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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 23 al 29 de Septiembre de 2007
Domingo 25º del tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 25ºde Tiempo ordinario, ciclo C el 18 de Septiembre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 23 de septiembre de 2007
 Domingo 25º del tiempo ordinario
 Pío de Pietrelcina – Lino

 INICIO

Am 8,4-7: Escuchen los que exprimen al pobre y despojan a los miserables
Salmo responsorial 112: Alabad al Señor, que alza al pobre.
1Tm 2,1-8: Dios quiere que todos los hombres se salven
Lc 16,1-13: No pueden estar al servicio de Dios y del dinero

Esta parábola –no siempre bien interpretada- va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él- para "ganarse amigos", hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como "lo de nada" y "lo ajeno", en cuanto opuesto a "lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. cf. Lc 11,13:). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).

La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad.

La lectura del profeta Amós es una denuncia contra este mundo injusto en el que unos –los ricos- exprimen a los pobres y los despojan de lo que necesitan para vivir. Dios se pone de parte del pobre y denuncia esa injusticia estructural. Por eso en la segunda lectura, de la carta a Timoteo, se pide que se hagan oraciones por los que detentan el poder, que lleva anejo también el dinero, para que no triunfe nunca la fuerza, la agresión, la represión y la injusticia de unos hacia otros. Dios quiere que todos se salven, salvación que comienza en esta vida por tener lo necesario para vivir y desarrollarse como personas, algo de lo que carece la inmensa multitud de pobres de este mundo. Ojalá que un día podamos, como dice la primera lectura, rezar todos “alzando las manos limpias de ira y divisiones”.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: www.untaljesus.net

 

Para la revisión de vida
- El mensaje de Jesús es claro: “no podemos servir a Dios y al dinero”. ¿De qué lado me coloco yo? ¿Cómo vivo personalmente mi relación con los bienes temporales? ¿Me esclavizan? ¿Trato de contemporizar y servir a los dos?
 

Para la reunión de grupo
- El neoliberalismo es, confesadamente, un sistema que pone el crecimiento económico (la creación de riqueza) por encima de todo lo demás, como valor supremo, como el dios real. ¿Se puede ser cristiano en un mundo neoliberal? ¿Cómo? ¿A qué precio? ¿Con qué condiciones?
- En esta situación de pobreza y de exclusión, ¿somos una comunidad que está al servicio del Dios de la Vida, alentándola, acogiéndola, favoreciéndola, agradeciéndola?


Para la oración de los fieles
-Por los más pobres de la tierra, que viven la desigualdad y la injusticia, y que desde el sufrimiento y el dolor, son capaces de dar a los demás, de ser solidarios.
- Por los gobernantes de la tierra, para que todos sus esfuerzos sean encaminados por el Dios de la vida y no por los principios del dios-dinero.
- Para que nuestra comunidad cristiana encuentre los caminos que llevan a la vida digna de todos, donde nadie es marginado ni excluido.
- Por todos los que sufren en carne propia los efectos del neoliberalismo: pobreza, hambre, desempleo... para que con ellos busquemos formas y medios para transformar este mundo...


Oración comunitaria
Oh Dios que en Jesús has pronunciado una palabra radical sobre la imposibilidad de servirte a ti y servir a la vez al dinero: ayúdanos a ser radicales también y a trabajar por someter la economía a los imperativos de la ética y del amor. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor...



 Lunes 24 de septiembre de 2007
 María de la Merced

 INICIO
Esd 1,1-6: El Señor me ha encargado edificarle un templo
Salmo responsorial 125: El Señor ha estado grande con nosotros.
Lc 8,16-18: No hay nada encubierto que no se descubra algún día

Una luz se ha encendido en Galilea “para iluminar a todas las naciones” (Lc 2,32). “Levántate y brilla, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yavé amaneció sobre ti. La oscuridad cubre la tierra, y los pueblos están en la noche; pero sobre ti se levanta Yavé, y sobre ti aparece su Gloria. Los pueblos se dirigen hacia tu luz, y los reyes, al resplandor de tu aurora” (Is 60,1-3).

En Galilea se ha encendido una luz junto a la cual se juntan multitudes de empobrecidos y marginados. Quienes deambulaban en medio de las tinieblas ahora tienen luz. Sus vidas se dignifican y sus corazones se llenan de esperanza. El reino de Dios les está transformando de multitud repudiada a comunidad discipular. Una vez encendida, esta luz no puede ser ocultada o apagada. Es una luz para que el pueblo entre, se bañe en ella y vea. Una vez ahí, el pueblo no puede parar. Ver la luz significa seguir la luz para llegar a ser luz.

La vida de la comunidad cristiana tiene que llegar a ser luz para que otros también entren, vean y lleguen a ser luz. Por eso es tan importante que una vez encendida la luz, no se apague ni se esconda. Se llega a ser luz para iluminar, no para oscurecer. Cuando se tiene la luz, no se puede perder ni quitar; todo lo contrario, se trata de amplificarla, intensificarla, multiplicarla; de iluminar más; de llegar a ser mejores. Como en otro tiempo Israel pasó del exilio al retorno, quienes antes eran invisibles y oscuros son ahora luz y guía. Quienes antes sembraban entre lágrimas, ahora cosechan en júbilo.


 Martes 25 de septiembre de 2007
 Aurelia

 INICIO
Esd 6,7-8.12.14-20: Terminaron la construcción del templo y celebraron la Pascua
Salmo responsorial 121: Vamos alegres a la casa del Señor.
Lc 8,19-21: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte

En el camino del reino de Dios también la familia es transformada. Igualmente la familia de Jesús. Ella no es muy diferente a sus vecinas en Galilea. Pertenece a una red de vecindad en la pequeña aldea de Nazaret. Tal vez se diferencia de otras por la ausencia del padre. La familia de Jesús está constituida por “su madre y sus hermanos”. El padre pudo haber muerto tal vez con motivo de los levantamientos galileos contra el imperio romano. Los hermanos, según los evangelios no-canónicos, serían los hijos que ya tenía José cuando se casó con María. Confundidos entre la multitud de excluidos de la Galilea, van ellos también en busca de Jesús. También quieren hacer el camino del reino de Dios. Pero al serle anunciado que su familia quiere verle, Jesús responde con un concepto de familia que rompe con el tradicional: su familia son “los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Es la nueva familia, la del reino de Dios. También en ella parece haber ausencia de padre, o está, pero de otro modo, distinto al tradicional, al del “pater-familias”, que tiene poder de dominio sobre todo el núcleo familiar. El vínculo familiar esencial está constituido a partir de Jesús por la palabra de Dios y su fidelidad a ella. La Palabra constituye otra manera distinta de hacer familia. Y la fuerza de sus lazos será mayor, más profunda, transformadora y perdurable que la de los lazos de sangre.




 Miércoles 26 de septiembre de 2007
 Cosme y Damián

 INICIO
Esd 9,5-9: Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud
Interleccional Tb 13: Bendito sea Dios, que vive eternamente.
Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el reinado de Dios

La misión de Jesús en Galilea lo lleva a formar una comunidad discipular a la que da el nombre de “los Doce”. No porque sean exactamente doce sus integrantes, sino porque recupera la memoria de la sociedad igualitaria organizada en las doce tribus de Israel. A través de esta comunidad, Jesús quiere construir el reino de Dios a la manera de aquellas doce tribus. Una vez constituida, Jesús da a sus integrantes “poder y autoridad sobre todos los demonios”. Esto quiere decir que la comunidad está en el reino de Dios y no en otros reinos. Su poder y su autoridad le son dados por pertenecer al reino de Dios. Esta “pertenencia” la capacita para curar enfermedades y así proclamarlo. El anuncio del reino está unido a la curación de enfermedades y a la organización de la comunidad tribal. Sólo de este modo puede ser una comunidad misionera. Se vive el reino en comunidad terapéutica y se anuncia en comunidad apostólica. Por ello las recomendaciones de Jesús para la misión son típicas de la vida comunitaria. Se trata de vivir sencillamente y en el sistema de la ayuda mutua. Este es el mensaje sanador que los Doce viven, llevan y anuncian.




 Jueves 27 de septiembre de 2007
 Vicente de Paul

 INICIO
Ag 1,1-8: Construyan el templo, para que pueda complacerme
Salmo responsorial 149: El Señor ama a su pueblo.
Lucas 9,7-9: ¿Quién será éste de quien oigo tales cosas?

Herodes Antipas se alarmó por las noticias que se contaban sobre los hechos sorprendentes realizados por Jesús en Cafarnaum y sus alrededores.

Aquel tiranuelo sanguinario era hijo de Herodes el Grande, y a la muerte de su padre recibió de los romanos una migaja de gobierno sobre la región de Galilea. Ahora se ha quedado perplejo porque algunos dicen que en Jesús ha resucitado de entre los muertos Juan el Bautista, a quien él había mandado decapitar para cumplir una promesa lujuriosa hecha en medio de un banquete. Hasta entonces mantenía preso al Bautista porque éste le echaba en cara las relaciones adúlteras que mantenía con Herodías, la mujer de su hermano Filipo.

Pero otros informes decían que Jesús no era Juan Bautista, sino Elías, el profeta que anunciaría el comienzo de los últimos tiempos, tras el cual vendría el Mesías, y con éste el reinado de Israel sobre las naciones. ¡Otra vez un nuevo rey poniendo en peligro a un Herodes! Para otros, en fin, Jesús era uno de aquellos grandes profetas antiguos de Israel.

Desconcertado por todas esas noticias, y lleno de temores supersticiosos, Herodes se decía: ¿quién será entonces éste, del que me cuentan cosas tan raras? Y tenía ganas de verlo. Pero sus zozobras ante lo que pudiera significar ese extraño profeta no lo llevan a arrepentirse de sus muchos pecados, y en especial del asesinato de Juan Bautista. Por el contrario, sigue preocupado por su seguridad y su poder, como lo estuvo su padre ante el nacimiento del mismo Jesús.

Herodes Antipas es un prototipo de muchos tiranos sanguinarios y sin conciencia que no dejan de pisotear y aniquilar la vida hasta que otro más fuerte los derroca. Muchos “Juan Bautista” han sido asesinados por los “Herodes” que han victimado a diversos países de América latina, Africa y otros. Pero los cristianos confiamos en que la sangre de esos mártires hará florecer un mundo nuevo de justicia y libertad.




 Viernes 28 de septiembre de 2007
 Wenceslao
 Lorenzo Ruiz y compañeros mártires

 INICIO
Ag 2,1b-9: Todavía un poco más y llenaré de gloria este templo
Salmo responsorial 42: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío."
Lc 9,18-22: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

El impacto de la misión de Jesús entre las multitudes excluidas es grande. Estas se aglutinan a su alrededor formando pequeñas comunidades discipulares que viven en el antiguo sistema de igualdad de las tribus de Israel. Jesús averigua a través de estas mismas comunidades cómo lo identifica la gente. Quiere saber si ha explicado bien su propuesta. La misión del reino de Dios es entendida en continuidad con el profetismo de Juan el Bautista y de Elías. Ambos profetas están en la memoria del pueblo como acompañantes y aliados de sus luchas y esperanzas. Como ayer recordábamos, algunos creían que Jesús era Juan o Elías resucitado. La fe en la resurrección viene desde los tiempos de la revolución de los Macabeos. Resucitan quienes, en medio de la persecución y el martirio, se mantienen fieles hasta el final (2M 7,9.14.23.29;12,41-46).

Pedro responde a la pregunta de Jesús identificándolo como “El Mesías de Dios”; Mesías liberador de todas las opresiones. Jesús, acepta la respuesta, pero la complementa agregando que esta liberación no es posible sin persecución, muerte y resurrección. Esta verdad es la que sustenta la fe, la resistencia y la esperanza de las comunidades discipulares. Ellas, como su Maestro, continuarán el camino de los profetas y de los Macabeos.



 Sábado 29 de septiembre de 2007
 Miguel, Gabriel y Rafael

 INICIO
Dn 7,9-10.13-14: Miles y miles de ángeles le servían 
Salmo responsorial 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Jn 1,47-51: Verán el cielo abierto y los ángeles de Dios

 Comenzando recién su evangelio, Juan nos presenta como un regalo de Dios a un discípulo auténtico, Natanael; como queriendo mostrarnos un modelo de discipulado. El “discípulo auténtico” conoce la tradición de fe de su pueblo, sabe lo que escribieron Moisés y los profetas sobre el Mesías. Natanael acepta la invitación de Felipe, “ven y verás”, aun dudando de que “alguna cosa buena pueda salir de Nazaret” (Jn 1,46). De él dice entonces Jesús que “no hay engaño” y que lo conoce muy bien desde “cuando estaba debajo de la higuera”; es decir, que su vida es honesta, que está en los caminos de Dios y que sus frutos son saludables como la sombra de la higuera. El “auténtico discípulo” reconoce a Jesús como el Hijo de Dios y el Rey de Israel, lo que lo capacita para “ver cosas mayores”. Verá “el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando”, no por una escalera, como los vio Jacob en sueños (Gn 28,12), sino a través del Hijo del Hombre. El “auténtico discípulo” descubrirá en Jesús el camino que une la tierra con el cielo, y aprenderá a transitar a través de El. Sus palabras serán para él como ángeles que bajan el cielo a la tierra, haciendo de la tierra un “cielo”.