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AUTOR: Alves, Rubem
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2008

Sobre política y jardinería

Rubem Alves


De todas las vocaciones, la política es la más noble. «Vocación», del latín, vocare, quiere decir, «llamado». Vocación es un llamado interior de amor: llamado de amor por un «hacer». En el lugar de ese «hacer» el vocacionado quiere «hacer amor» con todo el mundo. Psicología de amante: lo haría aunque no ganase nada.

«Política» viene de polis, «ciudad». La ciudad era, para los griegos, un espacio seguro, ordenado y manso, donde los seres humanos podían dedicarse a la búsqueda de la felicidad. El político sería aquel que cuidaría de ese espacio. La vocación política, así, estaría al servicio de la felicidad de los moradores de la ciudad.

Tal vez por haber sido nómadas en el desierto, los hebreos no soñaban con ciudades: soñaban con jardines. Quien mora en el desierto sueña con oasis. Dios no creó una ciudad. Creó un jardín. Si preguntáramos a un profeta hebreo «¿qué es política», nos respondería: «el arte de la jardinería aplicado a las cosas públicas».

El político por vocación es un apasionado por «el gran jardín para todos». Su amor es tan grande que abandona el pequeño jardín que podría plantar para sí mismo. ¿Para qué sirve un pequeño jardín si a su alrededor todo es desierto? Es preciso que el desierto entero se transforme en jardín.

Amo mi vocación, que es la de escribir. La literatura es una vocación bella y débil. El escritor tiene amor, pero no tiene poder. Pero el político lo tiene. Un político por vocación es un poeta fuerte: tiene el poder de transformar poemas sobre jardines en jardines de verdad. La vocación política es transformar los sueños en realidad. Es una vocación tan dichosa, que Platón sugirió que los políticos no necesitarían ser propietarios de nada: les bastaría el gran jardín para todos. Sería indigno que el jardinero tuviese un espacio privilegiado, mejor y diferente del espacio ocupado por todos. Conocí, y conozco, muchos políticos por vocación. Su vida fue y continúa siendo un motivo de esperanza.

Vocación es diferente de profesión. En la vocación la persona encuentra la felicidad en la propia acción. En la profesión el placer se encuentra no en la acción, sino en la ganancia que de ella se deriva. El ser humano movido por vocación es un amante. Hace el amor con la amada por la sola alegría de hacer el amor. El profesional no ama a la mujer. Ama el dinero que recibe de ella. Es un proxeneta.

Todas las vocaciones pueden ser transformadas en profesiones. Puedo entonces enunciar mi segunda tesis: de todas las profesiones, la profesión política es la más vil. Lo que explica el desencanto total del pueblo en relación a la política. Guimarães Rosa, preguntado por Günter Lorenz si se consideraba político, respondió:

Yo jamás podría ser político con toda esa charlatanería de la realidad... Al contrario de los «legítimos» políticos, creo en el ser humano y le deseo un futuro. El político piensa apenas en minutos. Yo soy escritor y pienso en eternidades. Pienso en la resurrección del ser humano.

Quien piensa en minutos no tiene paciencia para plantar árboles. Un árbol necesita muchos años para crecer. Es más lucrativo cortarlos.

Nuestro futuro depende de esa lucha entre políticos por vocación y políticos por profesión. Lo triste es que muchos que sienten el llamado de la política no tienen el coraje de atenderlo, por miedo a la vergüenza de ser confundidos con los aprovechados y de tener que convivir con ellos.

Escribo para ustedes jóvenes, para seducirlos a la vocación política. Tal vez haya jardineros dormidos dentro de ustedes. La escucha de la vocación es difícil, porque está perturbada por el griterío de las opciones esperadas, normales: medicina, ingeniería, computación, derecho, ciencia... Todas ellas legítimas, si fueran vocación. Pero todas ellas empequeñecedoras: van a confinarlos a ustedes a un pequeño rincón del jardín, muy distante del lugar en el que se decide el destino del jardín. ¿No sería mucho más fascinante participar en los destinos del jardín?

Los descubridores, cuando llegaron aquí, no encontraron un jardín. Encontraron una selva. Una selva no es un jardín. Las selvas son crueles e insensibles, indiferentes al sufrimiento y a la muerte. Una selva es una parte de la naturaleza todavía no tocada por la mano del ser humano. Aquella selva podría haber sido transformada en jardín. Pero no lo fue. Los que actuaron sobre ella no eran jardineros. Eran leñadores y madereros. Y fue así como la selva, que podría haberse convertido en un jardín para la felicidad de todos, fue siendo transformada en desiertos salpicados de lujuriantes jardines privados, donde unos pocos encuentran vida y placer.

Hay descubrimientos de los orígenes. Más bellos son los descubrimientos de destinos. Tal vez, entonces, si los políticos por vocación se hacen cargo del jardín, podremos comenzar a trazar un nuevo destino.

Entonces, en vez de desiertos y jardines privados, tendremos un jardín para todos, obra de seres humanos que tienen el amor y la paciencia de plantar árboles a cuya sombra nunca se sentarán.

 

Rubem Alves

Campinas SP, Brasil

 

 

 


 



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