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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 16 al 22 de Septiembre de 2007
Domingo 24º del tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 24ºde Tiempo ordinario, ciclo C el 11 de Septiembre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 16 de septiembre de 2007
 Domingo 24º del tiempo ordinario
 Cornelio y Cipriano

 INICIO

Ex 32,7-11.13-14: El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado
Salmo responsorial 50: Me pondré en camino adonde esta mi padre.
1Tm 1,12-17: Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores
Lc 15,1-32: Su padre, corriendo, se le echó al cuello y le besó

Los cristianos en las circunstancias actuales andamos desconcertados. Una ola creciente de materialismo nos invade, han muerto casi todas las viejas utopías, una política monetarista y de realismo a ultranza se impone a todos los niveles; la sociedad se seculariza a marchas forzadas, parece como si en ella la barca de Pedro –la iglesia, comunidad de comunidades- fuera a hundirse. Y ante esto, los que todavía nos encontramos en el redil tenemos la tendencia a replegarnos para formar un círculo cerrado. Muchos se han ido, y los hemos despedido con tristeza y resignación. Otros no entran en el aprisco, porque el panorama no les atrae. Quedamos unos pocos que, replegados sobre nosotros mismos, nos dedicamos a salvar-conservar lo que nos queda, ya que mucho se ha perdido. Da la impresión de que se han ido las noventa y nueve ovejas, quedando sólo una, a cuya atención y conservación estamos dedicados por entero.

Dos parábolas del evangelio de Lucas, la de la oveja perdida y la de la mujer que perdió la moneda, y una tercera, la del hijo pródigo, invitan a un cambio de táctica y de estrategia pastoral.

Por muy malos tiempos que corran, por mucha adversidad que nos rodee, por muy grande que sea la ola de secularismo que nos invada, los cristianos no podemos dedicarnos a conservar lo que tenemos, pues cada vez iremos a menos. La actitud cristiana tiene que ser arriesgada, aunque no insensata: hay que dejar a buen recaudo lo que ya tenemos y salir del aprisco para buscar la oveja perdida; hay que barrer la casa para encontrar la moneda que se escondió entre las ranuras de las piedras del suelo; hay que recibir con brazos abiertos al hijo que se fue y, cuando esto suceda, hay que hacer una fiesta grande.

Lo que sucede es que, con frecuencia, no estamos dispuestos a esto. Nos resulta incómodo salir a buscar la oveja perdida o barrer toda la casa para hallar una sola moneda. Nos parecemos al hijo mayor de la parábola que prefería la ausencia de su hermano y no vio con buenos ojos la acogida del padre. Aquel hijo mayor no aprendió lo fundamental. Mientras en una familia falta un hermano, la familia está rota. No es posible ni la alegría ni la fiesta, o éstas son pasajeras e incompletas. El plan de Dios de restaurar la familia humana, dividida desde Caín, exige una capacidad inmensa de olvido y de perdón. Y él no estaba dispuesto a perdonar, porque tampoco había aprendido a amar. Quien ama, perdona siempre, excusa siempre, olvida siempre. Por eso necesitó la lección magistral del padre, imagen de Dios, que acogió al hermano menor, mandó vestirlo de las mejores ropas, y organizó una fiesta por su vuelta.

Tal vez por esto nuestras comunidades no tengan mucha alegría: hay tantos hermanos que faltan... Falta tanto interés por ir a su búsqueda y acogerlos a su vuelta... No es extraño que, con esa estrategia de conservar y cuidar lo que tenemos, antes o después lo perdamos todo.

La promesa de Dios a Abrahán, recordada en la primera lectura de este domingo, sigue vigente: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo…” Dios habla de multiplicar y no de dividir o venir a menos. Ese Dios –que está dispuesto incluso a perdonar a su pueblo, que mientras Moisés subió al monte, se olvidó de Dios- mantiene su palabra. Pero esta promesa requiere –para que se haga realidad- nuestra participación activa, buscando la oveja y la moneda perdidas y acogiendo al hermano que se ha ido, pero vuelve arrepentido. Nuestra comunidad tiene que ser extrovertida por naturaleza. Pablo, en la segunda lectura, da gracias a Dios, porque ha experimentado en él mismo su compasión y perdón, confiándole el ministerio de anunciar el evangelio a los paganos, esos que no es que se hayan ido, sino que no han pertenecido nunca a la comunidad, y a los que hay que anunciar el evangelio. No podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos, tenemos que salir a buscar a quienes se han ido o a los que nunca han oído el mensaje del Señor para invitarlos a la fiesta de la comunidad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 34 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200034
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap34b.mp3

Para la revisión de vida
- ¿Cómo puedo vivir yo la misericordia de Dios, de la que nos hablan estas parábolas?
¿Y cómo puedo yo vivir esa misericordia a escala histórica, en la construcción de la historia, es decir, ejerciendo la misericordia con los pueblos crucificados, tomando posición en el drama histórico que los crucifica?

Para la reunión de grupo
- Jesús, que en estas parábolas nos habla de la misericordia de Dios Padre, fue él mismo reflejo y revelación de esa misericordia. Enumerar los gestos de Jesús que nos evocan su misericordia.
- Orígenes decía: "Dios es aquello que una persona pone por encima de todo lo demás". ¿Cuál puede ser hoy la idolatría más común?
- Estudiar y comentar el artículo de Jon Sobrino sobre "la Iglesia Samaritana y el principio misericordia" (http://servicioskoinonia.org/relat/192.htm)
 

Para la oración de los fieles
- Para que nuestra comunidad cristiana no excluya ni margine a nadie, sino que viva profundamente la actitud misericordiosa que Jesús propone, roguemos al Señor...
- Por todos lo que no tienen trabajo, que viven desempleados, que han sido excluidos del mundo laboral... para que no se resignen a la pasividad, sino que pongan sus energías al servicio de la transformación de esta sociedad que les excluye...
- Para que no caigamos en la idolatría de adorar el becerro de oro, la idolatría de poner la consecución del dinero y la riqueza por encima de todo otro valor...
 

Oración comunitaria
Dios Padre y Madre de misericordia, que dejas a las noventa y nueve ovejas y te vas a buscar a la oveja extraviada: danos la gracia de imitarte con entrañas de verdadera misericordia en nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.



 Lunes 17 de septiembre de 2007
 Roberto Belarmino

 INICIO
1Tm 2,1-8: Rueguen por todos los que están en el mundo
Salmo responsorial 27: Bendito el Señor, que escuchó mi voz suplicante
Lc 7,1-10: Una fe semejante no la he encontrado ni en Israel

Tras el sermón de las bienaventuranzas, Jesús recibe en Cafarnaum el mayor testimonio de fe que ha visto. Y no de un judío, sino de un pagano. ¡La mayor fe que ha encontrado en Israel es la de un militar romano! Para los judíos que lo oían, tal afirmación tuvo que ser chocante y provocadora. El siervo al que el centurión quiere ha enfermado gravemente. Su patrón cree que Jesús puede salvarlo, pero no espera un hecho extraordinario de su parte, sino sólo el poder de su Palabra; una palabra que es al mismo tiempo acción.

Es que no de otra manera es la Palabra de Dios. El dice y se hace. Mientras el pueblo judío buscaba señales milagrosas en Jesús, el centurión pagano pide sólo su Palabra transformadora.

Es el mejor modelo de fe que nos comunica Lucas. El admirable centurión no permitió que Jesús entrara en su casa por no considerarse digno. No conocemos su nombre. Sí su simpatía por el pueblo y la religión judía, ya que les había construido una sinagoga. Su comportamiento con la servidumbre es resaltado como una relación que humaniza. Su casa es modelo de una humanidad que muy posiblemente escaseaba en los hogares de quienes se tenían por ejemplos de religiosidad y observancia de la Ley.


 Martes 18 de septiembre de 2007
 José de Cupertino – Juan Macías

 INICIO
1Tm 3,1-13: Los servidores han de ser hombres respetables
Salmo responsorial 100: Andaré con rectitud de corazón.
Lc 7,11-17: Un gran profeta ha surgido entre nosotros

Tanto a Jesús como a la viuda los acompañan grupos de gentes marginadas, de las afueras de las ciudades. El texto tiene el cuidado de decir que ambos grupos son grandes y se encuentran a la salida de la ciudad de Naím. El hijo único de la viuda ha muerto. Ella, como viuda, y él, como joven huérfano, representan grupos sociales marginados. El dolor de la mujer no puede ser mayor. Del mismo modo la compasión de Jesús al verla. Inmediatamente desarrolla una acción misericordiosa y solidaria. En contra de las leyes judías que lo prohibían, Jesús habla públicamente a una mujer y toca un cadáver. Más importante que las leyes son la vida y el dolor de las personas. El corazón de Jesús es vulnerable al dolor de los más débiles: las viudas y los huérfanos. Su amor entrañable desata la acción solidaria que recupera la vida del joven. El cuidado de Jesús, el amor de la madre y el acompañamiento de las comunidades se vuelcan solícitos sobre el joven. Es la enseñanza que Jesús comunica a su comunidad discipular y a los marginados: la solidaridad, amorosa y entrañable, es la ternura que levanta del polvo a los débiles.




 Miércoles 19 de septiembre de 2007
 Jenaro

 INICIO
1Tm 3,14-16: Sabrás cómo portarte en la Casa de Dios
Salmo responsorial 110: Grandes son las obras del Señor.
Lc 7,31-35: “Comilón y bebedor, amigo de recaudadores y pecadores”

Las gentes suelen tener en sus cabezas ideas fijas que difícilmente cambian. A partir de ellas toman decisiones en la vida y actúan movidas por sus estereotipos. Jesús se propone modificar esas ideas para que sus oyentes puedan cambiar su forma de vivir.

La generación de Jesús escuchó a Juan el Bautista, pero debido a sus propios esquemas mentales no entendió un ápice. “No comía pan ni bebía vino”. Eran signos a través de los cuales Juan quería comunicar algo importante a la gente; un mensaje que ayudara a cambiar las “ideas fijas”. Pero no lo consiguió. La gente vio su estilo y sacó una conclusión: “tiene un demonio”. ¿Los signos usados no fueron suficientes? ¿Qué falló en la estrategia de comunicación de Juan?

Con las mismas “ideas fijas” miraron sus contemporáneos a Jesús. Los signos eran ahora totalmente opuestos a los de Juan: “come y bebe. No se aproximaba siquiera a la imagen de un profeta, un sacerdote, un fariseo o un escriba. Jesús pasó a ser así sencillamente “un comilón y un borracho”; y peor aún, amigo de gente impura.

Sólo la Sabiduría podría lograr que los signos proféticos, leídos en forma apropiada, transformaran las “ideas fijas”, y que las obras dieran testimonio de una generación discípula, precisamente, de la Sabiduría.

Más de una vez el Maestro pareció perder la paciencia ante la cerrazón de entendimiento incluso de sus más cercanos. “¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen la mente cerrada? ¿Teniendo ojos no ven, y teniendo oídos no oyen? (Mc 8,17-18). Ahora parece abrigar esperanzas de que un día entenderán, porque “la Sabiduría ha sido reconocida por sus discípulos”. Tal Sabiduría será, por cierto, uno de los dones más trascendentales de Pentecostés.




 Jueves 20 de septiembre de 2007
 Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros mártires – Amelia

 INICIO
1Tm 4,12-16: El cristiano, un modelo de vida
Salmo responsorial 110: Grandes son las obras del Señor.
Lucas 7,36-50: Ama más quien más tiene que agradecer

Solemos ser como Simón el fariseo y sus invitados. Cuántas veces somos incapaces de descubrir la presencia misericordiosa de Dios y su mano amorosa en los acontecimientos ordinarios de la vida. Incapaces de abrirnos a la misericordia, desperdiciamos la oportunidad de amar y ser amados.

Simón era, como fariseo, tal vez un hombre devoto. Tuvo el privilegio de que Jesús aceptara su invitación a cenar. Sin embargo, no trepida en descalificarlo mentalmente por su acción misericordiosa. Y descalifica en forma aun más dura a la pecadora.

Juzgar a los demás con dureza sin atender a nuestros propios pecados nos aparta del amor de Dios. Porque “más cerca de él estará quien mucho tiene que agradecer a su misericordia”. Y “con la medida que midamos seremos medidos” (Lc 6,38).




 Viernes 21 de septiembre de 2007
 Mateo, apóstol y evangelista

 INICIO
Ef 4,1-7,11-13: Anden como pide la vocación a que han sido convocados
Salmo responsorial 18: A toda la tierra alcanza su pregón.
Mt 9,9-13: Le dijo “sígueme”. El se levantó y lo siguió

Los cobradores de impuestos (“publicanos”) eran a los ojos de sus compatriotas “impuros y pecadores”. Si se arrepentían tenían que dejar su trabajo y restituir el veinte por ciento de lo recaudado, como prueba de su conversión.

Del despacho de impuestos de Cafarnaum, donde trabajaba, Jesús llama a Mateo. Este no sólo se levanta y le sigue, sino que además prepara una cena en su casa y lo invita a ella junto con sus discípulos. Invita también a sus amigos, muchos de ellos igualmente recaudadores y “pecadores” como él. La casa está así llena de gente “pecadora”. Pero Jesús parece sentirse muy bien allí. Los que no ven bien tan escandaloso espectáculo son los fariseos, celosos guardianes de la fe y las costumbres judías. Las guardaban tanto que olvidaron el principio de la misericordia. Pusieron en el centro de sus preocupaciones una religión carente de compasión, y no la vida. Reclaman a Jesús por la religión, y Jesús les reclama a ellos por la vida: “No necesitan médico los sanos”. Pero algo adicional para que el reclamo por la vida sea más contundente necesitan los fariseos. Jesús les pide que vuelvan nuevamente al principio de la misericordia. Es esto lo que Dios quiere. No son los sacrificios los que salvan a los pecadores; es la misericordia. Esta es la verdadera religión.

No olvidemos la lección también hoy, en nuestros devotos ambientes, donde suele brotar el escándalo porque se acoja con afecto a quienes otros señalan con el dedo como pecadores.



 Sábado 22 de septiembre de 2007
 Mauricio y compañeros mártires.

 INICIO
1Tm 6, 13-16: Guárdate sin mancha ni reproche
Salmo responsorial 99: Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Lc 8,4-15: Salió el sembrador a sembrar la semilla

Jesús propone una parábola agrícola a una multitud de excluidos que lo siguen. Muchos fueron expulsados de sus campos por los dominadores romanos, y recorren ahora la periferia de las ciudades. Saben bien de qué les habla Jesús. Pero él no alude a tierra, siembras y semillas corrientes. A través de lo que entienden esos excampesinos, habla de una semilla y de una tierra diferente que produce el ciento por uno, como la que un día prometió Dios a los esclavos en Egipto y que “mana leche y miel” ( Ex 3,8;Nm 13,27;Jos 5,6).

La palabra de Dios escuchada, conservada y practicada se compara con esa tierra buena y fértil. El sueño campesino es desafiado por la parábola. Se trata de producir el ciento por uno en los extremos de las ciudades. Allí nacerán y crecerán las primeras comunidades cristianas. Son “tierra buena” en las ciudades. Fructificarán con perseverancia porque son “corazón bien dispuesto”.