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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 28 de Octubre al 3 de Noviembre de 2007
Domingo 30º del tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 30ºde Tiempo ordinario, ciclo C el 23 de Octubre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 28 de octubre de 2007
 30º Ordinario
 Simón y Judas Tadeo, apóstoles

 INICIO

Eclo 35,15b-17.20-22ª: Los gritos del pobre atraviesan las nubes
Salmo responsorial 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
2Tm 4,6-8.16-18: Ahora me aguarda la corona merecida
Lc 18,9-14: Quien se humilla será alabado

La mayor parte de las parábolas de Jesús tiene como telón de fondo la vida de las aldeas de Galilea y refleja distintas experiencias de vida del campesinado. Solamente unas pocas se salen de este marco. Una de éstas es la del fariseo y el recaudador que se sitúa en contexto urbano y, más en concreto, en la ciudad de Jerusalén: en el recinto del templo, el lugar propicio para obtener la purificación y redención de los pecados.

La influencia y atracción del templo para los judíos se extendía incluso más allá de las fronteras de Palestina, como lo mostraba claramente la obligación del pago del impuesto al templo por parte de los judíos que no vivían en Palestina. Pagar ese impuesto se había convertido en tiempos de Jesús en un acto de devoción hacia el templo, porque éste hacía posible que los judíos mantuviesen una relación saludable con Dios.

En tiempos de Jesús, el cobro de impuestos no lo hacían los romanos directamente, sino indirectamente, adjudicando puestos de arbitrios y aduanas a los mejores postores, que solían ser gente de las élites urbanas o aristocracia. Estas élites, sin embargo, no regentaban las aduanas, sino que, a su vez, dejaban la gestión de las mismas a gente sencilla, que recibía a cambio un salario de subsistencia. Los recaudadores de impuestos practicaban sistemáticamente el pillaje y la extorsión de los campesinos. Debido a esto, el pueblo tenía hacia estos cobradores de impuestos la más fuerte hostilidad, por ser colaboracionistas con el poder romano. La población los odiaba y los consideraba ladrones. Tan desprestigiados estaban que se pensaba que ni siquiera podían obtener el arrepentimiento de sus pecados, pues para ello tendrían que restituir todos los bienes extorsionados, más una quinta parte, tarea prácticamente imposible al trabajar siempre con público diferente. Esto hace pensar que el recaudador de la parábola era un blanco fácil de los ataques del fariseo, pues era pobre, socialmente vulnerable, virtualmente sin pudor y sin honor, o lo que es igual, un paria considerado extorsionador y estafador.

En su oración, el fariseo aparece centrado en sí mismo, en lo que hace. Sabe lo que no es: ladrón, injusto o adúltero; ni tampoco como ese recaudador, pero no sabe quién es en realidad. La parábola lo llevará a reconocer quién es, precisamente no por lo que hace (ayunar, dar el diezmo), sino por lo que deja de hacer (relacionarse bien con los demás).

El fariseo además ayuna dos veces por semana y paga el diezmo de todo lo que gana. Hace incluso más de lo que está mandado en la Torá. Pero su oración no es tan inocente. Lo que parecen tres clases diferentes de pecadores a las que él alude (ladrón, injusto, pecador) se puede entender como tres modos de describir al recaudador.

El recaudador, sin embargo, reconoce con gestos y palabras que es pecador y en esto consiste su oración.

El mensaje de la parábola es sorprendente, pues subvierte el orden establecido por el sistema religioso judío: hay quien, como el fariseo, cree estar dentro y está fuera, y hay quien se cree excluido y está dentro.

En el relato se ha presentado al fariseo como un justo y ahora se dice que este justo no es reconocido; debe haber algo en él que resulte inaceptable a los ojos de Dios. Sin embargo, el recaudador, al que se nombra con un “ese” despectivo, no es en modo alguno despreciable. ¿Qué pecado ha cometido el fariseo? Tal vez solamente uno: mirar despectivamente al recaudador y a los pecadores que él representa. El fariseo se separa del recaudador y lo excluye del favor de Dios.

Dios, justificando al pecador sin condiciones, adopta un comportamiento diametralmente opuesto al que el fariseo le atribuía con tanta seguridad. El error del fariseo es el de ser “un justo que no es bueno con los demás”, mientras que Dios acoge graciosamente incluso al pecador. Esta parábola proclama, por tanto, la misericordia como valor fundamental del reino de Dios. Con su comportamiento el recaudador rompe todas las expectativas y esquemas, desafía la pretensión del fariseo y del templo con sus medios redentores y reclama ser oído por Dios, ya que no lo era por el sistema del templo y por la teología oficial, representada por el fariseo.

Si la interpretación de la parábola es ésta, entonces se puede vislumbrar por qué Jesús fue estigmatizado como amigo de recaudadores y de pecadores y por qué fue crucificado finalmente por las élites de Jerusalén con la ayuda de los romanos y el pueblo.

En esta parábola se cumple lo que leemos en la primera lectura del libro del Eclesiástico: “Dios no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido, no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja”. Dios está con los que el sistema ha dejado fuera. Como estuvo con Pablo de Tarso, como se lee en la segunda lectura, que, a pesar de no haber tenido quien lo defendiera, sentía que el Señor estaba a su lado, dándole fuerzas.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 80 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «El piadoso y el granuja». El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400080
Puede ser escuchado aquí:  http://www.untaljesus.net/audios/cap80b.mp3

Para la revisión de vida
Analicemos : ¿cómo es mi manera de tratar con Dios?
¿Cómo hago oración?
¿Me creo mejor que los demás?
¿Tengo conciencia de mi ser pecador? ¿Soy humilde ante Dios y ante los hermanos?
¿Abro mi corazón al amor gratuito de Dios?

Para la reunión de grupo
- ¿Qué actitudes "farisaicas" conocemos: en el mundo, en la Iglesia, en nuestro país, en nuestro ambiente...?
- ¿Qué es lo esencial del "fariseísmo"? ¿Por qué es contrario al Evangelio?
- ¿Tenemos algo también nosotros de ello? ¿Cómo podríamos evitarlo?
- ¿Qué podemos hacer para comprometernos en la superación del fariseísmo en la sociedad y en la Iglesia?


Para la oración de los fieles
- Para que el Señor nos dé a todos el conocimiento íntimo de nuestras limitaciones y de nuestros pecados, de forma que nunca despreciemos a los demás, roguemos al Señor.
- Para que seamos humildes, "andando en la verdad", sin enorgullecernos ni infravalorarnos,
- Para que nuestras comunidades sean ejemplo de relaciones fraternas maduras, donde cada uno ponga todos sus dones al servicio de los demás y todos valoren los dones -pequeños o grandes- que Dios dio incluso al más pequeño de los hermanos...
- Para que la Iglesia dé al el mundo el ejemplo de ser una comunidad en cuyo seno sus miembros no buscan el poder ni el arribismo, sino el servicio desinteresado y humilde...


Oración comunitaria
Dios Padre Nuestro, cuyo Hijo se encarnó en nuestro linaje humano despojándose de sus títulos de gloria y pasando por "uno de tantos": enséñanos a caminar tras sus huellas, poniendo nuestro corazón sinceramente en la verdadera gloria: el dar nuestra vida humildemente en el amor y el servicio. Así te lo pedimos gracias al ejemplo que nos dio Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, y lucha y camina con nosotros, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.



 Lunes 29 de octubre de 2007
 Narciso

 INICIO
Rm 8,12-17:  Por el Espíritu gritamos “Abba, Padre”
Salmo responsorial 67: Nuestro Dios es un Dios que salva.
Lc 13,10-17: Al punto se enderezó y daba gloria a Dios

Jesús acudía a las sinagogas o escuelas de la Palabra que había en cada pueblo judío, para enseñar a la gente que cada sábado se reunía a escuchar leer la Escritura. En la entrada se encontró a una mujer completamente doblada por su enfermedad. En aquella época las mujeres se quedaban en la entrada de la sinagoga o en un lugar aparte, separadas por una reja. Ellas eran seres humanos de segunda clase y se contaban entre las posesiones del varón. Estaban atadas a una sociedad que las ponía en el último lugar y doblegadas por un sistema que nos les daba alternativa para valorarse a sí mismas.

Jesús llama a la mujer y la libera de todos los prejuicios que la sociedad le había impuesto, y que la doblegaban tanto o más que sus enfermedades. Prejuicios que seguramente la atormentaban de tal modo que le causaban perturbaciones mentales, interpretadas como una posesión demoníaca. La palabra que Jesús le dirige es un reconocimiento de la libertad que debía gozar como ser humano. Más aun, el contacto físico al imponerle las manos rompía con todos los preceptos que prohibían entrar en contacto con un enfermo. La mujer, al contacto con Jesús, se endereza y alaba a Dios. Antes era sólo una víctima de una sociedad excluyente; ahora es una mujer liberada que se incorpora al servicio de Dios.


 Martes 30 de octubre de 2007
 Alonso Rodríguez

 INICIO
Rm 8,18-25: La creación entera espera la resurrección
Salmo responsorial 125: El Señor ha estado grande con nosotros.
Lc 13,18-21: El grano de mostaza se hace gran arbusto

Jesús compara el reino con dos realidades que forman parte de la vida cotidiana de su tiempo: el huerto y la casa, protagonizadas por varón y mujer, respectivamente. El hombre trabaja en el huerto o campo, y la mujer en la casa. Ambos realizan tareas en las que tienen lugar acciones transformadoras. El procura el sustento, y ella prepara el alimento. Los dos, como nueva pareja humana, son capaces de abrir espacios para la irrupción del reino.

El hombre siembra la pequeña semilla de un arbusto; una planta cuyo fruto es un poderoso condimento de las comidas. Cuando el arbusto crece no opaca a las demás plantas del huerto, sino que ofrece sombra y cobijo a todos los que se allegan a él. Igual es el reino: no es árbol poderoso que arrase con todos los nutrientes del suelo y no permita crecer a otra planta cerca de él. Por el contrario, es un modesto arbusto donde tienen acogida todas las especies, y a su lado crecen todas las flores del jardín.

El reino, en esta comparación, está destinado a ser un espacio donde todos los seres humanos son acogidos, especialmente los que se hallan más alejados o marginados. El reino no puede ocupar toda la huerta.

Simplemente está ahí como una instancia entre otras, destinada a ser un espacio de crecimiento y dignificación del ser humano. En el caso de la levadura, donde ha entrado el fermento del reino se ensanchará la pequeña masa original, que sin él poco servía como alimento; y del exquisito pan resultante podrán nutrirse los pueblos pobres y hambrientos hasta alcanzar la dignidad de los hijos de Dios.




 Miércoles 31 de octubre de 2007
 Urbano

 INICIO
Rm 8,26-30: A quienes aman a Dios, todo les sirve para el bien
Salmo responsorial 12: Yo confío, Señor, en tu misericordia
Lc 13,22-30: Todas las naciones estarán a la mesa del Señor

Los evangelios fueron compuestos a partir de las tradiciones sobre Jesús y de acuerdo a las necesidades de cada comunidad. El de Lucas estaba dirigido a una comunidad compuesta mayoritariamente por gente de lengua griega. Por esta razón, Lucas insiste desde el comienzo en la necesidad de abrir las puertas del reino a todos. La primera apertura es de carácter social: en la mesa de Jesús se sentaban los indigentes y también los más pudientes, con la condición de abrirse a los necesitados. La segunda apertura es de género: en el grupo de Jesús las mujeres ocupaban un lugar protagónico y se sentaban a sus pies como todos los discípulos. La tercera apertura era étnica y cultural: en la comunidad de Jesús todas las razas y culturas eran bienvenidas.

La pregunta “¿son pocos los que se salvan?” que le dirige a Jesús el transeúnte despreocupado, pone en evidencia las limitaciones que tenía la comunidad para desplegar todas las potencialidades de la propuesta de Jesús. Para muchos, la salvación era un asunto de exclusión de los malos, los extranjeros, los pecadores, los enfermos y muchos otros. En cambio para Jesús la salvación era una buena noticia para todos, y los más afligidos, excluidos y marginados tenían allí su lugar preferente.




 Jueves 1 de noviembre de 2007
 Todos los Santos

 INICIO
Ap 7,2-4.9-14: Estos blanquearon sus mantos en la sangre del Cordero
Salmo responsorial 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
1Jn 3,1-3: Ahora somos hijos de Dios
Mt 5,1-12: Las Bienaventuranzas

Hoy, fiesta de Todos los Santos, se proclama el texto de las bienaventuranzas para enseñarnos que sólo viven la fe cristiana auténtica quienes acogen en plenitud el proyecto de Jesús, que es el reino de Dios. Reino que implica vivir en caridad fraterna, en justicia, en igualdad, tratándonos como hermanos, porque somos hijos de un mismo Padre. Así construiremos una sociedad nueva.

Las bienaventuranzas, expresión de la vivencia de los valores del reino, no pueden entenderse de forma individualista y pietista, o en una práctica intimista: yo solito con mi Dios. Al contrario, es en el ámbito de lo comunitario donde tienen verdadera razón de ser. Así, por ejemplo, "bienaventurados los que lloran" no tiene sentido si se pretende darle un valor individual. Son felices aquellos que compadecen, es decir, que padecen con el otro, que acompañan y comparten el sufrimiento del otro, no que sólo le tienen lástima. Es en el compartir el dolor donde se encuentra la presencia de Dios actuante en la comunidad.

Tampoco podemos situar las recompensas y premios de las bienaventuranzas como para realizarse después de la muerte. El reino tendrá ciertamente allá su plenitud, pero comienza en este mundo; es para construirse acá. Y es acá, en una sociedad fraterna, donde seremos consolados, poseeremos la tierra comunitaria y seremos reconocidos como hijos de Dios.




 Viernes 2 de noviembre de 2007
 Conmemoración de los Fieles Difunto

 INICIO
2M 12,43-46: Es idea piadosa y santa rezar por los difuntos
Salmo responsorial 24: A ti, Señor, levanto mi alma.
Rm 8,31-35.37-39: Dios entregó a su propio Hijo por todos nosotros
Jn 14,1-6: Yo soy el camino, la verdad y la vida

Jesús es el camino que conduce al Padre. Pero, no se trata de una autopista que ya está terminada. Jesús es camino en la medida en que nosotros optamos por caminar por él y le permitimos que oriente nuestros pasos.

El camino de Jesús no es un vía trillada y aburrida. Por el contrario, el evangelio mismo nos muestra cuán difícil es seguirle el paso y aceptar que su sendero pasa irremediablemente por la cruz. Por esto muchas veces preferimos los caminos seguros, aunque por dentro anhelemos la incierta ruta del Espíritu.

El seguimiento de Jesús se nos plantea como un desafío para la vida cristiana. Durante muchos años hemos tenido en mente el modelo de la imitación. Hoy, el Señor nos llama a que le sigamos. Nuestro derrotero es el de la comunidad apostólica: mujeres y hombres que encontraron en Jesús un camino para el encuentro con Dios a través del hermano pobre y marginado.

Jesús fue un hombre itinerante. No se dejó atar a ritualismos estériles ni a leyes enredadas. Su Espíritu se elevó más allá de la muerte y se incrustó en nuestra historia como testimonio permanente de una vida en proceso de transformación. Esta manera de ver y vivir la vida cristiana nos lleva a aventurarnos más allá de los caminos trillados, de las autopistas conocidas, para arriesgarnos en el estrecho y escarpado sendero de la vida cristiana. El verdadero discípulo de Jesús sabe que “se hace camino al andar”.



 Sábado 3 de noviembre de 2007
 Martín de Porres

 INICIO
Rm 11,1-2ª.11-12.25-29: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables
Salmo responsorial93: El Señor no rechaza a su pueblo.
Lc 14,1.7-11: El Señor no rechaza a su pueblo.

El prestigio era un bien muy apreciado en Israel. Tenía el mismo valor y categoría que la riqueza y el poder. La persona de buena reputación gozaba de una aceptación generalizada y era invitada a todos los eventos importantes.

Entre los líderes populares, los intelectuales, los eruditos y todos aquellos que no tenían poder político ni riqueza, la única manera de alcanzar éxito era el camino del prestigio. Por eso, en las fiestas y en las comidas buscaban los primeros puestos, para hacerse notar entre los invitados. Esta conducta hacía que entre los aspirantes a ser maestros de la Ley u hombres famosos se diera una feroz competencia.

Jesús exhorta a su comunidad de discípulos a que no se metan en ese juego, pues lo único que pondrían en evidencia sería la estrechez de su pensamiento. El honor del ser humano no está en el prestigio, en aparecer como persona destacada, en pertenecer al “jet set” . El honor del ser humano está en el servicio permanente y desinteresado a los demás. Pues la mayor «gloria de Dios es que el ser humano viva».