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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 9 al 15 de Septiembre de 2007
Domingo 23º del tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 23ºde Tiempo ordinario, ciclo C el 4 de Septiembre de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 9 de septiembre de 2007
 Domingo 23º del tiempo ordinario
 Pedro Claver – Sergio

 INICIO

Sb 9,13-18: ¿Quién conoce el designio de Dios?
Salmo responsorial 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Flm 9b-10.12-17: No como esclavo, sino como hermano querido
Lc 14,25-33: Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo

Para ser cristiano, la Iglesia exige en realidad muy poco. Se bautiza a los niños recién nacidos y apenas se exige nada a sus padres; todo lo más, la asistencia a unas charlas preparatorias del acto del bautismo y un vago compromiso de actuar en cristiano educando al niño según la ley de Dios y los mandamientos de la Iglesia. Sin embargo, esto no era así al principio. Para ser discípulo, Jesús ponía unas duras condiciones, que llevaban a quien quería serlo a pensárselo seriamente. Pocos seríamos cristianos, si para ello tuviéramos que cumplir las tres condiciones que, llegado el caso, Jesús exige a sus discípulos. Y digo llegado el caso, porque estas tres formulaciones del evangelio de hoy que vamos a comentar son “formulaciones extremas”; representan la meta utópica que no debemos perder de vista, estando dispuestos a alcanzarla en el seguimiento de Jesús.

Por la primera (Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío), el discípulo debe estar dispuesto a subordinarlo todo a la adhesión al maestro. Si en el propósito de instaurar el reinado de Dios, evangelio y familia entran en conflicto, de modo que ésta impida la implantación de aquél, la adhesión a Jesús tiene la preferencia. Jesús y su plan de crear una sociedad alternativa al sistema mundano están por encima de los lazos de familia.

Por la segunda (Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío) no se trata de hacer sacrificios o mortificarse, que se decía antes, sino de aceptar y asumir que la adhesión a Jesús conlleva la persecución por parte de la sociedad, persecución que hay que aceptar y sobrellevar como consecuencia del seguimiento. Por eso no es necesario precipitarse, no sea que prometamos hacer más de lo que podemos cumplir. El ejemplo de la construcción de la torre que exige hacer una buena planificación para calcular los materiales de que disponemos o del rey que planea la batalla precipitadamente, sin sentarse a estudiar sus posibilidades frente al enemigo, es suficientemente ilustrativo.

La tercera condición (todo aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío) nos parece excesiva. Por si fuera poco dar la preferencia absoluta al plan de Jesús y estar dispuesto a sufrir persecución por ello, Jesús exige algo que parece esta por encima de nuestras fuerzas: renunciar a todo lo que se tiene, Se trata, sin duda, de una formulación extrema que hay que entender. El discípulo debe estar dispuesto incluso a renunciar a todo lo que tiene, si esto es obstáculo para poner fin a una sociedad injusta en la que unos acaparan en sus manos los bienes de la tierra que otros necesitan para sobrevivir. El otro tiene siempre la preferencia. Lo propio deja de ser de uno, cuando otro lo necesita. Sólo desde el desprendimiento se puede hablar de justicia, sólo desde la pobreza se puede luchar contra ella. Sólo desde ahí se puede construir la nueva sociedad, el reino de Dios, erradicando la injusticia de la tierra.

Para quienes quitamos con frecuencia el aguijón al evangelio y nos gustaría que las palabras y actitudes de Jesús fuesen menos radicales, leer este texto resulta duro, pues el Maestro nazareno es tremendamente exigente.

No en vano el libro de la Sabiduría formula hoy a modo de interrogante la dificultad que tiene conocer el designio de Dios y comprender lo que Dios quiere. Será necesario para ello recibir de Dios sabiduría y Espíritu Santo desde el cielo para adecuar nuestra vida a la voluntad de Dios manifestada por Jesús. Necesitamos ciertamente esa ayuda del cielo para ir contra corriente y tener la capacidad de renuncia total que pide el evangelio y a la que debemos estar dispuestos, llegado el caso. Pero esto que en el evangelio se nos propone como exigencias radicales de Jesús hoy no es tanto el comienzo del camino, sino la meta a la que debemos aspirar, aquello a lo que debemos tender, si queremos seguir a Jesús. Tal vez no lleguemos nunca a vivir con esa radicalidad las exigencias de Jesús, pero no debemos renunciar a ello, por más que nos encontremos a años luz de esa utopía.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: www.untaljesus.net


 

Para la revisión de vida
- En mi seguimiento de Jesús ¿cómo ha sido mi discernimiento para asumir los valores del Reino? ¿He aceptado fielmente las exigencias de Jesús para seguirlo?
 

Para la reunión de grupo
- Jesús sigue llamando a seguirlo, con algunas condiciones y exigencias. ¿Cuáles serán esas exigencias para nuestro tiempo? ¿Qué significará desprenderse de los vínculos familiares? ¿Cómo asumimos los cristianos ese cargar con su propia cruz?
- Ante un sistema mundial al que no le importa excluir a los pobres en aras de un crecimiento económico para unos pocos, ¿no valdrá la pena tomar el ejemplo del Evangelio de ponerse a pensar y programar, para después actuar en favor de la Vida? ¿Cómo podríamos organizarnos en contra de la exclusión actual?


Para la oración de los fieles
- Para que los hombres y mujeres se comprometan a vivir ya desde ahora los valores del Reino, roguemos al Señor...
- Por todas las organizaciones populares que buscan la vida de sus comunidades, para que en este esfuerzo logren superar los conflictos que esto conlleva...
- Para que nuestra comunidad cristiana acepte desde el discernimiento las exigencias del seguimiento de Jesús...


Oración comunitaria
Dios Padre nuestro que en Jesús te has acercado a nosotros y nos lo has propuesto como modelo y Camino: ayúdanos a escuchar su invitación a seguirle, y danos coraje y amor para dejarlo todo por su Causa y seguirlo efectivamente, por el mismo Jesucristo nuestro Señor.



 Lunes 10 de septiembre de 2007
 Nicolás de Tolentino

 INICIO
Col 1,24–2,3: Cristo es para nosotros la esperanza de la gloria
Salmo responsorial 61: De Dios viene mi salvación y mi gloria
Lc 6,6-11: ¿Está permitido en sábado salvar una vida, o destruirla?

La acción del reino de Dios tiene como consecuencia una confrontación entre Jesús y las autoridades religiosas de Galilea. Escribas y fariseos interpretan de tal manera la Ley que las personas terminan en su mayoría siendo culpabilizadas como pecadoras, y como tales necesariamente tendrán que pagar servicios al Templo y a los sacerdotes para expiar sus culpas. Este sistema de culpas y pagos lleva a empobrecer a los débiles y a enriquecer a los fuertes.

Jesús tenía que chocar con un sistema así y con sus representantes, escribas y fariseos. Jesús no admite que a los pobres se les culpabilice y excluya de la comunidad por su pobreza, o a las mujeres por ser mujeres, o a los discapacitados por ser discapacitados. La pregunta de Jesús en medio de la sinagoga está orientada a recuperar el significado de la religión para los seres humanos: el sábado es para salvar la vida. Toda la vida; de las personas y de la naturaleza. Así nació esa institución del descanso sabatino: un Dios que al final se goza de las maravillas que ha creado, y revisa cómo funcionan. No se puede hacer del sábado una religión para condenar, culpabilizar y excluir. Cuando la mano seca del hombre es sanada en día sábado, Jesús desenmascara la ideología religiosa opresora e hipócrita. Denuncia públicamente la religión como negocio o como excusa para destruir la vida o para pasar olímpicamente por sobre ella en aras de los ritos, de la devoción ostentosa y de un descanso sabatino que no era lícito violar ni siquiera para socorrer a un moribundo.

¡Con razón había que discutir “qué hacer con Jesús”!


 Martes 11 de septiembre de 2007
 María de Coromoto
 Orlando – Rolando

 INICIO
Col 2,6-15: Dios les dio la vida en Cristo por el perdón
Salmo responsorial 144: El Señor es bueno con todos.
Lc 6,12-19: Escogió a doce y los nombró apóstoles

Lucas comienza este pasaje señalando la importancia de la oración. Jesús va a fundar el nuevo pueblo de Dios representado en los doce apóstoles. Ellos sustituyen al antiguo pueblo que se ha opuesto a Jesús y ha rechazado sus enseñanzas.

Los apóstoles tienen una función especial en la comunidad lucana. Son la garantía y el fundamento de la comunidad eclesial que se levanta como el nuevo pueblo mesiánico. Y antes de elegirlos, Jesús se pasa la noche entera orando a su Padre.

Enseguida Lucas coloca a Jesús frente a la multitud. El Maestro señala a sus apóstoles el carácter evangelizador de su vocación. La Palabra que van a anunciar irá acompañada de signos que darán autenticidad al anuncio: él es el Mesías esperado por las naciones, el gran liberador del pueblo, pero no desde el esquema mental dominante, sino desde los designios de Dios.

También el discípulo debe garantizar con signos tangibles la calidad de su predicación. Una evangelización sin respaldo en la vida de las gentes no deja de ser más que un discurso barato. Tampoco se trata de promover sensacionalismos emocionales y pasajeros. Lo que hay que suscitar, ante todo, son personas y comunidades comprometidas seriamente con el anuncio del reino.

La evangelización ha de ir articulada a la promoción humana. Si nuestra catequesis, nuestra liturgia, nuestros grupos apostólicos no integran en su propuesta pastoral la promoción integral del ser humano, el anuncio será incompleto y, seguramente, poco creíble.




 Miércoles 12 de septiembre de 2007
 Sto. Nombre de María – Guido

 INICIO
Col 3,1-11: Den muerte a todo lo terreno que hay en ustedes
Salmo responsorial 144: El Señor es bueno con todos.
Lc 6, 20-26: ¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados!

Jesús dirige a su comunidad discipular cuatro bienaventuranzas y cuatro “malaventuranzas”. Unas y otras orientan el actuar ético y “político” del cristianismo, en cuanto a su implicancia social. Las cuatro bienaventuranzas se dirigen a los pobres, a los que tienen hambre, a los afligidos y a los que son perseguidos por el reino de Dios. A los pobres es destinado el reino, pues lo requieren para su dignificación. Les pertenece por ser pobres, para dejar de serlo. A los que tienen hambre y aflicción, porque saciándola y consolándoles, el reino dignifica a la humanidad. A los que son perseguidos, porque al hacer vida el reino por el que luchan, obtienen merecida recompensa. Las cuatro “malaventuranzas” se dirigen a los ricos, los hartados, los que ríen y los que son como los falsos profetas. Los ricos, porque al tener en la riqueza su consuelo, disminuyen o anulan su capacidad de amar. Los hartos, porque, saciándose, quitaron el pan a los hambrientos. Los que ríen, porque en su alegría olvidan las penas de los afligidos. Los que son como los falsos profetas, porque su vida no genera contradicción.

El reino de Dios procura invertir este ‘orden’ de pobreza, de hambre, de aflicción y de persecución. Por eso irá siempre a contrapelo de las estructuras diametralmente opuestas que Jesús suele resumir bajo el nombre de “mundo”. Y es el reino que María, la discípula por excelencia, cantó de modo tan certero en el “Magníficat” (Lc 1, 46-55).




 Jueves 13 de septiembre de 2007
 Juan Crisóstomo

 INICIO
Col 3,12-17: Lo constructivo es el amor mutuo
Salmo responsorial 150: Todo ser que alienta alabe al Señor.
Lc 6,27-38: Amen a sus enemigos

El imperativo de Jesús «amen a sus enemigos» supera en forma insólita los viejos principios de reciprocidad, represalia y venganza. Hay que amar no sólo cuando no se es amado, sino incluso siendo odiado y perseguido. La doctrina de Jesùs se opone a la de los esenios, que, por razones de pureza ritual, exigían a los miembros de su secta un juramento de odio hacia los malvados para prepararse mejor al combate de los últimos tiempos.

Amando a nuestros enemigos, éstos dejan de serlo por nuestra parte y se abre la posibilidad de que, a su vez, cambien su actitud hacia nosotros. No pocas veces la respuesta del amor cristiano desarma a los enemigos y les hace deponer su agresividad. En este camino hacia el amor universal, el cristiano da el primer paso y abre la puerta para la conversión del enemigo al amor.

El amor sin distinciones se detalla en el resto del texto, según el cual el cristiano debe estar siempre dispuesto a sorprender al otro con su generosidad, dándole más de lo que pide; prestándole sin esperar nada a cambio; imitando la conducta del Dios con rostro de padre compasivo, que es bondadoso incluso con los desagradecidos y malvados. A imagen de ese Dios siempre misericordioso, el cristiano no se erige en censor de los demás y espera que la indulgencia practicada con el prójimo genere, a su vez, indulgencia; el perdón produzca perdón, y la generosidad, otro tanto de generosidad.




 Viernes 14 de septiembre de 2007
 Exaltación de la Sta. Cruz (en algunos países iberoamericanos) - Imelda

 INICIO
Nm 21,4-9: Quedarán sanos al mirar la serpiente
Salmo responsorial 77: No olvidéis las acciones del Señor
Flp 2,6-11: Se humilló hasta la muerte de cruz
Jn 3,13-17: Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve

En muchos de nuestros pueblos la cruz adquiere una simbología particular. Puede ser de doble sentido: asociar al Crucificado los propios sufrimientos y dolores, o encontrar el sentido de la solidaridad en el dolor.

En su carta a los Filipenses Pablo ha consignado un hermoso himno cristológico que seguramente se recitaba en las primeras comunidades cristianas. La invitación es para que el creyente tenga los mismos sentimientos de Cristo, porque está llamado a configurarse plenamente con él en su cruz y su glorificación.

El contexto del evangelio es el diálogo de Jesús con Nicodemo. Aquí se subraya especialmente el acontecimiento salvífico: es Dios quien toma la iniciativa. El ha enviado a su Hijo unigénito, que vuelve a él por el proceso de cruz/glorificación. El ser humano tiene que decidir frente a Jesús. O lo acepta como proyecto de vida, o simplemente lo rechaza. La cruz cobra un nuevo significado para el creyente. Ya no será motivo de vergüenza o ignominia, sino símbolo del amor infinito de Dios para con la humanidad, y de triunfo de la vida sobre la muerte.

Nuestros pueblos, oprimidos por cruces milenarias, encuentran en la cruz de Jesús una luz de esperanza para sus vidas. En ella descubren a un Dios que se identifica con el dolor humano, no para justificarlo o encubrirlo de modo fatalista, sino para salvarlo, liberarlo, dignificarlo. La Cruz es prueba de amor, compromiso radical con el proyecto del Padre revelado en Jesús. Desde esta perspectiva, cargar nuestra cruz implica asumir hasta el extremo, en total fidelidad a la causa de Jesús, la salvación integral de toda la humanidad, redimiéndola de las lacras espirituales y materiales que le impiden emerger tirunfante en la glorificación de su Salvador.



 Sábado 15 de septiembre de 2007
María de los Dolores

 INICIO
Hb 5,7-9: Cristo ofreció su sacrificio con lágrimas y clamores
Salmo responsorial 30: Sálvame, Señor, por tu misericordia
Lc 2,33-35: A ti, una espada te atravesará el corazón

Muy diferente a las alegrías que el ángel le anunciara en su momento, es lo que ahora vaticina a María el anciano Simeón cuando ella y José llevan a su Hijo al Templo para presentarlo según los preceptos de la Ley.

Pero ambas predicciones no podemos separarlas como tradicionalmente se ha hecho. El anuncio de alegría y el de dolor van unidos. La alegría no puede perder de vista al dolor, ni el dolor a la alegría. La vida de María en el reino de Dios no es sólo alegría ni únicamente dolor. Una y otro explican y definen la participación de María en el reino de Dios. Lo mismo sucede con toda persona que decide hacer el camino del reino. Tanto alegría como redención y rescate, dolor como conflicto y contradicción son condiciones que definen el reino de Dios.

María será para el cristianismo modelo de la alegría y del dolor en el camino del reino. En el primer caso a través de los relatos de la Anunciación y la Visitación, y en el segundo mediante los relatos del anuncio de Simeón y la posterior presencia estoica de María, de pie, junto a la cruz de su Hijo.

La culminación del proceso fueron los gozos de la Resurrección de Jesús y la Asunción de su madre. Por eso no deberíamos celebrar sólo el día de Nuestra Señora de los Dolores. Falta también el día de Nuestra Señora de las Alegrías.

En medio de las alegrías y los sufrimientos de su madre, Dios comprometió su Palabra y garantizó el éxito de la Redención. Pero para hacerlo efectivo exige la colaboración de sus hijos. María se nos presenta en este sentido como modelo de colaboración activa y solidaria al proyecto salvífico de Dios -el reino-, cuya construcción implica violencia y dolor.