinales. Jesús pregunta: ¿qué es lo realmente importante? Lo que está en juego es la vida de un ser humano. El Señor rompe el esquema que mantenía a las personas por años en situaciones de vida inhumanas.

De igual modo nos llama a romper con las condenas y reconocer el papel de cada uno en la liberación de quienes nos rodean. Nos recuerda que siempre y en todo momento la vida está primero. Así, la Iglesia y cada creyente somos llamados a cuidar y defender la vida, a romper las condenas, a ofrecer siempre una nueva oportunidad que permita a cada persona levantarse y emprender un nuevo camino.


 Martes 11 de diciembre de 2007
 Dámaso

 INICIO
Is 40,1-11: Consuelen a mi pueblo, dice Dios
Salmo responsorial 95: Nuestro Dios llega con poder.
Mt 18,12-14: El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno solo

Con Isaías, que suplica consuelo para su pueblo y canta a los nuevos tiempos que han de llegar, el evangelio nos regala esta pequeñísima y conocida parábola. Jesús pregunta ¿qué les parece?, e invita a quienes lo escuchan a participar en una aventura que habrá de tocar y cuestionar sus vidas. Entonces presenta un dilema: un hombre tiene cien ovejas y extravía una. ¿Qué hará? En términos numéricos la respuesta sería obvia para una cultura que vive de la ganadería.

Jesús plantea como la más natural la menos obvia de las posibilidades: dejar las noventa y nueve al descampado para ir a buscar la extraviada. Seguramente varios de sus oyentes ya estarían riendo cuando Jesús termina afirmando ¡así es Dios! Nuestro Dios no es un Dios de estadísticas, sino de amor, al que le importa cada persona en su realidad. No es un Dios de exclusión, sino de corazón abierto para todo aquél que desee aceptar su oferta y dejarse transformar por él. Esta imagen retrata una manera de ser cristianos al estilo del Buen Pastor, que asume el cuidado amoroso e incondicional de todos y cada uno de sus hijos; que es capaz de arriesgarlo todo por el amor.




 Miércoles 12 de diciembre de 2007
 María de Guadalupe – Juana Francisca de Chantal

 INICIO
Hch 1,12-14: Perseveraban en la oración, con María
Interleccional: Lc 1: (“Magníficat”)
Rm 5,12.17-19:: La justicia de uno trajo la salvación
Mt 2,13-15.19-23: Levántate, toma al niño y a su madre

La memoria de María en su advocación de Guadalupe nos invita a renovar nuestra fe y a perseverar en el seguimiento de Jesús a través del servicio a los pequeños.

El evangelio relata las dificultades de la joven pareja de Nazaret. El poder dominante, temeroso de perder su soberanía, persiguiendo al pequeño niño es símbolo de la soberbia con que actúa el poder cuando se apodera de una persona, de un grupo o de una institución. Todo lo que aparece como alternativo se tiene por enemigo, y se pierde la capacidad de diálogo, de cooperación y de respeto por el otro.

José y María, confiados y guiados por Dios, protegen la vida del pequeño, signo del amor gratuito, de la solidaridad y la fraternidad. El evangelio nos invita a ser como ellos, personas sencillas dispuestas a proteger la vida amenazada, a impulsar los proyectos pequeños y solidarios.

Que el día de María de Guadalupe, patrona de Latinoamérica, sea la oportunidad para sensibilizarnos y comprometernos como cristianos con la defensa de nuestros hermanos indígenas y el cuidado del legado cultural y espiritual que nos ofrecen; el momento de solidarizarnos con los migrantes y desplazados que, como Jesús, buscan un lugar en donde reconstruir sus vidas y la confianza en Dios y en la Vida, a través de la fraternidad y la acogida.




 Jueves 13 de diciembre de 2007
 Lucía

 INICIO
Is 41,13-20: El Santo de Israel te va a liberar
Salmo resposorial 144: El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
 Mt 11,11-15: Nadie más grande que Juan el Bautista

En este evangelio Jesús hace una ferviente apología de Juan el Bautista. El es grande porque ve llegar y puede señalar la realización de las profecías antiguas y del dinamismo de la Ley. En Juan se cumple la aseveración hecha por este evangelio: “El reino de los cielos sufre violencia, y y gente violenta intenta arrebatarlo”. El reino sólo lo conquistan los esforzados, aquellos que como Juan dan testimonio mediante la propia vida. Y eso los hace más grandes que cualquier otra circunstancia.

El reino de Dios se conquista con el esfuerzo propio, con la renuncia a nuestros gustos y quereres; no se nos da de arriba, ni llegan a él los comodones o tibios, sino los que con generoso corazón se hacen violencia a sí mismos contrariando sus instintos y pasiones, su soberbia y egoísmo.

Jesús exige una actitud de violencia a todo aquel que quiera comprometerse con su reino: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11,23). Y con certeza podríamos decir que quien no se comprometa con absoluta entrega, queda fuera del reino. Esta afirmación se complementa muy bien con aquella otra que nos trae el mismo evangelio de Mateo: “Entren por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta!, ¡qué angosto el camino que lleva a la vida!, y son pocos los que lo encuentran”. (Mt 7,13-14).

Los violentos que arrebatan el cielo no son precisamente los que hacen violencia a los demás, los opresores ni los abusivos. Por el contrario, según la afirmación de Jesús, “quien a espada mata, a espada muere” (Mt 26,52). El reino es de los que se hacen violencia a sí mismos yendo contra sus propias inclinaciones perversas.




 Viernes 14 de diciembre de 2007
 Juan de la Cruz

 INICIO
Is 48,17-19: Tu nombre perdurará
Salmo responsorial 1: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
Mt 11,16-19: Jesús juzga a su generación

El evangelio de Mateo nos presenta hoy una realidad común a buena parte de los seres humanos: la inconformidad y la evasión. El evangelista nos ha venido hablando de Juan el Bautista, y nos muestra ahora cómo muchos de sus contemporáneos no les creen ni a Juan ni a Jesús. Es que los miembros de “esta generación”, que es como decir “toda esta raza humana”, nos parecemos con frecuencia a esos chiquillos “que juegan en la plaza” el juego de los eternos disconformes: “palos porque bogas, palos porque no bogas”; una generación que no ha llegado a la mayoría de edad; que está en desacuerdo con todo; que es inmadura, incapaz de aceptar sus errores y sus defectos.

Es la comparación que Jesús aplica al testimonio de Juan y al suyo. Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y no lo aceptaron; y viene Jesús, que come y bebe, y tampoco lo aceptan; lo llaman comilón y borracho, amigo de pecadores. El proyecto planteado por Juan implicaba convertirse de corazón, cambiar desde adentro y bautizarse para evitar la ira de Dios. Jesús tiene una propuesta más amplia, profunda y trascendente: llama a cambiar de corazón por el amor que Dios nos tiene como Padre, para transformarnos en una sociedad de hermanos, todos iguales en dignidad.

Tales propuestas tenían que sonar muy mal a los oídos del poder, porque desestabilizaban el “orden” establecido de una sociedad que se fundaba sobre castas rígidas, opresión sanguinaria, injusticias y esclavitud. Lo más fácil era negar la profunda realidad de salvación de aquellas predicaciones, desvirtuar el carácter moral de los predicadores, “asesinar su imagen” y sacarles el cuerpo a las verdades lapidarias con que ambos buscaban revertir esas realidades de pecado; no tan distintas a las de hoy, por cierto.



 Sábado 15 de diciembre de 2007
 Reinaldo – Valeriano – Juan Maximino

 INICIO
Eclo 48,1-4.9-11: La palabra de Elías abrasaba como antorcha
Salmo responsorial 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Mt 17,10-13: Elías ya vino, pero no lo reconocieron

La liturgia trae a la memoria al profeta Elías, aquél que enfrentó la ira del rey y los falsos profetas (1Re 18, 16ss), aquel hombre perseguido que encontró a Dios en la soledad y el silencio de su refugio (1Re 19,9-14). La propuesta de Jesús seguramente revivió en sus contemporáneos el recuerdo de Elías, hasta el punto que aparece en el relato de la Transfiguración. (Mt 17,1-9). Los discípulos preguntan ¿por qué los escribas afirman que Elías vendrá? ¿Regresará como ellos aseguran?” Jesús cambia el horizonte de su inquietud. Lo más importante no es lo que viene, sino lo que ya ha pasado: “Elías ya vino” Les invita a retomar la historia para poder comprender el presente y prepararse para el futuro. Jesús invita a reconocer a Dios aquí y ahora. Con frecuencia creemos que los cambios van a llegar de afuera o en un tiempo futuro. Jesús nos ancla en la necesidad de reconocer la acción de Dios en la historia, en las personas que denuncian la injusticia y anuncian la Buena Nueva. La salvación no está afuera, sino en la entraña misma de nuestra vida, de nuestra cotidianidad. Es ahí donde está en juego la auténtica vivencia del cristianismo.

Entre tanto Jesús compartirá la suerte típica de los profetas: “el Hijo del Hombre va a sufrir a manos de ellos”. Porque “vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”, dirá el evangelista Juan, salvo aquellos que por haber creído en él han sido hechos “capaces de ser hijos de Dios” (Jn 1,11-12).

Que él no pase de largo por nuestras vidas sin que lo hayamos conocido, amado y seguido como se merece. No vayamos a pasarnos la vida esperando al que ya vino hace largo rato.