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AUTOR: Malevezzi, Roberto
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 2001

El límite de las aguas

Roberto MALVEZZI


Roberto Malvezzi, "Gogó", es ya una figura referencial en los medios populares brasileños por su pasión ecológica y su insistencia concreta en este don precioso del Agua, cuya conservación ya es preocupación mundial, en el Planeta Azul...

Los niños estaban sucios, después de varios días sin bañarse. Olían mal. Las abejas volaban cerca de los botes, disputándose con los humanos las últimas gotas de agua. Las mujeres quemaban estiércol de vaca dentro de la casa para espantar a las abejas. Los hombres contemplaban la escena con una resignación sin límites. Se daban cita el hambre, la sed, la inmundicia y la fatalidad.

Algunos días después vi pasar el camión-pipa cerca de las casas de una comunidad y negarles el agua a las familias, porque eran de la oposición política local y provincial. No podía creerlo, y veinte años después todavía no consigo creer cuando veo repetirse la escena. Y no tengo dudas de que las escenas que vi en mi vida, aún son más satánicas.

Dos años de sequía seguidos irían a desestructurar toda la comprensión que yo tenía de la vida. Ya nunca fui el mismo. En esos veinte años de sertão de Bahia, con todo, nunca conseguí esconder el trastorno que me causa la falta de agua, la sed humana y la de los animales, la cruel manipulación de esa necesidad básica por parte de la clase política nordestina -casi todos ellos cristianos católicos, hermanos pues en su pertenencia eclesial- y la indiferencia de la élite nacional ante tamaña crueldad...

Pido disculpas a los lectores de la Agenda por comenzar este texto, en un espacio tan precioso, con un testimonio personal. Ocurre que cuando la ONU prevé que hacia el 2050 faltará agua para el 40% de la humanidad, esas escenas invadieron mi memoria con una fuerza volcánica. Lo que aguarda a gran parte de la humanidad en un futuro próximo, para nosotros es ya realidad del pasado, que se proyecta para el futuro. En ese caso, honestamente, tenemos mucho que decir, con la autoridad de la experiencia que hemos vivido.

El desafío del agua emergió en el cambio de milenio con la fuerza de un torrente apretado en un cauce estrecho. Repentinamente, nos dimos cuenta de que el 70% de la superficie de la Tierra está cubierta por agua. Por otra parte, el 97% del agua del planeta es salada. De lo poco que nos queda de agua dulce, apenas un 0,0001% está disponible en los ríos. En los polos está el 2,086%, en las rocas de sedimentación el 0,291%, en los lagos el 0,017%, y en la atmósfera el 0,001. Por tanto, el agua dulce, además de ser escasa está mal distribuida en la superficie del planeta. (Ayrton Costa, «Introdução à Ecologia das águas doces», pág. 5, Universidade Federal Rural de Pernambuco, Imprensa Universitária, 1991)

La destrucción de los manantiales, la contaminación de los ríos y lechos freáticos, la liquefacción de los hielos polares, la lluvia ácida, el crecimiento de la población... son factores que simplemente agravan una realidad ya trágica de por sí para billones de seres vivos en la superficie de la Tierra.

La reacción de la élite mundial ha sido rápida y eficiente. El agua es un elemento vital, insus-ti-tui-ble, escaso, con valor económico, estratégico para el actual modelo de desarrollo. Tiene también un valor paisa-jís-tico, de ocio y medicinal. Rápidamente se ha establecido un competencia feroz por el control de los manantiales. Y está en marcha la privatización de las aguas. El mecanismo fundamental es controlar el caudal de los ríos. Se habla claramente del agua como «comodittie» y de «petrolización del agua». Sabemos anticipadamente quién va a ganar y quién va a perder con la mercantilización del agua.

El sector hidroeléctrico se ha puesto al frente, principalmente en Brasil, ya que el 94% de la energía brasileña es de origen hidráulico. El uso múltiple del agua, previsto en el código de aguas, es un mito. La ley 9433 de 8 de enero del 97 brasileña instituyó la política nacional de recursos hídricos y creó el sistema nacional de ge-rencia-miento de los recursos hídricos. Sus principios son fantasiosos, y prueban que las leyes brasileñas se deshacen en humo al llegar a la realidad:

I. El agua es un bien de dominio público

II. El agua es un recurso natural limitado, dotado de valor económico

III. En caso de escasez, uso prioritario de los recursos hídricos es el consumo humano y el consumo animal.

IV. La gestión de los recursos hídricos debe siempre propiciar el uso múltiple de las aguas.

La segunda victoria en la disputa es el sector de la irrigación. Investigaciones hay que indican que el 70% del agua dulce mundial ya está siendo usada en el riego, con el agravante de que se vuelve irrecuperable para el consumo humano. La gravedad de la cuestión se revela e toda su crudeza cuando la ONU prevé guerras por el agua en el próximo milenio.

¿Qué tenemos que ver nosotros con eso? Todo. Somos humanos, tenemos hijos, creemos en la humanidad. Consideramos la Tierra como Pacha-ma-ma (madre, fértil, hermosa, don divino). Por tanto, no puede ser agredida ni violentada; merece cuidado, celo, un respeto sagrado. Tenemos una responsabilidad inalienable ante esta cuestión. Además, sabemos que el agua existente será reservada para las élites. Son los pobres los que pasan sed en el Nordeste brasileño, en Africa y en Asia. Y nuestro compromiso es con ellos.

Son varias las luchas populares por el agua que conocemos. En el nordeste brasileño uno de los recursos en marcha para proporcionar agua potable a la población sertaneja es la «captación de agua de lluvia» a través de las cisternas familiares. Son depósitos construidos al pie de la casa, que almacenan el agua para el consumo humano en los períodos de seca. La familia tiene que aprender la racionalidad de la escasez, de lo poco, de lo precioso, del ahorro, de la anticipación, y, por tanto, las personas tienen que hacer también su «revolución cultural» para afrontar la nueva situación.

Para esa población, la alternativa no es poca o mucha agua, sino poca agua o nada de agua. Se están realizando campañas de solidaridad, elaboración de políticas municipales de agua, y está en gestación una política nordestina de captación de agua de lluvia partir de las organizaciones populares, junto con las demás organizaciones que apoyan la lucha del pueblo. Los depósitos se han revelado como una bendición divina para las familias pobres de esa región.

Otro frente de lucha es la conservación de los ríos. Cuencas brasileñas como la del río São Francisco y la del Araguaia-Tocantins por ejemplo, están siendo violentamente agredidas y corren el riesgo de extinción. El número de seres vivos dentro de los ríos brasileños ha disminuido el 50% en sólo 20 años. Poco se sabe sobre las especies eliminadas, dones del creador con un valor vital en sí mismas y que deberían ser respetadas. Las principales víctimas sociales son los pescadores y la población ribereña. Ante la sociedad, sin embargo, acaban siendo los reos, ya que los daños irreversibles que un pantano o represa produce para la reproducción de la mayoría de las especies, por ejemplo, no son visibles a los ojos comunes. Pero está creciendo la lucha por la conservación de las cuentas y contra la privatización de sus aguas.

Hay por otra parte una explosión de artículos, reflexiones, textos, músicas... que alimentan el debate en los grupos populares, escuelas, pastorales y otros sectores de la sociedad. Hasta los grandes medios han divulgado insistentemente la situación del agua en el planeta, divulgando también las luchas populares.

Estamos ante una crisis radical: no sólo ambiental o del modelo neoliberal, sino del modelo de civilización. La revolución industrial, posiblitada por tecnologías innovadoras, avanzó en forma devastadora sobre la naturaleza. La propia izquierda, ácidamente crítica ante las relaciones sociales degradantes que se derivan del modelo industrial, no consiguió percibir la degradante relación sociedad-naturaleza que se ha instalado ahí. Hoy se presentan situaciones límite en que la propia concepción de desarrollo así como gran parte de las tecnologías desarrolladas, tienen que ser revisadas. La propia naturaleza no soportará otro siglo tan devastador como éste. La generación presente no tiene perdón, ya que tiene a su disposición todos los elementos necesarios para evaluar su conducta respecto a la naturaleza.

El uso racional del agua se vuelve inevitable, pero es evitable que su costo recaiga sólo sobre los pobres. Y aparte de eso, el agua tiene que ser conservada también en cuanto vida, belleza, placer, encanto. Nunca el futuro dependió tanto del ahora. El océano nos pide una gota de agua.

La disponibilidad mundial de agua se ha reducido de 17.000 m3 per cápita en 1950 a 7.000 en la actualidad. Un tercio de la población mundial vive en regiones con problemas hídricos, y para el 2005 esta cifra habrá aumentado a dos tercios. Por supuesto, también la distribución es desigual: mientras que Norteamérica consume más de 2000 m3, Guinea Bissau consume 20,3

Un grifo (pluma, paja) deja pasar 12 lts de agua por minuto. Si uno lo deja abierto mientras se lava los dientes puede desperdiciar 15 lts., pero si sólo moja y enjuaga su cepillo, usa sólo 1/2 lt. Al afeitarse uno puede usar 40 lts., pero si sólo llena la palangana, serán sólo 4 lts. Si lava los cubiertos a chorro gastará 120 lts; si lo hace en una vasija, sólo 20 lts. Si lava el carro con manguera, 600 lts.; con esponja, balde y manguera con boquilla, serán 60 lts. Es "el límite de las aguas".

 
 

Roberto MALVEZZI
Coordinación Nacional de la CPT, Bra
sil

 

 

 


 



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