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AUTOR: Casaldáliga, Pedro
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2011

A manera de introducción fraterna


¿Qué Dios? ¿Qué religión?
 

Pedro CASALDÁLIGA


Nuestra Agenda viene abordando temas mayores, año tras año. Temas de candente actualidad humana. Pensando en la vida, asumiendo los desafíos que la realidad nos presenta. Tema de realidad candente es la religión; tema realmente mayor: Dios. Alguien dudará de la actualidad de este tema, pensando en ciertas áreas del primer mundo, para las cuales Dios y la religión «ya fueron». En realidad, se da la contradicción desconcertante de ver y sentir más religiosidad que nunca, y más increencia que nunca también; con todas las ambigüedades y todas las oportunidades.

El fenomeno de la mundialización agita también específicamente el tema, porque las poblaciones migrantes, entrando «sin papeles» en el primer mundo, no entran sin su Dios; cargan consigo el Dios de sus vidas, de las vidas de los antepasados. Hoy, culturas y religiones, conocidas antes apenas por algunas lecturas o imágenes de la televisión, son vivencia y conflicto en las familias, en las calles, en las escuelas, en el trabajo, en la política de todos los países. Nietzsche, finalmente en la paz merecida por su desesperada búsqueda, ya ha rectificado su axioma categórico; resulta que Dios no está muerto.

El problema está en saber de qué Dios hablamos. Saber también, evidentemente, qué entendemos por religión y cómo pensamos que debería ser una religión verdaderamente liberada y liberadora.

Ponderando esas dos preguntas, «¿qué Dios?, ¿qué Religión?», las respuestas son las más serias y las más desconcertantes.

Hablando de Dios, precisamente, un amigo sertanejo de nuestra región, tan distante de categorías metafísicas, respondía con la mayor simplicidad y devoción: «Dios es un buen hombre ». Ya el profeta Oseas pone en la boca de Dios (el Dios Yavé) esta categórica identificación, sin réplica posible: «Yo soy Dios, y no un hombre » (Os, 11, 9). El escritor Saramago, Premio Nobel de Literatura, ateo asumido y militante, pero que hace de la religión materia frecuente de sus textos, nos ha dado una poética y contemplativa definición de Dios: «Dios es el silencio del Universo y el hombre el grito que da sentido a ese silencio ». Otro Premio Nobel, el poeta español Juan Ramón Jiménez, decía que la duda de fe no es contra Dios, sino a favor de Dios. Nuestros teólogos de la liberación nos recuerdan que lo contrario de la fe no es la duda, sino el miedo (miedo de Dios, con frecuencia). Qué Dios, qué religión, qué salvación... Una vecina pentecostal me ponderaba: «Los buenos se salvan porque son buenos, y los malos también se salvan, porque Dios es bueno y perdona ».

Esta Agenda, que ha costado muchos intercambios con respecto al tema y a las implicaciones que el tema trae consigo, ofrece un elenco bastante completo de aspectos. La historia de las religiones y del ateísmo o la increencia. La diferencia y complementariedad entre espiritualidad y religión. La religión que fomenta y justifica guerras. El espiritualismo, el fundamentalismo, la alienación, denunciados tantas veces y persistentes ayer y hoy. La necesidad del diálogo inter-religioso. El macroecumenismo. La sacralización del poder, del lucro, del consumismo. La caída, entonces, de viejos dioses substituidos por dioses nuevos. La necesidad, la sed vital, de respuesta a las interrogaciones mayores del corazón humano. La búsqueda de sentido para la vida personal y para la sociedad humana como un todo.

Estamos llegando, después de guerras e inquisiciones, a preguntarnos si una religión verdadera puede existir atacando, cerrándose, forzando un asentimento de fe (que es gratuidad, asunto del corazón, búsqueda de toda una vida, y toda una historia). Todas las religiones pueden ser verdaderas y todas pueden albergar, simultáneamente, mucha falsedad. (Es de agradecer la declaración del Cardenal Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Inter-religioso, que dice que «todas las religiones tienen la misma dignidad e importancia »).

Se ha solido hacer un esquema tripartito para clasificar las características fundamentales de la religión según culturas y épocas. Las religiones afro-indígenas serían religiones de la Naturaleza. Hoy, evidentemente, esa Naturaleza sería vista y venerada ecológicamente. Las religiones orientales serían las religiones de la Interioridad, contemplativas, gratuitas incluso. Y las religiones judeo-cristianas serían las religiones de la Historia, del Amor-Justicia, de la profecía, de la política. Lógicamente, todas las religiones serían la búsqueda de Dios, la acogida de Dios, la espera de Dios. De un Dios que siempre está en búsqueda de nosotros, acogiéndonos, y revelándose, cada dia, en cualquier ángulo de la geografía Humana. Ninguna religión tiene la exclusiva de ese Dios de todos los nombres, que perdona y salva porque es el Amor.

La Agenda no quiere ser proselitista y quiere estimular todas las riquezas humanizadoras que aportan las religiones. Sin cruzadas y sin supermercados. Dejando que Dios dialogue con Dios, el Dios de la familia Humana y del Universo entero. Siempre pensando holística y personalizadamente. Dios no es un concepto, no es un dogma, es más que una causa. ¿De qué Dios hablamos? ¿Con qué Dios soñamos? Santa Teresa de Ávila tiene aquel poemita conocido mundialmente que dice: Sólo Dios basta. Con un respetuoso cariño yo le digo a la gran Teresa: “Sólo Dios basta”, Teresa, / siempre que sea aquel Dios / que es Él y todos y todo / en comunión.

 

 

 


 



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