Domingo 28 de octubre de 2007
30º Ordinario
Simón y Judas Tadeo, apóstoles
INICIO
Eclo 35,15b-17.20-22ª: Los gritos
del pobre atraviesan las nubes
Salmo responsorial 33: Si el
afligido invoca al Señor, él lo escucha.
2Tm 4,6-8.16-18: Ahora me aguarda
la corona merecida
Lc 18,9-14: Quien se humilla será
alabado
La mayor parte de las parábolas de Jesús tiene como telón de fondo la vida de
las aldeas de Galilea y refleja distintas experiencias de vida del campesinado.
Solamente unas pocas se salen de este marco. Una de éstas es la del fariseo y
el recaudador que se sitúa en contexto urbano y, más en concreto, en la
ciudad de Jerusalén: en el recinto del templo, el lugar propicio para obtener la
purificación y redención de los pecados.
La influencia y atracción del templo para los judíos se extendía incluso más
allá de las fronteras de Palestina, como lo mostraba claramente la obligación
del pago del impuesto al templo por parte de los judíos que no vivían en
Palestina. Pagar ese impuesto se había convertido en tiempos de Jesús en un acto
de devoción hacia el templo, porque éste hacía posible que los judíos
mantuviesen una relación saludable con Dios.
En tiempos de Jesús, el cobro de impuestos no lo hacían los romanos
directamente, sino indirectamente, adjudicando puestos de arbitrios y aduanas a
los mejores postores, que solían ser gente de las élites urbanas o aristocracia.
Estas élites, sin embargo, no regentaban las aduanas, sino que, a su vez,
dejaban la gestión de las mismas a gente sencilla, que recibía a cambio un
salario de subsistencia. Los recaudadores de impuestos practicaban
sistemáticamente el pillaje y la extorsión de los campesinos. Debido a esto, el
pueblo tenía hacia estos cobradores de impuestos la más fuerte hostilidad, por
ser colaboracionistas con el poder romano. La población los odiaba y los
consideraba ladrones. Tan desprestigiados estaban que se pensaba que ni siquiera
podían obtener el arrepentimiento de sus pecados, pues para ello tendrían que
restituir todos los bienes extorsionados, más una quinta parte, tarea
prácticamente imposible al trabajar siempre con público diferente. Esto hace
pensar que el recaudador de la parábola era un blanco fácil de los ataques del
fariseo, pues era pobre, socialmente vulnerable, virtualmente sin pudor y sin
honor, o lo que es igual, un paria considerado extorsionador y estafador.
En su oración, el fariseo aparece centrado en sí mismo, en lo que hace. Sabe
lo que no es: ladrón, injusto o adúltero; ni tampoco como ese recaudador,
pero no sabe quién es en realidad. La parábola lo llevará a reconocer quién es,
precisamente no por lo que hace (ayunar, dar el diezmo), sino por lo que deja de
hacer (relacionarse bien con los demás).
El fariseo además ayuna dos veces por semana y paga el diezmo de todo lo que
gana. Hace incluso más de lo que está mandado en la Torá. Pero su oración no es
tan inocente. Lo que parecen tres clases diferentes de pecadores a las que él
alude (ladrón, injusto, pecador) se puede entender como tres modos de describir
al recaudador.
El recaudador, sin embargo, reconoce con gestos y palabras que es pecador y
en esto consiste su oración.
El mensaje de la parábola es sorprendente, pues subvierte el orden
establecido por el sistema religioso judío: hay quien, como el fariseo, cree
estar dentro y está fuera, y hay quien se cree excluido y está dentro.
En el relato se ha presentado al fariseo como un justo y ahora se dice que
este justo no es reconocido; debe haber algo en él que resulte inaceptable a los
ojos de Dios. Sin embargo, el recaudador, al que se nombra con un “ese”
despectivo, no es en modo alguno despreciable. ¿Qué pecado ha cometido el
fariseo? Tal vez solamente uno: mirar despectivamente al recaudador y a los
pecadores que él representa. El fariseo se separa del recaudador y lo excluye
del favor de Dios.
Dios, justificando al pecador sin condiciones, adopta un comportamiento
diametralmente opuesto al que el fariseo le atribuía con tanta seguridad. El
error del fariseo es el de ser “un justo que no es bueno con los demás”,
mientras que Dios acoge graciosamente incluso al pecador. Esta parábola
proclama, por tanto, la misericordia como valor fundamental del reino de Dios.
Con su comportamiento el recaudador rompe todas las expectativas y esquemas,
desafía la pretensión del fariseo y del templo con sus medios redentores y
reclama ser oído por Dios, ya que no lo era por el sistema del templo y por la
teología oficial, representada por el fariseo.
Si la interpretación de la parábola es ésta, entonces se puede vislumbrar por
qué Jesús fue estigmatizado como amigo de recaudadores y de pecadores y por qué
fue crucificado finalmente por las élites de Jerusalén con la ayuda de los
romanos y el pueblo.
En esta parábola se cumple lo que leemos en la primera lectura del libro del
Eclesiástico: “Dios no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del
oprimido, no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su
queja”. Dios está con los que el sistema ha dejado fuera. Como estuvo con Pablo
de Tarso, como se lee en la segunda lectura, que, a pesar de no haber tenido
quien lo defendiera, sentía que el Señor estaba a su lado, dándole fuerzas.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 80 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «El piadoso y el granuja». El guión
del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400080
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap80b.mp3
Para la revisión de vida
Analicemos : ¿cómo es mi manera de tratar con Dios?
¿Cómo hago oración?
¿Me creo mejor que los demás?
¿Tengo conciencia de mi ser pecador? ¿Soy humilde ante Dios y ante los hermanos?
¿Abro mi corazón al amor gratuito de Dios?
Para la reunión de grupo
- ¿Qué actitudes "farisaicas" conocemos: en el mundo, en la Iglesia, en nuestro
país, en nuestro ambiente...?
- ¿Qué es lo esencial del "fariseísmo"? ¿Por qué es contrario al Evangelio?
- ¿Tenemos algo también nosotros de ello? ¿Cómo podríamos evitarlo?
- ¿Qué podemos hacer para comprometernos en la superación del fariseísmo en la
sociedad y en la Iglesia?
Para la oración de los fieles
- Para que el Señor nos dé a todos el conocimiento íntimo de nuestras
limitaciones y de nuestros pecados, de forma que nunca despreciemos a los demás,
roguemos al Señor.
- Para que seamos humildes, "andando en la verdad", sin enorgullecernos ni
infravalorarnos,
- Para que nuestras comunidades sean ejemplo de relaciones fraternas maduras,
donde cada uno ponga todos sus dones al servicio de los demás y todos valoren
los dones -pequeños o grandes- que Dios dio incluso al más pequeño de los
hermanos...
- Para que la Iglesia dé al el mundo el ejemplo de ser una comunidad en cuyo
seno sus miembros no buscan el poder ni el arribismo, sino el servicio
desinteresado y humilde...
Oración comunitaria
Dios Padre Nuestro, cuyo Hijo se encarnó en nuestro linaje humano despojándose
de sus títulos de gloria y pasando por "uno de tantos": enséñanos a caminar tras
sus huellas, poniendo nuestro corazón sinceramente en la verdadera gloria: el
dar nuestra vida humildemente en el amor y el servicio. Así te lo pedimos
gracias al ejemplo que nos dio Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, y
lucha y camina con nosotros, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los
siglos de los siglos. Amén.
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