Domingo 18 de noviembre de 2007
33º Ordinario
Dedicación de las Basílicas de S. Pedro y S. Pablo -
Elsa – Rosa Filipina Duchesne
INICIO
Ml 3,19-20a: Los iluminará un sol
de justicia
Salmo responsorial 97: El Señor
llega para regir los pueblos con rectitud.
2Ts 3,7-12: El que no trabaja, que
no coma
Lc 21,5-19: Gracias a la
constancia salvarán sus vidas
En la tradición profética, el abandono del templo de Dios y su destrucción
eran contemplados como la consecuencia de la ruptura de la alianza por parte del
pueblo. Jesús, en continuidad con esta tradición, anuncia la destrucción del
templo porque Israel no lo ha aceptado como el enviado para establecer la nueva
alianza entre Dios y los hombres.
Algunos estaban impresionados por la construcción, por la enorme edificación,
por los enormes bloques de piedra que componían el templo. Jesús les dijo algo
que no se esperaban: ¿Verdad que es impresionante por su enormidad y belleza?
Pues así como la ven, no quedará piedra sobre piedra, porque va a ser destruida
de raíz. Jesús hace un juicio sobre el templo porque ha perdido su valor, en
otro tiempo con vida; ahora se había convertido en una cueva de ladrones. Por
eso sería destruido. Jesús no buscó purificar el templo, sino denunciar su
esterilidad e iniciar un proceso que llevaría a buscar, en otro lugar, la
verdadera vida, el verdadero culto, el verdadero Dios.
Los discípulos pensaban que, acabándose el templo, se acabaría Israel y con
él, se acabaría todo el sistema edificado en torno a él. No habían entendido aún
que lo que buscaba Jesús era reunificar y congregar al Israel renovado en torno
al Padre, al margen del sistema, y que al llegar su Reino se transformarían las
relaciones entre los seres humanos haciendo una historia humana de amor, de
libertad, de justicia, y que ellos jugarían un papel fundamental en esa
reconstrucción de la humanidad nueva. Pero eso no se iba a dar sin la
persecución, el sufrimiento, la muerte. Jesús les dice: No se confundan, y
pongan cada cosa en su lugar. Una cosa es lo que va a pasar con Israel y con
ustedes en relación con los jefes judíos, y otra muy distinta es el final de la
historia. Ante esto ustedes tendrán que ver la manera como actuar en el
presente.
El fin del Templo no coincidía con el fin de la historia. No es más que el
comienzo. Pero también existía la otra realidad futura: la historia humana, la
individual y la colectiva, se encaminaba a un final, cuya cercanía o lejanía
ningún humano podía determinar, pero a la que había que prepararse. Jesús usó
imágenes muy conocidas para los judíos: las de la apocalíptica. Era una manera
de hablar que, mediante símbolos, comunicaba una serie de verdades importantes
sobre la victoria de Dios sobre el mal. La palabra apocalipsis significa
revelación. Los discípulos querían fechas; Jesús no dirá nada sobre cómo sería
el final, que es una pregunta estéril; les revelará cómo había que vivir la
historia a fin de prepararse para ese final.
De esa manera Jesús dejó a sus discípulos -y a todos nosotros, que lo hemos
seguido para proseguir su causa- tres lecciones: ante la conflictividad
político-religiosa de la historia hay que vivir en actitud de discernimiento de
las señales que en ella encontramos para actuar; frente al desconocimiento del
momento y la certeza de su venida para llevar la historia a plenitud, vivir en
expectativa esperanzada; y frente a las tareas del presente, actitud de
vigilancia permanente.
Cabría también otro tipo reflexión ante este pasaje evangélico, que no deja
de ser más que un símbolo, no una profecía-adivinación del fin del mundo. En
este sentido. Los primeros cristianos pusieron estas palabras en boca de Jesús
remitiéndose quizá a actitudes radicales que Jesús de alguna manera reflejó en
su vida, pero poniendo en ellas también su propia experiencia. Los primeros
cristianos, no eran “cristianos” de religión, sino judíos. Durante bastante
tiempo siguieron participando en el Templo y en la Sinagoga, sin pensar para
nada en un abandono de su propia religión judía. Fue después, con el tiempo,
cuando los acontecimientos les mostraron y les indicaron que podía establecerse
una respuesta religiosa nueva, y que esa nueva perspectiva religiosa (nueva
respecto al judaísmo) podía ser fundamentada en Jesús. Venían de una tradición
bien antigua, y se sintieron con derecho -y quizá obligación- a crear su propia
tradición...
Hoy estamos también en un momento de inflexión en la historia. La crisis de
la religión -paradigmática en Europa- da que pensar en muchas disciplinas
(sociología, antropología cultural...) y también debe hacer pensar en teología.
Son no pocos los analistas que creen que estamos en presencia de una
metamorfosis de la religión. Algo se acaba (un Templo se está desmoronando), y
algo está naciendo (una nueva respuesta religiosa). ¿Quién nos ha dicho que en
tema de religión (o de religiones) no puede haber ya nada nuevo bajo el sol?
¿Quién dice que nuestra generación no tiene derecho a crear una nueva tradición
religiosa? ¿Quién puede asegurar que no se está ya creando esa nueva tradición
en los incontables movimientos religiosos? ¿Quién afirmaría hoy que Jesús quería
fundar exactamente lo que de hecho luego se construyó sobre su testimonio y que
no avalaría él una nueva refundación o refundición del futuro...?
En estos domingos ya finales del año litúrgico, la liturgia nos hace
reflexionar sobre el fin del mundo... Es el tema clásico. Pero hoy hemos de
introducir también el tema de la crisis de las religiones, el fin de muchas
formas religiosas que están realmente muriendo, el advenimiento quizá de una
nueva forma de religiosidad que todavía no podemos intuir...
El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella
puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese
evangelio: www.untaljesus.net
Para la revisión de vida
- Muchas sectas fundamentalistas anuncian desde estos textos el fin del
mundo e invitan a la conversión para ser parte de los que se van a salvar. Otra
gente, por sus múltiples ocupaciones, no se preocupa ni siquiera por el
transcurrir de la historia y el desenvolvimiento de los acontecimientos. ¿Soy
insensible ante los acontecimientos de injusticia, desigualdad y muerte que
estamos viviendo?
Para la reunión de grupo
- La reflexión sobre la segunda venida de Cristo ha provocado continuamente en
la historia preocupaciones, temores y angustias. La venida del Señor no es una
amenaza, sino una esperanza. Por eso no puede producir pánico, temor o miedo,
sino confianza absoluta.
- Ante la conflictividad político-religiosa de la historia hay que vivir en
actitud de discernimiento de las señales que en ella encontramos para actuar.
¿Cómo estamos actuando ante los problemas políticos y religiosos que se viven en
nuestra sociedad?
- La realidad que vivimos está generando desconcierto, desilusión y
desesperanza. ¿Qué estamos haciendo para devolverle a tanta gente la esperanza?
- Muchos cristianos están luchando por construir una nueva historia y por eso
son perseguidos, calumniados y asesinados. ¿Qué estamos haciendo nosotros por
construir esta nueva historia?
Para la oración de los fieles
- Por las comunidades cristianas que trabajan solidariamente por los pobres,
marginados y excluidos, para que su testimonio de vida sea signo ante el mundo
del Reino.
- Por todos los que trabajan por implantar en la tierra un nuevo orden social,
para que sus luchas y esfuerzos vayan creando nuevos caminos de libertad.
- Por tantos cristianos insensibles ante el dolor y el sufrimiento de muchos de
sus hermanos, para que el Espíritu de Jesús los toque en su corazón y puedan
generar acciones que conforten y ayuden a los demás.
- Por los que son perseguidos por causa del evangelio, para que Jesús los
acompañe, los conforte y les dé valor.
- Por la Iglesia, para que sea ante el mundo testimonio de Jesús y fermento en
la construcción del reino de Dios.
- Por las victimas de la guerra; viudas, huérfanos y desplazados, para que el
Señor suscite en muchos cristianos la generosidad y el amor solidario.
Oración comunitaria
Dios Padre-Madre de la Humanidad, a quien todos los pueblos han buscado a
tientas desde el origen de la historia, en mil formas religiosas, en las más
diversas tradiciones espirituales que se han sucedido a lo largo de los
milenios. Abre nuestros ojos y nuestras mentes para saber valorar la inmensa
riqueza de tu acción en la historia, para que estemos abiertos a tu acción
imprevisible, capaz de sorprendernos con nuevos caminos religiosos allí mismo
donde nos parece ver crisis de la religión o increencia. Te lo pedimos
asociándonos al clamor universal de todos los hombres y mujeres, pueblos y
tradiciones, que te han buscado y encontrado a lo largo de la historia. Amén.
O bien:
Señor y Padre de la historia, enséñanos a transformar las relaciones entre los
seres humanos haciendo una historia humana de amor, de libertad, de justicia, y
de paz, que nos lleve a la construcción de la humanidad nueva donde se explicite
de manera efectiva el Reino de Dios. Por Jesucristo Nuestro Señor.
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