Domingo 2 de septiembre de 2007
Domingo 22º del tiempo ordinario
Moisés
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Eclo 3,17-18.20.28-29: Dios revela
sus secretos a los humildes
Salmo responsorial 67: Preparaste,
oh Dios, casa para los pobres.
Hb 12,18-19.22-24a: Ustedes se han
acercado a la ciudad del Dios vivo
Lc 14,1.7-14: Quien se engrandece
será humillado, y quien se humilla será engrandecido
El texto de hoy se inserta dentro de la sección del evangelio en la que Lucas
cuenta las incidencias durante el camino de Jesús hacia Jerusalén.
Esta sección consta de tres partes: a) preámbulos del viaje (9,51-10,24); b)
parte central (10,25-18,30) y c) subida a Jerusalén (18,31-19,46). El centro de
toda la sección está en 13,31-35, escena en la que Jesús llora por la ciudad y
la denuncia por su infidelidad:
31En aquel momento se acercaron unos fariseos a decirle:
-Vete, márchate de aquí, que Herodes quiere matarte.
32El les contestó:
-Vayan a decirle a ese don nadie: "Yo, hoy y mañana, seguiré curando y
echando demonios; al tercer día habré acabado". 33Pero hoy, mañana y pasado
tengo que proseguir mi camino, porque no cabe que un profeta perezca fuera de
Jerusalén.
34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se
te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la clueca a sus
pollitos bajo las alas, pero no han querido! 35Pues miren, su casa se les
quedará vacía. Y les digo que no volverán a verme hasta el día que digan:
"¡Bendito el que llega en nombre del Señor! (118,26)".
En los preámbulos (9,51-10,24), Jesús nombra a los setenta discípulos, de
origen samaritano, que se constituyen como un grupo alternativo al de los doce;
en la parte central (10,25-18,30), Jesús instruye a sus discípulos y a las
multitudes sobre las características del reinado de Dios y los previene contra
sus adversarios, los fariseos; esta sección es como un largo camino-éxodo,
semejante al de Israel por el desierto (Dt 10,1-18,14); la subida a Jerusalén
(18,31-19,46) comienza con la tercera y última predicción de Jesús de la
muerte-resurrección, hecha a los Doce, y termina con la entrada de Jesús en
Jerusalén y denuncia del templo, como “cueva de bandidos”.
Esta denuncia del templo provocará la confrontación final de Jesús y su
muerte, pues, al terminar Jesús de denunciar el templo, el evangelista comenta:
19, 47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos
sacerdotes y los letrados trataban de acabar con él, y lo mismo los notables del
pueblo, 48pero no encontraban modo de hacer nada, porque el pueblo entero lo
escuchaba pendiente de sus labios.
La sentencia está ya, por tanto, dictada; sólo queda ejecutarla. El
enfrentamiento de Jesús culmina en su muerte; pero su éxodo, ese viaje hacia
Jerusalén, no acaba en la cruz, como prueba de su fracaso, sino en la tierra
prometida de la resurrección, al tercer día, que evidencia el triunfo de Dios en
Jesús. Este camino de Jesús hacia la muerte es el paso definitivo hacia la vida,
que confirma que Dios estaba con él, llenando de razón su existencia y negando
la sinrazón de los líderes del sistema judío que habían convertido el templo en
una cueva de bandidos (palabras que son cita de Jeremías 7,11; cf. Is 56,7),
lugar adonde iban a encontrar seguridad y refugio quienes llevaban una vida en
desacuerdo con la verdadera voluntad de Dios: el servicio y la entrega a los
demás por amor. Los jefes del pueblo se habían convertido en sus opresores.
Comentario:
Es humano el afán de ser, de situarse, de estar sobre los demás. Parece tan
natural convivir con este deseo que lo contrario se etiqueta en nuestra sociedad
de “idiotez”. Quien no aspira a más, quien no se sitúa por encima de los demás,
quien no se sobrevalora, es tachado, a veces, de “tonto” en este mundo tan
competitivo.
En nuestra sociedad hay un complejo sistema de normas de protocolo por las
que cada uno se debe situar en ella según su valía. En los actos públicos, las
autoridades civiles o religiosas ocupan uno u otro lugar según escalafón,
observando una rigurosa jerarquía en los puestos. Se está ya tan acostumbrado a
tales reglas, que parece normal este comportamiento jerarquizado.
Jesús acaba con este tipo de protocolo, invitando a la sensatez y al sentido
común a sus seguidores. Es mejor, cuando se es invitado, no situarse en el
primer puesto, sino en el último, hasta tanto venga el jefe de protocolo y
coloque a cada uno en su lugar.
El consejo de Jesús debe convertirse en la práctica habitual del cristiano.
El lugar del discípulo, del seguidor de Jesús es, por libre elección, el último
puesto. Lección magistral del evangelio que no suele ponerse en práctica con
frecuencia. No hay que darse postín; deben ser los demás quienes nos den la
merecida importancia; lo contrario puede traer malas consecuencias. El cristiano
no debe situarse nunca por propia voluntad en lugar preferente.
No sólo no darse importancia, sino actuar siempre desinteresadamente. Jesús
denuncia la práctica de aquellos que invitan a quienes los invitan, del “do ut
des”, del “te doy para que me des” y anima a invitar a pobres, lisiados, cojos y
ciegos, gente a la que nadie invita, cuando se da un banquete; quien actúe así
será dichoso, porque no tendrá recompensa humana, sino divina “cuando resuciten
los justos”. Las palabras de Jesús son una invitación a la generosidad que no
busca ser compensada, al desinterés, a celebrar la fiesta con quienes nadie la
celebra y con aquellos de los que no se puede esperar nada. El cristiano debe
sentar a su mesa, o lo que es igual, compartir su vida con los marginados de la
sociedad, que no tienen, por lo común, lugar en la mesa de la vida: pobres,
lisiados, cojos y ciegos. Quien así actúa sentirá la dicha verdadera de quien da
sin esperar recibir.
Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy muestran las reglas de oro del
protocolo cristiano: renunciar a darse importancia, invitar a quienes no pueden
corresponder; dar la preferencia a los demás, sentar a la mesa de la vida a
quienes hemos arrojado lejos de la sociedad.
Quien esto hace, merece una bienaventuranza que viene a sumarse al catálogo
de las ocho del sermón del monte: «Dichoso tú, porque no pueden pagarte; te
pagarán cuando resuciten los justos.»
Para Jesús adquiere el verdadero honor quien no se exalta a sí mismo sobre
los demás, sino quien se abaja voluntariamente. Paradójicamente, se adquiere el
verdadero honor no exaltándose a sí mismo sobre los demás, sino poniéndose el
último a su servicio. La generosidad se debe compartir con los “pobres”! que no
pueden pagar con la misma moneda, porque no tienen nada. Honor y vergüenza
adquieren en boca de Jesús un contenido diferente: el honor consiste en servir
ocupando los últimos puestos y esto ya no es motivo de vergüenza sino señal
verdadera de que se está ya dentro del grupo de los verdaderos seguidores de un
Jesús que no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la vida por
muchos”
Las restantes lecturas de este domingo van en la misma línea del evangelio;
en la primera, del libro del Eclesiástico se dan consejos de sentido común: la
conveniencia de proceder siempre con humildad, de hacerse pequeño en las
grandezas humanas, de no darse demasiada importancia, tan en la línea del
comportamiento y los consejos de Jesús que se ha hecho asequible, menos solemne,
menos accesible y ya no se manifiesta, como Dios en el Antiguo Testamento, con
señales de fuego, nubarrones, tormenta y estruendo, sino como mediador de la
Nueva Alianza, como puente entre la comunidad y Dios. Para llegar a Dios, los
cristianos tienen que pasar por Jesús, verdadero camino para el Padre y el único
sendero que debe practicar la comunidad cristiana. El se ha definido en el
evangelio de Juan como camino, verdad y vida, o como camino que lleva a la
verdad que es y conduce a la vida. Y la vida florece en plenitud cuando está
impregnada de amor sin aspavientos ni deseos de protagonismo, cuando se sabe
ocupar el único lugar de libre elección del cristiano: el último puesto, para
que no haya últimos, para que no haya quienes estén arriba y abajo, como Jesús
se propuso. Maravillosa utopía que nos empuja para conseguir cuanto antes la
única aspiración o meta que debe ponerse el cristiano: la de hacer un mundo de
hermanos, igualados en el servicio mutuo.
El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella
puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese
evangelio: www.untaljesus.net
Para la revisión de vida
- ¿Qué maneras conscientes o inconscientes tiene mi corazón para llevarme a
buscar "los primeros puestos"?
- Cuando invito, incluso cuando me doy a mí mismo, ¿lo hago pensando
-consciente o inconscientemente- en la recompensa que me podrán devolver?
- En definitiva: ¿soy humilde y gratuito? ¿Tengo mi esperanza puesta en "la
resurrección de los justos", como dice Jesús?
Para la reunión de grupo
- Los dos temas que la Palabra de Dios ofrece hoy para la reunión de grupo
podrían ser la humildad y la gratuidad.
- La humildad: ¿Qué es realmente? Diferenciarla del apocamiento, del complejo de
inferioridad, de la timidez, de la falta de autoestima... ¿Cómo conjugarla con
la verdad, con la legítima aspiración a ser más, con la sana rebeldía?
- La gratuidad: significa un salto cualitativo del ser humano sobre el
egocentrismo inscrito en nuestros instintos animales. Y el evangelio lo potencia
al máximo. El amor es verdadero sólo en la medida en que es gratuito. Toda
"comercialización" o búsqueda de recompensa en el amor es su destrucción. ¿Cómo
vivirla en un tiempo donde todo se compra y se vende, donde la rentabilidad es
un valor central, y donde la beneficencia o la donación es considerada como
negativa para el desarrollo...?
Para la oración de los fieles
-- -Para que la vida interna de la Iglesia sea una muestra de la búsqueda del
mayor servicio y no del mayor honor o poder, roguemos al Señor...
- -Para que la "jer”-“arquía" (poder sagrado) sea entendida en cristiano más
bien como "iero”-“dulía" (servicio sagrado)...
- -Para que seamos capaces de poner nuestro corazón y nuestro tesoro en los
verdaderos valores, los que resisten hasta la "resurrección de los justos",
hasta la victoria de la Justicia...
- -Para que el evangelio desafíe en nosotros a la ideología neoliberal que todo
lo compra y lo vende, sin dejar espacio a la gratuidad y el amor generoso...
- -Para que eduquemos nuestra mirada y nuestro corazón, de forma que seamos
capaces de gozarnos en los valores gratuitos, allí donde otros pueden ver sólo
pérdida de ocasiones de lucro...
Oración comunitaria
Dios Padre y Madre, que por puro amor gratuito nos has creado y nos has regalado
también gratuitamente la Vida. Danos un corazón grande para amar, fuerte para
luchar y generoso para entregarnos a nosotros mismos como regalo a tu familia
humana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que entregó su vida generosamente
por nosotros como el camino que hemos de seguir para llegar hasta ti, que vives
y reinas por los siglos de los siglos.
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