Domingo 9 de septiembre de 2007
Domingo 23º del tiempo ordinario
Pedro Claver – Sergio
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Sb 9,13-18: ¿Quién conoce el
designio de Dios?
Salmo responsorial 89: Señor, tú
has sido nuestro refugio de generación en generación.
Flm 9b-10.12-17: No como esclavo,
sino como hermano querido
Lc 14,25-33: Quien no carga con su
cruz y me sigue no puede ser mi discípulo
Para ser cristiano, la Iglesia exige en realidad muy poco. Se bautiza a los
niños recién nacidos y apenas se exige nada a sus padres; todo lo más, la
asistencia a unas charlas preparatorias del acto del bautismo y un vago
compromiso de actuar en cristiano educando al niño según la ley de Dios y los
mandamientos de la Iglesia. Sin embargo, esto no era así al principio. Para ser
discípulo, Jesús ponía unas duras condiciones, que llevaban a quien quería serlo
a pensárselo seriamente. Pocos seríamos cristianos, si para ello tuviéramos que
cumplir las tres condiciones que, llegado el caso, Jesús exige a sus discípulos.
Y digo llegado el caso, porque estas tres formulaciones del evangelio de hoy que
vamos a comentar son “formulaciones extremas”; representan la meta utópica que
no debemos perder de vista, estando dispuestos a alcanzarla en el seguimiento de
Jesús.
Por la primera (Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a
su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí
mismo, no puede ser discípulo mío), el discípulo debe estar dispuesto a
subordinarlo todo a la adhesión al maestro. Si en el propósito de instaurar el
reinado de Dios, evangelio y familia entran en conflicto, de modo que ésta
impida la implantación de aquél, la adhesión a Jesús tiene la preferencia. Jesús
y su plan de crear una sociedad alternativa al sistema mundano están por encima
de los lazos de familia.
Por la segunda (Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede
ser discípulo mío) no se trata de hacer sacrificios o mortificarse, que se decía
antes, sino de aceptar y asumir que la adhesión a Jesús conlleva la persecución
por parte de la sociedad, persecución que hay que aceptar y sobrellevar como
consecuencia del seguimiento. Por eso no es necesario precipitarse, no sea que
prometamos hacer más de lo que podemos cumplir. El ejemplo de la construcción de
la torre que exige hacer una buena planificación para calcular los materiales de
que disponemos o del rey que planea la batalla precipitadamente, sin sentarse a
estudiar sus posibilidades frente al enemigo, es suficientemente ilustrativo.
La tercera condición (todo aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que
tiene no puede ser discípulo mío) nos parece excesiva. Por si fuera poco dar la
preferencia absoluta al plan de Jesús y estar dispuesto a sufrir persecución por
ello, Jesús exige algo que parece esta por encima de nuestras fuerzas: renunciar
a todo lo que se tiene, Se trata, sin duda, de una formulación extrema que hay
que entender. El discípulo debe estar dispuesto incluso a renunciar a todo lo
que tiene, si esto es obstáculo para poner fin a una sociedad injusta en la que
unos acaparan en sus manos los bienes de la tierra que otros necesitan para
sobrevivir. El otro tiene siempre la preferencia. Lo propio deja de ser de uno,
cuando otro lo necesita. Sólo desde el desprendimiento se puede hablar de
justicia, sólo desde la pobreza se puede luchar contra ella. Sólo desde ahí se
puede construir la nueva sociedad, el reino de Dios, erradicando la injusticia
de la tierra.
Para quienes quitamos con frecuencia el aguijón al evangelio y nos gustaría
que las palabras y actitudes de Jesús fuesen menos radicales, leer este texto
resulta duro, pues el Maestro nazareno es tremendamente exigente.
No en vano el libro de la Sabiduría formula hoy a modo de interrogante la
dificultad que tiene conocer el designio de Dios y comprender lo que Dios
quiere. Será necesario para ello recibir de Dios sabiduría y Espíritu Santo
desde el cielo para adecuar nuestra vida a la voluntad de Dios manifestada por
Jesús. Necesitamos ciertamente esa ayuda del cielo para ir contra corriente y
tener la capacidad de renuncia total que pide el evangelio y a la que debemos
estar dispuestos, llegado el caso. Pero esto que en el evangelio se nos propone
como exigencias radicales de Jesús hoy no es tanto el comienzo del camino, sino
la meta a la que debemos aspirar, aquello a lo que debemos tender, si queremos
seguir a Jesús. Tal vez no lleguemos nunca a vivir con esa radicalidad las
exigencias de Jesús, pero no debemos renunciar a ello, por más que nos
encontremos a años luz de esa utopía.
El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella
puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese
evangelio: www.untaljesus.net
Para la revisión de vida
- En mi seguimiento de Jesús ¿cómo ha sido mi discernimiento para asumir los
valores del Reino? ¿He aceptado fielmente las exigencias de Jesús para seguirlo?
Para la reunión de grupo
- Jesús sigue llamando a seguirlo, con algunas condiciones y exigencias. ¿Cuáles
serán esas exigencias para nuestro tiempo? ¿Qué significará desprenderse de los
vínculos familiares? ¿Cómo asumimos los cristianos ese cargar con su propia
cruz?
- Ante un sistema mundial al que no le importa excluir a los pobres en aras de
un crecimiento económico para unos pocos, ¿no valdrá la pena tomar el ejemplo
del Evangelio de ponerse a pensar y programar, para después actuar en favor de
la Vida? ¿Cómo podríamos organizarnos en contra de la exclusión actual?
Para la oración de los fieles
- Para que los hombres y mujeres se comprometan a vivir ya desde ahora los
valores del Reino, roguemos al Señor...
- Por todas las organizaciones populares que buscan la vida de sus comunidades,
para que en este esfuerzo logren superar los conflictos que esto conlleva...
- Para que nuestra comunidad cristiana acepte desde el discernimiento las
exigencias del seguimiento de Jesús...
Oración comunitaria
Dios Padre nuestro que en Jesús te has acercado a nosotros y nos lo has
propuesto como modelo y Camino: ayúdanos a escuchar su invitación a seguirle, y
danos coraje y amor para dejarlo todo por su Causa y seguirlo efectivamente, por
el mismo Jesucristo nuestro Señor.
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