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AUTOR: Ministerio de relaciones exteriores
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2012

Es urgente cambiar de modelo

Ministerio de relaciones exteriores


Como consecuencia de la cultura de dominación de la naturaleza, nuestra Madre Tierra, nuestra Pachamama, está enferma, herida de muerte. El planeta se está recalentando y el clima está cambiando. El aumento exponencial del calentamiento global está provocando cambios extraordinarios en el clima. Los trastornos del fenómeno del Niño y de la Niña, sequías, inundaciones, olas de calor, huracanes y tornados son cada vez más fuertes y más frecuentes. Se presentan condiciones climáticas extremas que no hemos visto nunca antes, aumentando las lluvias en algunas regiones y ocasionando severas sequías en otras, teniendo efectos negativos en la agricultura, la silvicultura y la pesca en todas las regiones. Las inundaciones en el oriente de Bolivia en los últimos años son un resultado directo de este fenómeno.

Estamos viviendo un cambio climático sin precedentes causado directa y únicamente por el ser humano. Hay pruebas abrumadoras de que la actividad humana es la principal responsable del calentamiento observado desde 1950, particularmente por los patrones de consumo de la «civilización» occidental desde la época industrial. Se estima que en el año 1751 las emisiones de CO2 provenientes de la quema de combustibles fósiles eran de 3 millones de toneladas. En el año 2006, se emitieron a la atmósfera 8.379 millones de toneladas.

La concentración en la atmósfera de gases que provocan el efecto invernadero ha aumentado sustancialmente desde el comienzo de la revolución industrial (un 37% en 200 años). La concentración preindustrial era de 280 ppm (partes por millón) mientras en 2008 fue de 390 ppm, y si no dejamos de emitir estos gases, va camino a las 600 durante este siglo XXI, mientras en el último millón de años, hasta 1960, la concentración de CO2 en la atmósfera nunca superó las 310 ppm. Las 600 ppm no se han alcanzado en el planeta desde hace 18 millones de años, mientras la variación de CO2 no ha superado aproximadamente 10% en el planeta durante los últimos 10.000 años.

Si pasamos de un incremento de 2°C sobre la temperatura media preindustrial, los daños van a ser muy severos. En el 2004 ya habíamos incrementado la temperatura 0,8°C. La temperatura depende de la concentración de CO2. Si superamos los 400 ppm (en 2016 al ritmo actual), alcanzaremos inevitablemente los 2°C antes de 2050.

Pero la precaria situación del planeta en la actualidad no es culpa del 80% de la población mundial, que vivimos en condiciones de pobreza, sino que está causada directa y principalmente por los modelos de desarrollo y consumo irresponsable desde la época industrial de la llamada civilización occidental. La sed de ganancia sin límites, la búsqueda de lujo, ostentación y derroche del 20% más enriquecido de la población, mientras millones mueren de hambre en el mundo, nos ha hecho a todos depender totalmente del consumo excesivo de los recursos del planeta, convirtiéndolo todo en mercancía y exponiéndolo a la sobreexplotación tanto de los bosques, la flora y la fauna, el agua, la tierra, el genoma humano y la vida misma, como los minerales y los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), que son los mayores causantes de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Desde 1860, Europa y Norteamérica han contribuido con el 70% de emisiones de CO2. Los países empobrecidos, un 25%.

Las causas de esta Crisis Global, que la sentimos cada día con mayor fuerza, se encuentran en los modelos dominantes de desarrollo capitalistas y socialistas que priorizan un rápido crecimiento económico y demandan una acumulación colectiva e individual de riqueza, todo para responder a un consumismo desenfrenado e insaciable, que requiere una explotación cada vez más irresponsable de los recursos naturales.

Impulsados por la civilización occidental y ahora empleados tanto a nivel mundial como local, estos modelos de exagerada e ilimitada industrialización no son ninguna solución para la humanidad y son imposibles de ser generalizados al conjunto de la población mundial, porque aumentan la huella ecológica y amenazan la supervivencia de los seres vivos y la subsistencia del planeta al no dejar los recursos naturales renovarse al ritmo con el que se consumen.

Aún siendo ellos los principales causantes de esta Crisis Global, los modelos de desarrollo siguen como antes con el crecimiento ilimitado, aplicando las recetas de mercado para generar cada vez más ganancias y consumo irracional. Las empresas transnacionales y los intereses del capital financiero internacional no paran su expansión contra viento y marea hacia el último rincón del planeta. Siguen con la explotación cada vez más irracional e irresponsable de los cada vez más escasos recursos naturales del planeta y hasta buscan hacer negocios con la propia enfermedad que estos modelos producen.

Al seguir avanzando esta crisis, se puede convertir en una amenaza a la paz mundial cuando las naciones-estado entren en carreras sangrientas a lo largo y ancho del planeta por la sobrevivencia y el control sobre el cada vez menor acceso al petróleo y el gas natural, agua dulce, minerales claves, bosques y tierras para alimentos, entre otros recursos, desatando guerras como las de petróleo y gas en Irak, Afganistán, Sudán y Georgia.

En este panorama, ya no es suficiente luchar por liberar a las naciones empobrecidas de la opresión y explotación de los países enriquecidos, por liberar al Sur del Norte, luchar por la independencia y la sobe-ranía nacional frente al imperialismo. El problema principal ya no es la «pobreza» del Sur, el problema es la mal entendida «riqueza» del Norte, un consumo creciente y excesivo para el cual ya no basta un solo planeta; el empobrecimiento del Sur y el enriquecimiento del Norte avanzan paralelamente a la destrucción de la naturaleza.

Ya no vale nomás sugerir el socialismo frente al capitalismo o neoliberalismo, sugerir el desarrollo sostenible frente al desarrollo, sugerir la armonía Hombre-Naturaleza frente a la cultura de dominación de la naturaleza, sugerir la Cultura de la Vida frente a los modelos de desarrollo capitalistas y socialistas.

Ya no podemos escoger de manera voluntaria entre dos opciones, dos fuerzas equivalentes que pelean en un contexto estático, escogiendo la alternativa que mejor nos sirva. Ya no podemos quedarnos tratando de resolver las contradicciones estáticas entre capital y trabajo, entre Norte y Sur, entre transnacionales y naciones originarias, entre dominio militar y la fuerza de la energía comunal.

No vivimos tiempos «normales», sino tiempos excepcionales. Tenemos que abrir los ojos, tomar conciencia de la crisis, ir más allá de lo normal, entender la importancia de las tendencias dinámicas en el mundo, reconocer los efectos graves sobre el equilibrio de la naturaleza y el probable desmoronamiento de la sociedad occidental en cuanto se acabe la energía barata y se agrave el cambio climático. La convergencia de estas tendencias causará un cambio que nos caerá encima con toda su fuerza. Está muriendo la vieja sociedad y no acaba de nacer una nueva vida. Está madurando una situación revolucionaria, en palabras de izquierda.

Pero, más allá de ello, nos convoca Pachamama, ultrajada y paciente. El gran Pachakuti nos espera, se avecina un cambio cósmico y telúrico, un cambio de era, un inexorable amanecer cargado de nueva vida, de recuperación de identidad y de fuerza.

En esa situación, el mismo desmoronamiento de la sociedad occidental y las amenazas al planeta deshabilitan la opción de hacer valer una continuación de los modelos de desarrollo capitalistas y socialistas o encontrar caminos que prometan más de lo mismo. Ello nos presenta la oportunidad que el mundo nos escuche y el gran desafío de poner en la mesa del debate nuestros principios, nuestros códigos, de impulsar la Cultura de la Vida como la única solución que pueda salvar a la humanidad y el planeta frente a los efectos de la Crisis Global. En medio de esa disyuntiva, necesitamos tener la habilidad y la preparación de encontrar los caminos concretos que nos lleven a la construcción de una nueva vida o, a lo mejor, apenas a un nuevo equilibrio de supervivencia. Necesitamos ver cómo cuidar y fortalecer el resurgimiento de los pueblos originarios indígenas para que sean una guía para la salvación de la humanidad y el planeta.

Por tanto, necesitamos tomar en cuenta estas tendencias dinámicas para sentar las bases, los cimientos de la reconstrucción de la sociedad humana. Sin estos cimientos, sin esta base, todo lo demás, todo lo que se habla de combatir la explotación, la discriminación y el empobrecimiento de la mayoría de la población, lucha contra la pobreza y el analfabetismo, la recuperación, nacionalización, industrialización y uso sostenible del gas y otros recursos naturales, producción y consumo de productos ecológicos, diversificación industrial, promoción de exportaciones y apertura de nuevos mercados... se basa en un análisis fuera de la realidad y, por lo tanto, no servirá de nada.

«Vivir Bien como respuesta a la crisis global», Ministerio de Rels. Exteriores, Bolivia. Disponible en: alainet.org/active/34032&lang=es

Ministerio de relaciones exteriores

La Paz, Bolivia

 

 

 


 



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