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AUTOR: Iborra, José
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2010

¿Somos una plaga en el planeta?

Superpoblación y ecología

Josep Iborra Plans


Superpoblación y crisis medioambiental

Los estudios de los ecosistemas naturales han demostrado que se da una relación directa entre el crecimiento de las especies y la disponibilidad de los recursos naturales que las sostienen. El aumento desmesurado de la especie humana, ocupando, transformando y contaminando los ambientes naturales, ha convertido a la humanidad en el mayor enemigo actual del medio ambiente natural. En parte porque en los últimos siglos la población humana ha experimentado un crecimiento sin precedentes.

Dicen que inicios del siglo XX Filipinas tenía 6 millones de habitantes. Esa cantidad se duplicó cada 20 años, pasando de 6 a 12, de 12 a 24... En 1991 la población era ya de 70 millones, y continuó duplicándose. Para el año 2010 se estima que ronda ya los 100 millones de habitantes. El resultado es la destrucción de los manglares y el 80% de los arrecifes de coral han resultado seriamente dañados, quedando ya sólo el 10%.

En Brasil, problemas ambientales como la deforestación de la Amazonia también parecen tener relación directa con el aumento demográfico: se han dado con la llegada de millares de emigrantes para colonizar la región y buscar mejores oportunidades para su vida.

En el mundo entero el crecimiento de la población ha seguido una progresión geométrica. Ha pasado de 1000 millones de personas a 2000 entre 1835 y 1925 (pasaron 90 años). Se llegó a 3000 millones en 1962 (pasaron 37 años). A 4000 millones llegamos en 1975 (13 años después). A 5000 millones llegamos en 1985 (sólo 10 años después), y a los 6000 millones llegamos en 1999. En 2009 estamos cruzando los 6.800 millones...

El ritmo de crecimiento de los nacimientos ha disminuido, pero las previsiones para la población mundial en el año 2050 son... de 9.000 millones. Este crecimiento no es debido solamente a los nuevos nacimientos, sino a la mejora de las condiciones de vida y de la medicina, que han disparado la esperanza de vida y somos más personas viviendo al mismo tiempo.

El rápido crecimiento de una población comporta el rápido aumento de sus necesidades y de sus consecuencias problemáticas: falta de tierra habitable, megaciudades, agotamiento de los recursos naturales, etc.

Cuando una parte del cuerpo humano comienza a crecer de forma desmesurada, forma un tumor maligno que se extiende, un cáncer que acaba provocando la muerte de todo el organismo. Durante las últimas décadas crece la sospecha de que eso mismo es lo que está ocurriendo con el planeta Tierra por el crecimiento desmesurado de la especie humana, pues con nuestro continuo crecimiento estamos poniendo en peligro nuestra supervivencia y la de toda la naturaleza. Nosotros, los humanos, ¿nos estaremos convirtiendo en un cáncer para la Tierra, en una plaga que pone en riesgo toda la Vida del planeta?

El control del crecimiento de la población

Muchos pensaron que se estaba cumpliendo la suposición de Malthus, en 1798, de que la población mundial acabaría creciendo más que la provisión de alimentos. Ésta sería la causa de las grandes hambrunas del mundo: «Solamente una cosa puede realmente ayudar a un país pobre: el control demográfico», decía, por ejemplo, Jarret Hardin, en 1989.

La Tierra era vista como una nave espacial con recursos limitados, amenazados por el continuo crecimiento de la población. Reducir el crecimiento de la población mundial, especialmente en los países pobres, que eran los que más crecían, fue una grave preocupación internacional, tratada como una necesidad urgente. La ONU promovió varias conferencias internacionales con este objetivo (El Cairo 1994). Muchos gobiernos pasaron a adoptar políticas antinatalistas.

Lester Wrown, del World Watch Institute, declaraba en 2001: «Hoy no está en discusión si cada pareja se puede permitir tener más de dos hijos... Lo que está por ver es si la Tierra puede permitirse que las parejas tengan más de dos hijos».

Consumo exagerado y voracidad capitalista

Incluso la crisis alimentaria parece deberse más a factores de especulación, y a la utilización de alimentos para la producción de agrocombustibles, que al aumento de la población. Hoy ha quedado claro que los principales responsables por el calentamiento planetario no son los países con más alto índice demográfico. Lo son los países con un más alto patrón de consumo. El crecimiento de la población no es la causa principal de la crisis ambiental; lo son la producción y el consumo exagerados.

En Brasil el crecimiento demográfico ya se redujo un 40% entre 1981 y 1993, pero eso no significó la reducción de los índices de deforestación de la Amazonia... El crecimiento económico significó reducción de la natalidad, pero los años de mayor índice de crecimiento económico coinciden también con los años de mayor índice de destrucción de la selva...

El problema medioambiental fundamental es el actual modelo económico: la lógica interna del sistema de acumulación del capital, que busca siempre la mayor ganancia posible y lleva a poner el lucro por encima de cualquier otro valor, de seguridad o de prevención.

Decía un grupo de obispos y pastores brasileños en 2006: «La acelerada y violenta agresión al medio ambiente y a los pueblos de la tierra revela la crisis de un modelo de desarrollo apoyado en el mito del progreso, que se resume en los resultados económicos y se olvida de las personas -sobre todo de las más pobres- y de todas las demás formas de vida» (Declaración Los pobres poseerán la tierra).

Limitar el crecimiento del consumo humano

En cualquier caso, un mayor número de habitantes significa un aumento de las necesidades humanas. Pero el mayor riesgo ambiental es provocado por una minoría de la humanidad, que acumula el consumo de la mayor parte de los recursos naturales del planeta. Y por un modelo de progreso injusto, al que solamente puede acceder el 20% de la población mundial y deja al 80% en la pobreza.

La mayor amenaza a los biomas naturales brasileños, como el «cerrado» y la selva, en realidad no es provocada por un aumento de familias de pequeños agricultores, sino por el avance del «agro-negocio» para producir para la exportación, como la carne, la soya, el etanol y la madera.

Un modelo agrícola que provoca deforestación, concentración del latifundio, trabajo esclavo y degradante, violencia en el campo, uso masivo de agrotóxicos... y también exclusión de las comunidades tradicionales: indígenas, afros y campesinos ribereños.

Muchas personas sufren las consecuencias de la crisis económica, pero la crisis ha puesto de manifiesto que necesitamos un nuevo modelo de desarrollo. Cuando estalló la crisis, en 2008, significó un alivio en vista a muchos proyectos que amenazaban gravemente los ecosistemas y las comunidades tradicionales.

China, que aplicó drásticas medidas antinatalistas, hoy está preocupada por el envejecimiento de la población. En Europa, las aportaciones de los inmigrantes trabajadores activos, sostienen actualmente las jubilaciones de los ancianos y evitan el colapso del sistema social europeo.

Donde mejora la situación social, automáticamente disminuye la tasa de natalidad. ¿Reducirá eso el riesgo ambiental? Sólo si también entramos en un estilo de vida de mayor austeridad y de menor consumo, alterando los modelos de producción y de consumo, y las estructuras consolidadas de poder que hoy rigen la sociedad.

Solidaridad para con las futuras generaciones

La crisis del medio ambiente va mucho más allá del crecimiento demográfico, pero la superpoblación no deja de ser uno de los principales factores de riesgo. Las cuestiones sociales y ambientales tienen una profunda inter-relación. Por eso, no podemos buscar soluciones meramente sectoriales.

No podemos proponer control del crecimiento de la población sin pensar en la redistribución de la tierra y de la riqueza, en controlar el desperdicio de recursos naturales, y sin corregir el actual sistema de producción y de consumo. El cambio de modelo de economía de producción y de consumo de los bienes creados por Dios para todos, con destino universal.

La problemática del control de la natalidad no puede ser vista de forma aislada, sin relación con los problemas ambientales y los riesgos que puedan ser provocados por la superpoblación para toda la vida del Planeta. Cuando se habla de planificación familiar deben ser considerados también los problemas de crecimiento desmesurado de población y el impacto en el agotamiento de los recursos naturales. El principio de subsidiariedad, y de la responsabilidad de las parejas en el ejercicio de la paternidad responsable, debe ser ejercido también con responsabilidad ecológica. Ni un crecimiento ilimitado, ni un consumo desmesurado pueden ser queridos por Dios.

Tenemos la obligación de informarnos y de valorar seriamente la situación ambiental. Y de pensar en la solidaridad de vida con las futuras generaciones, a las cuales debemos dejar una tierra acogedora, cuidando por la integridad de la Creación y por el patrimonio de toda la biodiversidad.

Josep Iborra Plans

CPT de Rondônia, São Francisco de Guaporé RO, Brasil

 

 


 



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