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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 2 al 8 de Septiembre de 2007
Domingo 22º del tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 22 ºde Tiempo ordinario, ciclo C el 28 de Agosto de 1977
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 2 de septiembre de 2007
 Domingo 22º del tiempo ordinario
 Moisés

 INICIO

Eclo 3,17-18.20.28-29: Dios revela sus secretos a los humildes
Salmo responsorial 67: Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Hb 12,18-19.22-24a: Ustedes se han acercado a la ciudad del Dios vivo
Lc 14,1.7-14: Quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido

El texto de hoy se inserta dentro de la sección del evangelio en la que Lucas cuenta las incidencias durante el camino de Jesús hacia Jerusalén.

Esta sección consta de tres partes: a) preámbulos del viaje (9,51-10,24); b) parte central (10,25-18,30) y c) subida a Jerusalén (18,31-19,46). El centro de toda la sección está en 13,31-35, escena en la que Jesús llora por la ciudad y la denuncia por su infidelidad:

31En aquel momento se acercaron unos fariseos a decirle:

-Vete, márchate de aquí, que Herodes quiere matarte.

32El les contestó:

-Vayan a decirle a ese don nadie: "Yo, hoy y mañana, seguiré curando y echando demonios; al tercer día habré acabado". 33Pero hoy, mañana y pasado tengo que proseguir mi camino, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.

34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la clueca a sus pollitos bajo las alas, pero no han querido! 35Pues miren, su casa se les quedará vacía. Y les digo que no volverán a verme hasta el día que digan: "¡Bendito el que llega en nombre del Señor! (118,26)".

En los preámbulos (9,51-10,24), Jesús nombra a los setenta discípulos, de origen samaritano, que se constituyen como un grupo alternativo al de los doce; en la parte central (10,25-18,30), Jesús instruye a sus discípulos y a las multitudes sobre las características del reinado de Dios y los previene contra sus adversarios, los fariseos; esta sección es como un largo camino-éxodo, semejante al de Israel por el desierto (Dt 10,1-18,14); la subida a Jerusalén (18,31-19,46) comienza con la tercera y última predicción de Jesús de la muerte-resurrección, hecha a los Doce, y termina con la entrada de Jesús en Jerusalén y denuncia del templo, como “cueva de bandidos”.

Esta denuncia del templo provocará la confrontación final de Jesús y su muerte, pues, al terminar Jesús de denunciar el templo, el evangelista comenta:

19, 47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes y los letrados trataban de acabar con él, y lo mismo los notables del pueblo, 48pero no encontraban modo de hacer nada, porque el pueblo entero lo escuchaba pendiente de sus labios.

La sentencia está ya, por tanto, dictada; sólo queda ejecutarla. El enfrentamiento de Jesús culmina en su muerte; pero su éxodo, ese viaje hacia Jerusalén, no acaba en la cruz, como prueba de su fracaso, sino en la tierra prometida de la resurrección, al tercer día, que evidencia el triunfo de Dios en Jesús. Este camino de Jesús hacia la muerte es el paso definitivo hacia la vida, que confirma que Dios estaba con él, llenando de razón su existencia y negando la sinrazón de los líderes del sistema judío que habían convertido el templo en una cueva de bandidos (palabras que son cita de Jeremías 7,11; cf. Is 56,7), lugar adonde iban a encontrar seguridad y refugio quienes llevaban una vida en desacuerdo con la verdadera voluntad de Dios: el servicio y la entrega a los demás por amor. Los jefes del pueblo se habían convertido en sus opresores.

Comentario:

Es humano el afán de ser, de situarse, de estar sobre los demás. Parece tan natural convivir con este deseo que lo contrario se etiqueta en nuestra sociedad de “idiotez”. Quien no aspira a más, quien no se sitúa por encima de los demás, quien no se sobrevalora, es tachado, a veces, de “tonto” en este mundo tan competitivo.

En nuestra sociedad hay un complejo sistema de normas de protocolo por las que cada uno se debe situar en ella según su valía. En los actos públicos, las autoridades civiles o religiosas ocupan uno u otro lugar según escalafón, observando una rigurosa jerarquía en los puestos. Se está ya tan acostumbrado a tales reglas, que parece normal este comportamiento jerarquizado.

Jesús acaba con este tipo de protocolo, invitando a la sensatez y al sentido común a sus seguidores. Es mejor, cuando se es invitado, no situarse en el primer puesto, sino en el último, hasta tanto venga el jefe de protocolo y coloque a cada uno en su lugar.

El consejo de Jesús debe convertirse en la práctica habitual del cristiano. El lugar del discípulo, del seguidor de Jesús es, por libre elección, el último puesto. Lección magistral del evangelio que no suele ponerse en práctica con frecuencia. No hay que darse postín; deben ser los demás quienes nos den la merecida importancia; lo contrario puede traer malas consecuencias. El cristiano no debe situarse nunca por propia voluntad en lugar preferente.

No sólo no darse importancia, sino actuar siempre desinteresadamente. Jesús denuncia la práctica de aquellos que invitan a quienes los invitan, del “do ut des”, del “te doy para que me des” y anima a invitar a pobres, lisiados, cojos y ciegos, gente a la que nadie invita, cuando se da un banquete; quien actúe así será dichoso, porque no tendrá recompensa humana, sino divina “cuando resuciten los justos”. Las palabras de Jesús son una invitación a la generosidad que no busca ser compensada, al desinterés, a celebrar la fiesta con quienes nadie la celebra y con aquellos de los que no se puede esperar nada. El cristiano debe sentar a su mesa, o lo que es igual, compartir su vida con los marginados de la sociedad, que no tienen, por lo común, lugar en la mesa de la vida: pobres, lisiados, cojos y ciegos. Quien así actúa sentirá la dicha verdadera de quien da sin esperar recibir.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy muestran las reglas de oro del protocolo cristiano: renunciar a darse importancia, invitar a quienes no pueden corresponder; dar la preferencia a los demás, sentar a la mesa de la vida a quienes hemos arrojado lejos de la sociedad.

Quien esto hace, merece una bienaventuranza que viene a sumarse al catálogo de las ocho del sermón del monte: «Dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Para Jesús adquiere el verdadero honor quien no se exalta a sí mismo sobre los demás, sino quien se abaja voluntariamente. Paradójicamente, se adquiere el verdadero honor no exaltándose a sí mismo sobre los demás, sino poniéndose el último a su servicio. La generosidad se debe compartir con los “pobres”! que no pueden pagar con la misma moneda, porque no tienen nada. Honor y vergüenza adquieren en boca de Jesús un contenido diferente: el honor consiste en servir ocupando los últimos puestos y esto ya no es motivo de vergüenza sino señal verdadera de que se está ya dentro del grupo de los verdaderos seguidores de un Jesús que no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la vida por muchos”

Las restantes lecturas de este domingo van en la misma línea del evangelio; en la primera, del libro del Eclesiástico se dan consejos de sentido común: la conveniencia de proceder siempre con humildad, de hacerse pequeño en las grandezas humanas, de no darse demasiada importancia, tan en la línea del comportamiento y los consejos de Jesús que se ha hecho asequible, menos solemne, menos accesible y ya no se manifiesta, como Dios en el Antiguo Testamento, con señales de fuego, nubarrones, tormenta y estruendo, sino como mediador de la Nueva Alianza, como puente entre la comunidad y Dios. Para llegar a Dios, los cristianos tienen que pasar por Jesús, verdadero camino para el Padre y el único sendero que debe practicar la comunidad cristiana. El se ha definido en el evangelio de Juan como camino, verdad y vida, o como camino que lleva a la verdad que es y conduce a la vida. Y la vida florece en plenitud cuando está impregnada de amor sin aspavientos ni deseos de protagonismo, cuando se sabe ocupar el único lugar de libre elección del cristiano: el último puesto, para que no haya últimos, para que no haya quienes estén arriba y abajo, como Jesús se propuso. Maravillosa utopía que nos empuja para conseguir cuanto antes la única aspiración o meta que debe ponerse el cristiano: la de hacer un mundo de hermanos, igualados en el servicio mutuo.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: www.untaljesus.net

Para la revisión de vida
- ¿Qué maneras conscientes o inconscientes tiene mi corazón para llevarme a buscar "los primeros puestos"?
-  Cuando invito, incluso cuando me doy a mí mismo, ¿lo hago pensando -consciente o inconscientemente- en la recompensa que me podrán devolver?
- En definitiva: ¿soy humilde y gratuito? ¿Tengo mi esperanza puesta en "la resurrección de los justos", como dice Jesús?

 

Para la reunión de grupo
- Los dos temas que la Palabra de Dios ofrece hoy para la reunión de grupo podrían ser la humildad y la gratuidad.
- La humildad: ¿Qué es realmente? Diferenciarla del apocamiento, del complejo de inferioridad, de la timidez, de la falta de autoestima... ¿Cómo conjugarla con la verdad, con la legítima aspiración a ser más, con la sana rebeldía?
- La gratuidad: significa un salto cualitativo del ser humano sobre el egocentrismo inscrito en nuestros instintos animales. Y el evangelio lo potencia al máximo. El amor es verdadero sólo en la medida en que es gratuito. Toda "comercialización" o búsqueda de recompensa en el amor es su destrucción. ¿Cómo vivirla en un tiempo donde todo se compra y se vende, donde la rentabilidad es un valor central, y donde la beneficencia o la donación es considerada como negativa para el desarrollo...?


 

Para la oración de los fieles
-- -Para que la vida interna de la Iglesia sea una muestra de la búsqueda del mayor servicio y no del mayor honor o poder, roguemos al Señor...
- -Para que la "jer”-“arquía" (poder sagrado) sea entendida en cristiano más bien como "iero”-“dulía" (servicio sagrado)...
- -Para que seamos capaces de poner nuestro corazón y nuestro tesoro en los verdaderos valores, los que resisten hasta la "resurrección de los justos", hasta la victoria de la Justicia...
- -Para que el evangelio desafíe en nosotros a la ideología neoliberal que todo lo compra y lo vende, sin dejar espacio a la gratuidad y el amor generoso...
- -Para que eduquemos nuestra mirada y nuestro corazón, de forma que seamos capaces de gozarnos en los valores gratuitos, allí donde otros pueden ver sólo pérdida de ocasiones de lucro...


 

Oración comunitaria
Dios Padre y Madre, que por puro amor gratuito nos has creado y nos has regalado también gratuitamente la Vida. Danos un corazón grande para amar, fuerte para luchar y generoso para entregarnos a nosotros mismos como regalo a tu familia humana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que entregó su vida generosamente por nosotros como el camino que hemos de seguir para llegar hasta ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.



 Lunes 3 de septiembre de 2007
 Gregorio Magno

 INICIO
1Ts 4,13-18: A los muertos en Jesús, Dios los llevará con él
Salmo responsorial 95: El Señor llega a regir la tierra.
Lc 4,16-30: Me ha ungido para dar la Buena Noticia a los pobres

Jesús leyó aquel día un fragmento del profeta Isaías, pero se tomó la libertad de suprimir la frase final del mismo en el que se anunciaba «el día del desquite o de la venganza de nuestro Dios» para con todos los pueblos enemigos del pueblo de Israel. El ritual de la sinagoga prohibía que el lector o comentarista añadiese o quitase verso alguno de la lectura de turno. Tal atrevimiento de Jesús provocó la reacción de sus paisanos e hizo que «toda la sinagoga tuviese los ojos fijos en él». Pero la cosa no quedó ahí, pues Jesús terminó su lectura diciendo que aquél pasaje se cumplía en él.

Con la supresión de la frase de Isaías «el desquite de nuestro Dios», Jesús había terminado la lectura del texto programático de su futura actuación. Lo suyo sería proclamar el perdón y el amor de Dios, no sólo para su pueblo, sino para todos los de la tierra, incluidos los enemigos de Israel.

Su misión era proclamar el «año de gracia», perdonar, olvidar, cancelar del diccionario de las relaciones humanas realidades tan tristes como el desquite, la venganza, la revancha, el odio, la represalia, la ley del talión con su famoso postulado: «ojo por ojo y diente por diente» (Ex 21,23-25).

Pero, como “no era profeta en su tierra”, sus paisanos terminarían echándolo del pueblo y tratando de desbarrancarlo.


 Martes 4 de septiembre de 2007
 Irma – Rosalía

 INICIO
1Ts 5,1-6.9-11: Murió por nosotros para que vivamos con él
Salmo responsorial 26: Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Lc 4,31-37: Estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

¿Por qué asombra al pueblo galileo una palabra de verdadera autoridad como la de Jesús, nacido de las entrañas mismas de Galilea?

En Cafarnaum, centro pesquero de la región, Jesús afirma entre los suyos su autoridad. El pueblo galileo necesita autoafirmarse en sus propias capacidades y posibilidades. Nada mejor que la sinagoga, lugar de la memoria y la identidad; por lo mismo, lugar de disputa. La sinagoga puede afirmar la dignidad popular, o venderla al imperio de turno.

Allí irrumpe el grito del demonio que ata al pueblo: “¿Qué tienes conmigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?”.

La acción educativa de Jesús no ha podido ser desvirtuada por letrados, fariseos y dignatarios que, con la sola fuerza de su poder, han impuesto hasta entonces sobre el pueblo una carga insoportable de normas y preceptos, pero no han sido creíbles, por causa de su vida corrupta. La enseñanza liberadora del Maestro es interpelada ahora por quienes ejercen en definitiva el poder ideológico sobre el pueblo. Saben que sacar a la gente de su ignorancia significa la pérdida de su poder. Jesús pronuncia dos órdenes categóricas: “¡calla!”, y la ideología dominante no puede continuar; “¡sal!”, y expulsa de sus dominios ilegítimos a quienes dominan, para alcanzar la libertad de los dominados. Una confrontación que lleva al pueblo a admirar y a discernir no sólo sus enseñanzas, sino también su autoridad sobre los demonios inmundos. La palabra-poder de Jesús es palabra-acción que libera. Esta sí es una palabra con autoridad. Y la noticia corre por la región.




 Miércoles 5 de septiembre de 2007
 Victorino – Bta. Teresa de Calcuta

 INICIO
Col 1,1-8: El mensaje de la verdad ha llegado a ustedes y al mundo
Salmo responsorial 51:  Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás
Lc 4,38-44: También a las demás ciudades debo llevarles la Buena Noticia

En Galilea, el movimiento misionero de Jesús instaura otro mundo posible. Ya no desde la sinagoga, sino desde la casa. En ella la mujer y la familia son liberados para asumir su protagonismo comunitario. En ella se juntan todos cuantos tenían enfermedades y diversas dolencias, para alcanzar sanación. En ella los endemoniados adquieren una nueva conciencia de sí mismos y de la comunidad. La Galilea experimenta desde las casas una manera de ser mejores seres humanos. La vida es dignificada. La casa es humanizada. Desde entonces las casas y los caminos serán los lugares preferidos del otro mundo posible, el reino de Dios. Serán también los lugares de acogida y dignificación para quienes no tienen lugar ni dignidad como seres humanos. Quienes no eran gente, ahora son gente. Existe la tentación de quedarse ahí, disfrutando aquello, reteniéndolo, como si esto fuera exclusivo para un grupo privilegiado. Pero Jesús se “escapa”. Como Galilea, también Judea requiere del anuncio y la instauración del reino.

No podemos conformarnos con el bienestar propio cuando lo necesitan tanto los demás. Serán las redes de casas y caminos, de misioneras y misioneros itinerantes, quienes den testimonio de otro mundo posible en las entrañas de las ciudades.




 Jueves 6 de septiembre de 2007
 Zacarías – Eva

 INICIO
Col 1,9-14: Nos ha sacado del dominio de las tinieblas
Salmo responsorial 97: El Señor da a conocer su victoria.
Lc 5,1-11: Amarrando las barcas, lo dejaron todo y lo siguieron

Los pescadores artesanales del lago de Genesaret no han hallado peces para el sustento de sus familias. Y no porque el lago haya dejado de multiplicarlos. Tal vez como ahora, grupos pesqueros grandes y con mejor tecnología arrasaron con la pesca, entonces en provecho de Roma. Porque también las mejores tierras galileas pasaron entonces a poder de los dominadores y de comerciantes apadrinados. Ahora el lago no tiene peces, como el campo no tiene campesinado. ¿Qué significa, en este contexto, que a la orilla del lago los marginados se agolpen sobre Jesús para oír su palabra? ¿Qué mensaje es ése para que se junten a su alrededor de tal manera? Una pequeña barca sirve a Jesús de cátedra para enseñar. Allí, en aquella orilla, nace una escuela de la palabra de Dios. Y desafiando al mar y a sus depredadores, Jesús anima a Simón a que bogue hacia adentro y eche las redes. Y de qué gran manera recupera el pescado para el pueblo galileo. Simón y cuantos estaban con él no podían creer en la magnitud de la pesca.

Son necesarias la enseñanza, la organización, la osadía, la solidaridad, para que los desposeídos recuperen su dignidad. Es el ejemplo que da Jesús.




 Viernes 7 de septiembre de 2007
 Regina

 INICIO
Col 1,15-20: Todo fue creado por él y para él
Salmo responsorial 99: Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Lc 5,33-39: El vino nuevo se ha de echar en odres nuevos

¿Podrían ver los letrados (“escribas”) y fariseos algo nuevo en aquellos discípulos del Maestro que, en lugar de ayunar, orar y dar limosnas en forma ostentosa, comían y bebían sin ruborizarse? Ciertamente, no. Tan ‘escandalosa’ conducta no encajaba con la imagen de una persona religiosa. Pero el discipulado cristiano rompe con el esquema tradicional del discipulado judío, donde la novedad consistía sólo en ritos sin contenido que, según el Señor, no son por sí mismos los más significativos: oración severa y ayuno riguroso, en este caso. El discipulado cristiano contrasta el ayuno con otra clave. El Maestro quiere una comunidad discipular que viva el reino de Dios como un banquete de bodas, la fiesta por excelencia, donde se come, se bebe, se comparte, se danza. ¿Acaso alguien quiere ayunar en medio de un banquete? Por supuesto, no. Fiesta es fiesta. Quien vive la fiesta goza de ella. Aquí está el sentido de las dos parábolas. El reino de Dios es banquete de bodas, o no es reino. El traje nuevo es traje nuevo. El vino nuevo no encaja en odres viejos. Tampoco encaja la comunidad cristiana en los viejos odres de los esquemas de vida que letrados, fariseos y dignatarios han impuesto al pueblo judío. Imposible que el ayuno, la oración y la limosna por ostentación expresen la novedad que el reino de Dios quiere instaurar: la fiesta de la justicia, de la misericordia, de la solidaridad y del amor fraterno.



 Sábado 8 de septiembre de 2007
 Natividad de María
 María de la Caridad del Cobre

 INICIO
Mi 5,1-4ª: El tiempo en que la madre dé a luz
Salmo responsorial 12: Desbordo de gozo con el Señor.
Mt 1,16.18-23: José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa

Para la comunidad cristiana Jesús es el punto de partida de un nuevo orden en la tierra. Desde entonces, todo es nuevo y distinto. Por eso su “origen” resalta la magnitud de la diferencia. El nacimiento de Jesús no es uno común y corriente. Es otro tipo de nacimiento. Corresponde al nacimiento en el reino de Dios. Por eso la concepción es obra del Espíritu Santo. No pudo provenir de un ser humano, pues el orden que se quiere instaurar, siendo humano, es de origen espiritual. Por eso José no repudia a María, habiendo motivo para ello según la costumbre de la época. José no pertenece al “orden” de este mundo, sino al de otro mundo posible, el reino de Dios. Toma a María como esposa porque “la criatura que espera es obra del Espíritu Santo”. Por eso el nombre para el hijo, Jesús, significa el comienzo del nuevo tiempo: “Dios libera”, o, según la profecía de Isaías, Emmanuel, “Dios con nosotros”. Ambos nombres confluyen en un mismo significado: Dios está con nosotros liberándonos. Esta manera de entrar Jesús en la historia de la humanidad es resaltada en el cumplimiento de la profecía: la virgen concibió y dio a luz un hijo.