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AUTOR: Anónimo
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2010

El cambio climático va más rápido de lo que se pensaba


El deshielo de los polos afecta ya a los océanos

Una investigación en el marco del Año Polar Internacional (API) 2007-2008 aporta nuevas pruebas sobre la generalización de los efectos del calentamiento global en las regiones polares, según han anunciado sus autores en un comunicado. La nieve y el hielo están disminuyendo en ambas regiones polares, lo que afecta tanto a la vida humana como a la vida animal y vegetal local del Ártico, y a la circulación oceánica y atmosférica mundial y al nivel del mar. Estos son sólo algunos de los resultados que figuran en el documento «El estado de la Investigación Polar», publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU).

El API se puso en marcha en marzo de 2007 y comprende un período de dos años que abarca hasta marzo de 2009 para permitir que se puedan realizar observaciones en ambas regiones polares. Para Michel Jarraud, Secretario General de la OMM, «las nuevas pruebas resultantes de la investigación polar consolidarán la base científica sobre la que se fundamentarán las actividades del futuro».

El comunicado de prensa asegura que ahora queda claro que las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida están perdiendo masa, lo que contribuye a la elevación del nivel del mar. El calentamiento en la Antártida está mucho más generalizado de lo que se pensaba antes del API y resulta que en Groenlandia cada vez hay menos volumen de hielo. Los investigadores también descubrieron que en el Ártico, durante los veranos de 2007 y 2008, la extensión mínima del hielo marino durante todo el año disminuyó al nivel más bajo detectado nunca desde que empezaron a elaborar registros satelitales hace 30 años.

En las expediciones realizadas en el marco del API se registró también el ritmo sin precedentes de la deriva de los hielos en el Ártico. Debido al calentamiento del planeta, cambiaron los tipos y el alcance de la vegetación en el Ártico, lo que afectó a los animales de pastoreo y a la caza. Otras pruebas son las obtenidas por los buques de investigación del API, que han confirmado que el calentamiento del océano Austral está por encima de lo normal.

Quedan sólo 20 años para detenerlo

Estamos cada vez más cerca del límite de la atmósfera. Si no se reducen drásticamente, y con urgencia, las emisiones de dióxido de carbono, será imposible evitar un calentamiento medio de la Tierra de 2°C, umbral más allá del cual peligra la vida. Es más, ya hemos gastado la mitad de un presupuesto calculado de 3,7 billones de toneladas de emisiones CO2, frontera invisible a partir de la cual los dos grados más, son inevitables.

Estas son algunas conclusiones de dos estudios que publica la revista -Nature, un toque de atención a la sociedad, que cada vez tiene menos tiempo para adaptarse a un sistema energético limpio y abandonar los combustibles fósiles.

Un equipo alemán dirigido por Malte Meinshausen, del Instituto de Investigación del Cambio Climático, de Postdam, calculó cuánto CO2 se debe emitir para no llegar a esos dos grados de aumento, objetivo firmado por 110 países. Conclusión: no se puede emitir más de un billón de toneladas de CO2 entre el año 2000 y el 2050. El problema es que el mundo ya ha emitido 1/3 de esa cantidad en los 9 años transcurridos desde 2000. Si seguimos así, en 20 años habremos gastado todo nuestro presupuesto y serán inevitables los 2°.

Según sus conclusiones, como ya señalaba el Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC) en 2007, hay que cortar más de la mitad las emisiones para 2050, en relación con los niveles de 1990. Si se logra, y parece difícil, el riesgo de superar esos dos fatídicos grados de calentamiento se reduce a un 25%, pero no se elimina. Según los expertos de Postdam, no se puede quemar más de una cuarta parte de las reservas actuales de gas, petróleo y carbón en los próximos 40 años sin provocar un desastre. Cada día de retraso en la toma de medidas consumimos una gran parte de nuestro presupuesto, perdiendo capacidad de maniobra y haciendo más probables unas consecuencias catastróficas.

La contaminación debe reducirse antes de 2020. «Si esperamos, los costes económicos y tecnológicos serán tremendos, mucho más de lo que hoy se considera políticamente factible», asegura Meinshausen.

 

 

 


 



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